#14 Reto Literup: Una romería de modernos

Hace unas semanas contaba a través de mi newsletter que volvía a escribir pequeños relatos. Si todavía no te has suscrito es el momento 🙂 Así serás siempre la primera en enterarte de todas las novedades y cotilleos que rodean este rinconcito.

Llego al reto de escritura de 52 semanas de Literup un pelín tarde pero igualmente me apetece muchísimo.

Me faltan 13 relatos para ponerme al día. He escogido la opción de uno a la semana así que esos 13 que están pendientes los iré publicando a la vez que el resto hasta que el orden brille con fuerza.

¿Por qué he estado tanto tiempo sin escribir?

Si me sigues desde hace tiempo sabrás que me pirra escribir y a la vez me paraliza compartirlo. Al ser algo que me apasiona tanto me siento muy expuesta así que al final yo misma siempre acabo hablando de mis relatos como “mis mierdas”. Muy mal, lo sé. Me hablo fatal a mí misma con algunos temas…

Supongo que si lo veía así cuando alguien me dijese “menuda mierda has escrito” no me dolería tanto. El caso es que nadie me ha dicho ese frase nunca, ya soy yo mi peor crítica.

En fin, he decidido que se acabó. Que tengo que frenar esos bucles de flagelación y escribir por el simple hecho de que me gusta. Sí, me encanta escribir historias absurdas que invitan a reír. Tengo ese punto de payasa 🙂 También a veces suelto mi parte más emocional y me desangro con las líneas aunque tengo que reconocer que los textos que más feedback han tenido y además positivo, han sido los absurdos.

Supongo que tenemos mucha necesidad de reírnos de la vida y quitarle un poco de drama.

Reto de la semana 14

El reto que lanzaron en Literup para la semana 14 consiste en crear un relato que comience con la frase “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” dicho a un policía.

Esta es mi aportación al reto de escritura. Por favor, ponte las gafas de lo absurdo 😉

reto literup
Imagen: Pixabay

Una romería de modernos

“Si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” le dijo Rosa al sargento Ramírez. El interrogatorio se estaba alargando más de lo debido y Ramírez estaba empezando a desesperarse. Si la sospechosa no confesaba en menos de una hora todo el pueblo se enteraría de que las fiestas patronales habían quedado suspendidas, quizás de por vida.

Los minutos taladraban. Ramírez hacía cinco cigarros que había perdido la paciencia y solo quería que Rosa dijese la verdad. Pero la única sospechosa se había afanado a la misma frase durante cinco horas “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” mientras giraba sobre sí misma.

La banda de música había llegado al pueblo tocando la diana con la que el ánimo de la fiesta empezaba a desperezarse. Cada nota agujereaba al sargento. No podía volver a cagarla como con el caso de los pollos coloraos. Otra humillación pública y no podría volver a aparecer por esos montes.

Nadie en el cuartel entendía por qué la mujer más beata del pueblo había robado presuntamente a su patrón y mucho menos dónde lo escondía. A Ramírez ya le daba igual el móvil que había llevado a Rosa a cometer tal delito de fe, él solo quería que la romería regase al pueblo de vino y alegría.

–Rosa, te lo voy a preguntar por última vez. ¿Dónde está San Benito?

–Si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo.

–¿Qué no has podido evitar, Rosa? ¿Robar sin fe alguna al patrón de tu pueblo? Parece que estás dispuesta a que no solo la mano de la Justicia caiga sobre tu espalda, sino la más temible…

Quedaban tan solo 20 minutos para que el pueblo se echara a las calles a llevar en volandas a San Benito hasta lo alto de la loma vecina. Ramírez se estaba quedado sin recursos y el Santo seguía haciendo voto de ocultismo.

De repente irrumpió en la sala uno de sus compañeros jadeando.

–Ramírez, hemos encontrado a San Benito pero hay un problema.

–¿Cómo que hay un problema? Si lo habéis encontrado llevadlo inmediatamente a la ermita. La romería todavía puede empezar sin que nadie se de cuenta de la excursión no autorizada del Santo.

–Es mejor que me acompañe.

Rosa frenó en seco sus giros y se puso a dar saltos de alegría. Ramírez no entendía nada y siguió a Prudencio acelerando el paso.

Llegaron al patio del cuartel en el que se encontraba una figura tapada con una lona. Cuando Prudencio la quitó sin vaselina ni anestesia, Ramírez quiso que se abriera allí mismo la tierra y lo escupiera a una maravillosa isla desierta.

San Benito había aparecido pero no era el mismo Santo de los últimos cinco siglos. Una especie de hipster de madera era lo que tenía ante sus ojos.

Echando fuego y derrapando como si fuera su última curva antes de enfilar la meta llegó de nuevo hasta Rosa.

–¿Se puede saber qué coño has hecho?

Esta vez la sospechosa reía y bailaba al son de la banda que enfilaba la calle de la ermita. Se subió a la mesa y levantando los brazos en forma de victoria gritó:

–Ahora sí que mi nieta no puede decir que las tradiciones son de catetos y viejos.

Si te apetecer conocer algún relato más, te dejo por aquí uno que habla del peligro de las apps para ligar.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma

  • Isabel Ara López

    ¿Mierqué? Anda, anda, como no sigas publicando voy hasta ahí y te lanzo una colleja. Luego un abrazo, claro. jajajaja. ¡Genial, preciosa!

    • Beatriz Alonso

      Que bien me sientan tus collejas 🙂