No hay nada más positivo que un NO

Dime que no, y ya habrás encendido una llama que no podrás apagar.

 
Creo que una de las mejores cosas que te pueden decir cuando estás a punto de embarcarte en un nuevo reto es NO. Sí, como lees, un no es la cerilla que le faltaba a la gasolina para explotar y las palabras mágicas que nos hacen mover el culo.
Puedes llamarme loca, pero creo muy fielmente que se han abierto más puertas con un no que con un sí.
Cuando empecé a correr hace tres años eran más asiduas las voces a decir “no lo hagas” que las que me animaban a seguir. Mientras entreno, sobretodo en los días que no puedo ni despegar la suela de las zapatillas del asfalto, visualizo en una grada a todas esas personas que en algún momento me dijeron que no, incluida yo misma, y me da tal chute de adrenalina que parece que vuelo y no existe el cansancio.
Se puede denominar “callarle la boca a alguien”, “dar un zas” o como prefieras, pero el caso es que no hay nada que me ponga más que alguien no confíe en que soy capaz de hacerlo, porque el momento en el que lo consigo no solo gano el reto de haberlo hecho en sí, sino un caramelito muy dulce que se llama respeto sin prejuicios.
Lo más fácil es subirse en un barco grande y lujoso y no en un barcaza con una pequeña vela. Pero hasta los barcos más fuertes se hunden mientras que hay barquitas que aún siguen recias a las oleadas.
Que te digan constantemente que todo lo que haces está bien, que eres perfecto y que el suelo por donde pisas se va a convertir en oro es el peor de los favores. Elevar a alguien hasta la séptima potencia solo tiene un fin, que esa persona se relaje y pierda el interés por mejorar, total, ¿si ya eres perfecto qué necesitas más?
Dar con la tecla de la motivación, es dar con la tecla del éxito. Una persona motivada crece y evoluciona continuamente, mientras que una persona sobre excitada hará mucho ruido al principio pero quedará en eso, en un ruido que con el paso del tiempo se pierde y queda en silencio.
Salgamos de la zona de confort, sí el colchón es blandito, pero experimentar hasta dónde quieres marcar tus límites es la hostia. Asumir riesgos, caer, volver a levantarse y así las veces que hagan falta. Hemos venido a jugar, pues juguemos.
El único NO que no se puede derrotar es aquel que dejamos que nos hunda en el barro en vez de mirarle a la cara y decirle “muchachito, gracias por darle un twist a mis alas”.
No dejes que nada ni nadie decida qué camino es el adecuado para ti, ni siquiera tu saboteador interno.

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Vuelve


Las sábanas siguen oliendo a ti, me recuerdan que no fuiste un espejismo. Sabina necesitó 500 noches para olvidar y yo creo que son insuficientes para desprenderme del sabor de tus caricias.
Cada vez que escucho el sonido de unas llaves el estómago se me encoge pensando que volverás a abrir esa puerta que te vio marchar. La cerraste diciendo para siempre pero para siempre también me prometiste tu amor. Aún me quedan unas gotas de esperanza de que ese adiós solo fuera un hasta luego, uno más de tus arrebatos. Que vuelvas y me hagas el amor como si el tiempo no hubiera seguido su curso. 
Me despierto cada noche agitado, aturdido y excitado al pensar en tu piel, en la forma de mover tus caderas. Me encanta ese toque sutil que solo tú tienes al quitarte el pelo de la cara. Como te muerdes el labio mientras te concentras en alguna de tus aventuras. 
Si hubiera sabido que esa noche era el última no te hubiera dejado marchar. Te hubiera dado todos los besos que reclamabas, te hubiera abierto mi alma sin escudo ni protección. Te hubiera abrazado hasta dejarte sin aliento, te hubiera dicho mil y una vez que te quiero.
Pero no lo hice y ahora solo me quedan los suspiros.
No supe entender que las flores se riegan cada día y no solo en primavera. Que el amor es cosa de dos y no basta con dejarse hacer. Que mirar continuamente al pasado ennegrece el futuro, el que iba a ser nuestro futuro.
No te reprocho nada, ni siquiera esas sonrisas falsas que al final me regalabas. Soy el único culpable de que un sueño se convirtiese en pesadilla. Buscaba una perfección idílica y solo tenía que abrir bien los ojos para ver que la tenía delante. No hay mayor ciego que el no quiere ver, y mi venda se cayó demasiado tarde.

Ahora solo me queda recoger la venda y atármela a la muñeca para que no se me olvide lo que un día tuve y dejé escapar. Para no repetir el mismo error con tropecientas piedras. Quien sabe si el destino te vuelve a poner en mi camino. Te haría entonces con esa venda el mejor de los lazos, uno que te una a mí pero esta vez para quedarte.

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Esos locos románticos

Parece que ya no hay sitio para los románticos, para los que se muerden el labio cuando escuchan susurrar su nombre. 

Los sentimientos se han convertido en pecado y simplemente nombrarlos es un sacrilegio, no digamos ya tenerlos.

Lo efímero reina a sus anchas, lleva las riendas y el mundo dice estar a gusto llevando una vida vacía llena de prisas y sobretodo de frialdad. Abrazos y besos gélidos que llenan camas sin nombre porque ya no recuerdan quienes pasaron por allí.

Los corazones se esculpen en piedra y la mirilla de la puerta doble, no vaya a ser que llegue alguien queriendo algo más que un juego pasajero, alguien que quiera quedarse.

Parece que ya no hay sitio para los románticos, para esos dementes que buscan cualquier excusa para estar cerca, para escucharse y quererse. Para los que quieren una cita de verdad con su postre y el paseo más largo para así poder rascar unos segundos más a su lado.
Las noches de pasión se cuenta como si de una batalla triunfal se tratase. Sin mimo ni cariño, solo animal salvaje.

Pero cuenta la leyenda que todavía en algún rincón de la ciudad ocultos entre el resto de los mortales, hay quienes te hacen temblar las piernas cada mañana con un te quiero con sabor a hogar. Que desordenan tu vida de un solo golpe y sin aviso.

Que te hacen experta en sonrisas sonrojadas, te quitan la ceguera y te enseñan que sí hay sitio para amarse sin miedos ni segundas intenciones. Y que también se puede llorar de felicidad.

Ten cuidado si encuentras a un loco romántico porque te hará perder la razón, y no esperes que el resto comprenda que el amor no se mide en años sino en intensidad y conexión. Será vuestro pequeño secreto, el de amaros cada día un poquito más.







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No te guardes las ganas


No te guardes las ganas amiga mía de amar, de sentir y vibrar. De que tu pelo ondee a lo loco mientras mueres a carcajadas. De soñar alto, muy alto y de creer que el mundo brilla más cuando lo miras con ganas.


No te guardes las ganas de llorar, de soltar las emociones que se guardan, que se guardan ¿para qué?. Deja que fluyan y florezcan cual almendro en primavera. Suéltalas para que vuelen libres.


No te guardes las ganas de abrir ese vino y sentir el dulzor en tus labios. De estrenar ese vestido que lleva tanto tiempo esperando una ocasión especial, el momento es ahora. De pintarte los labios y pisar fuerte. No te guardes las ganas.


No te guardes las ganas de bailar sin importar donde, solo con quien. De saborear ese te amo que solo cobra sentido si lo dice él. Siéntelo fuerte o suave, pero siéntelo. Haz que tu corazón lo atrape y no lo suelte.

No te guardes las ganas de decirle al viento lo que piensas y lo que quieres. Que lleve al mensaje al lugar que sea, pero cuéntaselo para que lo lleve.

No te guardes las ganas para mañana, hazlas realidad hoy. La razón es fácil, el tiempo.

Un tiempo que no va a esperar al momento perfecto. El momento perfecto es el que tú creas porque él solo no va a venir a tocar a la puerta.

No te guardes las ganas de ser feliz por miedo. Sé feliz y punto. El presente está aquí y si en el futuro llegan razones por las que llorar, ya llegarán pero, ¿para qué anticiparse a algo que ni siquiera es seguro de que ocurra?
Simplemente no te guardes las ganas de nada, no ahorres en tu felicidad.
Llegó el momento de emprender el camino



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Los dueños de nuestro destino

“Y por fin llegó el día en el que las ganas de hacer las cosas que me apasionan se comieron al miedo”. Podría ser un gran final aunque en este caso es el mejor de los comienzos.

Empecé hace tres años superando al miedo a ponerme unas zapatillas cuando nadie me creía capaz y ahora lo hago de nuevo pero enfrentándome quizás a uno más profundo, compartir todas las historias, reflexiones y aventuras que pasan por mi cabeza.
Muchos escritores sufren el miedo a la página en blanco. Estoy convencida que siempre hay una historia que contar y con la que dar vida a esa página. El problema llega cuando no nos creemos capaces ni suficientemente buenos.
Y ahí comienza mi andadura con el quiero y no puedo.
Llevo años escribiendo y borrando todas las letras que ocupan esas páginas por vergüenza a quien las pudiera leer. Ahora no solo he decidido no borrar esas páginas, sino compartirlas. Habrá a quienes les gusten, a quienes les deje indiferentes o a quienes les parezca una auténtica perdida de tiempo pero lo que de verdad importa, o mejor dicho me importa, es que ese ansia por expresar lo que siento puede dejar la sombra.
Al fin y al cabo somos dueños de nuestro destino. Cada decisión por pequeña que sea hace que el barco se dirija a un sentido u otro. La cuestión es que el barco lo guíe el capitán y no la tormenta.
Quizás no somos conscientes de la fuerza que ejercemos sobre el resto con nuestras palabras, las que decimos y las que callamos. Hay silencios que lo dicen todo y conversaciones que no dicen absolutamente nada. 
Cuando repetimos una y otra vez una misma frase, esta se acaba convirtiendo en realidad, aunque la realidad sea otra bien distinta. Una palabra puede soltar las alas o cortarlas de cuajo. Es difícil ser indiferente aunque no imposible.
Las palabras nos ayudan a expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que somos, son parte nuestra carta de presentación.

Y las letras que forman las historias llenan mi vida, y espero que un poquito, parte de la vuestra 🙂

Lo dicho, aquí comienza el viaje, póngase cómodos y disfruten sin pensar en el destino. ¡Arrancamos!


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