Relato breve: Entre dos aguas

¡Hola, bonitos!
 
¿Cómo van estas fiestas? Espero que con menos caos que el mío 😉 
 
Tengo varios proyectos personales en mente y estoy deseando poder contarlos, ¡ansia viva es poco! Pero bueno, paciencia y buena letra para que las cosas salgan bien y no se queden en un mero espejismo.
 
En la última clase del curso de escritura creativa teníamos como propuesta crear un relato partiendo de cartas. Reconozco que esta forma de contar historias me encanta. Deja la puerta abierta a la interpretación, a ponerse en la piel de cada personaje y sobretodo a jugar con los silencios. 
  
Santander, 23 de enero de 1956
 
Querido Julio:
Esta mañana he vuelto a releer las 153 cartas que nos separan y por un momento sentí que era tu voz la que me hablaba. 
El médico volvió a venir ayer con cuentos y potingues de viejas. ¿Sabes? Hay veces que creo que está más aquí que en su propia casa. He llegado a pensar que se trae algún juego de faldas con mi madre. A ella le sale esa risa tonta cada vez que viene y las visitas que me hace a mí son cada vez más cortas mientras que las charlas con mi madre demasiado largas. Que sé yo Julio, quizás solo es la fiebre por verte que me hace sacar amores imposibles de cada rincón.
 
Julio, ¿te acuerdas de esa tarde en la playa? Creo que fue la última vez que vi el sol y sentí el aire fresco en mi pecho, el aire… Estabas tan bello Julio. ¡Cómo reías! No cabía en mí al verte saltar las olas.
No dejo de preguntarme qué hicimos mal para que ahora solo te pueda rozar a través de tinta y papel. O ¿qué no hicimos? 
Julio… No puedo más. 
 
Cuba, 1 de marzo de 1956
 
Mi querido Marco:
Se me ha roto el corazón en mil pedazos al leer tu carta. No puedo ni imaginar la oscuridad de tus días para que te estés apagando de esta forma. Siento muchísimo ser el causante de tu dolor y aún siento más no poder hacer nada para paliarlo. 
 
Marco, claro que me acuerdo de cada uno de los momentos vividos a tu lado, de como tus labios rozaban mi piel mientras susurrabas mi nombre o como nos miramos durante la última feria.
 
Cómo no me voy a acordar…
 
Yo también estoy cansado, mucho. Cansado de no poder estar con el hombre que amo, cansado de no poder ver a mi pobre madre, cansado de que este calor que siento por ti se haya convertido en mi peor cárcel… Yo tampoco puedo más Marco. No puedo.
 
Mis tíos me han presentado a una buena muchacha. Es bonita y educada y bueno… no puedo pedir más. Marco, me voy a casar con ella. Quiero empezar una vida nueva y tú deberías hacer lo mismo. 
 
No es la vida con la que siempre había soñado pero al menos es más vida que lo que ahora mismo tengo. Siento hacerte de nuevo daño con estas letras, las últimas, pero los dos sabemos que es imposible nuestra lucha y a mí se me agotaron las fuerzas en tanta batalla.
 
Te quiero con toda mi alma Marco, eso no lo dudes.
Gracias por dejarme besarte con letras.
 
Si alguno de mis relatos te gustan, no olvides compartirlo 🙂
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Relato breve: La simplicidad de una rosa

la simplicidad de una rosa 
Antes de que los primeros rayos de sol iluminaran el dormitorio, Pièrre ya había preparado el desayuno de forma minuciosa. Era un hombre detallista pero esta vez quería que ese día fuera aún más espectacular.
 
Dejó un ramo de rosas blancas en el centro de la mesa, el mismo que llevaba trayendo a Carla semana tras semana durante los últimos veinte años. Cerró los ojos intentando contener las lágrimas al rozar una de las rosas.
 
No podía parar de repasar cada uno de los momentos de su vida en busca de la certeza de que no se había equivocado, que  había merecido la pena. El nudo de la garganta le apretaba aún más, la suerte estaba echada.
 
Puso el cd favorito de su mujer y se dirigió hacia la ventana saboreando el amanecer una vez más. Estaba tan absorto que ni siquiera escuchó llegar a Carla.
 
Ella lo sacó de su mundo lleno de dolor con un abrazo que le dio fuerzas. Aspiró su perfume, se volvió a enamorar de esos ojos negros y se dejó hipnotizar por esa sonrisa que le hacía tan inmensamente feliz. Aún después de veinte años, seguía sin entender cómo se podía amar tanto.
 
Cogió a Carla de la mano como si fuese la primera vez que la tocaba y la llevó hasta la otra punta del salón.
 
Su corazón se encogió al tirar de la tela blanca y descubrir un majestuoso cuadro con la mismas rosas blancas. Carla, que hasta entonces no había dicho nada, empezó a llorar.
 
— No quiero que te falten ningún sábado tus rosas blancas, ni siquiera cuando yo no esté.

Ella lo vivió como el gesto más romántico que le había brindado Pièrre, él como el adiós que no quería decir, pero la carta de su médico, que pesaba como la peor de las condenas, ya se encargaba de recordarle que su luz ya no era fuego.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Reseña: De los amores negados

libro de los amores negados

 

“Dejar de verse con el alma para verse con los ojos”
El libro De los amores negados de Ángela Becerra cayó en mis manos por casualidad hasta convertirse en uno de los libros que más me ha transmitido en los últimos meses.
Cuando una compañera de trabajo me dijo “Bea, hay un libro que tienes que leer. Me recuerda mucho a cómo transmites tú las cosas y sé que vas a saber apreciarlo” no se equivocaba.
Ángela te introduce de una forma suave y sutil en un recorrido fascinante y muy intenso por las emociones que toda persona siente a lo largo de su vida.

Los distintos amores

Es un viaje pausado, sin prisa por llegar al final. Lo importante es el propio viaje para descubrir el verdadero sentido de la vida de cada uno de los protagonistas.
Incluso de ti mismo porque Ángela con la historia de Fiamma y Martin en la cambiante Garmendia del Viento consigue hacerte partícipe desde las primeras líneas.
La falta de comunicación entre los protagonistas, un amor aparentemente gastado de no cuidarlo, de caer cada día en la misma rutina acaba siendo una búsqueda interior del yo más primario. De dónde vengo y hacía dónde voy, quién soy realmente.
Una historia salpicada por la infidelidad no solo física sino moral que acaba con un final exhausto.
Es un libro para leer con calma saboreando cada instante, sintiendo cada frase a fuego lento hasta que de una forma u otra te atrapa en la magia de sus líneas.
Porque como cuenta De los amores negados “Tanta gente que se ve tan llena y en cambio está tan vacía”.
Otras reseñas y críticas literarias disponibles aquí.
Gracias por dejarme besarte con letras.
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Relato breve: La chica de al lado

se nos fue la vida

Y las benditas casualidades obran los mejores milagros o quizás por fin tiré lo suficientemente fuerte como para que el hilo rojo te pusiera a mi lado.
Sea como fuera, llevo meses sentándome cerca tuyo y me he enamorado perdidamente de ti.
No te imaginas lo mucho que me gusta ver como siempre llevas dibujada una sonrisa, incluso en las ocasiones en las que te he visto derramar alguna lágrima. Me maldigo por no haberme levantado en ese momento y habértelas secado, pero el miedo me ancló a la silla y mis ganas de hacerte reír a carcajadas se quedaron mudas.
¿Y si era demasiado mi atrevimiento?
Me embelesa ver como siempre llevas un libro de la mano y cualquier lugar es perfecto para crear tu propio universo. Esa energía tan especial que transmites atrayéndome a ti como si de un imán se tratase.
No sabes la de veces que me he imaginado disfrutando contigo de un café y una conversación de esas que te ponen todo patas arriba. He soñado con ser el motivo de tu risa, de tu alegría y tu felicidad. He recreado una y otra vez cómo acercarme a ti pero me impones tanto, sí tú.
Te he escuchado alguna vez que te sientes pequeña y sola, incapaz de encontrar el verdadero amor, ese que te coge de golpe y te encoge el estómago. El que te hace volar y capaz de cualquier locura. El que humedece tus labios y sonroja tus mejillas. El que rompe todo en mil pedazos y al unirlos eres diferente, eres inmensamente feliz.
Lo que no sabes es que yo soy el hombre de tu vida, porque tú ya eres la mujer de la mía.
Te prometo que te voy a hacer tan feliz que ni los sueños podrán hacer sombra a la realidad. Te prometo que no dejaré que la niña que habita en ti se pierda convirtiéndote en otra persona mecánica más.
Te prometo descubrir el mundo contigo, llenarnos de experiencias y sensaciones hasta hacer explotar nuestros sentidos. Que no haya días vacíos y que por muy dura que sea la tormenta yo siempre te protegeré del frío.

A cambio solo te pido una cosa, deja que mis labios sellen todas mis promesas, que te muestren el sabor de las palabras que grita a borbotones mi corazón. Hagamos del amor nuestra danza, el más puro caminar.

Simplemente, déjame convertirme en tu más bella casualidad.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Deshacer el camino

 

deshacer el camino

De repente un día explotas sin tener muy claro qué se estaba cociendo en esa olla. Tus sentimientos florecen de la noche a la mañana. ¿Llevaban tanto tiempo ahí agazapados?
Empiezas a sentir de la más intensas de las formas. Aparecen sensaciones que eran desconocidas y no están resultando precisamente agradables.
Preguntas que parecen no tener respuesta o que no quieres saber realmente su origen. Pero para que el río siga fluyendo, hay que romper con la presa que lo detiene. Encontrar el pilar maestro que la derrumbe por completo.
Nos tragamos demasiadas emociones a diario, incluso sin ser conscientes. Guardamos bajo la alfombra todo aquello que hace feo en nuestra bonita habituación y dejamos para mañana cualquier situación que haga tambalear la zona de confort.
Pero antes o después todo sale.

Deshacer el mundo que conoces

El gran problema o maravilla, depende de los ojos con los que se mire, es asumir que algo falla y que es el momento de evolucionar, de dar el siguiente paso.
Sin embargo, para emprender ese fascinante viaje hay que deshacer todos los nudos que nos aprietan, nos consumen y nos atan evitando cualquier resquicio de cambio.
Deshacer la madeja de forma consciente es duro, mucho, y lo digo con conocimiento de causa. Tocar heridas pasadas que parecían cicatrizadas pero que por mucha sal que derramaron las lágrimas siguen ahí, frescas esperando otro golpe de cuchillo, no es precisamente el plan que se espera para un día cualquiera. Pero hay que hacerlo sí queremos ser de verdad quien nosotros queramos ser.
¿Total, qué podemos perder?
No es cuestión de quién hemos sido o por lo que hemos pasado, sino de qué queremos, cómo lo queremos y lo más importante, cuánto lo queremos.
Teniendo claro el objetivo, superar las emociones que se enquistaron en nuestra mente se llevará de manera más liviana, aunque hay que tener claro que no es fácil deshacer el camino para emprender uno nuevo.

Pero si pulsas la tecla correcta, encenderás el chip. La gasolina de todo motor arde si se le da la motivación exacta, ni excesiva ni escasa. Todo perfume necesita de su justa medida. Y todos nos merecemos ser nuestra mejor versión, siempre y cuando lo deseamos de verdad, con todas nuestras fuerzas.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Relato: Aquellas tardes de verano (cap.1)

la casa del abuelo
La casa 29
Cierro los ojos mientras respiro profundamente y mi mente vuela hasta la casa de la playa. El abuelo acaba de dar el último brochazo y la fachada reluce blanca como la espuma que hacen las olas al romper en la orilla. Los marcos de las ventanas y la puerta un azul intenso como el de sus ojos. Unas caracolas que cogimos el verano anterior dan la bienvenida al que cruza el umbral.
Me siento en casa.
Me despierto de la siesta y busco al abuelo pero no ya no está. No me hace falta ninguna nota para saber dónde se encuentra. Cojo la mochila y un par de trozos de pan con queso y me dirijo a la playa.
A lo lejos, en las rocas más alejadas se dibuja la silueta de un hombre, es el abuelo. Su refugio y mi lugar de paz.
Sentados uno junto al otro comienza a narrar algunas de las historias que el mar esconde, las voces que ha intentado callar a golpe de oleaje, los amores que susurran las caracolas mientras yo, como de costumbre, me quedo embobada con cada sílaba que pronuncia.
Tiene un don para convertir una tragedia en la más gloriosa de las historias, para camuflar el dolor en alegría con la mejor de sus sonrisas pero yo sé que cuando mira al horizonte sigue buscando a María.
Continuamos con la pesca un ratito más, pero esta vez callados, concentrados en la puesta de sol que ese día nos está regalando. La brisa del mar acaricia mi cara de forma sutil, haciéndose notar pero sin ser la protagonista. Me echo sobre el hombro de mi abuelo y él me abraza con su alma, no necesitamos mediar más palabras, solo dejar que las lagrimas se vuelvan sal y la sal heridas cerradas.
Cuando abro los ojos me encuentro una realidad muy diferente, la brisa es un golpe de aire acondicionado demasiado bajo para mi gusto y la puesta de sol un fluorescente que cada día odio más. Suspiro y la nostalgia me invade. Este no es mi sitio y me está consumiendo cada día un poquito más.
Las carcajadas se han convertido en sonrisas forzadas, las largas conversaciones en saludos por compromiso. Y yo solo busco ese horizonte que me indique el camino para salir.
Otro golpe de frío hace que un escalofrío recorra mi cuerpo y mientras cojo la cazadora saco el móvil para llamar al abuelo. No sé por qué, pero necesito hablar con él.
–¿Quién es?
–Abuelo, soy Lucía. Necesito verte.
 Gracias por dejarme besarte con letras.
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Prosa poética: Ama tu cuerpo

ama a tu cuerpo

Ama tu cuerpo porque es el mejor regalo que te han podido brindar.
Ámalo por encima de sus defectos, esas imperfecciones que nos empeñamos en tapar son las que nos hacen diferentes y especiales. Únicos, extraordinariamente únicos.
Ama la forma de moverte, de correr, de saltar, de bailar hasta no poder más.
Ama cada centímetro de tu piel, es la culpable de que convertir una caricia en algo eterno, un beso en el mayor de los volcanes.
Ama tu cuerpo cada día, no lo maltrates ni lo descuides. Recuerda que solo tienes uno y te va a acompañar durante todo el viaje. Llega con él destrozado hasta el final pero de placer, no de dolor.
Ama tu propia belleza, sin comparaciones ni reproches. Ámala y siéntala, es tuya completamente tuya.
Ama tus manos, tus pies, tu corazón, ama tu cuerpo entero porque te va a permitir llegar hasta lugares insospechados, vivir experiencias sublimes y engendrar el mayor de los amores.

Simplemente ama, y ámate mucho

Para saber amar a los demás primero tenemos que empezar por nosotros mismos. Sacar toda esa energía que nos consume y abrir nuestra alma para que evolucione cada día un poquito más.

Ser capaces de entender que ser más alto o más bajo, más feo o más guapo no nos va a convertir en mejor persona.

No caigamos en las garras de aquellos que solo te consideran “apto” si cumples los cánones establecidos. Sintamos más bien pena de quien necesita empobrecer al resto para sentirse grande.

Recuerda que serás quien tú quieras ser…

Gracias por dejarme besarte con letras.

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No hay nada más positivo que un NO

motivación

Dime que no

Dime que no y ya habrás encendido una llama que no podrás apagar.

Creo que una de las mejores cosas que te pueden decir cuando estás a punto de embarcarte en un nuevo reto es NO. Sí, como lees, un no es la cerilla que le faltaba a la gasolina para explotar y las palabras mágicas que nos hacen mover el culo.
Puedes llamarme loca, pero creo muy fielmente que se han abierto más puertas con un no que con un sí.
Cuando empecé a correr hace tres años eran más asiduas las voces a decir “no lo hagas” que las que me animaban a seguir. Mientras entreno, sobre todo en los días que no puedo ni despegar la suela de las zapatillas del asfalto, visualizo en una grada a todas esas personas que en algún momento me dijeron que no, incluida yo misma. Me da tal chute de adrenalina que parece que vuelo y no existe el cansancio.

Cuando eres capaz

Se puede denominar “callarle la boca a alguien”, “dar un zas” o como prefieras, pero el caso es que no hay nada que me ponga más que alguien no confíe en que soy capaz de hacerlo. El momento en el que lo consigo no solo gano el reto de haberlo hecho en sí, sino un caramelito muy dulce que se llama respeto sin prejuicios.
Lo más fácil es subirse en un barco grande y lujoso y no en un barcaza con una pequeña vela. Pero hasta los barcos más fuertes se hunden mientras que hay barquitas que aún siguen recias a las oleadas.
Que te digan constantemente que todo lo que haces está bien, que eres perfecto y que el suelo por donde pisas se va a convertir en oro es el peor de los favores. Elevar a alguien hasta la séptima potencia solo tiene un fin, que esa persona se relaje y pierda el interés por mejorar, total, ¿si ya eres perfecto qué necesitas más?

Dar con la tecla de la motivación, es dar con la tecla del éxito

Una persona motivada crece y evoluciona continuamente, mientras que una persona sobre excitada hará mucho ruido al principio pero quedará en eso, en un ruido que con el paso del tiempo se pierde y queda en silencio. 

Salgamos de la zona de confort, sí el colchón es blandito, pero experimentar hasta dónde quieres marcar tus límites es la hostia. Asumir riesgos, caer, volver a levantarse y así las veces que hagan falta. Hemos venido a jugar, pues juguemos. 

El único NO que no se puede derrotar es aquel que dejamos que nos hunda en el barro en vez de mirarle a la cara y decirle “muchachito, gracias por darle un twist a mis alas”. 

No dejes que nada ni nadie decida qué camino es el adecuado para ti, ni siquiera tu saboteador interno.

Gracias por dejarme besarte con letras.
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Prosa poética: Si hubiera sabido…

te hubiera querido más
Las sábanas siguen oliendo a ti, me recuerdan que no fuiste un espejismo. Sabina necesitó 500 noches para olvidar y yo creo que son insuficientes para desprenderme del sabor de tus caricias.
Cada vez que escucho el sonido de unas llaves el estómago se me encoge pensando que volverás a abrir esa puerta que te vio marchar. La cerraste diciendo para siempre pero para siempre también me prometiste tu amor. Aún me quedan unas gotas de esperanza de que ese adiós solo fuera un hasta luego, uno más de tus arrebatos. Que vuelvas y me hagas el amor como si el tiempo no hubiera seguido su curso.
Me despierto cada noche agitado, aturdido y excitado al pensar en tu piel, en la forma de mover tus caderas. Me encanta ese toque sutil que solo tú tienes al quitarte el pelo de la cara. Como te muerdes el labio mientras te concentras en alguna de tus aventuras.
Si hubiera sabido que esa noche era el última no te hubiera dejado marchar. Te hubiera dado todos los besos que reclamabas, te hubiera abierto mi alma sin escudo ni protección. Te hubiera abrazado hasta dejarte sin aliento, te hubiera dicho mil y una vez que te quiero.
Pero no lo hice y ahora solo me quedan los suspiros.
No supe entender que las flores se riegan cada día y no solo en primavera. Que el amor es cosa de dos y no basta con dejarse hacer. Que mirar continuamente al pasado ennegrece el futuro, el que iba a ser nuestro futuro.
No te reprocho nada, ni siquiera esas sonrisas falsas que al final me regalabas. Soy el único culpable de que un sueño se convirtiese en pesadilla. Buscaba una perfección idílica y solo tenía que abrir bien los ojos para ver que la tenía delante. No hay mayor ciego que el no quiere ver, y mi venda se cayó demasiado tarde.
Ahora solo me queda recoger la venda y atármela a la muñeca para que no se me olvide lo que un día tuve y dejé escapar. Para no repetir el mismo error con tropecientas piedras. Quien sabe si el destino te vuelve a poner en mi camino. Te haría entonces con esa venda el mejor de los lazos, uno que te una a mí pero esta vez para quedarte.
Gracias por dejarme besarte con letras.
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Prosa poética: Esos locos románticos

Parece que ya no hay sitio para los románticos, para los que se muerden el labio cuando escuchan susurrar su nombre. 
 
Los sentimientos se han convertido en pecado y simplemente nombrarlos es un sacrilegio, no digamos ya tenerlos.
 
Lo efímero reina a sus anchas, lleva las riendas y el mundo dice estar a gusto llevando una vida vacía llena de prisas y sobretodo de frialdad. Abrazos y besos gélidos que llenan camas sin nombre porque ya no recuerdan quienes pasaron por allí.
 
Los corazones se esculpen en piedra y la mirilla de la puerta doble, no vaya a ser que llegue alguien queriendo algo más que un juego pasajero, alguien que quiera quedarse.
 
Parece que ya no hay sitio para los románticos, para esos dementes que buscan cualquier excusa para estar cerca, para escucharse y quererse. Para los que quieren una cita de verdad con su postre y el paseo más largo para así poder rascar unos segundos más a su lado.
 
Las noches de pasión se cuenta como si de una batalla triunfal se tratase. Sin mimo ni cariño, solo animal salvaje.
 
Pero cuenta la leyenda que todavía en algún rincón de la ciudad ocultos entre el resto de los mortales, hay quienes te hacen temblar las piernas cada mañana con un te quiero con sabor a hogar. Que desordenan tu vida de un solo golpe y sin aviso.
 
Que te hacen experta en sonrisas sonrojadas, te quitan la ceguera y te enseñan que sí hay sitio para amarse sin miedos ni segundas intenciones. Y que también se puede llorar de felicidad.
 
Ten cuidado si encuentras a un loco romántico porque te hará perder la razón, y no esperes que el resto comprenda que el amor no se mide en años sino en intensidad y conexión. Será vuestro pequeño secreto, el de amaros cada día un poquito más.
 
Gracias por dejarme besarte con letras.
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