Amor sin fin: Bienvenidos a la coñocracia

amor sin fin
Quiérete mucho y bien.

Amor sin fin, qué bonito propósito, ¿verdad? El sábado tuve el placer de disfrutar de la obra de teatro musical Abandónate mucho: Bienvenidos a la coñocracia protagonizada por Las XL en el teatro municipal de mi pueblo, Órgiva. Me entusiasma ver que cada día se organizan más actividades culturales y deportivas en el lugar que crecí, ¡querido pueblo, que el ritmo no pare! Porque vivir en un pueblo no significa no hacer nada, aunque de eso ya hablaré otro día.

Quiero poner todo mi foco en esta obra feminista. Un mensaje claro: amor sin fin, pero del bueno. Casi todas nosotras hemos crecido con la idea del príncipe azul, de tener que ser preciosas, delgadas y perfectas para gustar y que nos quieran. Porque, amiga, como te salieses del camino, ¿quién te iba a querer? En algún punto hemos llegado a perder la identidad para arrastrarnos por la moda de turno, por ser “modernas” y nos hemos olvidado de algo básico: a la persona que tienes que querer más es a ti misma.

Las XL hicieron vibrar a un teatro abarrotado con un mensaje transmitido con ironía y mucha gracia. Estuvieron sembradas. Acciones de este tipo no se tienen que quedar ahí, tienen que traspasar las capas más gruesas y calar hondo. “¡Dejemos de justificarnos!” gritaban y eso me hizo recordar muchísimas situaciones que seguro que has vivido alguna vez.

  1. Meter tripa hasta la saciedad porque estás hinchada o porque has engordado y ese vaquero ya no cierra igual.
  2. Achacar a la regla, enfermedad o cualquier otro malestar el estar con mala cara, de mal humor o con un grano gruñón.
  3. Poner excusas porque simplemente no te apetece salir y punto.
  4. O no salir directamente porque no te has depilado.

No seas tu pesadilla, sino tu mejor sueño

Podría enumerar infinidad de situaciones. Es fascinante que somos las dueñas de nuestro propio camino y a la vez las únicas que parece que no lo vemos. Nos conformamos con lo cómodo, con lo establecido para no luchar y no dar explicaciones. ¿De verdad, tenemos que darlas?

Como decían Las XL, no tenemos que hacer un sinfín de terapias, deportes o cambios de armario para cuidarnos y querernos. Hay que empezar por lo básico respetarnos y no fustigarnos. Amor sin fin, pero del bueno.

Y sí, sé de lo que hablo porque soy una experta con el látigo conmigo misma. Soy muy exigente y ahora que estoy sumergida en el mundo freelance muchísimo más. Lo que hace el resto me parece razonable y suficiente pero yo por muchas horas que trabaje, objetivos cumplidos y demás historias siempre me parece poco. Ese rum rum constante “no soy suficientemente buena”, “tenía que haber hecho mejor aquella cosa”, “tengo que trabajar más horas”… es un daño mental que no lleva a ningún sitio. Estoy convencida de que, lamentablemente, demasiadas mujeres también lo hacen.

Es triste que cuidarse a sí misma se considere egoísmo, pero aún así, seamos egoístas. Cada una de nosotras somos maravillosas y no necesitamos 20 títulos, 1 Ferrari, 7 baños en la casa y 1 mayordomo en la puerta para ver que somos alguien espectacular. Te invito a que reflexiones y mires desde fuera cómo te hablas, qué piensas de ti. No seas tu peor pesadilla, sino tu mejor sueño 😉

Y recuerda: amor sin fin, pero del bueno.

Gracias por dejarme besarte con letras.

 


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El monje que vendió su Ferrari: Abre tu mente y tu corazón

el monje que vendió su ferrari
La puerta al cambio

Hace un par de semanas saboree las páginas de El monje que vendió su Ferreri de Robin Sharma. Si estáis interesados podéis conseguirlo aquí.

Julian, un poderoso y reputado abogado estadounidense que aparentemente lo tenía todo, estaba cayendo en picado hacia el desastre personal. Había fracasado en su matrimonio, era un adicto al trabajo que apenas dormía hasta que en pleno juicio sufrió un ataque y se desmayó. El médico le dio dos opciones: o acabas con este ritmo de vida o tu ritmo de vida va a acabar contigo. Julian, vacío interiormente y con un buen aviso de salud, decidió desligarse de todo lo que había formado parte de su vida hasta ese momento, incluido su Ferrari, para comenzar un viaje espiritual por la India. A su vuelta y convertido en otra persona, le narra al que fue su ayudante en el bufete toda su andadura espiritual para que él pueda aprender y enmendar el camino errante que estaba tomando.

Siempre es un buen momento para tomar el timón

Las técnicas y enseñanzas que se cuentan a través de una fábula en el libro El monje que vendió su Ferrari me parecen extraordinarias. No son para nada ideas descabelladas ni absurdas. Creo de verdad que todos necesitamos poner en orden nuestras prioridades y tener en cuenta el verdadero valor de la vida.

Una de estas enseñanzas habla del tiempo. No somos conscientes realmente del paso del tiempo y lo que eso supone. Siempre estamos aplazando nuestros sueños porque nunca es el momento. Pero, ¿y si nunca llega ese momento? ¿Y si tú limitado tiempo se acaba antes de lo que piensas? Te habrás quedado con una lista enorme de sueños sin ni siquiera haberlo intentado.

Para mí es fundamental que toda persona que lea este libro, tenga ganas de afrontar el cambio. Si no tienes la mente abierta y ganas sinceras de revolucionar tu vida, no lo leas. Casi cualquier persona me diría ahora mismo, “sí, Bea, quiero cambiar mi vida” pero lamentablemente no es así. Se queda todo de boquilla y cuando hay que echarle un par y remover cielo y tierra para salir de la oscuridad ya el plan no apetece tanto.

El pasado no cambia, el futuro está en el aire, ¡vivamos el presente!

Al fin y al cabo somos cómodos por naturaleza aunque yo diría que quejicas a partes iguales. Estoy de acuerdo con quienes están a gusto con lo que tienen y no buscan mejorar, lo que me chirría es quejarse por vicio y no hacer nada para enmendar la situación. Las oportunidades no llegan, se buscan.

Otro de los puntos que me llamó muchísimo la atención de El monje que vendió su Ferrari, es que divide los objetivos en cuatro bloques: emocional, profesional, espiritual y físico.

Nunca antes me había planteado cuál era mi objetivo espiritual o emocional. Siempre había puesto todo mi foco en el profesional y ciertamente es un gran error. Si toda nuestra atención está puesta solo en uno de los objetivos, ¿cómo vamos a atender al resto de aspectos de nuestra vida? Al final, no habría equilibrio y estaríamos llenos de vacío.

Después de leer este libro he comenzado a implantar algunas de las técnicas como el pensamiento contrario. Cuando me invade un pensamiento negativo, lo analizo y veo por qué ha llegado a mi mente. Muchas de las veces es por miedo, otras por las hormonas. Tengo un patrón que se repite cada mes y es que hay ciertos días que me puede la tristeza. Antes me enfadaba o me hundía, ahora lo veo como algo natural de mi cuerpo. Lo acepto y no le doy mayor importancia, pasará.

Otra de las fórmulas que me está funcionando es visualizar a dónde quiero llegar cuando me invade la pereza. Por ejemplo, quiero madrugar bastante para empezar el día haciendo yoga, meditación, escribir por placer… antes de empezar a trabajar. Cuando sonaba el despertador a las 6 lo apagaba y seguía un poquito más remoloneando. Y quien dice un poquito más dice levantarse con la hora pegada al culo. Ahora cuando suena y me entra la tentación de pulsar el botón “aplazar”, pienso en las razones que han hecho que yo decida levantarme pronto. La visualización es un elemento muy poderoso.

Si quieres una vida consciente y estás abierta al cambio, te recomiendo que leas El monje que vendió su Ferrari con calma. Tampoco te aconsejo que intentes implantar todas las técnicas de golpe. Reflexiona y escúchate sin miedo. El miedo solo nos hace huir, te lo digo con conocimiento.

Espero que consigas todo lo que te propongas. Eres simplemente maravillosa.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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No ser Superwoman también es la caña

Superwoman: Caricatura cruel que hemos implantado en nuestro día a día para sabotear el autoestima y energía de las mujeres auténticas y reales.

Mi día a día este último mes se puede definir entre caos y mi vida metida en cajas. Septiembre ha sido uno de esos meses peleones y en los que de nuevo me he reafirmado que los planes, la mayoría de veces, valen para poco.

Una mudanza decidida de la noche a la mañana de Madrid al pueblo, reformar la que ahora es nuestra casa y montar una oficina no son precisamente tareas que se quiten de la dichosa lista must be done muy fácilmente. Es más, seguimos con nuestra vida metida en cajas y la casa a medio terminar. ¡Sobreviviremos!

Lo “gordo” ya está listo, solo falta ponerlo todo bonito porque el hogar ya lo llevamos de serie. Pero aquí lo importante no es si me he enamorado de una butaca monísima a la vez que cara para la casa, lo realmente crudo es cómo maltratamos nuestro cuerpo para intentar llegar a todo.

No ser Superwoman también es la caña

  1. Tengo un reto personal, correr la Behobia en menos de 2 horas. Llevo tres semanas sin poder salir a correr, no por falta de tiempo, sino de energía. La primera semana estaba muy agobiada porque no estaba entrenando. Lo que tenía que ser un reto divertido y de superación me estaba empezando a amargar. En ese momento lo calificaba como algo “muy importante” pero, ¿realmente lo es? En cierto modo, sí es muy importante para mí pero no tanto como para jugarme la salud. Voy a intentarlo pero con cabeza y siendo consciente de que no he estado precisamente tocando las palmas en el sofá.
  2. No solo comas, nutre tu cuerpo. Esto sí que ha sido un cachondeo padre. Toda esa dieta equilibrada por la que abogo y que habitualmente practico, se ha ido de paseo por La Alpujarra porque lo que es en mi casa, no ha parado. La cantidad de patatas, pelotazos y demás guarrerías que he ingerido no son ni mucho menos sanas pero el nivel de estrés que tenía tampoco. ¿Me martirizo por haber perdido el control? Pues chica, no. Bueno, para serte sincera hay días que sí. Creo que nos fustigamos continuamente porque no hemos comido tal cosa o hecho tal otra. Me parece que es más interesante analizar la situación y ver si es algo habitual o un pico de excesos en un momento determinado. ¡Rutina, ven a mí!
  3. Duerme, mucho. Cuando te dicen que el descanso es clave asientes con la cabeza pero por dentro sabes que dormir, lo que se dice dormir, estás durmiendo poco. Cuando estoy tan nerviosa no puedo dormir. Hay gente que le da por comer, le duele la tripa o cualquier otro síntoma. Yo directamente no puedo dormir, ni siquiera la siesta. Sigo siendo una mezcla entre arrastrarse por las esquinas y oso panda pero por lo menos los niveles de estrés vuelven a bajar. Por favor, que sean por mucho tiempo.
  4. Decir que no da gustazo. En septiembre tenía bastantes eventos que no me quería perder por nada del mundo y al final dije que no a todos. Repito, no tenemos que ser superwoman ni estar comparándonos continuamente hasta qué límites llegan los demás. Reconozco que alguna vez he pecado y no me ha hecho más feliz, todo lo contrario. ¿Por qué será que nos gusta tanto ver todos nuestros aspectos negativos en vez de todo lo que hemos conseguido?

Olvídate del mundo, céntrate en tu mundo

Esas son solo una mínima parte de los sentimientos de culpa que he experimentado en este mes. Parece que nacemos programadas con “si no llego a tal cosa es que no soy lo suficientemente buena”. ¡Joder! Basta ya de putearnos a nosotras mismas.

Estoy cansada de juzgarme, de ver como mis amigas o mujeres más cercanas son presas de la culpa continua y no nos damos cuenta que no hay mayor carga que la mental.

Cuando he acabado una media maratón o un entrenamiento muy duro, me he tumbado en el sofá o he ido al fisio y como nueva. Sin embargo, cuando tenemos un taladro continuo en la cabeza por mucho sofá, pelis, palomitas y demás estímulos positivos que le quieras dar a tu cuerpo, ese machaque no se detiene y te consume.

No recuerdo estar tan cansada como ahora. La mudanza, la reforma, tener un negocio recién parido cansan pero lo que más me ha agotado es el run run continuo en la cabeza, la maldita lista de tareas pendientes.

Valemos más que un lista de tareas

Muchas sois madres, tías o tenéis a personas a vuestro cargo pero que nunca se nos olvide que ante todo somos mujeres. Mujeres que luchan cada día por ser mejores, mujeres que quieren ser felices, mujeres que deben cuidarse porque señoritas, que no se nos olvide que si nosotras no nos cuidamos, hincamos el pico.

Ojalá las próximas conversaciones que tenga con mis chicas favoritas no vengan marcadas por frases como “no me da la vida”, “no tengo tiempo ni para respirar”… Así no vamos a ningún sitio, bueno sí, al lado oscuro y feo de la vida.

Me pirra la vida, creo que es maravilla y que chicas, a veces nos comemos tanto el tarro que el bote se queda demasiado seco.

¿Tú también eres una fustigadora contigo misma? ¿Vives pegada a una lista de tareas pendientes?

Siempre, gracias por dejarme besarte con letras. Y hoy además, te beso un poquito más fuerte porque eres simplemente maravillosa.

 


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Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

Si de verdad fuera mi funeral, ¿cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programa, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. Era una sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado. Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena. ¡Cuánto me equivocaba! Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. Pero el día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rojo en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar. Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor retohe decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.


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El peligro de las apps para ligar

Hello darling!

Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. Yo he tenido la suerte de encontrar al señor marido en el face to face, vamos, lo que viene siendo la parte tradicional y a veces olvidada de la vida. Ya te lo dije que para muchas cosas soy una antigua y de pueblo a mucha honra.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. “Uf, otra vez repe”.
Echo de menos el amor. Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan. Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
Te voy a dejar la frase reina de una de mis chicas favoritas por si tú, darling, también quieres sexo en vez de amor: “Caliéntame el coño y no la oreja”.
¡Ah! Y no te pierdas, más abajo, lo que le pasó a Maca con su cita. Épica.
cervezas
Un brindis por mis chicas favoritas

 

Las chicas del 4ºB
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: “No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo”.
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Darling, gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

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Mírame el culo

Hello darling!

El mundo ya no es lo que era. Ahora a la gente moderna le ha dado por querer conectar con todo. Será que no tienen suficiente con el wifi y el 4G que los persigue a todas partes.

Dicen que es conectar con la naturaleza, saber apreciar el momento. Esta gente moderna será que no sabe que naturaleza no casa con tecnología. O que a mí lo que me hacía conectar era estar cual salvaje en el cortijo de mi abuelo. ¡Eso sí que era conexión! Me veía llegar y ya sabía lo que estaba tramando. Yo es que soy muy moderna para unas cosas y para otras no tanto. Será cosa del pueblo, no sé.

Me encanta fijarme en la gente. Cómo se mueven, cómo se relacionan con el medio. Aquí en las grandes ciudades hay mucho que observar porque hay demasiado espécimen suelto. Como te decía, el mundo ya no es lo que era. La gente ha dejado de mirarse, solo ven bultos para no tropezar mientras responden al siguiente mensaje. Que digo yo que igual con un café o unas cañas acababan antes.

La gente tampoco va a los bares como antes. Ir siguen yendo porque llenos están pero aunque su cuerpo esté pegado al barra ellos no están. Será por lo de conectar, que estarán buscando conexión con otro satélite. El caso es que el otro día vi algo que me dejó ya muerta matada del todo y me hizo reflexionar, qué me gusta esa palabra.

Sigue leyendo que te lo cuento 😉

culo cebra

Mírame el culo

Iba por una calle concurrida. Me adelanté porque venía gente de frente y todos, por mucho figurín que tuviésemos, no entrábamos en la acera. Al colocarme delante de mi chico y con mis vaqueros preferidos ajustándome bien el culo no se me ocurrió otra cosa que empezar a contonearme.

En mi cabeza ya se había montado una escena de lo más morbosa y estaba dándole alas para que dejase de ser un corto y se convirtiese en largometraje. Movía mis caderas al son de esa música que solo sonaba en mi mente pero que yo la oía como si de un concierto se tratase. Sonreía y me mordía el labio. Lo tengo que estar poniendo cardiaco, pensaba. Este culazo que las horas de gimnasio y sentadillas me han dado lo vuelve loco. Vamos, seguro. Me estaba acelerando hasta yo solo con pensar que se estaba relamiendo. Buf, es que estos vaqueros no dejan indiferentes a nadie.

La acera volvía a estar despejada pero seguí delante porque las vistas que le estaba regalando al mozo eran para mojar huevos fritos, pan y lo que quieras. Iba a darle un poquito más de gloria. Pasé por un escaparate y me miré mi monumento orgullosa. De verdad, vaya culazo he echado. Giré la cabeza esperando esa mirada picarona que me pone tan tonta y lo que me encontré fue a un tonto mirando el maldito móvil.

¡Mírame el culo! Me daban ganas de gritarle en plena calle. ¿En qué momento un señor culo embutido en un vaquero, así bien redondito y respingón, ha sido sustituido por una simple pantalla? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Dime. ¿Es su luz, los mensajes que parpadean, el sonido de sus teclas al rozarla?

El muchacho seguía a lo suyo, muy conectado. Se ve que estaba enchufado a otro planeta porque de mis hondas no se enteraba. Mi idea erótica festiva se estaba tornando funeral porque no sabía si quitarle el móvil y estamparlo contra el suelo o estamparlo a él contra mi culo. Venga, mejor respira, me decía. Total, el que va a dormir sin vistas y pegado a la pared va a ser él.

Gracias por dejarme besarte con letras y por tener sentido del humor 🙂

Si te gusta ya sabes, ¡comparte!


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Mis primeras lecturas de julio

Hello darling!

Ya está disponible en mi canal de youtube, como dice la gente moderna, un nuevo vídeo sobre libros, ¡oh yeah!

En este vídeo tenía ganas de contar mis primeras lecturas de julio. Los tres libros son completamente diferentes: novela histórica, narrativa romántica y narrativa extranjera.

Son historias que me han transmitido emociones distintas pero si me tuviera que decantar por uno de los tres sería la novela extranjera 😉

Échale un vistazo al vídeo y descubre cuáles son los títulos de estos libros.

¡Y como no! Si tienes alguna sugerencia o te apetece contarme algo, déjame un comentario.

Estoy convencida de que hay un libro para cada persona y mi reto con este canal es encontrar el que sea perfecto para ti.

Ante la duda, lee 😉

Y por supuesto, comparte este amor por las letras en tus redes, ya sabes que me hace ilu.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Verano, libros y las tetas de Paula

tiempo
Imagen: Alexas_Fotos

Hello darling!

Anonadada me encuentro al ver que estamos a mitad de julio, ¿cómo puede pasar tan rápido el tiempo? Si te digo la verdad, no tengo la sensación de que sea verano. ¿El calor? Pues tampoco lo estoy notando tanto y es que aunque te parezca mentira nuestra casa es tan fresca que alguna noche todavía nos tapamos con la mantita de pelo. Hemos hecho un pacto con el diablo, el señor marido día sí y día también se come la lámpara del techo pero a cambio dormimos en la Antártida.

Me acuerdo de algún verano en el pueblo y lo largos que se me hacían. No veía el día de oler los libros nuevos del cole, sí, así de bonica era. Bueno, y lo sigo siendo porque aunque no huela los libros del cole, huelo los que leo. Puedes llamarme friki, rara o loca de los libros, que los gatos no me gustan, el caso es que un libro nuevo tiene un olor especial. Y si no me crees, huele tú misma el próximo que caiga en tus manos.

Ahora el tiempo corre que se las pela, se ve que llega tarde a algún sitio. Pobre, se le habrá olvidado poner el despertador. Mi hermano ya no es ese niñito al que le hacía putadas sino un atacaor como diría mi abuelo, muchas de mis amigas ya tienen hijos y yo rezo por una caducá sin gluten. ¡Señores de la Alhambra, hagan a esta sensible al gluten feliz!

Pero hay cosas que por mucho tiempo que pase no cambian. Y una de ellas es que me den horas más que indecentes bebiendo letras y a la mañana siguiente libro acabado y ojeras victoriosas. Hay un tipo de libros que yo los denomino, libros de verano. Se reconocen fácilmente. Entre 300 y 500 páginas, lectura ligera, tema cotidiano, alguna que otra situación absurda, risas y más risas y te hacen recordar alguna anécdota vivida en tus carnes o en la de tus amigas.

En este post, te proponía algunos trucos para elegir un libro. Hoy quiero compartir algunos de los libros de verano que me han acompañado.

Libros de verano, una prolongación de tu ser en la playa

  1. Las ranas también se enamoran, Megan Maxwell. Ha sido el último que he leído. Tan último que lo terminé ayer a la pecaminosa hora de las cuatro de la mañana. Un día me ha durado. Me encantó el ritmo y el tono del libro. Te saca una sonrisa desde la primera página. Es un libro que ves venir el final desde la página 50 pero tiene el poder de engancharte y que no seas capaz de soltarlo. Es fresco y descarado. El tema de la adolescencia de la protagonista me resultó muy difícil de creer, vamos, no me convenció y alguna frase ya demasiado usada, pero en general es un libro perfecto para entretenerse.
  2. Los besos no se gastan, Raquel Martos. Lo que lloré con este libro… Mis primos en la playa mirándome “¿qué le ha dado a esta?”. Al final lleva razón mi amigo Óscar, soy tan intensa que no hay día que no me emocione. Me pareció muy tierno a la vez que divertido. El final es durillo, de ahí los lagrimones como melones de la Mancha pero merece mucho la pena leerlo. Seguro que te va a traer más de un recuerdo con alguna amiga.
  3. Los caracoles no saben que son caracoles, Nuria Roca. Es otro de los libros con los que me reí un montón. Empieza con un duro golpe y te deja “dios mío cómo arrancamos” pero poco a poco te va dibujando una sonrisa. También es de los que enganchan por su frescura. Seguro que alguna vez te has sentido un poco caracol, y no por lenta.
  4. En los zapatos de Valeria, Elisabet Benavent. Me lo pasé bomba con la saga de Valeria porque sí, darling, son cuatro libros que te van a enamorar y hacer reír a carcajadas. La personalidad del grupo de chicas está más que bien definida así que es fácil que relaciones a una de ellas con una de tus amigas. A mí me recordó muchísimo a un grupo de whatsapp de amigas a las que adoro pero que están demasiado lejos.
  5. La luz de Candela, Mónica Carrillo. Reconozco que las expectativas me jodieron el libro. Me fascinan los microcuentos que crea Mónica así que tenía un ansia terrible por el leer su libro. Se me quedó un poco flojito. No sé si por el tono o porque me faltó rock & roll. Me parece que es un libro ideal para leer en la playa o en algún lugar donde es fácil distraerse porque no pierdes el hilo.

¿Qué vas a leer este verano? Yo de momento te dejo mi último relato. Además, te adelanto que esta historia no queda cerrada así que tendrás futuras noticias de las travesuras de Paula.

Las tetas de Paula

Cinco mensajes directos, siete súperlikes y dos cafés fríos era la conclusión de la tarde de Paula. Desde que Diego había cogido las maletas para irse –lo siento, cariño, no eres tú, soy yo que me ahogo, quiero crecer, ver mundo y tener aspiraciones– Paula se había autoconvencido de que ella también iba a ser una moderna de esas que follan en la primera cita.

Se había comprado el pintalabios del rojo más intenso que había en la tienda y un conjunto de lencería que aún hacía tiritar su cuenta. –Uy, menudo conjuntito. Tu chico se va a poner muy contento cuando te vea–.

Su chico no lo iba a ver pero esperaba que él espécimen que la iba a recoger esa noche y por el que rezaba que haberse quitado hasta el último pelo de antigua no solo lo viera sino que se lo arrancara.

Y allí estaba ella dos horas después en el portal de su casa. El vestido ganador era uno negro con bien de escote y como había escuchado alguna vez a su abuela, no se sabía si vendía pierna o compraba tela. Sacó a su moderna y se metió en el coche con Luis, abogado divorciado de treinta y tantos con ganas de pasarlo bien.

Paula se aburrió soberanamente y bebió vino como si lo fueran a prohibir. El espécimen solo hablaba de lo importante que era en su trabajo, de los pisazos que había comprado en el centro, de lo buen amante que era. Paula asentía y sonreía como si aquello fuera lo mejor que le podían haber dicho esa noche.

Sacó a esa moderna borracha que ahora era dueña de su cuerpo y jugando con la cucharilla del postre le dijo –pues si tan buen amante eres, estaría bien comprobarlo, ¿no?–. Luis que llevaba seis meses sin mojar ni pan en los huevos fritos pagó sin mirar la cuenta y la llevó al pisillo con encanto de 35 metros a 10 kilómetros del centro.

Paula llevaba aún el conjunto de lencería cuando Luis se corrió de gusto. –Lo siento, nunca me voy tan rápido. Es que tienes unas tetas que me ponen–. Y Paula ni siquiera le dejó acabar la frase –como un cerdo imagino porque casi me las revientas–.

Ella intentó quitarse de encima esa mala hostia de calentón recalentado sin haberse apagado pensando en un segundo round pero Luis decidió que roncar a grito pelado era la opción más elegante.

A la mañana siguiente cuando Luis le escribió, Paula también fue muy elegante. Lo bloqueo de la app y mandó una propuesta a la atención al cliente de la plataforma.

“Queridos creadores, estoy segura de que el índice de éxito de vuestra app entre los hombres debe ser un pico más alto que el encanto que se esconde entre sus piernas. Como buena usuaria que soy y con ánimo de que los vende humos y mujeres a punto de combustionar desaparezcan, os invito a añadir un botón de “gemidos prometidos no cumplidos” en los perfiles de esos candidatos tan tórridos que se anuncian. Atentamente, una moderna que os lo agradecerá eternamente”.

Gracias por dejarme besarte con letras.

¿Te ha gustado? Comparte en tus redes sociales y mencióname, me hace mucha ilu 😉


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Más femenina, más irónica y más absurda

Hello darling!

Te acabas de topar con una señorita más femenina, más irónica y más absurda. Sí, te presento a mi yo sin filtros.

La actitud no sé si mueve montañas pero a mí me cambia la sonrisa.

Si has seguido el blog habitualmente sabes que este va a tomar un rumbo mucho más divertido y cañero. Si acabas de llegar, ponte cómoda que tengo un mini rollo que contarte.

Los libros siempre han sido mi refugio y escribir mi vía de escape a todas las emociones que me invaden que son muchas, es lo que tiene ser intensa por naturaleza.

Me he imaginado historias, pajas mentales y una retahíla de chorradas desde que era un moco y le robaba los tacones a mi madre y montaba un sarao en cinco minutos. ¿Por qué? Por algo tan simple como hacer reír a los demás. Y es que las carcajadas de mis abuelos valen más que los bitcoins esos que están ahora tan de moda.

Luego llegaron las hormonas, esas malditas que te hacen perder la cabeza y sacar un sentido del ridículo desorbitado. Ahí empecé a recortar ese sentido del humor tan salao’ de mi infancia. ¡Qué pena, con lo bonica que era!

Pasó el tiempo y se acentuó el miedo a ser juzgada por lo que escribía. “Que si no lo hago bien, que si van a pensar que me creo no sé quién”. Pamplinas. Pero afortunadamente cuando tienes una verdadera pasión, esta despierta al dragón que llevas dentro y hace que tengas que sacar toda esa lava que llevas acumulando. Porque señorita, acumular no es bueno. ¡Larga vida al fuego interior y a los pintalabios que resucitan las caras de acelga!

Hace menos de un año decidí que yo iba a seguir escribiendo, o bueno, más bien empezar porque cuando me tuve que despedir de mi abuelo también lo hice de todo lo que había escrito y escondido hasta el momento.

Bendita hora cuando me apunté al curso de escritura creativa. Tuve que enfrentarme no solo a retos semanales de tono, personajes, sino que también a leer en público las mierdas que se me ocurrían y, oye, sigo viva y sin carteles que agolpen mi casa “no escribas más, petarda”.

Después de haber probado muchos estilos en este curso mi vena más femenina, más irónica y más absurda surgió a lo grande, que la pobre ya estaba cansada de chupar tanto banquillo. Y en este punto estamos, como diría mi querido Óscar, “con mi loca del coño a todo trapo”.

¿Y por qué escribo en femenino?

Porque las mujeres soportamos bastantes tonterías al cabo del día y creo que reírse de todas ellas es el paso a la liberación más pura. A no ser perfecta, a ser cómo queramos ser sin importar si es apropiado o no ese comentario, si voy a gustar más o menos por ser cuqui, deportiva o malafollá.

Así que darling, si quieres sentirte como si estuvieras con tu amiga en una tarde de “nos tomamos una y para casa”, quédate que a estas rondas invito yo 🙂

Te dejo un aperitivo erótico festivo para calentar la mañana, que igual con la ola de calor no es suficiente.

motivación
Que se jodan los envidiosos, que igual entonces sonríen.

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si eres un tía con rollazo y sentido del humor, compártelo en tus redes sociales 🙂


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