Mujeres con esencia: Entrevista a Isabel Ara

Entrevista a la periodista y copywriter Isabel Ara

 

En mayo lancé una nueva sección en el canal, Mujeres con esencia. En este rinconcito, como me gusta llamarlo cariñosamente, entrevisto a mujeres que me inspiran en mi día a día.

Esta es la tercera entrevista que ve la luz y he recibido algún comentario preguntándome por qué le doy voz en mi canal a personas que no tienen miles de seguidores. ¡Qué poco me conocen!

La calidad humana y la esencia personal no se mide en seguidores ni me gustas. Me apetecía muchísimo poder tener charlas como si con una taza de café en la mano se tratase, con personas que tienen algo que decir al mundo.

Mujeres maravillosas que consiguen hacer la vida de los demás más bonita.

Ojalá poco a poco pueda ir creciendo este pequeño rincón. Todo se andará pero como dice Isa, mi invitada de hoy, que no nos falte la determinación, el humor y la ternura.

En próximas publicaciones mostraré a Violeta Luján e Irene Milián con calma. De momento si pinchas sobre sus nombres irás directamente a las entrevistas en YouTube.

Entrevista a Isabel Ara

Isa es un dulce en sí misma. Nos conocimos en un evento de copywriting que se celebró el año pasado en Madrid. El no poder comer gluten nos unió y solo necesitamos dos risas para conectar.

Ella es periodista y copy, a nivel profesional, porque personalmente es mucho más. Una persona curiosa y detallista de las que gusta tener cerca y no soltar.

Como adelanto te diré que en nuestro café virtual hablamos de creatividad, miedos, PNL y lenguaje de signos. ¿Quieres conocerla más?

Visita su web www.isabelaralopez.com o sus redes sociales @isabelaralopez. Yo desde que la conozco ya no veo turquesa, veo la magia que ella crea.

El vídeo completo lo tienes en este cajoncito. Disfrútalo con calma 😉

Recuerda que puedes conocer más historias de vida en positivo aquí.

A ti y a ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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Depresión: Mi aventura con el monstruo invisible

Pasea todas las mañanas por El Retiro

Desde abril no había vuelto a escribir en el blog, cosa que no significa que no haya escrito cada día. Escribir para mí es terapia, es vida, es arte. Lo es todo. Sin embargo he estado metida en otras aventuras, como mi primer encargo como lectora editorial.

Una de mis referentes en el mundo de la comunicación y como persona es Cristina Mitre, periodista, escritora y una mujer con gancho. Espero que pronto pueda tener el honor de entrevistarla para la sección de mi canal Mujeres con esencia 😉

Al poco de empezar a correr, Cris llegó a mi vida en forma de libros, blog y redes sociales. Desde entonces no la he soltado. Me inspira, mucho. El año pasado tuve el placer de conocerla en un evento de belleza en las Malas Madres House. Indescriptible.

Cristina Mitre

Ella es un ejemplo a seguir

Cuando me acerqué a ella para que me firmase sus libros y mis tesoros, no pude parar de llorar. Llevaba meses luchando contra el monstruo invisible de la depresión en silencio y para mí ella es un chute de vitalidad. Por eso cuando sentí su energía desbordante tan cerca no fui capaz de expresarle todo lo que mi cabeza y mi corazón querían mostrar. Eso sí, siempre nos quedará la anécdota de la durabilidad del waterproof.

Antes de marcharse volvió y no dejó de repetirme una frase mirándome a los ojos mientras me tocaba suavemente el hombro «cuídate mucho». 

El tiempo y el amor propio sanan

Casualmente, un año después me he vuelto a encontrar con ella en otro evento. Esta vez sobre el melanoma y la importancia de la protección solar. Su calidez y memoria al verme me hicieron sentir en casa. Esta vez el nudo de mi garganta solo mostraba una sonrisa y no lágrimas.

He estado luchando durante un año y pico contra la depresión y hoy quería contar mi historia.

¿Por qué ahora?

Si has seguido mis redes y mis relatos, probablemente hayas podido intuir algo. Al igual que para mí la naturalidad de Cris, su esfuerzo y ejemplos de su historia personal, como cuando dejó su trabajo como directora en Women’s Health, han sido gasolina de motivación y me han ayudado a seguir dándole a las zapatillas, quiero lanzar a mi monstruo a la red.

Las letras tienen un poder inigualable. Y compartir es ayudar.

Cómo surgió mi depresión

He comenzado esta vuelta al blog por mi actividad más reciente. Mi encuentro con Cris y la sensación de confianza y fuerza que me dejó, pero hasta llegar a ese momento de alegría he tenido que batallar muy fuerte con mi monstruo «depresión» y su compañero de equipo «ansiedad».

En marzo del año pasado dejé mi trabajo indefinido después de un ataque de ansiedad que casi me hace perder la consciencia y un diagnóstico del neurólogo muy claro. Tenía un estrés emocional tan brutal que no conseguía hacer saltar mis reflejos.

El TAC en la cabeza, las analíticas y demás pruebas llegaron cuando mi cuerpo empezó a exteriorizar lo que mi cabeza llevaba meses gritando. Perdía visión y audición en algunos momentos del día, me mareaba y los dolores de cabeza eran cada vez más insoportables. Tenía pesadillas todos los días y mi almohada siempre estaba húmeda por el reguero de lágrimas que afloraban cada noche.

Yo sabía lo que me pasaba, era de manual, pero no lo quería reconocer. Solo quería huir aunque no sabía muy bien a dónde.

El pecado que provocó la guerra

Me enamoré perdidamente de mi compañero de aventuras. Nunca he imaginado que se puede amar tanto a una persona y tener una conexión así de hermosa. Mi compañero de aventuras y yo éramos compañeros de trabajo y nuestra relación abrió la caja de los truenos.

Tuve un martillo picador diario por parte de gente que no supo ver mi rol como profesional y mi rol personal. Ese zumbido constante y mi vulnerabilidad al haber bajado todas las barreras al creerme en casa, acabaron destruyendo mi jardín interior, mi autoestima.

Los meses pasaron y salvo mi compañero de aventuras nadie sabía de mi huracán. Podían intuir que algo pasaba por comentarios fuera de lugar que recibía en el trabajo pero creo que nadie imaginó la magnitud de la ola. Hasta que no pude más y acepté que no quería seguir luchando esa guerra.

No era mi reto.

La incomprensión también lució su traje

Solo he mostrado una parte de lo que ocurrió a la gente más cercana. Por parte de algunos de ellos he recibido comentarios de incomprensión. Nadie entiende que puedas sufrir depresión cuando tienes un trabajo indefinido, eres feliz en el amor y viajas todo lo que deseas.

Vivimos en una sociedad en la que el dinero lo compra todo y ciega el hecho de que cuando alguien te hace la vida imposible en el trabajo, por muy bien que estén las cosas alrededor, todo cae.

Piénsalo, ¿cuántas horas diarias pasas en una oficina? ¿Cómo es de intensa tu profesión? Multiplica eso por 1.000 cuando tu pareja está allí y la usan como chantaje emocional.

Huir de la depresión no es la solución

Nunca he buscado ayuda médica en este proceso. Quizás lo debería haber hecho pero no he dado el paso. He bebido libros y libros, he aprendido a meditar, a escucharme. Que yo no lo haya hecho no significa que todo el mundo tenga que seguir el mismo trayecto.

He sacado toda la rabia fuera, el dolor y la incomprensión. Cada zancada que he dado me ha servido para encontrar el equilibrio. He aprendido a prestar atención a las señales, a bajar el ritmo y volver al arco de salida. No quiero caer de nuevo en el laberinto del monstruo. Ahora soy un eneagrama 4 centrado y feliz 😉

El running ha sido otro de esos factores claves. Si podía superar carreras como la Behobia, podía conseguir vencer en otras batallas.

En este camino de sembrar de nuevo mi jardín interior, regarlo y mimarlo he alejado de mi vida a todas esas personas que me quitaban la energía. Esas mismas que se alegraban de mis lágrimas y no dejaban de criticarme. «Viaja mucho», «Quién se cree que es para comprarse un coche nuevo»…

He dejado hueco a nuevas energías y lo más importante, he puesto fe ciega en mi valor. Como me dijo Cris, me he cuidado mucho. 

El ansia por huir se ha convertido en prueba y error

Mi compañero de aventuras ha sido un gran capitán en este barco. Me alentaba a que no dejase de probar cosas hasta que diese con la tecla qué me hiciera feliz. He intentado de todo, he llamado a muchas puertas y cada una me he devuelto un aprendizaje.

Soy de sacar el lado positivo a las situaciones, analizarlas desde distintos puntos. Y después de toda la tormenta creo que gracias a este periplo he vuelto a sacar mi esencia.

Ahora tengo más claro que nunca cuáles son mis valores, qué huella quiero dejar en el mundo. He dado el paso de compatibilizar la enseñanza con la divulgación literaria.

He tomado la responsabilidad de mis acciones y de cómo me afectan las de los demás. Tengas o no el control, no dejes de remar y de probar hasta dar con un camino que tenga corazón.

Cris, gracias por tu «cuídate mucho».

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Quiérete bien, amiga, te lo mereces

quiérete bien libro si salieras a vivir
Si salieras a vivir

Me encontraba en el pasillo del instituto. Mis complejos, unas amigas y yo. Estaba ese día con la cabeza en otro sitio, rumiando. De repente las miré y dije «me merezco conseguir ser la profesional con la que sueño».

Así, sin anestesia. No recuerdo quién fue pero alguien respondió con un tono burlón «claro, y a mí que me toque la lotería». Eso me dolió, mucho. Me esforzaba cada día por sacar buenas notas, ser la mejor. Me agarraba a ese clavo.

Los años han pasado y más de una situación como esa he tenido que volver a experimentarla. Afortunadamente no todas las respuestas han sido del mismo tono. Me he cruzado con gente que al escuchar «me merezco tal cosa» han contestado con «por supuesto, te lo mereces».

Quiérete bien

Hace unos días vi en el stories de Laura Chica  –psicóloga positiva, coach, y escritora– esta imagen del libro Si salieras a vivir de la psicóloga Patricia Ramírez. ¿Qué piensas tú?

No sé si alguna vez te ha acechado la culpa por cuidarte, regalarte tiempo de calidad y pensar de corazón que te mereces cada una de las cosas bonitas que pasan en tu vida.

Quizás a ti no te pase, amiga, pero alguna vez me he sentido terriblemente culpable por sentir que me merecía que me ocurriesen cosas buenas. Conseguir tal reto, ese trabajo con el que soñaba, viajar a la otra punta del mundo…

Parece que si te quieres eres prepotente, no eres humilde. Qué gran equivocación. Te grito con amor «quiérete bien». Sí, tú, sin más explicaciones. Porque te lo mereces no porque los demás te lo afirmen sino porque como bien dice Patricia en Si salieras a vivir, eres una persona maravillosa.

No juzgues mi camino

Estoy en un momento de mi vida en el que por fin he empezado a valorarme tal y como soy. Aceptando que habrá aspectos de mí que me gustarán menos que otros pero siendo consciente de que tengo el poder de no poner el foco erróneo.

Soy feliz con el camino que he elegido y creo de corazón que me merezco las experiencias y metas con las que sueño.

Pues bien, se ve que el «público» ha decidido que es mejor juez de mi vida que yo misma. ¿Te suena?

Este fin de semana dos mujeres se pusieron a «repasar» mi vida fuera del pueblo llegando a la conclusión «qué pena, tanto estudiar para acabar cuidando niños». Reconozco que me dolió. Un segundo, pero me jodió.

Estoy dejándome la piel para vivir de la divulgación literaria y de la enseñanza.

Para mí dar clase no es «cuidar niños». Es como bien decía Ramón Barrera en esta charla sobre sorprendizaje: empujarlos, animarlos y agitarlos para que vuelen.

Aunque esa sentencia me dolió, como te decía, solo fue un segundo. ¿Por qué? Recordé que me merezco todo lo que estoy consiguiendo porque lo estoy haciendo de corazón, con un propósito de vida que no es el dinero.

Así que, amiga, vuela. Quiérete mucho y bien. Sonríe, baila, ama. Haz lo que te haga feliz con quién eres y con quién quieres ser.

Te mereces todo, no importa que el resto no lo vea, solo lo tienes que comprender tú. Vive en positivo. Y si te apetece, cuéntame tu experiencia.

Gracias por dejarme besarte con letras.

*Este post contiene enlaces de afiliado a Amazon.

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Running y sentido común, ¿lo ejercitas?

sentido común
Mis zapatillas siempre me acompañan aunque sea en el corazón.

Sentido común: Capacidad de entender o juzgar de forma razonable.

Así lo define la RAE pero…

¿Qué es para ti el sentido común?

Ayer fue la prueba de 10K de Loja y tercera cita del Circuito Diputación de Granada. Como venía siendo costumbre, hoy te iba a contar las sensaciones y la experiencia de la carrera.

Para mí esa carrera tenía un gran carácter emocional. Ayer era nuestro segundo aniversario de vida en equipo y además Loja fue la primera carrera a la que acudimos como pareja. Vamos, se habían alineado los astros para recordar los comienzos y celebrarlo a nuestra manera.

Sin embargo, todo lo que planeamos no sale como nosotros queremos. 

En mis planes no entraba un temporal como el que estamos viviendo estos días. El problema no era correr con lluvia, ya sabes que me pirra. Las dudas llegaban con el desplazamiento.

Desde Órgiva a Loja hay alrededor de hora y media. Con este temporal de lluvia y viviendo en un pueblo de montaña te puedes imaginar cómo estaba la carretera.

Piedras, cortes en algunos puntos. Un desastre.

¿Fuimos a correr a Loja?

No. Sacamos a pasear nuestro sentido común.

No nos faltaron ganas ni entrenamiento como en otras citas. Nos sobró cautela.

Reconozco que me puede no ir a una carrera. La felicidad que vivo dándole caña a las zapatillas es tan intensa que no me la quiero perder.

Pero seamos realistas, ayer no era día de meterse tres horas de coche por mucho que me apasione correr.

El sentido común es fundamental. Vivimos en una época en la que dejar de hacer algo parece un fracaso o señal de ser vagos. Se nos está yendo la pinza.

¿A quién quieres demostrar de lo que eres capaz?

Creo que esa pregunta es clave para ponerle sentido común a la vida. No vivo del running, no merecía la pena meternos tres horas de coche diluviando. No era prioritario porque no tengo que demostrar nada. Solo disfrutar.

Lo mismo ocurre con las distancias. Ten vista.

Estoy deseando correr un maratón y a ser posible en el extranjero pero no es el momento. Mi cuerpo no está preparado para soportar ese esfuerzo y de nuevo, no tengo que demostrar nada.

¿Por qué te cuento este rollo?

Me da mucha pena ver en los marrones que nos metemos por demostrar de todo lo que somos capaces de conseguir.

Correr es mucho más que eso. Es sentirte viva, libre y poderosa sin importar que estás sudada y con la cara como un tomate. Toma riesgos pero pregúntale a tu sentido común si son necesarios.

Quiérete bien, amiga. Nos quedan muchas carreras, libros y vida por delante. No lleves a tu cuerpo al límite.

Te dejo con el café pensando, hoy son más importantes los silencios.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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II carrera del circuito, Albolote, y un sol de justicia

carrera de Albolote

Llueve. Mientras escribo llueve. Ayer sin embargo lucía el sol. Un sol que en algún que otro momento me hizo sufrir. No me gusta el calor. Mucho menos aún para correr.

La carrera de ayer era de 10km, como la mayoría del Circuito Diputación de Granada salvo Baza y Guadix que son media maratón y la de mi pueblo que son 18,5km.

Justo este año la de mi pueblo cae en mi cumpleaños pero no adelantemos acontecimientos 🙂

A la carrera de Albolote llegaba cansada. Una semana solo de diferencia con la media de Barcelona. Poco tiempo. Tengo todavía los isquios muy cargados y cuando empecé a trotar para calentar me avisaron.

Además, la noche de antes habíamos estado en el carnaval. Lo que viene siendo el mejor plan el día previo a correr. Tampoco nos jugamos nada así que… En menos de ocho horas pasamos de minnies a runners.

Lo que realmente me preocupaba no era el cansancio ni los isquios, era mi estómago. Tranquila, no era resaca. No bebo. Pero algo debí comer que no mi cuerpo no toleró bien.

Eso sí, contaba con una ventaja, conocía el terreno. Había participado en esa misma carrera dos años antes así que sabía los puntos en los que tendríamos cuesta y en los que la sombra brillaría por su ausencia.

Hasta la carrera que menos te remueve, te enseña algo

Arrancamos la carrera al final del pelotón.

Prefiero ir de menos a más y evitar algún que otro empujón de propina. Mis piernas a pesar de estar pesadas respondían, mi tripa no parecía dar problemas y mi cabeza estaba despejada.

Apretamos un poquito.

Intentamos mantener un ritmo por debajo de 6 min/km. Podíamos haber tirado un poquito más pero esta vez no quería arriesgar. No era el momento.

Tener el estómago tocado y que haga calor es para mí la peor combinación. Lo sufrí muchísimo en Valencia, la peor de mis carreras, y aunque es cierto que esto era un 10K y no una media, podía acabar igual de jodida.

No disfruté tanto como en Barcelona o Armilla. Hubo momentos que fue como un mero trámite. De nuevo el calor. Me agobia, me agota y solo consigue que tenga la cabeza puesta en acabar no en disfrutar.

Sí hubo un momento que me encantó. La parte en la que la carrera sale del pueblo y va por la vega. Más espacio, más aire.

Es mi momento

Hay carreras en las que me invaden las emociones, me llevaban en volandas y me hacen explotar al llegar a meta. En Albolote no pasó. Sí sentí muchísima satisfacción de volver a correr 10K en menos de una hora, concretamente en 58:43. A menos de 40 segundos de mi MMP.

De esta carrera me quedo con dos sentimientos que este último mes están muy presentes: mi cabeza tira mucho más y tengo unas ganas inmensas de mejorar.

Noto muchísimo que mi cabeza está relajada, que los tiempos tormentosos pasaron y puedo correr sin estar rumiando vivencias ajenas a la carrera que me taladraban. Puede parecer una tontería, pero cuando mi cabeza está serena puede cambiar el mensaje. Sí, ese «ya no puedo más» por «voy a apretar un poquito más».

Desde que empecé a correr tenía ganas de correr más kilómetros, de correr más rápido pero no era el momento. No estaba preparada para ese desgaste mental, ya tenía otro.

Ahora sí. Me apetece tentarme, salir de la zona de confort y ponerme a prueba. Conseguir estos pequeños retos me ayuda a trasladarlos a mi día a día.

Recordar que hace cuatro años no era capaz de correr 10 minutos seguidos y que ahora aguanto más de dos horas me parece increíble. Me siento libre.

La próxima carrera será en Loja el 4 de marzo. ¡Qué casualidades tiene la vida! Fue la primera carrera a la que mi compañero de aventuras y yo acudimos como pareja y justo en esta edición celebraremos dos años de toda una vida 🙂

De corazón te digo «confía en ti y date tiempo».

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Superación: Media Maratón de Barcelona

Media maratón Barcelona superación

Superación: Vencer obstáculos o dificultades.

Cierro los ojos y me vuelvo a situar en el arco de salida. Un nudo se adueña de mi garganta y el corazón se acelera. Las lágrimas no tardan en aparecer pero no salen, solo riegan mis ojos.

Esa misma emoción de felicidad tan intensa irrumpe cada vez que mis zapatillas se plantan delante de un arco de salida. Es como si mi cuerpo se apoderase de todas las emociones positivas que desprenden los corazones que me rodean con ganas de rock and roll.

Comienzo una carrera al borde de las lágrimas y la termino de la misma forma, Barcelona no iba a ser menos. Además, tenía otra razón de peso, iba a conseguir mi MMP en 21K, justo una semana después de conseguir mi MMP en 10K.

Apagar las expectativas

Estoy haciendo un trabajo enorme cada día intentando no crear expectativas de las situaciones. No montarme películas ni ilusiones porque quiero vivir cada experiencia sin que se empañe. En Barcelona lo conseguí.

No esperaba nada de la carrera, solo sabía que iba a disfrutar porque era prácticamente llana. Las sensaciones del 10K de Armilla el domingo anterior me habían dado mucha seguridad. Era cuestión de confiar en mí, de buscar mi propia superación.

La antesala a la carrera fue gloriosa. Un reencuentro con amigos que inspiran y le dan alas a los sueños. Esos que están tan locos como tú para huir continuamente de lo cómodo y siempre viven con dos premisa. «¿Cuál es la última vez que has hecho algo por primera vez? y ¿Cuándo ha sido la última vez que has sorprendido a alguien por tus decisiones?».

Mery, Ángel, no sabéis el chute de energía que me distéis en apenas 6 horas.

superación

Soñar en rosa

Después de un sábado lleno de emociones, sueños y superación llegaba el momento de calzarse las zapatillas. No era mi objetivo mejorar mi marca, solo quería disfrutar de una ciudad sin coches y llena de vibraciones.

Comenzamos a correr y me sentía muy fuerte, tanto de piernas como mentalmente. Me iba fijando en cada sonrisa, en cada gesto, en cada edificio. No estaba concentrada en el ritmo ni la respiración, estaba absorbiendo la energía de alrededor.

Estuvimos detrás de una pareja en concreto más de la mitad de la carrera. Ella era ciega y él su guía. Te juro que el cariño con la que la iba guiando, los pequeños gestos, los susurros nos dejaron sin palabras. Un ejemplo de fuerza y determinación que en algún que otro punto me encogieron el corazón.

En ese momento me acordé de lo que había leído en Nacidos para correr, por cierto, tengo un post pendiente sobre él. Uno de los secretos de los tarahumaras es correr con el corazón y una sonrisa. Ser feliz y agradecido por el simple hecho de dar zancada tras zancada.

Es pensarlo y es imposible que no te sientas poderoso corriendo. Da igual el ritmo y la distancia, estás corriendo y aunque parezca una obviedad no todo el mundo tiene la oportunidad de hacerlo.

Cada paso con voz propia

Cuando pasamos por el arco de los 10K tenía claro que iba a conseguir bajar de las 2:20. Parece mentira pero no me acuerdo si mi mejor tiempo en media maratón era 2:17 o 2:20, el caso que por ahí anda. Sí, es el paso de una tortuga pero no me preocupa y soy consciente que en los últimos años no he entrenado con la regularidad que debería.

Iba muy fresca, mi cuerpo respondía y mi mente aún más. Alguna que otra vez tenía que frenar mis ganas de superación o me iba a estampar en la siguiente mitad de carrera.

En el km 16 empezaron los problemas. Llevaba un rato sintiendo que mi planta del pie izquierdo no iba como debía. Se me había formado una ampolla, una de las peores cosas que te puede suceder en carrera.

El dolor hay que aceptarlo

A partir de ese kilómetro cada zancada era un golpe de dolor. Sentía como si cien agujas se me estuvieran clavando en la almohadilla del pie. Apreté los dientes, una ampolla es como otra piedra más en el campo. Hay que sacar fuerza y ganas para seguir adelante y no caer en el camino fácil.

En los últimos dos kilómetros el dolor ya era insoportable. En alguna que otra ocasión me salió un «joder» desde lo más profundo y la botella de agua que llevaba en la mano derecha era mi saco donde descargar. La apretaba con fuerza, como si eso hiciera que me doliese menos el pie.

En ese punto no me quedo otra que gritarle a mi compañero de aventuras «tira de mí, no puedo más». Y él sacó fuerza para los dos, para nuestro equipo.

Unos metros más, giramos a la derecha y nos encontramos de frente con la Sagrada Familia. ¡Menudo momento! Quedaba un kilómetro y fuera como fuera iba a mejorar mi tiempo así que solo tenía que soportar el dolor un poco más. Todo acabaría.

MMP en 21K

2:09:33 fue el momento en el que llegamos a meta. Había mejorado casi 10 minutos mis tiempos anteriores, incluso con un dolor imposible. Había creído en mí y no me había dejado vencer cuando las cosas salieron de la forma menos placentera.

Lloré. Una sacudida de energía recorrió mi cuerpo. Placer, dolor, alegría, cansancio, superación… Creo que no hay emociones negativas ni positivas por sí solas. Todas son necesarias y nos permiten estar alerta. Aceptarlas y saber sacar la enseñanza que nos quieren mostrar me parece vital.

El dolor de esa ampolla me recordó que aunque el camino se complique si crees en ti de verdad y en la razón por la que haces las cosas, vences.

MMP en 21K superación

Este domingo toca volver al arco de salida, 10K en Albolote. Vuelvo a plantearlos sin expectativas solo agradecida de poder ponerme una vez más las zapatillas.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Emociones a flor de piel, MMP en una carrera de 10K

cuentos de ratas y culebras

Todavía estoy en una nube y las sensaciones tan intensas que viví ayer siguen dando coletazos. Como te venía contando por Instagram, me he vuelto a inscribir al Circuito Diputación de Granada.

Son un total de 15 carreras que se disputan por la provincia de mi tierra a lo largo de todo el año. Una oportunidad de conocer pueblos que quizás nunca pisaría y a la vez ponerme las zapatillas.

En 2016 fue la primera vez que me inscribí pero solo pude ir a 3 carreras porque tuve la mala pata de que el resto de domingos me pilló trabajando. Este año quiero asistir a todas las que pueda 🙂

Arranca la carrera

Ayer se daba el pistoletazo de salida en Armilla. Habíamos dormido poco y no habíamos mirado el tiempo. En Órgiva hacía sol así que no nos imaginamos que en Armilla nos íbamos a dar un baño no solo de alegría.

Los primeros 5 kilómetros son por el pueblo. Recorrer calles y casas, nada especial. Lo interesante viene a partir del kilómetro 5. Correr dentro de la base de aviación de Armilla. Exquisito.

carrera armilla

Pisamos las pistas por las que aterrizan y despegan los helicópteros y aviones militares, vimos algunos de ellos junto a nosotros. No teníamos ni idea de que entraba en esa zona restringida así que la sorpresa nos llevó a sacar los niños que llevamos dentro y recorrer algunos metros abriendo los brazos como si nosotros fuésemos un avión.

Llevaba la app de Nike cantándome los kilómetros y estaba viendo que iba mucho más rápido de lo habitual. Los kilómetros por la montaña parece que me están sentando muy pero que muy bien. Mi compañero de aventuras no sabía nada de que si seguíamos ese ritmo iba a conseguir mi MMP.

El tiraba cada vez más precisamente porque su app le estaba cantando mal los tiempos y no se podía creer que fuésemos tan lentos. «No entendía que me marcara el kilómetro a 6:30. Vale, no íbamos volando pero tampoco tan lentos» me decía. Y ya no me pude aguantar más.

Emoción en cada zancada de la carrera

Le grité con todas mis fuerzas y una sonrisa de oreja a oreja «voy a hacer mi MMP aprieta y te sigo». Y así lo hizo. Aprovechamos que los últimos kilómetros de carrera eran un pelín cuesta abajo, lo justo para no hacerte daño pero sí para coger velocidad, y gritando como locos salimos de las pistas de despegue para encaminarnos a la meta.

Cuando nos faltaban a penas 500 metros vimos el coche con el tiempo, menos de 1 hora. Apretamos todavía más, nos quedaban fuerzas. No paraba de gritar «voy a conseguirlo, voy a conseguirlo». Me daba igual todo el mundo que estaba allí. En ese momento me sentía sola con el crono y estaba vez sí gané.

Cruzamos el arco de meta con 58:47. Más tarde supe que mi tiempo neto había sido de 58:06. Para muchos puede ser el paso de una tortuga, para mí es la leche. Nunca había conseguido bajar de una hora y ha sido un tesoro.

Carrera Armilla

Se me saltaron las lágrimas al ver que había conseguido uno de mis retos sin ni siquiera habérmelo planteado. La carrera no tenía un circuito duro pero el frío y la lluvia sí que pusieron su granito de arena.

Igual que me pasó en la Behobia, el frío hace que me crezca pero esta vez mis manos se resintieron. No llevaba guantes y cada dos por tres las tenía que mover porque estaban tan heladas que dejaba de sentirlas. Estoy convencida de que si no hubiera estado tan pendiente de mantener las manos «con vida» podría haber corrido un poquito más rápido, pero también así hubiese sido otra historia y no esta.

Solo quiero que te quedes con un mensaje

A veces esas pequeñas recompensas que solo son importantes para ti tardan en llegar. Saborea tanto el camino que te lleva a ellas como la meta en cuestión. Te lo dice una que entre sus cualidades no está precisamente la paciencia.

Cuando entré en meta medio llorando la gente me miraba extrañada. Supongo que no es normal que alguien se emocione con un 10K… Lo importante fue lo que sentí, no lo que había alrededor.

Sea cual sea tu objetivo, te mando un chute de energía, amiga. El mío para el próximo fin de semana es acabar la Media Maratón de Barcelona.

Gracias por dejarme besarte con letras y compartir esta vida en positivo llena de experiencias maravillosas.

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Behobia: Cuando crees que no eres capaz

Creer en ti siempre es la mejor opción

Escribo desde la cama porque las agujetas de ayer en la Behobia no me dejan ni sentarme. Los 20 kilómetros de esta carrera son una vida misma. El torbellino de emociones, lágrimas y dudas quiero compartirlo porque si yo pude cumplir un reto vosotras también.

Cómo empezó la locura de mi Behobia

Hace unos años quise correr la Behobia pero me quedé sin dorsal. Ahora tengo claro que no era el momento. Este verano paseando por Madrid Río le dije a Loren «sería la caña correr la Behobia». Como a nosotros nos va la marcha y los impulsos, en ese mismo instante nos inscribimos en la prueba.

¡Menuda carrera!

Volvimos a empezar a correr. Habíamos perdido el hábito al pasar un mes en Indonesia y mudarnos nada más llegar a Madrid. El calor a mí me sienta fatal, tanto que a veces no soy capaz ni de hacer tres kilómetros seguidos. Me debilita muchísimo. Nosotros seguíamos intentándolo y justo tuvimos el placer de conocer a los Instarunners de Madrid. ¡Lujazo de grupo!

Con ellos no había excusas para saltarse el entrenamiento aunque fuera por no quedar mal 😉 Y así poco a poco volvimos a coger fondo hasta que llegó septiembre…

Septiembre fue la locura personificada en nuestras vidas

Por temas personales decidimos mudarnos de la noche a la mañana a mi pueblo en La Alpujarra. La cosa no quedaba ahí. Había que reformar la casa donde vivimos y seguir subiendo dos veces a la semana a Madrid por trabajo. Al final había que sacar algo de la ecuación porque no podía más. Literalmente no tenía fuerzas y mi cuerpo lo estaba empezando a pagar así que, efectivamente, lo que eliminamos fue correr.

Cada día que pasaba sin correr me sentía culpable y veía como la fecha de la Behobia se acercaba. Es más, de ahí hasta la Behobia creo que habremos entrenado como 5 o 6 veces como mucho… Sí, una temeridad.

Miedo, mucho miedo

Después de no haber entrenado prácticamente nada estaba cagada de miedo pero tampoco quería no intentarlo. Ese propio miedo hizo que estudiara el perfil al completo de la carrera –cosa que nunca antes había hecho–, revisara el tiempo veinte veces y me aprendiera hasta los puntos donde se podía abandonar…

No dejaba de pensar que si había conseguido terminar tres medias maratones y dos carreras de 19 km en plena primavera con las cuestas que hay en mi pueblo podría acabar la Behobia. Cuando nos inscribimos la idea era hacerla en 2 horas. Cuando vimos el panorama que teníamos el objetivo fue más sencillo: modo disfrutón.

Para colmo la noche previa tuve una intoxicación involuntaria de gluten y se me adelantó la regla. ¿Qué más podía pedir? Me levanté encontrándome fatal y con el estómago muy revuelto. Miré a mi compañero de aventuras y a los amigos que nos habían acompañado y dije «no les puedo fallar». Me calcé las zapatillas y al tren que nos fuimos.

Behobia, la mejor carrera de mi vida

Quién me iba a decir a mí que teniéndolo todo en contra en un primer momento la Behobia iba a ser la mejor carrera de mi vida. Eso no lo sabía en el arco de salida y los nervios y las ganas de llorar de la emoción eran más que evidentes. El ambiente era una auténtica pasada. Miles de voces gritando bajo la tímida lluvia, brutal.

behobia

¡Arranca la carrera! Nosotros íbamos sin reloj porque nos lo habíamos olvidado en casa… pero sí que llevamos la app de Nike no por tener controlado el tiempo, sino por registrar la carrera.

Cuando empecé a correr todo ese miedo se convirtió en felicidad. Mi cuerpo respondía y no podía dejar de sonreír. No he corrido nunca sonriendo tanto. Fue mágico. Los aplausos de la gente desconocida, los niños con sus manos para chocar, la música y un paisaje increíble me dieron un subidón tremendo.

Mi compañero de aventuras iba callado, más de lo habitual. Yo no dejaba de cantarle, decirle que mirase el paisaje, la gente y le iba contando dónde estaban los puntos jodidos. Hubo un momento que ni él recuerda que me dijo que no le hablase. Iba tocado. Yo tenía energía por los dos así que por primera vez iba a ser yo quien tirase.

Pasaban los kilómetros, las cuestas y a mí no me pesaba nada. Íbamos a un ritmo muy cómodo, alrededor de 6:30, y me sentía pletórica, tan inmensamente feliz que en algún punto me costó no comenzar a llorar.

Me acordé de muchísima gente mientras corría. Sentí su calor y sus ánimos. Esa era mi carrera. Estoy convencida de que hubo dos factores clave. Uno, que me daba igual el tiempo. No tenía expectativa alguna por la carrera porque llegaba con todo en contra así que hiciera lo que hiciera me valía. Y el segundo, el frío.

Cuando corro con frío tengo un chute de energía extra. Mi cuerpo se queda siempre a la misma temperatura, fresco. Apenas sudo y bebo agua para mantenerme bien no porque me sienta que no puedo con la vida. Esas sensaciones tan positivas me dan alas en la cabeza y cuando empiezan a doler las piernas mi cabeza tira con muchísima fuerza.

Solo la cuesta del kilómetro 16 al 17 se me hizo un poquito larga. Una vez superada una sonrisa todavía más grande. Solo había parado en los puestos de beber agua porque no sé beber en vaso y correr, para lo demás no me había hecho falta y mi cuerpo no lo quería.

Él lo pasó realmente mal con la rodilla del 18 al 20. Lo vi sufrir como nunca y saqué fuerzas por los dos. No dejé de animarle en ninguno de esos metros. No me callaba y cuando él se paró y me dijo «sigue tú» mi respuesta fue clara «somos un equipo, llegamos juntos».

Tiré con todas mis fuerzas de él como tantas veces él había hecho por mí. En la última curva empezamos a ver el mar, ¡qué momento! «Amor, mira, el mar». Ya me he puesto a llorar otra vez… y eso que ahora solo lo estoy escribiendo. Han sido tantas emociones, tanta lucha.

Encaminamos la recta. La gente, al ver su dorsal, no dejaba de gritarle «Vamos». Yo iba con una sonrisa de oreja a oreja, nos quedaban 500 metros y la Behobia sería nuestra. A falta de 200 metros nos dimos la mano y no nos soltamos. Juntos cruzamos la meta porque juntos somos más fuertes.

Correr la Behobia ha sido un regalo y me ha vuelto a recordar muchas cosas.

    1. Soy más fuerte de lo que a veces pienso.
    2. En los peores momentos me crezco.
    3. Amo correr y lo estaba olvidando.
    4. El frío es mi gran aliado.
    5. Correr en sí mismo es un regalo.

Esta carrera se la dedico a todas las mujeres que luchan cada día con una sonrisa enorme por muy jodidas que sean sus circunstancias. Lo bonito de la vida no es no tener problemas, sino saber cómo sacar una sonrisa sincera cuando lo más fácil sería llorar. Esta carrera va por ti, Mónica.

Gracias por dejarme besarte con letras. Espero que a ti también te pirre la vida 😉

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Amor sin fin: Bienvenidos a la coñocracia

amor sin fin
Quiérete mucho y bien.

Amor sin fin, qué bonito propósito, ¿verdad? El sábado tuve el placer de disfrutar de la obra de teatro musical Abandónate mucho: Bienvenidos a la coñocracia protagonizada por Las XL en el teatro municipal de mi pueblo, Órgiva. Me entusiasma ver que cada día se organizan más actividades culturales y deportivas en el lugar que crecí, ¡querido pueblo, que el ritmo no pare! Porque vivir en un pueblo no significa no hacer nada, aunque de eso ya hablaré otro día.

Quiero poner todo mi foco en esta obra feminista. Un mensaje claro: amor sin fin, pero del bueno. Casi todas nosotras hemos crecido con la idea del príncipe azul, de tener que ser preciosas, delgadas y perfectas para gustar y que nos quieran. Porque, amiga, como te salieses del camino, ¿quién te iba a querer? En algún punto hemos llegado a perder la identidad para arrastrarnos por la moda de turno, por ser «modernas» y nos hemos olvidado de algo básico: a la persona que tienes que querer más es a ti misma.

Ironía con un trasfondo profundo

Las XL hicieron vibrar a un teatro abarrotado con un mensaje transmitido con ironía y mucha gracia. Estuvieron sembradas. Acciones de este tipo no se tienen que quedar ahí, tienen que traspasar las capas más gruesas y calar hondo. «¡Dejemos de justificarnos!» gritaban y eso me hizo recordar muchísimas situaciones que seguro que has vivido alguna vez.

    1. Meter tripa hasta la saciedad porque estás hinchada o porque has engordado y ese vaquero ya no cierra igual.
    2. Achacar a la regla, enfermedad o cualquier otro malestar el estar con mala cara, de mal humor o con un grano gruñón.
    3. Poner excusas porque simplemente no te apetece salir y punto.
    4. O no salir directamente porque no te has depilado.

No seas tu pesadilla, sino tu mejor sueño

Podría enumerar infinidad de situaciones. Es fascinante que somos las dueñas de nuestro propio camino y a la vez las únicas que parece que no lo vemos. Nos conformamos con lo cómodo, con lo establecido para no luchar y no dar explicaciones. ¿De verdad, tenemos que darlas?

Como decían Las XL, no tenemos que hacer un sinfín de terapias, deportes o cambios de armario para cuidarnos y querernos. Hay que empezar por lo básico respetarnos y no fustigarnos. Amor sin fin, pero del bueno.

Y sí, sé de lo que hablo porque soy una experta con el látigo conmigo misma. Soy muy exigente y ahora que estoy sumergida en el mundo freelance muchísimo más. Lo que hace el resto me parece razonable y suficiente pero yo por muchas horas que trabaje, objetivos cumplidos y demás historias siempre me parece poco. Ese rum rum constante «no soy suficientemente buena», «tenía que haber hecho mejor aquella cosa», «tengo que trabajar más horas»… es un daño mental que no lleva a ningún sitio. Estoy convencida de que, lamentablemente, demasiadas mujeres también lo hacen.

Es triste que cuidarse a sí misma se considere egoísmo, pero aún así, seamos egoístas. Cada una de nosotras somos maravillosas y no necesitamos 20 títulos, 1 Ferrari, 7 baños en la casa y 1 mayordomo en la puerta para ver que somos alguien espectacular. Te invito a que reflexiones y mires desde fuera cómo te hablas, qué piensas de ti. No seas tu peor pesadilla, sino tu mejor sueño 😉

Y recuerda: amor sin fin, pero del bueno.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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No ser Superwoman también es la caña

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Superwoman: Caricatura cruel que hemos implantado en nuestro día a día para sabotear el autoestima y energía de las mujeres auténticas y reales.

Mi día a día este último mes se puede definir entre caos y mi vida metida en cajas. Septiembre ha sido uno de esos meses peleones y en los que de nuevo me he reafirmado que los planes, la mayoría de veces, valen para poco.

Una mudanza decidida de la noche a la mañana de Madrid al pueblo, reformar la que ahora es nuestra casa y montar una oficina no son precisamente tareas que se quiten de la dichosa lista must be done muy fácilmente. Es más, seguimos con nuestra vida metida en cajas y la casa a medio terminar.

¡Sobreviviremos!

Lo «gordo» ya está listo, solo falta ponerlo todo bonito porque el hogar ya lo llevamos de serie. Pero aquí lo importante no es si me he enamorado de una butaca monísima a la vez que cara para la casa, lo realmente crudo es cómo maltratamos nuestro cuerpo para intentar llegar a todo.

No ser Superwoman también es la caña

    1. Tengo un reto personal, correr la Behobia en menos de 2 horas. Llevo tres semanas sin poder salir a correr, no por falta de tiempo, sino de energía. La primera semana estaba muy agobiada porque no estaba entrenando. Lo que tenía que ser un reto divertido y de superación me estaba empezando a amargar. En ese momento lo calificaba como algo «muy importante» pero, ¿realmente lo es? En cierto modo, sí es muy importante para mí pero no tanto como para jugarme la salud. Voy a intentarlo pero con cabeza y siendo consciente de que no he estado precisamente tocando las palmas en el sofá.
    2. No solo comas, nutre tu cuerpo. Esto sí que ha sido un cachondeo padre. Toda esa dieta equilibrada por la que abogo y que habitualmente practico, se ha ido de paseo por La Alpujarra porque lo que es en mi casa, no ha parado. La cantidad de patatas, pelotazos y demás guarrerías que he ingerido no son ni mucho menos sanas pero el nivel de estrés que tenía tampoco. ¿Me martirizo por haber perdido el control? Pues chica, no. Bueno, para serte sincera hay días que sí. Creo que nos fustigamos continuamente porque no hemos comido tal cosa o hecho tal otra. Me parece que es más interesante analizar la situación y ver si es algo habitual o un pico de excesos en un momento determinado. ¡Rutina, ven a mí!
    3. Duerme mucho. Cuando te dicen que el descanso es clave asientes con la cabeza pero por dentro sabes que dormir, lo que se dice dormir, estás durmiendo poco. Cuando estoy tan nerviosa no puedo dormir. Hay gente que le da por comer, le duele la tripa o cualquier otro síntoma. Yo directamente no puedo dormir, ni siquiera la siesta. Sigo siendo una mezcla entre arrastrarse por las esquinas y oso panda pero por lo menos los niveles de estrés vuelven a bajar. Por favor, que sean por mucho tiempo.
    4. Decir que no da gustazo. En septiembre tenía bastantes eventos que no me quería perder por nada del mundo y al final dije que no a todos. Repito, no tenemos que ser superwoman ni estar comparándonos continuamente hasta qué límites llegan los demás. Reconozco que alguna vez he pecado y no me ha hecho más feliz, todo lo contrario. ¿Por qué será que nos gusta tanto ver todos nuestros aspectos negativos en vez de todo lo que hemos conseguido?

Olvídate del mundo, céntrate en tu mundo

Esos son solo una mínima parte de los sentimientos de culpa que he experimentado en este mes. Parece que nacemos programadas con «si no llego a tal cosa es que no soy lo suficientemente buena». ¡Joder! Basta ya de putearnos a nosotras mismas.

Estoy cansada de juzgarme, de ver cómo mis amigas o mujeres más cercanas son presas de la culpa continua y no nos damos cuenta que no hay mayor carga que la mental.

Cuando he acabado una media maratón o un entrenamiento muy duro, me he tumbado en el sofá o he ido al fisio y como nueva. Sin embargo, cuando tenemos un taladro continuo en la cabeza por mucho sofá, pelis, palomitas y demás estímulos positivos que le quieras dar a tu cuerpo, ese machaque no se detiene y te consume.

No recuerdo estar tan cansada como ahora. La mudanza, la reforma, tener un negocio recién parido cansan pero lo que más me ha agotado es el run run continuo en la cabeza, la maldita lista de tareas pendientes.

Valemos más que un lista de tareas

Muchas sois madres, tías o tenéis a personas a vuestro cargo pero que nunca se nos olvide que ante todo somos mujeres. Mujeres que luchan cada día por ser mejores, mujeres que quieren ser felices, mujeres que deben cuidarse porque señoritas, que no se nos olvide que si nosotras no nos cuidamos, hincamos el pico.

Ojalá las próximas conversaciones que tenga con mis chicas favoritas no vengan marcadas por frases como «no me da la vida», «no tengo tiempo ni para respirar»… Así no vamos a ningún sitio, bueno sí, al lado oscuro y feo de la vida.

Me pirra la vida, creo que es maravilla y que chicas, a veces nos comemos tanto el tarro que el bote se queda demasiado seco.

¿Tú también eres una fustigadora contigo misma? ¿Vives pegada a una lista de tareas pendientes?

Siempre, gracias por dejarme besarte con letras. Y hoy además, te beso un poquito más fuerte porque eres simplemente maravillosa.

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