¡Qué siga la fiesta!

que siga la fiesta

Esta semana el relato se ha retrasado un poquito pero había un buen motivo: había que cerrar una etapa dolorosa por todo lo alto. A falta de confeti buenos son los vermús y los pinchos de La Tranca, ¡gloria bendita!

Es fundamental para continuar con otro capítulo cerrar doble de vuelta el anterior. Como ya os adelanté en este post, he dejado mi trabajo fijo después de un año y medio. He acabado completamente agotada y con alguna que otra herida que necesito curar. Como me ha dicho un buen amigo, «con humildad y pasión todo se consigue».

El camino que se abre me tiene entusiasmada y aterrada. Poco a poco la maraña de ideas locas van dejando de ser en blanco y negro para darle rienda suelta al color chillón. Necesito un par de meses «reset» para descansar, desconectar y volver a conectar con lo que quiero y me hace vibrar.

Durante este tiempo mi idea es fijar unas bases fuertes que tengan 100% mis valores para que los siguientes pasos sean en firme. Entre ellas, poner foco en volver a toquetear mis idiomas de trabajo que los he echado tanto de menos… tanto que mis oídos se van a la conversación vecina como sea en una de esas lenguas y me olvido de quién me esté hablando a mí.

Escribir y leer hasta que me duelan los ojos.

Tengo mucha ansia por poder dedicar tiempo de calidad a sumergirme en libros, relatos, microcuentos… quiero que el canal de Youtube de libros esté listo para mediados de abril. ¡Y así unas cuantas cosas más! Todas ellas forman el puzzle que quiero colgar no el salón, sino en mi vida.

Y con esto de los comienzos y los finales, ha dado la casualidad que también en mis curso de escritura hemos puesto foco en ellos. La semana pasada tenía que proponer tres párrafos que den comienzo a tres historias diferentes.

La fiesta de los párrafos

*La pistola me pesaba en el bolsillo y la conciencia me ardía. Doblé la esquina besando el rosario de mi madre. Una tenue luz asomaba por la ventana. Ella y Dios de nuevo me habían dado la espalda.

*Puso tres cubiertos sobre la mesa. El tercero se quedaría intacto como siempre. Marco había muerto para todos menos para ella.

*La cama todavía olía a deseo cuando Lucia se plantó en la habitación 33. No tenía claro cómo había llegado hasta allí pero el vídeo que no paraba de sonar en su móvil le había marcado el camino.

Mis compañeros eligieron el tercero de los que propuse y el reto para la próxima clase es crear tres finales diferentes para ese comienzo, a ver qué se me ocurre 😉

Espero que disfrutes mucho mucho del finde, por aquí, ¡qué siga la fiesta!

Y recuerda, ser fiel a tus principios, al valor que le das a tu vida es un ejemplo de quién eres.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


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Cuentos de ratas y culebras

cuentos de ratas y culebras

Si me tuviera que describir con una sola palabra sería intensidad.

Alguna que otra vez he tenido que escuchar que es la peor cualidad que se puede tener porque no hay equilibrio emocional.

A mi parecer, es hermoso poder vivir con una ilusión brutal cada etapa y momento de mi día a día. 

Es cierto que hay días malos, y quien no los tenga que me cuente su secreto y ya de paso el de cómo conseguir un giratiempo que me vendría muy bien. Aunque puede parecer que por mi intensidad me hundiría en la miseria no es así. Gracias a la escritura consigo descomprimir esas experiencias que ponen en jaque a mi equilibrio.

Descubrí cuando era una enana con gafas que no hay mejor terapia para un día de pena que escribirlo y si hace falta llorarlo mientras se escribe. Para mí es magia, en cuanto lo pones por escrito sacas toda esa bola sucia de energía tóxica y vuelves a tu estado natural. En definitiva, a mí me sirve para ver las cosas con perspectiva.

El relato, si se puede llamar así, de hoy no tiene censura, simplemente es un manantial de emociones que brotan cuando el destino se pone chulillo y quiere hacerse notar. Es de esos golpes que das en la mesa y en los que te importa bien poco si esta es de cristal.

No espero que te guste pero sí que te remueva.

 

cuentos de ratas y culebras

Cuentos de ratas y culebras

Ilusión y mazazo, uno tras otro. Cuando parece que me recuperaba de una sacudida vuelve otra y otra más. Me encuentro desorientada, tirada sobre la lona sin saber por qué era necesario pelear. No entiendo la razón de un duelo que no quise jamás. Yo no lancé el guante pero parece que eso da igual. Me consume y me debilita. La muerte agónica del mismo ego.

Felicidad, o así dicen que se llama porque yo no recuerdo ni su nombre mucho menos su cara. Un reflejo difuso cada vez más empañado por las lágrimas y los lamentos. Por suspiros que nadie recoge y se quedan sin dueño.

Cada día me pregunto por qué, cuál es la razón. Qué mal he hecho para pagar tan alta condena. Qué sacrilegio cometí para tener que vivir a medias.

Solo quiero hacerme un ovillo, que me abraces y se detenga el tiempo. Quiero quedarme aquí, pegada a ti mientras siento que tus brazos recomponen mi destruido yo.

Todo duele, todo. Duele tanto que ya no quiero saber cuánto más puedo aguantar.

Dónde quedaron las historias felices sin madrastras ni ratas ni culebras. A qué saco roto están cayendo mis fuerzas que no hay hilo que lo cierre. Dónde, dime dónde que me planto y lo reviento, total, ¿qué más puedo perder?

El caso es que sigo ahí, de pie, con la mejor de mis sonrisas aguantando unos naipes que solo necesitan un soplo más para venirse abajo y todavía tienen la desfachatez de hacerme ver que es el mejor de los favores el que me está haciendo. Una experiencia que tendría hasta que agradecer.

Pues se pueden meter la experiencia, el aprendizaje y su veneno por el agujero más grande que tengan. Ojalá fuera el agujero del culo pero no, tienen uno todavía más grande y podrido, el hueco en el lado izquierdo, ese donde se supone que cualquier persona tiene el corazón.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Una confesión entre tú y yo

A ti querida amiga, te quiero hacer una confesión. Contarte un secreto que me ha estado agujereando el alma y me la ha dejado retorcida. Estos meses van a ser una revolución por completo en mi vida, en 29 días dejo mi trabajo. He tocado fondo. 

Después de sentir que no me han tratado con la dignidad que se merece una persona, he tenido que decir basta. Porque es cierto que como me pedían podía aguantar más pero yo ya no quería.

Quizás debería haber hecho esta confesión antes. He estado demasiado tiempo gritando sin voz, sin manos que me ayudasen.

Quiero pensar que tocar este fondo oscuro es realmente una oportunidad para enfocar mi carrera profesional hacia la enseñanza y la divulgación literaria.

Tengo claro que van a ser meses de mucho trabajo, de echarle muchas ganas y sobre todo paciencia. Las cosas realmente buenas no aparecen por casualidad ni por arte de magia, toca sudarlas y bien.

Además, yo necesito recomponerme. Tengo la sensación de que ese proceso va a necesitar de más tiempo y todavía más paciencia. Me zambullo con dos bombonas con el oxígeno justo. Quiero y necesito ser positiva pero a la vez también me aterra pensar que me pueda seguir diluyendo en esta aventura.

Espero que me acompañes en este camino ahora mismo incierto y ojalá que en un futuro no muy lejano este sueño que ahora es entre nosotras se convierta en una realidad, ¡menuda fiesta voy a montar! 🙂

Y una última cosita, el primer párrafo del relato de mañana.

«El vuelo procedente de Bombay iba a aterrizar con dos horas de retraso. Maca había tenido la mirada perdida durante todo el trayecto como si en las nubes pudiera encontrar sentido a las últimas 24 horas. Maldito mensaje».

Gracias por dejarme besarte con letras cada semana.

Puedes conocer otros de mis relatos aquí. También me gusta reflexionar y hablar de libros 🙂

firma


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