La bruja en prácticas

microcuento de la bruja en prácticas

Estoy muy contenta con la acogida que ha tenido el relato anterior. Me hace muy feliz cuando alguno de vosotros me escribís para decirme lo que os ha hecho sentir alguno de mis relatos. Siempre se me dibuja una sonrisa enorme 🙂

En el post de hoy cambio el formato de cuento a breve a microcuento. Un pequeño aperitivo con el que empezar la semana riendo. A mí personalmente me pirra reír, y en semanas como esta en la que las anginas acechan me parece que es todavía más necesario.

¿Qué te parecen los cuentos de brujas? ¿Has metido la pata mientras estabas de prácticas en alguna empresa? La protagonista de esta breve historia tiene que arreglar un entuerto un tanto delicado. Descubre cómo acaba este periplo lleno de magia.

La bruja en prácticas

La bruja en prácticas llevaba cinco hechizos y siete pociones cuando un alumno se auto convirtió en rana. ¿Besarlo y romper el hechizo? Iba contra las normas. ¿Llamar al director? Quedaría patente su falta de pericia y el enchufe de su tía la hada. Con ayuda del resto de la clase atraparon al niño rana. Probaron con los conjuros de todo el libro pero la transformación a humano no llegaba. En un último intento desesperado mezclaron tequila, cola de tritón y un par de pelos de zorro al son de los tambores de las guerreras victorianas. Le hicieron beber la pócima y el niño se puede decir que volvió. Su aspecto parecía él mismo, quizás con una tonalidad más verdosa y unos ojos más saltones. Lo único que no consiguieron fue quitarle la manía de comer cada mosca que pasaba.

Para que sigas leyendo

Puedes descubrir otros de mis relatos en este enlace.

También hago reseñas y reflexiono sobre experiencias de vida en positivo 🙂

El libro de no ficción que estoy a punto de terminar es Sapiens, y tú, ¿qué estás leyendo ahora?

A ti que formas parte de esta tribu de lectores, gracias por dejarme besarte con letras.


Seguir leyendo

El silencio de Colinas Frías

Colinas Frías

Tenía muchas ganas de publicar este relato porque está inspirado en la zona en la que vivo, La Alpujarra. Las costumbres, lugares y personajes son ficticios pero la belleza de los pueblos blancos que relucen en el verdor de las montañas son reales.

La aventura de Colinas Frías se me ocurrió una tarde mientras veía bajar a muchos de los que visitan nuestra zona. Ese río de coches y ganas de descubrir un lugar en el que a veces la cobertura no funciona junto con el punto de humor que me gusta añadir a las historias, hizo el resto.

Espero que disfrutes de este relato tanto como mi mayor fan, mi abuela 🙂 A ella ver nuestro hogar reflejado en unas líneas le parece magia.

La historia de Colinas Frías

Las montañas de Colinas Frías habían olvidado lo que era la paz y el silencio. Hacía tres meses que uno de esos famosos que rellenan páginas de cotilleos y devoran botes de autobronceado, había acabado buscando un lugar dónde alojar a su indescriptible tupé y los restos del deportivo rojo.

Una sola foto activó la avalancha. De espaldas, mirando al hermoso paisaje y sentado sobre el capó. Lo que no enseñaba la instantánea de Instagram era el destrozo que tenía el morro del coche. Las curvas de esas montañas no perdonan, y mucho menos a los listillos que se creen por encima de la ley natural de la zona.

En el corazón de Colinas Frías se encuentra uno de los pueblos más bonitos del país. Casas encaladas de blanco con curiosos tejados de pizarra que destacan entre el verdor de las montañas. En invierno, el humo de las chimeneas redondas se refleja en la copiosa nieve que cubre los picos más altos.

Sus habitantes, con un don de gentes que no se puede aguantar, acogieron al famoso de turno con todo el amor y la ternura que despierta tocar al chico que ven cada tarde por la tele.

Un par de fotos más con las sonrisas picaronas de las vecinas y un plato tradicional que convierte en carnívoro al más profundo vegetariano, hicieron el resto. Al fin de semana siguiente el hostal de Paca no tenía ni una habitación libre.

El día a día de un pueblo marcado por la edad y la altitud cambió. Coches y más coches formaban un nuevo río cada viernes por la tarde. Los negocios locales se frotaban las manos y hacían sonar el taco gordo de los bolsillos. Parecía que se había instaurado la era del oro en Colinas Frías pero claro, no todos recibieron con los brazos abiertos a esos turistas de ciudad.

Jacinto, el pastor, estaba agotado de que sus cabras fueran el monumento de turno. Los domingueros que llegaban se acercaban sin remordimientos y con algún que otro susto hasta las cabras. Les cogían las ubres, los cuernos y lo que pillaran para llevarse un selfie y un puñado de likes. Las cabras de Jacinto estaban estresadas. La leche sabía cada vez más amarga y no había forma de que su apreciado queso cuajara.

Otro de los vecinos que estaba hasta el piolet era Raúl. Un muchacho amante de las montañas y el aire puro que había dejado la ciudad hacía años para instalarse en el pueblo más alejado de la civilización.

A pesar de no ser local se movía por Colinas Frías como si lo fuera. Cada mañana cogía su equipo y peinaba senderos, cortafuegos y demás recovecos para fotografiar la flora y fauna que allí habitaba. Estaba enamorado de la soledad y esas montañas.

Una tarde, mientras Raúl esperaba sentado en una gran piedra cámara en mano a que bajaran los animales a beber al río, vio a Jacinto. El respeto que ambos sentían por ese mágico lugar los había unido.

–¿Qué pasa, Jacinto? ¿Qué haces fuera de tu zona?

–Ni me hables. Estoy buscando nuevas rutas para pastar con mis cabras sin que esos descerebrados con móvil me las maten. ¡Maldita la hora que se puso de moda el ecoturismo de los huevos!

–Seguro que se cansan pronto, Jacinto. Estas montañas aunque te dejan sin respiración son muy duras. En cuanto lleguen las primeras nieves desaparecerán los senderistas de Decathlon.

–¿Senderistas de qué?

–Nada, Jacinto. Que solo les falta un susto y un poco de frío para que no vengan.

–Un susto… oye, muchacho. ¿Y si aceleramos el proceso?

–Ja ja ja. Miedo me estás dando. ¿Qué se te ha ocurrido?

Jacinto miró para un lado y para otro por si había algún turista despistado por allí y le susurró a Raúl su plan. Al fotógrafo se le abrían los ojos como platos con cada detalle. Llegó un punto en el que las carcajadas no tardaron en rugir. Acabaron sellando el trato con un vino peleón que Jacinto llevaba siempre en su bota.

Al día siguiente, Raúl volvió de su jornada de senderismo y fotografía con la ropa hecha jirones y gritando sin parar. De lejos incluso las vecinas, que cosían en la plaza al fresquito de la tarde, creían verlo cojear.

–¡Un lobo! ¡Un lobo!

–¿Un solo? –preguntó Paca.

–¡Qué dices, Paca! Que el chiquillo viene diciendo que ha visto un lobo. ¡Un lobo!

–Remedios, el forastero se ha equivocado. Si hace cuarenta años que no se ven lobos por la zona.

Mientras las vecinas alteradas como gallinas cotorreaban sobre el descubrimiento de Raúl, los hombres que estaban en la tasca empezaron a salir al encuentro.

–Muchacho, ¿qué has dicho?

–Paco, le juro que he visto un lobo y casi me muerde hasta las vergüenzas. Si no me llego a lanzar por el salto de la burra me hubiera pillado.

–¡Cómo va a ser eso! Aquí no hay lobos. Seguro que te has confundido. Por mucho que tú digas no conoces estas montañas.

El vino, el jamón y el intercambio de opiniones no se hicieron de rogar. Raúl repetía una y otra vez cómo se había librado de ser atacado por un lobo enorme.

Los vecinos querían ver las fotos que había hecho para comprobar si era verdad que ese lobo feroz estaba suelto por allí o si seguía formando parte del cuento de Caperucita. Pero casualmente la cámara con la que había trabajado Raúl ese día había desaparecido en el salto de la burra.

–Tenéis que creerme. Lo más sensato sería que no viniesen más turistas hasta que se capture al lobo o podremos tener una desgracia. Yo mismo los he visto andando por los senderos sin ninguna precaución y algún día un panolis de estos va a llevar al pueblo a la ruina.

Nadie quería oír que el sonido de los euros se iba a callar. Montaron batidas para peinar la zona durante días pero el lobo no aparecía. Los turistas siguieron llegando y la única desgracia que había ocurrido hasta el momento era que unos senderistas se habían quedado sin agua en plena ola de calor. Imitando lo que habían visto en los programas de supervivencia, intentaron bajar al río con la mala pata que uno de ellos acabó con el tobillo y la dignidad destrozados.

–Raúl, el plan no está funcionando –le decía Jacinto desesperado.

–No hay forma de convencerlos.

–Habrá que intentarlo con más ímpetu.

–Jacinto, ni el photoshop nos ayuda. Los vecinos se han cegado con el dinero. Si hasta doña Paca dice que se va a poner las muelas de oro.

La noche caía sobre Raúl y Jacinto debatiendo qué podían hacer para conseguir liberar a sus queridas montañas de esa plaga. Parecía más complicado que conseguir adivinar las cabañuelas en agosto, pero no estaban dispuestos a rendirse tan fácilmente.

Faltaban pocas semanas para la llegada de las primeras nevadas. El pueblo celebraba en esos días sus fiestas populares. Las casas se volvían a encalar y farolillos de colores recorrían las enrevesadas calles.

Los comercios se preparaban para una celebración por todo lo alto. Habían salido en la tele y se estimaba que la lluvia de turistas buscando conectar con el campo y las tradiciones sería inigualable.

Algunos se habían anticipado y estaban acampados en los claros de un bosque cercano al pueblo. La ley prohibía cualquier tipo de pernoctación ociosa en las montañas pero el alcalde en un alarde de modernidad y desenfreno había dado luz verde a cualquier cosa que produjese dinero.

El día grande hacía sol pero sin llegar a quemar. Las carrozas llenas de vino y gente con ganas de olvidarse del mundo empezaron a circular tiradas por pequeños tractores. Una charanga un pelín desafinada levantaba el ánimo de los que allí se habían reunido.

El olor a barbacoa y el estruendo de los cohetes llegaban hasta los pueblos del valle. Los coches, aparcados a lo largo de toda la carretera, habían formado unas trenzas de colores en las laderas de la montaña.

La alegría y el desenfreno se palpaba, incluso Jacinto estaba reluciente. Parecía que su ceño fruncido de los últimos meses se había alisado sin necesidad de cremas.

Cuando empezó a bajar el sol, vecinos y turistas se prepararon para comenzar la romería a la ermita de los perdidos. La borrachera generalizada provocaba que el ritmo fuera lento y lleno de ochos. A la cabeza el alcalde con las llaves del pueblo y su escopeta de perdigones. La tradición mandaba que una vez llegados a la ermita debían disparar a cuatro platos de colores y esparcir los restos por el camino de vuelta para que todos los que quedaban perdidos en Colinas Frías pudiesen volver hasta el pueblo.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Ya iban tres platos rotos y cinco intentos fallidos cuando de repente otro sonido cortó las risas de golpe.

¡Auuuuu! ¡Auuuu! ¡Auuuu!

Del silencio a las carreras. Pisotones, achuchones y demás contacto físico involuntario para salvar el culo del hambriento lobo.

El alcalde, desesperado y empapado en sudor frío, se lanzó hacía el sonido. Cada vez era más nítido, el lobo tenía que estar a tan solo unos metros. Apretó la escopeta con la firmeza que las botellas de tinto le dejaban y siguió.

De repente, de entre los matorrales apareció un lobo despeluchado. Tenía el pelaje como si se hubiera metido con los animales equivocados.

–Me cago en el forastero. Al final va a ser verdad –balbuceaba el alcalde mientras se armaba de valor.

El lobo seguía aullando mientras poco a poco se acercaba a él. En apenas cinco metros lo alcanzaría. Era el lobo o su pellejo. Entornando los ojos apretó el gatillo. Un sonido sordo le confirmó que le había dado al lobo aunque fuera de refilón.

El animal se perdió con las últimas luces del día y el alcalde volvió al pueblo como un héroe. Los turistas asustados empezaron su propia peregrinación a la ciudad olvidándose de recoger las maletas.

A la mañana siguiente los vecinos tenían una resaca terrible y la incertidumbre de si su gallina había dejado de dar huevos cargados de euros. Jacinto entró en la tasca con un aura especial. Parecía que le habían quitado 10 años de encima si no fuera por la cojera tonta con la que se había despertado esa mañana.

–Buenos días, vecinos. Parece que la nieve se acerca.

Para que sigas leyendo

Puedes descubrir otros de mis relatos en este enlace.

También hablo de libros y experiencias de vida en positivo 🙂

A ti que formas parte de esta tribu de lectores, gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Balance de 2018: Año viajero y con decisiones

balance del año 2018

Durante mucho tiempo tuve la impresión de que los años pares no eran los que más suerte me traían. Quizás porque eran años en los que tenía que tomar decisiones y no siempre es tan fácil como si el chocolate te gusta con almendras o sin ellas. Ahora con perspectiva, creo que no tengo quejas de 2018.

Las sillas vacías siguen estando presentes pero lamentablemente ningún año podrá llenarlas. Prefiero saborear los instantes en los que si tuvieron alma y no el vacío con el que relucen ahora.

He llegado al final de 2018 agotada, tanto que ni he sido capaz de mantener el calendario de las últimas semanas ni correr una San Silvestre.

2018 me ha resultado tan intenso que se podría convalidar por dos.

Un año viajero

31 día sin Instagram

Ha sido el año que más he viajado. He visitado 8 países (Holanda, Austria, Francia, Italia, Hungría, República Checa, Polonia y Portugal) además de unas cuantas escapadas nacionales. En cada uno de estos lugares algo me hizo “click” y cada viaje desencadenó una decisión.

Sin duda, de la que me siento más orgullosa ha sido de dejar mi melena con su belleza real. Recuerdo que en Cracovia no podía quitarme de la cabeza la idea de acabar con la esclavitud del tinte. Ahora tengo el papel gris con la zona de la frente casi blanca y me veo más guapa que nunca.

Me siento completamente libre y esa sensación es lo que ha hecho que la expresión de mi cara cambie. No nos hace más bellos un color u otro sino saber que hacemos cada cosa siendo fiel a nosotros mismos.

52 libros acabados y alguno que otro más empezado

Para mí viajar es como leer el mundo.

Me siento eternamente agradecida de poder descubrir nuevas culturas y que eso no solo me permita ver la belleza del resto del planeta sino ser mejor persona. Con los libros me ocurre lo mismo.

Leer es una oportunidad de conocernos. De buscar en las experiencias de otros algo que en la nuestra se atasca. He leído bastante, pero el número en sí me da igual. Es cierto que siempre intento ir más allá pero no elijo los libros porque sean más finos y que así contabilice más como he escuchado en otros casos.

La lectura es magia y ojalá atraviese fronteras físicas y mentales. Me encantaría que las estadísticas tan desalentadoras cambien y todos acabemos el año con al menos un par de libros disfrutados. Recuerda que la cultura también nos hace libres.

Tres de mis libros favoritos de este año han sido: El Cuarto Mono, Todo esto te daré y Mi planta de naranja lima.

Ha crecido la familia

Nuestra pequeña familia ha ido creciendo con los meses y ahora somos cinco. Algunas voces me dicen que son demasiados animales en casa. A mí no me lo parece porque tengo la suerte de vivir en mitad del campo con una finca bastante grande en la que corren y juegan sin ataduras.

No podré salvar a todos los animales del mundo pero sí que haré todo lo que esté en mi mano. Otto, Bella y Blanca no son simples perros, son parte de nuestra familia. La alegría que manifiestan cuando nos ven llegar, el cariño que nos dan traspasan el corazón. Ni este ni ningún otro año entenderé que existan seres capaces de hacer daño a un animal.

Mi primera carrera internacional

media maratón de Budapest

El running es otro de los elementos que nunca puede faltar. Conseguí mi MMP en la media maratón de Barcelona. Una carrera a la que llegué sin expectativas y que fue una auténtica pasada.

Tengo un gran sueño a largo plazo que es correr al menos una carrera en cada continente. Este año di el primer paso y disputé mi primera media maratón internacional en Budapest. ¿Cuál será la próxima? Todavía está por decidir 🙂

También ha sido la primera vez que me he retirado de una carrera. La media maratón de Córdoba la empecé con muchos problemas y casi ni llegué al kilómetro 3. Aprendí que cuando el cuerpo y el clima dicen no es mejor hacerles caso.

El peor aspecto del running de este año fue un susto que me dieron corriendo sola por el campo. Eso ha provocado que no quiera salir sola por senderos y me da mucha rabia. Pero de momento todavía no me siento con la confianza de adentrarme en los caminos sin tener a alguien a mi lado.

Esto es lo único que echo de menos de la ciudad. Poder correr, por ejemplo, por el paseo marítimo a cualquier hora porque siempre hay gente. En fin…

Qué he aprendido de 2018

Como decía al principio, 2018 ha sido un año tan intenso que me lo podrían convalidar por dos. De hecho, hay momentos en los que hablo de algún hecho y tengo la sensación de que ocurrió hace un par de años y no durante estos 365 días. Esa intensidad me ha enseñado mucho:

  1. A ser más consciente de mis emociones y de los aspectos que las alteran.
  2. A arriesgarme a hacer lo que quiera aunque no tenga casi apoyos.
  3. Las piezas no siempre encajan a la primera pero llega su momento.
  4. Cuando me cuido bien se refleja en mi alrededor.
  5. Decir NO abre más puertas de las que cierra.
  6. Los grandes momentos no tienen fotos.
  7. Las personas que me quieren bien siguen a mi lado a pesar de la distancia.
  8. Correr sigue siendo mi elemento calmante.
  9. El miedo también es un gran guía.
  10. Planificar con flexibilidad y sin expectativas.

Qué espero de 2019

De el nuevo año que entra espero que llegue cargado de amor y salud. Sin ninguno de esos elementos la vida no brilla igual. Y a partir de esa base cumplir cualquier sueño es más sencillo.

Tengo dos proyectos profesionales en marcha. Mi primera novela de autoficción y la apertura de una academia de idiomas y escritura creativa en mi pueblo. Estoy muy emocionada e ilusionada. Son proyectos que llevaban demasiado tiempo en el tintero. Toda receta necesita su cocción 🙂

En cuanto al mundo del running, en menos de un mes tengo la media maratón de Sevilla. Voy sin expectativas después de los contratiempos de Córdoba. Que las zapatillas repartan suerte. Tampoco tengo ningún objetivo más en cuanto a carreras se refiere, pero sí que me gustaría bajar por fin de las 2 horas en media maratón.

Se avecina un gran viaje. Voy a cumplir en mayo 28 primaveras y será en Japón. ¡Tengo ansia viva por ir! El resto de aventuras surgirán sobre la marcha. Somos de impulsos 🙂

En definitiva, 2018 se va y me deja en calma. Espero que en 2019 siga floreciendo mi jardín interior.

Y tú, ¿cómo ha sido tu año y qué le pides al siguiente?

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

El peluche de un adulto

El relato del lunes tiene forma de peluche

Eran las nueve de la mañana. El salón de actos estaba repleto de alumnos somnolientos. Algunos ni siquiera habían pasado por casa después de un jueves universitario memorable. El profesor que iba a guiar el curso de cómo hablar en público subió al escenario con una confianza enérgica. Después de dos estribillos de We will rock you los ánimos mustios se caldearon. La música no solo amansa a las fieras.

Durante las siguientes cuatro horas dio pautas y ayudó a marcar objetivos para conseguir que participar en una charla pública no fuera un suicidio social.

Carolina llevaba todo el curso ocultándose en la última fila. Le paralizaba la idea de dirigirse a un auditorio pero a la vez sentía la presión de que si no lo hacía su futuro como divulgadora sería una fantasía dolorosa.

Su falta de confianza ya le había costado demasiados trenes. Chicos de los que se había enamorado, experiencias académicas… Ese camino solo la llevaba a anclarse en el quiero y no puedo, a rumiar.

Solo quedaba una práctica para terminar la sesión, vender un elefante de peluche.

Tres personas levantaron la mano. Se necesitaba una más. Carolina en un impulso por impresionarse a sí misma o por acabar con la sensación de tener un verdugo acariciando su cuello, también la elevó. Cada uno de los participantes sacó sus técnicas de marketing y persuasión para conseguir impresionar a los posibles compradores.

Cuando llegó el turno de Carolina no era capaz de sujetar el micrófono. Cientos de ojos la analizaban. Quería huir. Miró al profesor y con la confianza que consiguió reunir en 20 segundos dijo que ella lo haría a viva voz. Centró la mirada al fondo, al lugar donde ella había ocupado. Pensó en lo que le gustaría que le dijesen y dejó que las emociones se convirtieran en palabras.

Sentía que le temblaban las piernas y que su voz era solo un hilo diminuto. Sin embargo el público percibió ternura. De repente, varios espontáneos se levantaron interrumpiéndola.

–Yo no quiero el peluche, me quedo contigo.

Un calor que le nacía en el vientre subió sin control. Las mejillas parecían explotar y con una sonrisa nerviosa articuló las últimas palabras de su discurso.

–No esperes a que alguien te salve, a que tome las decisiones por ti. ¿Quieres montar un negocio? Hazlo. ¿Te apetece bailar samba? adelante. Y si te mueres por comprarte este peluche, no lo dudes. ¿Infantil? No, valiente, muy valiente.

El auditorio rugió. Carolina no sabía si conseguiría vender un peluche a un adulto, lo que tenía claro era que esta vez la batalla al miedo de hacer el ridículo la había ganado ella.

¡Sorteo disponible!

Ayer lancé un sorteo entre las personas que forman parte de este club de lectores. Un ejemplar de Firmamento de Màxim Huerta y otro de El diario de Ana Frank. Para participar solo tienes que suscribirte a la newsletter. El domingo 23 anunciaré al ganador.

¡Por cierto! La semana pasada hablé de un thriller imprescindible, El Cuarto Mono. Échale un vistazo y descubre una novela completamente adictiva 🙂

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

El Cuarto Mono de J. D. Barker

Thriller el cuarto mono

Título: El cuarto mono

Autor: J. D Barker

Traductor: Julio Hermoso

Editorial: Destino, colección Áncora y Delfín

Género: Thriller

Puntuación: 5 de 5

Sinopsis de El Cuarto Mono

El inspector Porter recibe un aviso a pesar de encontrarse temporalmente fuera de servicio. No es un incidente aislado, El Cuarto Mono ha vuelto a actuar y esta vez todo a punta a que se ha suicidado. Su modus operandi es único. Envía tres cajas blancas a los padres de las víctimas que secuestra y mata: una primera con una oreja, una segunda con los dos ojos, y otra con la lengua. Finalmente acaba dejando abandonado el cuerpo sin vida en un lugar cualquiera.

Junto con al posible cadáver de El Cuarto Mono, descubren una oreja y una posible víctima. También el asesino ha dejado un diario en el que relata por qué siente la necesidad de erradicar el mal de este mundo sirviéndose de la tradición japonesa de los tres monos: no oirás el mal, no dirás el mal, no verás el mal. El cuarto, no harás el mal, es la vara de medir de un asesino dispuesto a todo.

Reseña de la novela

Un thriller retorcido y con un ritmo frenético que me ha maravillado. Desde la primera página va directo al grano, a la acción. Los puntos que describe tanto de los lugares como de los personajes son muy acertados y breves. Lo suficientemente concisos como para poder centrar todo el foco en el desarrollo de la historia y no en los adornos.

Hay varias tramas, dos de ellas marcadas en la división de los capítulos. El pasado del asesino y el presente de la investigación. No sabría decir cuál de las dos es más intensa y retorcida. Hay algunos capítulos que están narrados desde la visión de otros personajes que son secundarios pero necesarios para realizar ciertas acciones que el protagonista no puede hacer por sí mismo.

También me pareció acertado el uso de pequeños esquemas simulando la pizarra que tienen en comisaría de forma que el lector mantiene presentes todos los pequeños detalles de los asesinatos y las pistas encontradas hasta el momento.

En cuanto a la narrativa me gustó que mezclase oraciones largas encadenando descripciones o sucesos y en otras fueran frases muy cortas y contundentes. Golpes directos al estómago.

El final queda resuelto y ¡de qué forma! Sin embargo, se abre un nuevo hilo del que tirar en una próxima obra.

Si quieres comprar la novela El Cuarto Mono puedes hacerlo a través de este enlace.

Otra novela que te puede maravillar es Todo esto te daré de Dolores Redondo.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Llévame a Niveria

llévame a niveria relato sobre el poder de la imaginación

El relato breve de esta semana versa sobre Niveria, un lugar en el que el poder de la imaginación es completamente libre. Cuando a la creatividad de los niños no se le pone límites es capaz de crear universos partiendo de un simple cubito de hielo. Niveria es solo un brevísimo reflejo de ello.

Llévame a Niveria

Carolina estaba sentada junto a su abuela. El roce de la colcha de lana en sus pies unido al del olor a asado le hacía sentir en casa. Era su hogar, el único lugar en el que podía alentar a sus criaturas, dejarlas libres, mimarlas y convertirlas en algo más que en unas líneas de un diario ajado. Su abuela tarareaba. La voz fina y delicada proyectaba la calma que se irradiaba en aquel retirado rincón de Edimburgo.

Después de la segunda taza de té, Carolina entrecerró los ojos. Pocos segundos después apareció en Niveria, el país de las hadas heladas. A su alrededor reinaba el hielo y la luz se proyectaba en todas las direcciones como si un diamante irradiase su belleza. Sentía una presión en el pecho que la empujaba a buscar a alguna de esas sobrecogedoras criaturas.

Se deslizó como una bailarina por el lago sintiendo como el frío le reconfortaba. Un susurro. Miró en la dirección opuesta y pudo ver algo que se movía. Se acercó con cuidado, como si sus pies pudieran lastimar al duro hielo. Cuando estaba a punto de descubrir qué era esa bola brillante que zumbaba cerca de los pinos cristalizados, un ronroneo la despertó.

Mili, la gata de su abuela, se había enroscado en su regazo dejando un reguero de pelos y una suave sonrisa en el rostro de Carolina. Tenía todas las vacaciones de invierno para seguir buscando a la reina de las hadas heladas.

Puedes descubrir otros relatos aquí.

La reseña de la semana pasada fue sobre el libro de Dolores Redondo Todo esto te daré.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Todo esto te daré de Dolores Redondo

novela todo esto te daré de Dolores Redondo

Título: Todo esto te daré

Autora: Dolores Redondo

Género: Thriller

Editorial: Planeta

Edición: 17ª edición, marzo 2018

Puntuación: 5 de 5

Sinopsis de Todo esto te daré

En pleno corazón de Galicia, Álvaro sufre un accidente de tráfico que destapa la caja de los secretos. Cuando su marido, Manuel, llega a un enclave con vida propia empieza a descubrir trazos del amor de su vida que desconocía por completo, entre ellos una familia con una tradición a las espaldas. La investigación por la muerte de Álvaro está cerrada pero las pesquisas de Nogueira, un agente retirado, siembran las dudas en Manuel que acepta llegar hasta el fondo de esta historia.

En esta búsqueda de la verdad se une un sacerdote y amigo íntimo de Álvaro, Lucas. Los tres hombres aunarán fuerzas y destaparan secretos que muchos miembros quieren tapar a toda costa.

¿Estará preparado Manuel para descubrir el sabor de la verdad?

Análisis de la novela

Sigo enamorada de la forma de contar las historias de Dolores Redondo. Después de zambullirme en la Trilogía del Baztán, Todo esto te daré ha cumplido con todas mis expectativas. Una historia compleja que la autora desgrana perfectamente dejando todos los detalles atados, hasta el más mínimo como el proceso de creación de una novela. Me gusta muchísimo la forma de mostrar las emociones usando la naturaleza y los animales. Consigue que la atmósfera vaya en sintonía con las emociones de los personajes como si fueran uno solo.

“Llamar a su hermana. Sonrió amargamente al pensarlo, ojalá hubiera podido. Sintió el mareo escalándole el pecho como un animal caliente e indeseable intentando apostarse en su regazo, y los ojos se le llenaron de lágrimas al darse cuenta de que las dos únicas personas a las que hubiera querido llamar estaban muertas”.

Uno de los aspectos más característicos de Dolores es la forma de sembrar y profundizar en los personajes. Cada uno de ellos tienen su propio mundo. Están llenos de matices que permiten al lector visualizarlos sin problema y entender su forma de actuar. No chirrían. Personalmente en esta novela me encanta el pequeño Samuel y los dos protagonistas, Álvaro y Manuel. Samuel es un personaje secundario que llena de ternura y amor infantil las páginas. Además, aporta luz y consigue quedarse con el corazón de los lectores. Por su parte, la historia de amor de los protagonistas traspasa. Un acto de fe ciega y de conocimiento de la pareja brutal. Es tan visceral que las lágrimas en algunos puntos campan a sus anchas. Me enamoré de la historia de Álvaro y Manuel y todavía sigo con la resaca emocional.

“Manuel permaneció sentado todo el tiempo, sin prestar atención a las indicaciones del cura, abatido por la resaca del enfado y la delirante marea emocional de los asistentes al funeral, a los que oía gemir a su espalda”.

La narrativa enamora y envuelve. Un lenguaje cuidado en el que se nota también el trabajo de investigación de fondo. Consigue que historias retorcidas puedan ser plausibles y ese punto a veces da un poco de miedo.  Para mí es de los mejores síntomas, si después de unos días de acabar con el libro sigues pensando en él es que ya ha dejado huella en ti. Dolores trata con mimo cada trama y subtrama. No percibes que unas sean mucho más importantes que otras, todo lo contrario. Es un puzzle complejo en el que si te falta una pieza por pequeña que sea deja de tener sentido.

La descripción que hace de Galicia me parece asombrosa y mágica. Me ha maravillado tanto que ha conseguido encender la llama de la curiosidad. No se centra en lugares que pueden ser conocidos, sino que te lleva de la mano más allá. Lo mismo ocurre con el tema del folclore y la tradición. Son aspectos que también se repiten en sus otras obras.

Todo esto te daré es una lectura totalmente recomendada y el Premio Planeta que recibió en 2016 es más que merecido. Un libro que no dejará indiferente.

Si te gustan los libros cargados de emociones no te puedes perder Mi planta de naranja lima.

Puedes comprar Todo esto te daré aquí.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

La rosa que asesinó a mi madre

la simplicidad de una rosa

A mi madre la asesinó una rosa. Cuando llamaron al timbre me ordenó que me encerrara en mi habitación. No le gustaba recibir visitas en mi presencia, decía que los niños copan toda la atención y ella necesitaba las tertulias de las cuatro para olvidarse de que vivíamos en un minúsculo pueblo del interior.

Estaba releyendo uno de mis libros favoritos antes de que el ruido estridente del timbre me hiciera levantar la vista. La luz que acariciaba la antigua butaca de la abuela me acunaba, sin embargo, no podía negarme a la sutil petición de mi madre. Sabía lo que ocurriría si la desobedecía.

Cuando cerré con cuidado la puerta de mi cuarto percibí una voz que no era familiar. Una voz gruesa, con un aplomo que incluso irradiaba miedo al que tenía la suerte de recibir sus palabras afiladas. También escuché a mamá. Parecía nerviosa, se diluían las palabras al final de la frase. Solo alcancé a distinguir un par de ellas: aquí tienes la rosa.

Después de dos horas de silencio me decidí a salir. Llamé a mi madre pero no me respondió. Otras veces me había dejado sin merendar pero esta vez no conseguía adivinar la razón. Me había encerrado y poco más tarde de escuchar las primeras sílabas de esa conversación de mayores, había puesto mis cascos a máxima potencia. Había sido un niño ejemplar esa tarde.

Recorrí la cocina y el salón pero fue al acercarme a la entrada de casa cuando vi un zapato de mamá. Me pareció raro porque ella es muy ordenada. Dice que se pone nerviosa si los objetos no están en su sitio. Me acerqué unos centímetros más y descubrí el cuerpo desparramado con una gran mancha roja decorando la solería. No grité ni salí corriendo, no podía dejar de mirar la rosa blanca que tenía clavada en el pecho.

Puedes encontrar otros relatos aquí.

Si te perdiste la reflexión del viernes sobre lo que aprendí en el evento de escritores Molpecon, échale un vistazo.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Lo que aprendí en el evento de escritores Molpecon

Evento de escritores molpecon

Acudir al evento de escritores Molpecon fue una necesidad. Llevo años escribiendo pero nunca me lo había llegado a tomar en serio como profesión hasta hace unos meses. Simplemente era una vía de escape y pasión. De hecho, estaba escribiendo mi primera novela de autoficción en la sombra. No quería verbalizarlo porque para mí escribir es algo tan íntimo que me aterraba que fuera pisoteado sin piedad.

Molpecon me cambió la perspectiva

Aunque no lo parezca, a veces soy muy tímida. Llegué a Molpecon sin hacer ruido. Ocupé un sitio y no fui capaz de hablar con la chica que había a mi lado hasta pasadas unas horas. ¡Y eso que teníamos ya la pasión por la escritura en común!

La energía que cautivó la sala desde el minuto uno fue contagiosa. Una lluvia continua de emociones que aseguraba mis cimientos y me decía: sí, estás haciendo lo correcto.

Durante el evento aprendí aspectos muy interesantes e importantes en el mundo de la escritura como elaborar con destreza una carta de presentación para una editorial, la maquetación de los libros, cómo formar comunidad lectora con un blog, etc. Pero lo que quiero compartir es lo que aprendí a través del corazón.

Qué aprendí en Molpecon

  1. Todos tenemos miedo al fracaso y a la crítica destructiva incluso aunque llevemos una mochila de publicaciones ya puesta.
  2. Si no abre a la primera ni a la segunda ni a la décima, hay otra alternativa recalculando el camino.
  3. Una buena historia puede surgir de cualquier momento siempre que se cuente con corazón.
  4. Tratar a la escritura y a los lectores como si fueran las personas más importantes de nuestra vida.
  5. Escuchar atentamente no solo lo que nos dicen en los feedbacks sino también a nuestra intuición.
  6. No dejar de escribir aunque las emociones colapsen y no haya cientos de lectores detrás.
  7. Conocer y valorar las obras de los demás de forma sincera, no somos los reyes del castillo.
  8. Querernos con amor sano. Valorar nuestro trabajo y el esfuerzo que hay detrás.
  9. Pedir ayuda y consejo a otros que han conseguido alcanzar las mismas etapas no es caridad.
  10. Disfrutar del camino y mantener la mente abierta para no dejar de aprender jamás.

Las personas marcan la diferencia

Cuando terminó el evento, flotaba. Sentía que tenía que confiar en lo que estaban gritando mis entrañas y dejar de balbucear cuando me preguntan a qué me dedico. Pero todo este aprendizaje en el Molpecon no lo viví únicamente de la mano de los ponentes, sino de cada una de las personas con las que tuve el placer de charlar.

El amor con el que transmitían su camino y los consejos sin segundas intenciones fueron la guinda. Para mí fue clave sentir que nadie iba con aires de superioridad ni proyectando arrogancia. Todo lo contrario. Molpecon fue un ejemplo de compañerismo y ganas de que todos creciésemos sin mirar en el punto del recorrido en el que nos encontrásemos.

Compañeros, me distéis mucha fuerza ese día, espero haber conseguido que os llegara la mía. 

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

El cuaderno de Maya – Isabel Allende

El cuaderno de Maya

Título: El cuaderno de Maya

Autora: Isabel Allende

Género: Narrativa Hispanoamericana

Editorial: Plaza & Janés

Edición: 2011

Puntuación: 4 de 5

Sinopsis

Un pasado turbio persigue a Maya. Si quiere seguir con vida deberá refugiarse en el lugar más alejado de la tierra, Chiloé, una isla de Chile. Su futuro es completamente incierto. No sabe cuánto tiempo necesitará para que se calme la furia de sus enemigos ni cómo va adaptarse a esta nueva cultura. Todo su historia se ve volcada en las páginas de un diario que le regala su abuela Nini antes de despedirla en el aeropuerto de San Francisco.

La propia autora, Isabel Allende, ha llegado a decir que este personaje le ha hecho sufrir más que ningún otro.

Reseña de la novela

Hay personas dentro de una familia que son las raíces. Todos los miembros las sienten e incluso pueden llegar a tener conciencia de su importancia. Solo cuando esas raíces robustas desaparecen, las familias comprueban si ese pegamento que las unía, resiste. Lo mismo pasó con el núcleo de la familia de El cuaderno de Maya.

Su autora, Isabel Allende, tiene una narrativa característica. Dulce y armoniosa a la vez que cargada de detalles. Escribe con color, como si pintase un cuadro. De ahí que las descripciones en las páginas de sus novelas sean abundantes llegando a ralentizar la lectura en algunos puntos. Son la seña inequívoca de Isabel. El desarrollo de la historia no es tan importante como la atmósfera emocional que se crea en ella.

“Estoy en Chile, el país de mi abuela Nidia Vidal, donde el océano se come la tierra a mordiscos y el continente sudamericano se desgrana en islas”.

Rebosa emoción en cada palabra. El lector puede sentirse parte de la historia y no solo un mero espectador. A mí personalmente las novelas de esta autora me fascinan por el carácter sensorial, me retuercen incluso me cargan emocionalmente. Con Paula me ocurrió lo mismo. No era capaz de leer más de una hora porque parecía que mis sentidos iban a explotar, como si de verdad hubiera sido partícipe de esa vivencia.

En El cuaderno de Maya el desencadenante del cambio de actitud de la protagonista es la muerte de su abuelo Popo. La profundidad de los personajes, especialmente la de Popo, traspasa todas las barreras. Es el amor y la bondad personificada.

 “Escuché muchas veces, posiblemente novelado, el amor de mis abuelos y llegué a memorizarlo palabra a palabra, como un poema”.

Popo no es el abuelo biológico de Maya, sino con el que ha crecido. Cuando muere el dolor la azota dejándola perdida, se cuela por todos los poros y no encuentra una salida. Lloré muchísimo con esta parte de la novela, como si estuviera sintiendo de nuevo la magia de mi propio abuelo. La frase “Cuando encuentre mi planeta le pondré tu nombre, Maya” resume de forma concisa todo el amor que él siente por esa nieta con carácter.

Que no falte Chile. Las pequeñas historias de personajes secundarios ayudan a ejemplificar el carácter chileno. Aparecen de golpe pero con maestría. Gracias a ellas se percibe con todos los sentidos el lugar, los aromas, la mentalidad… Además, muchos de ellos tienen un papel clave en el desenlace de la novela.

Todas sus obras están basadas en alguna experiencia vital y Chile es la cuna por la que empezar. Alaba su tierra, el calor y la fuerza de sus ciudadanos. Ama su cultura igual que Nini, la abuela de Maya. Sin embargo, también apela a la crítica sin morderse la lengua con temas políticos como el golpe militar o la dictadura de Pinochet.

El baile del tiempo. La obra está escrita de corrido, no hay capítulos. La única separación entre los acontecimientos son las estaciones del año hasta que Maya vuelve a florecer. Lo que sí es una danza es el uso temporal. Isabel comienza narrando una aventura de la protagonista y a la siguiente línea cruza a otra historia del pasado que incluso no tiene nada que ver directamente con Maya. Como cualquier melodía suave, acuna, agita pero no entorpece.

El cuaderno de Maya es un universo complejo que debes saborear con calma y los sentidos abiertos. Cualquier historia tiene un trasfondo más profundo, solo hay que mirar más allá de lo que se muestra.

Puedes encontrar otros libros que te interesen aquí.

Si te ha gustado esta novela puedes comprarla desde este enlace: El cuaderno de Maya

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo