Qué quiero decir cuando digo A.M.A.R.

A.M.A.R. no son solo unas siglas, ni siquiera una palabra bonita. Esas letras esconden mi historia. A.M.A.R. es mi faro y como son muchas las veces que me han preguntado qué simbolizan, hoy te quiero contar todo lo que hay detrás.

Desde que me interesé por encontrar mi voz, por buscar una vida con sentido; no dejaba de repetirse el mismo mensaje: escucha a tus valores. Buceé dentro de mí, arranqué algunas capas (sigo luchando por quitar las que todavía siguen muy aferradas) y vi en esos valores la luz que me guía.

Pero también apareció otro problema. Cuando las emociones me invadían, cuando la montaña de rusa se volvía intensa y por qué no decirlo, a veces ingobernable, me olvidaba de los valores y de todo lo que escondían.

Durante muchos años, un sentimiento crecía salvaje en mi interior. Un amor muy profundo que dar. Por eso se convirtió en mi respuesta más recurrente cuando preguntaban por el trabajo, por la pareja o por la amistad: Tengo mucho amor que dar.

¿Cómo se unió todo eso? Déjame sembrar los cimientos un poquito más 🙂

Qué significa A.M.A.R.

He estado perdida mucho tiempo y creo que lo único que ha conseguido sacarme de ese lío mental y emocional, ha sido no parar. No parar de probar cosas diferentes, no parar de moverme, no parar de cuestionarme quién era y qué quería.

Cuando estás en un pozo tan oscuro, creo que la única forma de encontrar la escalera hacia la salida es esa, no parar de luchar.

Me fijé en muchas mujeres que me inspiran, en cómo ellas habían encontrado ese camino que me asfixiaba despejar. Siempre recordaré esa sensación tan poco agradable de que un lazo apriete mi cuello cuando no era capaz de verme en realidad.

Pero la luz llegó.

Y yo cada vez tenía más claro qué me removía las entrañas y qué me quitaba horas de sueño. Ese motor que encendía mi pasión por vivir, porque sí, me pirra mucho la vida aunque hubo momentos en los que pensé que no sería así.

Seguía dándole vueltas a los valores, a cómo enfocarlos y que no cayeran de nuevo en un olvido que me llevase a tomar decisiones de las que pasados días, incluso años, me llegase a arrepentir.

Y lo vi.

Gracias a Ana Albiol, los engranajes encajaron formando mi faro perfecto, A.M.A.R. Ella resume sus valores en la palabra V.I.D.A. y esa idea de utilizar una palabra como anclaje me pareció la varita que estaba esperando descubrir.

En una sola palabra conseguía unir esa emoción tan profunda «tengo mucho amor que dar» con esos valores que no me hicieran olvidar cuál era la dirección que deseaba conquistar.

No me importa tanto la meta como que ese camino sea el que de verdad ansío

A.M.A.R; como te cuento en Conóceme, significa:

Aventura; que también incluye arriesgar y aprender. Una curiosidad que me lleva a ver más allá, a no querer dejar de maravillarme con toda la belleza que me rodea.

Movimiento o creatividad; no sentirme anclada a ningún sitio ni persona, mantener mi mente y cuerpo activos y sentir que mis ideas vuelan alto. Van muy de la mano de independencia, intuición, libertad y salud.

Alegría; sonreír aunque sea llorando. Encontrar mi equilibrio entre el placer y la espiritualidad, no comprar filosofías ajenas y creer en esa chispa de luz que llevo dentro.

Respeto; hacia mí misma y hacia cualquier ser que habita este planeta. Sentir con intensidad el corazón de mi familia y de esos amigos que también son familia aunque físicamente nos separe la distancia.

Amar fuerte. Amar cada instante. Amar el precioso regalo que es vivir. Amar cada oportunidad que se cruza y que me ayuda a seguir.

En definitiva, Amar(me) bien.

No me veo echando raíces en ningún sitio fijo ni en un trabajo que implique no poder desatar mi creatividad. Me asfixia la idea de permanecer estática, de estar clavada al mismo techo, a la misma oficina. Me ha costado una lucha interna encarnizada aceptar ese culo inquieto que desde fuera nunca se ha visto como algo positivo.

Tampoco tiene sentido que deje de correr o de meditar. Mantienen mi mente y mi cuerpo en calma y en el momento que los relego a un segundo plano, los problemas emocionales y físicos empiezan a llamar a la puerta.

Igual que sonreír. En una etapa me olvidé de todo el bien que me produce reír a carcajadas, incluso cuando más jodida estoy. Y por supuesto respetarme. Quizás este punto es el que más me ha costado. He mendigado amor en amistades y relaciones por no sentirme sola cuando en esos instantes me sentía más vacía que nunca.

A.M.A.R. ha supuesto una revolución, mi transformación a la mariposa que deseo ser. Esto no es una llegada a meta, es un «no te olvides de qué tipo de camino deseas tener».

¿Qué valores te guían a ti?

Te leo en comentarios.

Amor y luz 💛

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