Por qué dije que no a escribir un libro de relatos

publicar un libro

Escribo relatos desde que soy pequeña. Recuerdo mi infancia como una niña muy curiosa e inquieta que siempre tenía una historia entre manos. A veces me gustaba escribir, otras leer sobre mundos imaginarios.

Con estos antecedentes te puedes imaginar que uno de mis sueños es escribir un libro y el siguiente publicarlo. Y cuando digo que el primer sueño es escribirlo es porque cada vez que me siento a hacerlo me tiembla todo, se me nubla la mente y todas esas ideas que rondan mi cabeza se disipan. El miedo a que el relato, el cuento o la historia en general sea un desastre me acorrala.

¡Estoy trabajando en ello!

Porque definitivamente no puedo alargar más esta lucha paralizante. Tengo que saltar al vacío.

El verano pasado contacté con una editorial –me reservo su nombre– para contarles mi historia y ver si podíamos hacer algo juntos. En su respuesta me decían habían visto mi blog y les había gustado mi forma de contar historias.

Me propusieron escribir un libro de relatos y yo acabé diciendo que no.

¿Por qué me negué a dar ese paso tan importante?

Me dio mala espina desde el principio

Con el tiempo y las experiencias he aprendido a hacerle caso a mi intuición. Sí, esa sensación que cuando no está condicionada por el miedo te afirma con claridad que estás en tu camino correcto. Cuando recibí el correo de vuelta me pareció rarísimo que con solo leer un relato –me confirmaron que no habían leído ninguno más– quisieran lanzarse a la aventura de publicar un libro con lo saturado que está ahora mismo el mercado editorial.

Tenían demasiada prisa

Las prisas nunca son buenas o por lo menos a mí no me gustan. Querían dejarlo todo cerrado cuanto antes, que me pusiera a escribir ya… Creo que los proyectos que tienen corazón necesitan cierto tiempo, no son de hoy para ayer. Además, si acabas de saber quién soy, ¿cómo quieres que todo sean tan excesivamente rápido sin ni siquiera verme en persona o conocer en profundidad cómo escribo?

publicar un libro

El medio de comunicación no me pareció el ideal

El primer contacto fue por correo pero el resto de conversaciones por whatsapp. Como siempre digo “soy moderna para unas cosas y muy antigua para otras”.

No me pareció profesional hablar sobre un contracto, un futuro libro y demás detalles por un medio como ese. Creo que un proyecto tan importante debe hablarse con calma, aclarando cada punto y si es posible en una reunión en persona o como mínimo por skype.

Su catálogo editorial no contenía relatos

De primeras vi que su editorial estaba centrada en los idiomas. Soy traductora así que contacté con ellos por si necesitaban de mis servicios. En el momento que me comentaron lo del libro volví a revisar su catálogo editorial. ¿Y qué encontré? Ni rastro de libros de relatos o de cualquier otro tipo que no fuese aprender idiomas.

Si ya todo me estaba resultando bastante incómodo y sospechoso, el catálogo me lo estaba diciendo a gritos “aquí huele raro”. No es normal que una editorial que tiene un catálogo concreto como puede ser libros de divulgación, de espiritualidad, de ficción, infantiles… se lance a otro género completamente de golpe y con un autor que nadie conoce.

Consulté las cláusulas con un experto

Después de reunir toda la información, le pregunté a un experto en el sector editorial cuáles son las cláusulas ideales. Su respuesta “no cedas tus derechos para más de uno o dos años. Es preferible hacer concesiones posteriores y así comprobar si te compensa seguir trabajando con una editorial o no”.

También es cierto que hay autores que ceden sus derechos unos 10 años para libros en papel con editoriales potentes. No era el caso. Me pedían 10 años de derechos para una publicación digital, ni siquiera lo iba a poder tener en mis manos o regalárselo a mi abuela… Además, el porcentaje que percibiría por libro era del 10 %.

¿Tú qué hubieras hecho?

Me siento orgullosa de haber seguido a mi intuición. Hay que luchar por los sueños pero no llegar a ellos a cualquier precio o por la vía rápida.

Al ser un formato digital, existe la opción de autopublicarme. El precio del libro puede ser inferior pero mi porcentaje muchísimo más elevado. O seguir batallando para que algún día mi nombre esté en la portada de un libro físico.

La semana pasada hablé de otro sueño cumplido, ¿ya lo has descubierto?

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

¿Cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programan, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. La sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado.

Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena.

¡Cuánto me equivocaba!

Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. El día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rosa en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar.

Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor reto y he decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Dar al mundo

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

Quiero vivir sin miedo

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.

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El peligro de las apps para ligar

las apps para ligar
Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. He tenido la suerte de encontrar a mi compañero de aventuras dentro de las apps más sofisticadas, el cara a cara.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. «Uf, otra vez repe».

Echo de menos el amor

Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan.
Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
De ahí ha surgido el relato de Maca y sus compañeras de piso. Tuvo una cita épica que pasará a la historia de cafés interminables en los que se arregla la situación amorosa de todo aquel que pida o no consejo.

Las chicas del 4ºB

las apps para ligar
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: «No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo».
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

Puedes conocer otros de mis relatos aquí. También me gusta reflexionar y hablar de libros 🙂

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La chica de los zapatos rojos

 

motivación

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si te apetece pasarte por otros relatos, están esperándote aquí.

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Reír cambia tu vida, ¿tienes sentido del humor?

libertad

A veces tengo la sensación de que el sentido del humor brilla cada vez más por su ausencia. Que una larga lista de personas se pican hasta sin que les roce una ortiga y que no saben diferenciar la ironía o el absurdo de la realidad.

Quizás es por la necesidad imperiosa que parece implantada en los últimos tiempos de vida perfecta que transmiten numerosas redes sociales o quizás es que nunca tuvieron de qué reírse.

Reír es el salvavidas de la actitud

Creo firmemente y si no es así que el tatuaje que tengo en las costillas empiece a arder, que una vez consigues reírte de ti mismo cambia la perspectiva de tu vida. Sí, querida, ríete.

Cuando era una adolescente me tomaba más de una broma como un ataque y me convertía en un miura pero, oye, los años además de las primeras arrugas también dan sentido del humor.

Me ha costado, no te lo voy a negar, pero ahora soy la primera en reírme de mí y ¡qué gustazo! como quitarse el sujetador al llegar a casa.

El reto de narrar una historia absurda

Uno de mis últimos retos era narrar una historia absurda, algo que no tuviera ni pies ni cabeza y que no dejara a nadie indiferente. Con las personas que ya lo he compartido me han dicho que indiferencia no es precisamente lo que provoca.

Antes de que deslices la página hasta ver el relato, también quiero hacerte otra recomendación: que los libros te acompañen este verano como lo hace la ola de calor.

Cómo encontrar un libro que te enganche

    1. Si no eres lectora habitual no cojas el libro más gordo de la estantería, te vas a agobiar.
    2. Busca una temática que te interese. Novela romántica, histórica, negra, etc. No tiene sentido que cojas un libro histórico si no te interesa en absoluto la historia, te vas a aburrir.
    3. Cualquier libro es válido. Que no te cuenten milongas de que si lees ciertos libros te llevan a una categoría inferior. Me parece mucho más importante que la gente lea en general a que solo se pueda leer a grandes eruditos.
    4. Llévate el libro a todas partes. Créeme, cuando menos te lo esperes va a surgir una oportunidad perfecta para desgranar otro par de páginas. En vez de invertir en la pantalla del móvil, hazlo en las páginas de un libro.

Y por último, el relato de la semana. Disfruta pero sobre todo, recuerda, sentido del humor 🙂

Las fiestas sin virgen

reír da vida

Huevilandia había desempolvado el traje de domingo, ese que también valía para las BBC. Las calles engalanadas con una fila de cáscara de huevos en cada lado con velas y barritas de incienso en su interior. Banderillas y música de tambores de fondo.  Las señoras como Doña Pura con el collar de perlas que le marcaba las lorzas del cuello se iban quitando los rulos descubriendo una melena encorsetada y apestada de laca. Los señores con Don Raimundo a la cabeza atestaban la tasca. El vino corría y el ego de sus cosechas también.

Todo marchaba como tenía que hacerse cada 25 de agosto. En la plaza del pueblo ya había colocada una ofrenda de huesos de pollo, cáscaras de naranja y aceite de pescado para honrar a la virgen de los santos huevos después de un buen año. Los vecinos, orgullosos, sacaron panza y metieron pecho para encaminarse hasta la ermita negra que guardaba la virgen.

Cuando llegaron el rugir de los tambores se mezcló con los berridos de los vecinos. “La virgen, ¿dónde está la virgen?”. Doña Pura tuvo un supuesto mareo asistido por sus comadres que sacaban los abanicos de plumas. Don Raimundo, embriagado por su fervor, se abrió paso hasta la única casa azul de Huevilandia. La de Arsenio, el boticario, o el brujo según decían las lenguas más sueltas.

Arsenio estaba en la puerta con un huevo en una mano y una taza de té de romero en la otra.

-¿Mal de estómago, Raimundo?

-¿Qué has hecho, maldito?

-Té de romero con un toque de anís de amapola, ¿gustas?

-Lo que gustaría sería ver tu cabeza en el campanario. ¿Dónde está la virgen?

-Vaya, hace mucho que no la veo. Creo que desde que la metí en mi cama.

-Arsenio, que no tengo el vino para barricas de dos duros. ¿Dónde está la virgen?

-Ah, que no era esa virgen. Pues entonces no puedo ayudarte. Para mí no hay más virgen que la que tiene un jardín entre las piernas.

Raimundo tenía los ojos inyectados en vino y la boca hecha fuego. Cuando se acercó un poco más al boticario, este le sonrió levantando el huevo.

-Curioso, Raimundo, veneras tanto a la virgen de los santos huevos y no eres capaz de reconocer que la Tierra es uno de ellos.

-Pero qué pamplina me estás contando. Dame a la virgen, Arsenio, o te juro que no llegas a la próxima cosecha.

No dio tiempo a que Arsenio le contradijera. Un grito llamó la atención de los dos hombres y del medio pueblo que allí se había arremolinado. “La virgen, la virgen, la virgen”. La virgen había aparecido. Estaba en lo alto de la ofrenda abierta de piernas mientras un gorrino le comía los santos huevos. El supuesto mareo de Doña Pura se convirtió en inconsciencia irreversible cuando de pronto la ofrenda comenzó a arder. Nadie daba crédito. La gloria de Huevilandia se veía reducida a los gemidos incesantes de las llamas.

-Raimundo, no llores. Al fin se ha roto el cascarón. Ahora sí que vas a ver la yema de la verdad. ¿Un chato y celebramos?

Gracias por dejarme besarte con letras.

Puedes conocer otros de mis relatos aquí. También me gusta reflexionar y hablar de libros 🙂

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Cuéntame un microcuento

cuéntame un microcuento

Me apetece jugar con las letras y el orden. Algún microcuento se va a colar en el transcurso de este post hasta llegar al final en el que te espera un libro lleno.

Me marché a Indonesia con el objetivo de reinventarme y vivir. Estoy poniendo a prueba mi paciencia esperando el resultado de si tengo plaza o no en el Máster de Traducción Literaria. Te prometo que dejo las copas de champán preparadas por si acaso.

No necesito que me den buenas noticias, me basta con crearlas yo misma.

Aunque todo el mundo me dice que es la parte de la traducción peor pagada, que casi no hay trabajo y un sinfín de historias para no dormir, a mí me va a explotar el corazón de la emoción.

Nada es fácil sea en el ámbito que sea, y no espero que en este aspecto me lluevan pétalos de rosa por el camino pero lo que tengo más claro que los cristales de mi abuela, es que no me voy a quedar con las ganas de intentarlo.

Como me dijo mi profesora de latín y griego en esos lejanos tiempos del bachillerato, «estudia lo que te gusta que ya trabajarás en lo que puedas».

El duro trabajo de abrirse camino

Lo sé a veces la paciencia me puede faltar pero tengo otra virtud, cuando se me mete algo entre ceja y ceja no paro. Y creo que es la clave de cualquier cosa, constancia y sobre todo mucha pasión. Cuando amas lo que haces no te importa echar horas, investigar, tocar puertas… porque sabes que al final merecerá la pena esa inversión.

Solo necesito que digas que no puedo para que el dragón derrita los miedos, los peros.

Lo mismo me está pasando con la creación de mi web profesional. Pensaba que me iba a costar bastante menos, pero no. Borrador, otro borrador y tiro porque me toca.

Menos mal que he sobornado a mi compañero de aventuras para que lleve la parte técnica.

La vida da muchas vueltas

Es curioso, cuando acabé la licenciatura llegué a odiar la traducción e incluso me arrepentí de haber elegido esa carrera.

El famoso calentón del momento.

Todos estos años trabajando más o menos alejada de ella, me han hecho darme cuenta que la excitación y curiosidad que me produce sentarme delante de un texto para traducirlo o crear uno desde cero, como puede ser un relato, no me lo aporta nada más.

Podría llegar a aprender cientos de idiomas, solo me interesa uno, dicen que se llama amor.

Una de las cosas que me gusta de haberme mudado a Madrid es la oferta tan amplia de eventos culturales y deportivos. Durante la feria del libro tuvimos la suerte de conocer un proyecto que me enamoró, Léeme.

Además, durante la presentación del proyecto hicieron un sorteo y a mi compañero de aventuras le tocó el libro Amor líquido.

Irene, la fundadora de Léeme, transmite su pasión por los libros yendo más allá de mencionar si le gusta o no el libro. Se adentra en los porqués, la psicología de la obra…

Si la primera temporada me ha enganchado la segunda me tiene alucinada, la vuelta al mundo en 81 libros. ¿Puede ser más extraordinario conocer lo que ocurre en esos libros en los lugares en los que se han escrito o inspirado?

Te dejo el primer vídeo de la primera temporada  🙂

Le prometió un regalo único, uno que le hiciera volar sin mover los pies. Y de su mano brotó un libro.

Y por último, os quiero hablar del microcuento.

Como has visto, he ido añadiendo algunos a modo de resumen de lo que te iba contando.

¿Por qué?

Me parece que la fuerza y creatividad que encierra un microcuento es muy potente. Un número limitado de palabras con las que tienes que expresarlo todo. Un gran reto.

A mí especialmente me encanta intentar darles forma mediante historias que ocurren a mi alrededor. Pasear por la calle, captar una situación y convertirla en microcuento.

Un libro de microcuentos

El libro de Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios me gusta mucho y tiene unas ilustraciones que son preciosas. Una excusa perfecta para empezar y acabar el día con algo más interesante que el móvil entre las manos.

Lo que sí te aconsejo es que no intentes leer un montón de microcuentos de golpe porque te vais a perder muchos matices.

Un microcuento esconde más de lo que las palabras dicen. Lee y siente las emociones que trasmiten, no te fijéis en las palabras en sí.

La flor más bella no se seca, renace en cada emoción.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Puedes conocer otros de mis relatos aquí. También me gusta reflexionar y hablar de libros 🙂

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Reinventarse y vivir como objetivo principal

reinventarse

Este mes de vacaciones ha sido muy diferente al resto. Durante 21 días he estado recorriendo Bali, Islas Gili y Yogyakarta y los podría resumir en dos palabras, intensidad e inmensidad. Otra palabra que resonaba con fuerza era reinventarse. Todavía no sabía cómo.

Ha sido un viaje en el que intenté, y casi lo consigo al 100%, olvidarme de todo lo que tenía aquí para centrarme en tener los sentidos muy alerta y no perderme detalle alguno.

Desconectar de esa manera y terminar de vaciar la carga emocional de estos últimos meses, me ha permitido ver la realidad desde otra perspectiva, mucho más simple.

Básicamente, tener la certeza de que poco a poco voy a conseguir cumplir el objetivo: reinventarse y vivir. Lo que también te aseguro es que ha sido uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

reinventarse en indonesia

Hace poco más de una semana me he mudado a Madrid, ¡me tiene loquita perdida! Si tienes alguna sugerencia, tengo los oídos muy limpios para anotarlas todas, eso sí, las de comer que sean gluten free, por favor 🙂

Reinventarse en el mundo freelance

Echaba de menos traducir y tener un contacto más directo con las letras. Estoy inmersa también en el copywriting, aprendiendo muchísimo de gente muy pro como Javi Pastor y Rosa Morel.

El 1 de julio voy a asistir al I Encuentro de Redactores Digitales y tengo un ansia por ir que no puedo con ella.

Durante este tiempo no he dejado de escribir. El curso de escritura creativa lo he tenido que trasladar al modo online porque como todavía no han inventado el teletransporte, era inviable ir todos los jueves a Málaga. Justo ahora a finales de junio lo acabo y me da mucha penita.

El último relato que llevé a clase

La historia que vas a leer a continuación es quizás una de lo más personales hasta el momento. He querido dejar ver una parte de mi infancia con mi abuelo Fernando aderezada con otra historia ficticia.

Quizás sea cierto que para reinventarse hay que dejar que ver más allá.

Atardecer en Gili

Cuéntamelo otra vez

Otra vez tarde, ni siquiera llego para la merienda. Cuando abro la puerta de casa escucho unas carcajadas que me acompañan hasta el salón. Me quedo en el umbral mirando y ahora soy yo la que no puede evitar sonreír. Mi madre y Lucas están tirados en el suelo disfrazados de indios mientras las flechas vuelan de una banda de cojines a la otra. Por un instante cierro los ojos para volver a ser niña.

-¡Abuelo, abuelo! Cuéntamelo otra vez. Cuéntame qué te pasó con la boina.

Mi abuelo me acarició el pelo con la dulzura de quien te ama por encima de su propia vida y aclaró la voz mientras yo lo miraba embobada desde mi pequeña silla de anea.

-Una tarde fui al pueblo de al lado al barbero. En este pueblo éramos tan pocos que si queríamos cortarnos el pelo o ir al médico había que ir con el burro hasta Uryuba. Cuando llegué me dijo que cómo me lo quería cortar, al uno, al cero, al doble cero. Le dije muy convencido que al doble cero. Cuando metió la maquinilla me quise morir, ¡Dios mío si tengo la cabeza como un enfermo! Ya no había escapatoria, así que me tuve que volver con la boina puesta y una lección a cuestas.

En el pueblo los chiquillos no dejaban de meterse conmigo y alguna que otra pelea cayó balate a bajo. Una tarde, Luis, uno de los chicos mayores me quitó la boina.

-¿La quieres cabeza de melón? Cógela, venga, no llegas, cógela.

Él era mucho más alto que yo así que por más que saltaba con todas mis fuerzas no conseguía recuperarla.

-¿Y qué pasó, abuelo? -le dije entusiasmada a mi héroe.

-A veces cuidaba las cabras de mi padre así que tenía buena puntería y en ese momento no se me ocurrió otra salida que coger una piedra plana del suelo y tirársela a Luis. Cayó seco y un hilo de sangre le manchó la camisa. Todos los niños empezaron a gritar ¡lo has matado, lo has matado! Me asusté tanto que me fui corriendo a las faldas de mi abuela Sagrario. Los niños se chivaron y al cabo de un rato llegó mi padre hecho una furia. El médico estaba visitando a Luis y la cosa pintaba fea. Mi padre me quería matar, no dejaba de gritar y dar golpes por la casa pero mi abuela una vez más me salvó de otra manta palos. ¡Ay mi abuela! Bendita mujer.

Al día siguiente nos enteramos de que Luis había estado jugando a las cartas con la muerte pero finalmente había decidido que le gustaba más jugar al mus con los del pueblo. Creo que no me ha pesado tanto el mundo, ni comparable a las largas tardes acarreando sacos de aceitunas.

Antes de abrir los ojos dejo que su imagen me inunde un ratito más, no quiero soltarlo. Los surcos de su frente capricho del campo, la risa sonora que le daba al acabar de contar las historias y el poder de sus ojos azules. Cómo echo de menos esas tardes.

-¡Mamá, mamá! Si ya estás aquí -me dice Lucas devolviéndome a mis 35.

-Hola peque, ¿qué tal lo has pasado con la abuela?

-Muy guay mamá. Mira, mira, somos indios y te vamos a capturar para que no vayas más a trabajar y meriendes con nosotros.

-¿Qué parece a jefe Oso blanco si tomar chocolate de la paz y contar historias?

¿Has experimentado alguna vez esa necesidad de reinventarse?

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Cuando las emociones sobrepasan las palabras

emociones que sobrepasan

En un mes cambiamos de rumbo y dejamos la calidez de Málaga para trasladarnos al bullicio de Madrid. Arranca una etapa muy soñada y deseada con la que espero dar color a un fondo que sigue algunos días gris.

Cuando mi compañero de aventuras y yo dejamos nuestro trabajo decidimos hacer un parón de varios meses para vaciar la mochila por completo y poder entregarnos así a los proyectos que se avecinan.

Como dice Màxim Huerta en su libro La parte escondida del iceberg “Ya te has ido de alguna manera. Ya no estás. No siempre nos vamos cuando salimos, a veces nos vamos antes”.

Y esa misma sensación la llevé grabada durante demasiado tiempo.

El reset ha sido la mejor decisión que he tomado hasta ahora. Me encontraba en un mar cargado de negatividad, ansiedad y pesadillas.

Todo cesó dejándome un máster de vida

El equilibrio y confianza que he vuelto a tener conmigo misma me han regalado un cambio de perspectiva. Tengo claro dónde y con quién quiero estar y hasta dónde puedo llegar.

Estoy muy emocionada de haber mandado a paseo los miedos y las dudas para darle rienda suelta a la pasión por las letras, los libros, los idiomas, vamos, lo que me llena.

Hablando de emociones y de pasión por las letras os traigo un vídeo de las novelas que he leído de Màxim Huerta. Para mí han sido como un abrazo, espero que para ti también.

La experiencia de conocer a Màxim Huerta

Ha conseguido despertar emociones que estaban bajo llave y eso no solo lo lleva a sus libros sino que él mismo lo transmite con su presencia. He tenido la suerte de ir esta tarde a la firma de su última novela y de poder charlar un ratito con él. “Este libro ha sido abrir las ventanas y que todo se renueve” me decía.

Cada gesto, cada palabra, su forma de escucharme… ha sido un momento muy especial para mí y no porque fuese la primera firma de libros a la que acudo.

Ha conseguido que todo el ruido que había no estuviera allí y que solo las emociones y el amor por las letras tuviera cabida. La belleza de sus dedicatorias en los tres libros que me ha firmado permíteme que me la reserve.

firma de libros
Firma de libros en FNAC Málaga

La noche de los libros

Este fin de semana estuvimos por Madrid ya que corríamos los 21km de la Edp Rock and Roll Madrid y pudimos saborear la noche de los libros. Me fascina ver a tanta gente reunida al calor de las letras. Disfrutamos de una lectura de cuentos en la Casa América y nos llenamos de varitas y capas con la lectura de fragmentos de Harry Potter

¿Ha caído algún libro nuevo a tus estanterías en este día del libro? 🙂

Y por último, el relato de esta semana. Tocaban los diarios, nuestro protagonista tenía que desnudar sus ideas. Destapar un texto que la mayoría de gente querría ocultar.

El diario de Paula

emociones que sobrepasan

15 febrero

Aún estoy intranquila. Tengo la sensación de que Marc se ha dado cuenta. Estoy tan avergonzada que no soy capaz de contárselo a las niñas, ni siquiera a Maca. Me siento mal solo con pensarlo pero necesito soltarlo, que este peso sea más ligero. Marc al fin había preparado una velada romántica como tanto tiempo llevaba pidiéndoselo. Vino, velas, música suave que incitaron que subiera el calor y mucho. Ni recuerdo la última vez que tuve tantas ganas. Cuando justo estaba comiéndome entera no sé por qué apareció en mi mente Paul y entonces sí que gemí de placer. Marc más insistía y yo más pensaba que era Paul el que estaba ahí abajo. Creo que es la primera vez que disfruto tanto y encima con algo que no es real. Buf, ¿qué hago? ¿Se lo digo? No sé si se lo va a tomar a risa o si me va a montar el circo padre. ¿Tampoco es tan grave, no? Vamos, esto no se puede considerar infidelidad pero por qué me tengo que sentir tan mal si yo tampoco he hecho nada, ha sido mi mente y no sé, Marc lleva tanto tiempo ausente que quizás haya sido por eso. 

18 febrero

Ha vuelto a ocurrir. Y encima esta tarde hemos estado con Paul. Me sentía como si los dos amigos supieran lo que en mi mente estaba pasando. ¿Se habrán dado cuenta? Dios, creo que me estoy obsesionando y seguro que es un tontería. Si hasta las revistas dicen que todos tenemos fantasías.

27 febrero

Hemos salido de fiesta los tres. Las niñas tenían sus propios planes y al final no han venido. Las copas, la música, el ambiente en general ha hecho que estuviera muy tranquila, tanto, que me he visto coqueteando con Paul. Marc se ha percatado, nunca he sabido ligar y me he acojonado pero no ha dicho nada. ¿Por qué no habrá dicho nada? En ese momento creía que era para no montar una escenita con Paul delante pero cuando hemos llegado a casa seguía sin sacar el tema. Estaba preparada para la bronca del siglo, es más, creo que tenía ganas para así poder quitarme de la cabeza todas estas ideas y que no me pesen tanto. Pero no ha sido así. Hemos hecho el amor, que otra vez vuelve a ser habitual, y como no, en esta rutina se ha instalado Paul también.

7 de marzo

Marc no ha sacado el tema en estos días y yo no me atrevía a decir «¿Qué tal cariño? ¿Cómo ha ido el día? Yo bien aquí en casa pensando en tu amigo cada vez que me tocas». Buff qué desastre. Lo bueno de todo esto es que la cama ha vuelto a ser un terreno agradable, y si este es el precio tampoco está mal, ¿no? Que yo pensaba que me iba a secar o que me iba a tener que conformar con orgasmos fingidos días sí y día también. Marc está diferente, como más atento. No se limita a él y consigue que me excite mucho…

Me acaba de decir que viene Paul a cenar a casa, ¡ay Dios! Bueno serénate y compórtate como siempre, natural. Ellos no pueden leer tus pensamientos así que relax.

8 de marzo

No sé ni por dónde empezar… Bebimos mucho vino, quizás demasiado. Sentados en el sofá así como el que no quiere la cosa estábamos cada vez más cerca. Y de nuevo más vino. Las risas cómplices, miradas indecentes, un juego peligroso que estaba haciendo que las piernas me temblasen. Empecé a sentir cómo me apetecía, mucho. Y parece que mis deseos los llevaba grabados en la frente. Una gota inocente de vino en mi escote supuso la brecha de esas ganas contenidas. Mis labios se humedecieron con sus besos, me sobraba el vestido y me apretaba la ropa interior. Sus manos empezaron a surcar mi piel. Una por la nuca recorriendo sin prisa mi espalda y otra se coló entre el encaje de mi entrepierna. ¡Qué placer! No tardamos mucho en vernos desnudos, en sentirnos y en hacernos.

Algunos recuerdos están borrosos, seguro que por el vino, y hay escenas que dudo si las viví o son parte de mi fantasía. Lo que sí tengo claro es que estoy deseando que se despierten otra vez.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Caperucita, ¿quién eres? y estreno del canal de Youtube

canal de youtube de libros y caperucita

Me siento pletórica, por fin, sí, por fin ha visto la luz mi canal de libros en Youtube, ¡yuhu!

Ahora mismo hay un vídeo de presentación y otro sobre mis cinco libros favoritos. La idea es subir uno a la semana sobre libros que me haya leído, autores, recomendaciones, truquillos y más cositas.

La calidad del vídeo no es la mejor, nos falta iluminación, mejorar el sonido, etc. Tampoco estoy de lo más suelta ahora mismo ante la cámara pero todo se andará. Lo que más me importa es saber transmitir ese amor que siento por los libros y las letras. Espero tu feedback 😉

Las primeras grabaciones para Youtube

La experiencia está siendo genial. Loren, mi compañero de aventuras, y yo nos hemos reído a carcajadas mientras grabábamos.

Había momentos en los que no era capaz de repetir la misma frase de la risa y ya no digamos del tinglado que tuvimos que montar en casa. La vida está para amar y reírse y nosotros intentamos que así sea cada día.

Con esto he conseguido dar un paso más, vencer a ese miedo tonto de que me juzguen. Ya tuve que soltarlo, que parecía que le había tomado cariño, cuando decidí hacer públicos mis relatos y ahora tenía que volver a hacerlo con su primo.

Me encanta hablar en público y no tengo problemas ni mucho menos para comunicarme, pero la idea de que al quedar grabado podía llegar a ser juzgada por algo que no soy o transmitir sensaciones que no quiero, me daba cosica. Eso sí, que gustazo es dar carpetazo a esos intrusos que se cuelan en nuestros pensamientos. Tanto como una siesta a pierna suelta en verano al fresquito.

Colaboración con la revista Cheshire

Otro tema que me está haciendo feliz es ver que mis relatos se van colando en algún que otro lugar más. Ya he publicado este mes en la revista Cheshire y pronto habrás más colaboraciones. ¡Me muero de ganas!

Antes de dejarte con el relato, me apetece compartir contigo otro pequeño sueño que se va a cumplir hoy 20 de abril. Escuchar en directo a los Celtas Cortos tocando su mítico tema, 20 de abril 🙂

Disfruta cada día de lo que haces y si no os gusta, piensa en lo que puedes cambiar. Vivir descontando días no es vivir.

Caperucita, ¿quién eres?

caperucita

El pueblo lucía brillante y lleno de vida. El eco de las risas y la despreocupación se colaba entre las calle. La paz se había instalado en el espíritu de todos los habitantes después de que Caperucita hubiera dado caza al lobo. Así lo recordaba el cuello de pelo de lobo que había cosido a su capa.

Ahora ella era la nueva alcaldesa. Decidía qué parte del bosque se podía trabajar y el precio que tenía hacerlo. Todos la adoraban aunque había quienes sentían que el precio por haberse librado del lobo era demasiado elevado.

Una tarde, se adentró en el bosque buscando nuevas zonas que se pudieran cultivar y así cobrar otro tanto de impuestos. Al pasar por un par de troncos en el suelo sintió que algo la observaba entre las sombras. Se apretó un poco más la capa y siguió caminando. Un leve crujido la hizo detenerse en seco y girarse sin pensárselo.

– Vaya, cuánto tiempo sin verte.

– Estás sobrepasando los límites.

– ¿Límites? ¿Qué límites? ¿Desde cuándo una alcaldesa tiene límites? –dijo riéndose mientras movía su capa.

– Te lo advierto, tenemos un trato y si no lo cumples yo tampoco lo haré. Estoy deseando ver la cara que ponen tus amados vecinos al verme aparecer por allí –le contestó el lobo con firmeza.

Caperucita hizo como si aquella furtiva reunión nunca hubiera sucedido. Fue ahondando cada vez más en el bosque para conseguir nuevos terrenos con los que sacar beneficio mientras que el lobo veía cómo su manada se asfixiaba confinada en minúsculo trozo de tierra.

Una mañana, cansado de escuchar a los leñadores destrozar su hogar y con miedo de que pudieran hacer daño a sus cachorros se plantó en el pueblo. “¡Un lobo, hay un lobo!”. Caperucita malhumorada por el escándalo que había arruinado su sesión de belleza salió a la calle para darle un escarmiento a quienes se atrevían a armar ese alboroto en su pueblo.

Cuando abrió la puerta de su casa se encontró con el lobo. Se le tensó el cuerpo y las palabras parecían haber desaparecido de sus labios. El lobo comenzó a relatar frente a todos aquellos vecinos que se habían arremolinado para ver cómo Caperucita lo vencía, que todo había sido una patraña. Ella nunca lo había derrotado sino que habían llegado a un acuerdo.

Los vecinos que odiaban los impuestos levantaron la voz contra Caperucita acusándola de traidora y pidiendo que se desterrara del pueblo. Caperucita que no era capaz de inventar ninguna excusa salió corriendo intentando alcanzar la caballeriza. El lobo que era más astuto y rápido le cortó el paso. Le arrancó la capa y la levantó del suelo.

– Caperucita, ¿has visto qué dientes tengo?

 Caperucita pensó que era su fin y que aquella misma tarde iba a teñir de rojo el suelo del pueblo. Cerró los ojos mientras contenía la respiración. El lobo la miró y le dijo – tranquila, son solo para reír mientras te haces vieja en una jaula.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Puedes disfrutar de otros relatos aquí.

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Cuestión de tiempo

cuestión de tiempo

He estado unos días de desconexión total entre las hermosas montañas de mi pueblo. He intentando no pensar en nada y simplemente dejarme llevar, tengo demasiadas emociones aún que liberar.

Tal ha sido el punto de desconexión que en más de una ocasión me he encontrado completamente ausente y sin ser consciente de cuánto tiempo llevaba en ese estado casi meditativo.

Siempre que vuelvo a estas montañas tengo la sensación de que el tiempo se ha detenido y si no fuera porque su gente envejece parecería que mi simple sensación se torna realidad.

El poder del tiempo en las historias

En la clase de la semana pasada hablábamos del tiempo en las historias. Cómo pueden transcurrir 10 años y que no pase nada relevante mientras que en cinco minutos se puede desarrollar una acción que cambie todo el bagaje de su protagonista.

Todas estas pequeñas señales no dejan de colarse en mi cabeza.

Tiempo.

Todo necesita tiempo y es la verdadera moneda de cambio en lo que hacemos en el día a día. Al fin y al cabo para conseguir dinero quemamos nuestro tiempo, unas veces mejor valorado que otras. Reconozco que en muchas ocasiones me falta paciencia respecto al tiempo, sobre todo cuando pienso que podía haber hecho un montón de cosas más en los años que llevo pisando este mundo. O quiero que X pase ya y de nuevo el tiempo es el que marca el orden.

Siempre es cuestión de tiempo.

La única Villa del libro en España

uruña el pueblo de los libros y el tiempo se detiene

Dejando un poco al lado esta conversación «mística» que me entra conmigo misma, quería contarte que estoy ansiosa por visitar Urueña, un pueblo con 11 librerías y 200 habitantes.

¡No me digas que no es interesante! Es el único pueblo considerado Villa del Libro en España, además, al estar cerca de Valladolid lo tengo en bandeja ya que parte de la Semana Santa la voy a pasar allí.

Estoy deseando adentrarme en sus calles, investigar las librerías, hablar con la gente del pueblo. Buf, me parece un sitio hermosísimo. Espero que con la emoción no se me olvide grabar y así poderlo enseñar en el Canal Déjame besarte con letras.

Aún no tengo claro si daremos luz a los vídeos en Semana Santa o ya después, ahí estamos dándole alguna vuelta más. Te mantengo informada 😉

Cómo destrozar un relato

Hoy no va a haber un relato en sí. Me explico. Uno de los últimos retos que tuvimos en clase fue destrozar un párrafo con los patones más generalizados a la hora de escribir.

De entre ellos, yo elegí el ego del autor. Para este juego he usado el primer fragmento del libro La soledad del corredor de fondo de Alan Sillitoe, deseando estoy que se cuele en mi estantería.

¡Ahí va la prueba! 😉

Fragmento original

En cuanto llegue al Borstal (reformatorio basado en el deporte), me destinaron a corredor de fondo de cross-country. Supongo que pensarían que tenía la complexión adecuada para ello, porque era alto y flaco para mi edad (y lo sigo siendo), pero, fuese como fuere, a mí no me contrarió nada, si debo decirles la verdad, porque en mi familia siempre le hemos dado mucha importancia al correr, especialmente al correr huyendo de la policía. He sido siempre un buen corredor, a la vez rápido y de buena zancada, y el único incoveniente está en que por más que corrí (y, aunque lo diga yo mismo, lo cierto es que hice un esfuerzo más que regular) ello no me liberó de ser apresado por la bocina, después de la faena en la panadería aquella.

Versión «destrozo»

Era un chico alto y delgado, mucho, vamos sigo siendo un figurín. Tenía una complexión atlética que nada tenía que envidiar a la de Bolt. Mis potentes piernas con unos gemelos que daban miedo y ya no digamos de los cuádriceps, me permitían recorrer en una zancada lo que otros chicos de mi bario en tres. Era la envidia de todos cuando jugábamos al pilla-pilla, no se me escapaba ninguno, ilusos. Supongo que por eso me enviaron al reformatorio deportivo y no al vulgar donde acaban los que no tienen talento. En mi casa siempre se nos ha dado bien el arte de correr. Sobre todo con objetos prestados. Esa tarde se ve que no me esforcé lo suficiente o que me confié demasiado en darle ventaja al pobre gordito con porra, me dio pena.

Espero poder contarte muchas muchas novedades la semana que viene, ¡crucemos dedos!

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


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