31 días sin Instagram, el motivo y sus consecuencias

31 día sin Instagram

El 26 de julio colgué en mi perfil de Instagram esta foto en la que anunciaba que dejaría las redes sociales hasta finales de agosto. Desinstalé Instagram, Facebook y Twitter. La memoria de mi móvil me sigue dando las gracias 🙂

Hace tiempo leí que es muy productivo concedernos islas de creatividad. Básicamente es apagar todo el ruido exterior para centrarnos en el presente. Y ahora mismo lo que más ruido genera es el mundo digital. Que sí, que las frases estarán más trilladas que los tapetes de la abuela pero nos siguen haciendo falta.

Disfruto muchísimo con las redes sociales y especialmente con Instagram. Cuando me abrí el perfil no imaginé la cantidad de gente maravillosa con la que podía conectar y compartir aficiones, historias, lugares…

En mi caso, temas como los libros y el running han crecido de la mano con esta app. En ese momento no tenía a mucha gente alrededor a la que les interesara. Es tan frustrante querer hablar con alguien sobre una carrera, un libro o un restaurante sin gluten y que no les importe el asunto…

Las experiencias de otros lectores y corredores me han ayudado a descubrir y sentirme comprendida. Cuando comencé a correr fue un chute de energía encontrar, entre otras, a Cristina Mitre y el grupo Guerreras running. Todas hablábamos el mismo idioma y tenemos los mismos miedos ante unas zapatillas.

Lo más bonito de todo ha sido poder desvirtualizar a muchas de esas mujeres. Anita @anittacastillo y sus chutes de motivación,  Ana @ana_running y su «vamos leñe», Paloma @star_farma y el poder de las cremas, Natalia @nataliagg79 y su enseñanza sobre las montañas, Sofía @nictecilla y sus charlas sobre los PAS… Y muchas con las que todavía tengo un café pendiente 🙂

¿Por qué necesitaba una isla de creatividad?

Reconozco que intento estar bastante al día con el mundo editorial, las corrientes que se siguen en redes, las tendencias de las editoriales, concursos literarios, escritores, nuevas carreras… y claro, había veces en las que sentía que iba con la lengua fuera.

Además, toda esa cantidad de información sumada a los blogs y referencias que busco por Internet para saciar mi curiosidad, me provocaban la sensación de embotamiento mental. Como si mi mente fuera el cristal de unas gafas sucias.

Otra de las razones por las que me apetecía apagar Instagram u otras redes sociales, era hacer balance del año. Creo que si no cerramos todo y no nos paramos realmente a observar, no vamos a ser capaces de ver hasta dónde hemos llegado y si de verdad es el camino que queremos.

Así que dije «para el carro, morena». Aproveché las vacaciones y el nuevo curso de crítica literaria que iba a hacer para levantar la vista del móvil.

desinstalar instagram

Consecuencias de desinstalar Instagram

  1. Más memoria en el móvil. Cuando le dije «hasta luego» a las redes, a mi móvil le faltó decir «gracias». Se acabaron los mensajes acusadores de que no me quedaba memoria 😉
  2. Gestos automatizados. De esta experiencia sin duda lo que más me impactó fue comprobar lo automatizado que tenía el gesto de pulsar Instagram. Es decir, desbloqueaba el móvil para mirar otra cosa pero mi dedo se iba directamente al lugar que antes ocupaba la app.
  3. Batería más duradera. Además de recuperar memoria, la batería parecía eterna. Ha sido como volver a tener ese Nokia que nunca moría.
  4. Ratos muertos. Sí, también me he aburrido. Porque ahora cuando nos toca esperar lo primero que hacemos es pulsar Instagram, Twitter o Facebook. Suelo llevar un libro en el bolso pero en los momentos en los que se me ha olvidado también, no me ha quedado otra que observar. Esos momentos de aburrimiento mientras esperaba a alguien que no llegaba o íbamos de camino a otra ciudad, han sido una bomba de creatividad. Como si hubiese despertado algo que estaba mermado. Qué razón llevan los expertos cuando aseguran que los niños tienen que aburrirse.
  5. Relatividad del tiempo. El tiempo parecía haberse detenido. No había prisas ni sensación de no llegar a todo. Simplemente fluir.
  6. Desconectada del mundo. Una de las cosas que más pena me da es tener a mis amigos tan lejos. Las redes sociales me mantienen cerca de ellos incluso aunque haya días que no hablemos. Cuando suben una foto y cuentan una historia es como sentirlos un poquito más cerca. Así que este mes muchas de las noticias las he descubierto de golpe porque por mucho que quiera hablar con ellos casi a diario, a veces es misión imposible.

¿Volveré a desconectar del mundo digital?

Sin duda. Cuando sienta que todo gira muy deprisa, que no percibo mi intuición con claridad o cuando quiera disfrutar del día a día sin sentir que el móvil es otro miembro de mi cuerpo, lo haré. Por eso mis redes vuelven al cole con horario.

Para simplemente respirar.

De hecho, solo he vuelto a instalar Instagram porque es la única app (y si alguien sabe cómo se hace que no dude en escribirme) con la que no puedo subir las fotos desde el portátil. Me he dado cuenta que si publico alguna foto o artículo desde el ordenador, lo hago mucho más rápido y los textos tienen mayor calidad. Consecuencia, me despego más del móvil.

Como dice Vetusta Morla «cambiemos emoticonos por cara a caras más reales. Estamos vivos y somos fruto del amor… Estamos programados para dar y recibir amor». Mientras, yo sigo esperando que se invente el teletransporte para poder achuchar a los que más quiero sin importar los kilómetros 🙂

A ti y a ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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