El club de los idiomas, ¡mi propia academia!

Academia el club de los idiomas

El viernes fue uno de esos días que se subrayan en fluorescente y con purpurina en el calendario. ¡Por fin inauguramos El club de los idiomas! Después de muchos meses trabajando duro y visualizando fuerte este espacio, se había convertido en realidad.

Una reforma integral del local

La academia no puede tener mejores raíces. Esta era la casa de mis abuelos paternos, el hogar del amor de mi vida, mi abuelo Fernando. Te puedes imaginar que las vibraciones que hay en estas paredes rezuman amor y positividad. Por mucho que hubiera buscado no habría encontrado un local mejor que este.

La reforma se me hizo eterna. Hemos añadido otro baño al que ya teníamos para personas con movilidad reducida. El suelo, las paredes y las puertas lucen nuevas. A mí me encanta el equilibrio que hemos conseguido con los colores: gris, blanco, rosa palo y amarillo. Además, de unos toques de verde gracias a las plantas que hay salpicadas por distintos rincones.

Antes de la reforma
Después de la obra

Es entrar aquí y me siento muy cómoda trabajando. Las ganas se multiplican y la concentración se potencia y eso lo necesitaba. Los últimos meses me he ido arrastrando por cualquier esquina y aunque disponía de mucho tiempo para continuar con el blog, la novela y demás encargos, no tenía energía.

Ahora puedo volver a retomar la rutina y todos esos proyectos que tuve que dejar a un lado.

El club de los idiomas, aprende divirtiéndote

Ese es el lema de esta academia y el mío propio. En este proyecto yo soy la voz cantante pero Loren es otra pieza importante. Él me va a ayudar con la web y el blog porque en un futuro no muy lejano quiero poder compartir recursos, técnicas y consejos para que aprender sea una fiesta.

De ahí que las clases sean pequeñas, no más de cuatro alumnos, y muy dinámicas. No creo en la educación de «con sangre la letra entra». Las emociones son la clave y quiero que los alumnos, ya sean adultos o niños, tengan ganas de seguir fomentando su curiosidad.

Una celebración por todo lo alto

Como te contaba al principio de este post, el viernes abrimos las puertas. Me sentí muy orgullosa y emocionada de poder compartir con el resto de personas este pequeño templo. Sentí fuerte cada abrazo, cada palabra e incluso cada mensaje de aquellos que no pudieron estar piel con piel.

Cuando me preguntaron si estaba nerviosa solo pude decir que no. Que lo que estaba es realmente feliz. Emprender es tremendamente difícil pero me siento arropada en esta aventura y eso insufla todavía más coraje.

El fin de semana seguimos con la fiesta a nivel familiar y de amigos. Muchos de ellos recorrieron cientos de kilómetros por estar con nosotros en esta fecha. Vinieron de Madrid, Almería, Murcia… ¡Cómo no iba a estar contenta si mi tribu estaba allí!

la tribu de el club de los idiomas

Queda mucho trabajo por delante y me siento preparada para enfrentarme a ello.

Gracias por acompañarme también en este nueva andadura.

firma


Seguir leyendo

Milla urbana de Ugíjar y 10K trail en una tarde

milla Ugíjar, vistas desde el monte Corazón

Hace un par de semanas comenzó la primera liga de milla urbana de la provincia de Granada. El pistoletazo de salida se celebró en mi pueblo y solo por eso me animé a participar. Quién me diría que días después acabaría disputando otra milla y un trail de 10K en la misma tarde.

Si queremos que, especialmente en los pueblos, se realicen actividades los habitantes debemos involucrarnos. Por eso, a pesar de que la velocidad de la milla no es lo mío, me calcé las zapatillas sin dudarlo.

Puse mi cuerpo al límite con la milla

Los 1.609 metros de la milla pusieron mi cuerpo al límite y eso me encantó. Ugíjar, pueblo de La Alpujarra baja en el que disputaba la segunda prueba, nos pilla bastante cerca. Además, la misma tarde que la milla se celebraba otra carrera de trail.

Nos lanzamos de cabeza.

La milla de Órgiva era más planita pero la de Ugíjar tenía una cuesta prolongada al final de cada vuelta. Los nervios se tornaron una bola que se movía sin control por mi estómago. Sentía como las nauseas me doblaban en el arco de salida.

Es algo que no puedo controlar. Los nervios al colocarme un dorsal se aceleran pero en la milla se disparan sin control. Es probable que no tenga sentido. No soy atleta profesional ni pretendo serlo. Sin embargo, soy competitiva. Creo que la competitividad me ayuda a mejorar, a no conformarme y por eso no me avergüenzo de ello. 

3, 2, 1… arranca la milla de Ugíjar

Éramos cinco chicas en la categoría senior. En cuanto la pistola rugió salieron con fuerza. Soy una persona muy observadora y me había fijado en que los atletas que ganaban no eran los que iban en la posición dominante durante la primera vuelta.

Quería adelantarlas pero también sabía que si empezaba a apretar ya no llegaría ni a completar dos vueltas. Me pegué a ellas y en la última vuelta aceleré.

Iba la segunda y podía escuchar sus respiraciones como si estuvieran justo en mi nuca. Solo pensaba en no bajar el ritmo, solo quedaba la temida cuesta y podría descansar.

A falta de escasos 100 metros me pareció escucharlas más cerca. Sentía que la boca me sabía a sangre y mis pulmones estaban ardiendo. No iba a parar. 

Todavía no sé de dónde saqué la fuerza. Imagino que esa vena competitiva fue la culpable. En la última curva apreté todo lo que pude, no pensaba dejarme ganar por tan poco.

La satisfacción al cruzar el arco de meta fue doble. Por una parte no había perdido el control y aunque me cabeza me gritaba que parase, que no podía seguir más, no le hice caso. Creí en mí.

Y por último, había conseguido bajar casi un minuto con respecto a la prueba de Órgiva. Puede parecer algo irrelevante pero en una prueba tan corta es todo un mundo.

milla Ugíjar

Me reafirmé, me apasiona la montaña

Dos horas después volvíamos a ponernos el dorsal. Todavía podía sentir el esfuerzo de la milla en el pecho junto con algún que otro pito del asma. Los 10km que teníamos por delante pensaba tomármelos con mucha calma. 

Habíamos visto el perfil de la carrera, ¡qué ingenuos! No teníamos ni idea de lo que nos esperaba. Para mi compañero de aventuras era su primera prueba de trail y para mí, la segunda. Entrenamos habitualmente por caminos, cuestas pero no con ese perfil.

Cruzamos varias veces un río, incluso durante un trocito estuvimos corriendo río arriba. Las subidas eran muy pronunciadas y las bajadas tampoco se quedaban atrás. Estaba siendo una prueba durísima y a la vez emocionante.

Fue la confirmación de que me resulta mucho más interesante correr por montaña que por asfalto. Los sentimientos y vivencias que experimento mientras me adentro en los senderos y cuestas son potentes. Tanto que a pesar de la fatiga no puedo dejar de sonreír. Y si hablamos del regalo de las vistas a la palabra hermoso le faltan matices.

El trail me fascina pero a la vez me resulta bastante más complicado entrenarlo. Me aterra adentrarme sola por la montaña, no porque me suceda un accidente sino por quién me pueda encontrar allí. Por eso el asfalto sigue siendo el epicentro de mi mundo runner. 

Deseo tanto poder encontrar la forma de adentrarme todavía más en la montaña… 

Dos premios más allá del metal

premio de la milla urbana de Ugíjar

En la prueba de trail acabamos los últimos de la clasificación general pero obtuve el tercer puesto de mi categoría. El orgullo de estas pruebas no es el metal que ahora brilla en las estanterías del salón, sino el no haber tirado la toalla.

Durante la prueba de montaña no faltaron los instantes, sobre todo cuando volvíamos a entrar al pueblo en el kilómetro 6, de abandonar. Me molestaba la rodilla derecha, estaba cansada y tenía muchísimo calor. Los pensamientos recurrentes diciéndome «teníamos que haber hecho la de 5km» también hicieron su presentación.

Ninguno de ellos pudo tumbarme esta vez y ese es el gran premio.

Mi cabeza me ha jugado demasiadas malas pasadas en otras carreras. Una situación personal complicada se colaba sin invitación en carreras con las que llevaba soñando meses. Ahora me siento más fuerte y aunque Ugíjar no estaba dentro de mis objetivos deportivos, ha sido una sorpresa de lo más placentera.

Solo puedo decirte una cosa, tu cabeza no lleva siempre la razón.

Descubre otras aventuras en zapatillas. Y si lo que buscas es inspiración para estas vacaciones no te pierdas la sección de libros 🙂

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma

 


Seguir leyendo

Enamorada de mis canas. Mi revolución personal

Con mi compañero de aventuras 🙂

Tengo canas desde los 18 años y hasta noviembre del año pasado me teñía casi cada tres semanas. Lo que empezó siendo una gracia de poder ir a la peluquería y probar distintos tonos, acabó convirtiéndose en la peor de las pesadillas. Me sentía esclava de mi pelo, de mis canas.

Mi pelo crece a una velocidad increíble. Supongo que algo ideal para mantener una melena tan larga como Rapunzel. Sin embargo, un castigo si quieres mantener escondidas esas hebras plateadas y blancas que adorna la cabellera. Siempre he intentado tomármelo con humor.

Mis amigas todavía no tienen canas y mucho menos cuando estábamos acabando el bachillerato. Intenté pensar que ellas habían sufrido los granos en la pubertad y que mi penitencia llegaba con las canas. Una especie de equilibrio absurdo. Por más que intentara buscarle un lado positivo, se iban amontonando granitos de sentimientos no del todo brillantes. Hacía malabares para ocultar con flequillo y peinados distintos la verdad de mi pelo.

No quería ser diferente a las demás mujeres. Me he criado como tantas otras con la idea incrustada en el disco duro de que las canas son síntoma de mujeres viejas y descuidadas pero de hombres con un «yo que sé» de lo más erótico festivo.

Y me da mucha rabia.

Me ahogaba en un mar de incomprensión propia

El agobio al ver cómo mi pelo cambiaba cada vez más rápido y que la sensación asfixiante de no poder hacer nada por más tintes, mechas y productos que probase, me estaba consumiendo. Recuerdo pasear por Cracovia en septiembre del año pasado con una idea que buscaba materializarse en realidad.

Mi cabeza solo veía que de nuevo tenía las raíces blancas a pesar de que me había teñido antes de salir de vacaciones. Todos los vídeos que quería haber grabado allí para el canal no los llevé a término por las canas. ¡Cómo iba a salir así!

Empecé a obsesionarme analizando el pelo del resto de mujeres con las que me cruzaba mientras intentaba buscar una respuesta. Una afirmación que diera aire a esa angustia que me comía por dentro. 

Y la obtuve. Pero no llegó de fuera sino de dentro.

En uno de nuestros paseos por esa bellísima ciudad lo decidí. Después de casi 10 años de químicos, iba a desvelar quién era mi pelo real.

Cómo me dejé las canas

Me defino como una persona intensa y a veces no tengo término medio. Cuando tomé la determinación de ver mis canas libres por el mundo también aseguré que no sería un proceso lento.

Llegué a mi peluquera y le dije con toda la confianza del mundo «rápame la cabeza». Creo que es la primera vez que cuando acudo a una peluquería le temen a cortar demás. Es cierto que ya antes de irme de vacaciones había dado un primer paso, de media melena a corte de chico pero lo que pedía ahora era un rapado al dos.

Cedí en cuanto al número pero dos cortes de pelo después mi belleza real empezó a florecer.

Nunca me he sentido más fuerte y con el autoestima más segura. Ha supuesto la guinda a una revolución personal.

Había pasado de tocar un fondo oscuro y doloroso a sentirme una mujer con ganas de comerse el mundo. Y todo comenzaba por aceptarme tal y como era.

Evento de escritores molpecon
Evento Molpecon

He sufrido críticas

Aunque me daba igual la opinión externa, me sorprendió muy gratamente cómo incluso mujeres con las que no he hablado en mi vida me paraban por la calle para preguntarme por mi pelo. Me aseguraban que estaba preciosa, que tenía una luz diferente y que para ellas, era toda una valiente.

No me he sentido valiente como tal pero sí que he tenido que enfrentarme a las barreras limitadoras. Todavía las mujeres vivimos como esclavas a lo que se refiere a nuestro cuerpo. Luchamos contra nuestra propia naturaleza por conseguir el cuerpo de una barbie desfasada. Y qué pena… porque nos perdemos en el camino.

De esa píldora que nos hacen tragar han surgido algunas críticas directas. Me quedé perpleja cuando una señora se acercó y me soltó en toda mi cara y sin remordimiento: «No entiendo cómo no te da nada dejarte las canas, vas a parecer más vieja. ¡Qué horror!»

Con toda la serenidad y convicción del mundo le mostré mis argumentos. El respeto ante todo, incluso cuando se atreven a cruzar el límite de lo privado. No llegó a responder. Me volvió a mirar y se fue.

Otro encontronazo lo tuve con un hombre, y más de lo mismo. Hay momentos en los que me duele que mi valía como mujer se vea condicionada simplemente por el color de mi pelo. No obstante, agradezco ser quien soy y el camino que me ha llevado a la fortaleza que ahora siento.

Decide con libertad el color de tu pelo

Yo defiendo mis canas y el hecho de poder decidir libremente. Me parece igual de maravilloso que una mujer se tiña como que le de rienda al plateado siempre que la decisión venga de la libertad. Nadie debería imponernos nada. Ni una talla, ni un color de pelo, ni un estilo de vida.

Nosotras somos las que tenemos que aprender a escuchar por qué tomamos una decisión y no otra. Qué nos pide el cuerpo en cada momento y recordar que igual que en este instante podemos pensar una cosa, en unos días, meses o años podemos cambiar a lo contrario.

Y todo sigue estando bien.

Porque siendo nosotras mismas es como conseguimos vivir sin remordimientos ni miedos absurdos. No soy la única que ha dado el paso, Ana, una chica maravillosa que encontré en Instagram también ha dado el paso y te lo cuenta en su blog.

Sí, hay una cosa que todavía tengo pendiente, actualizar mis fotos del blog luciendo orgullosa de mis canas 🙂

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Media maratón de Sevilla, 10.000 corazones al trote

media maratón Sevilla

Correr una media maratón va más allá de los 21.095 metros. Es aunar en unas horas una bomba de emociones. Porque cada uno de los que nos colocamos el dorsal y nos plantamos en el arco de salida llevamos una historia distinta detrás.  Superación, esfuerzo, constancia, alegría son algunas de las medallas que todo corredor ya ha ganado incluso antes de empezar.

Para mí correr es la mejor forma de mantener la calma. No solo me ayuda a controlar las emociones sino también a decirme a mí misma todo lo que puede conseguir mi cuerpo sin importar qué número indica una talla.

Media maratón de Sevilla

Cuando daba vueltas al campo de arena frente a mi residencia de Braga solo quería perder peso. Unos kilos que quizás solo yo veía porque cada vez que veo alguna foto del pasado me dan ganas de gritar:»¡qué alguien le diga a esa chica que no está gorda!

Ahora soy capaz de disfrutar de la distancia, de querer más. Llegar a la media maratón de Sevilla era un regalo. De hecho, correr siempre lo es. La ciudad brillaba con una luz intensa realzando los colores que se reflejaban en el Guadalquivir. Sevilla es una ciudad preciosa por la que da gusto adentrarse sin rumbo. Me siento muy afortunada de haber podido disfrutarla a golpe de zapatilla, sin coches, solo aplausos.

Cada vez que me sitúo en un arco de salido una oleada de electricidad recorre sin piedad cada poro de mi piel. Es como si pudiese sentir el latido y la energía de cada persona de mi alrededor. A veces es tan abrumador que no soy capaz de contener alguna que otra lágrima incluso antes de empezar.

¡Estamos aquí, podemos correr y es la caña!

Correr sin tiempo

Creo que una de las mejores cosas que me pasó durante la media maratón de Sevilla fue no llevar reloj y que el GPS de Strava no cogiese mi ubicación. Avanzaba por las calles sin tiempo, solo sensaciones. Durante los primeros cinco kilómetros, mi compañero de aventuras y yo estuvimos codo con codo pero llegados a ese punto le dije que siguiera camino sin mí.

Él es bastante más rápido que yo y además, se está preparando el medio Ironman de Marbella. Así que necesita un entrenamiento y unos ritmos diferentes. Siempre nos damos un beso antes de salir y otro al cruzar el arco de meta. Es nuestro pequeño ritual junto con mis bailes caribeños para calentar. Cuando nos despedimos en algún punto ese beso pasa por un roce de manos que sacude igual de fuerte.

Los quince kilómetros siguientes fueron distintos entre sí. Me encanta dividir una media maratón en dos carreras de 10. Me ayuda en los momentos duros a no venirme abajo. En el caso de Sevilla la carrera constaba de dos vueltas diferentes pero con cuatro kilómetros de punto en común. Mi teoría me venía perfecta.

En la adversidad es cuando aprendemos

La primera vuelta fue genial. Me iba empapando con los ánimos de una ciudad volcada. El calor de los valientes que deciden no escuchar al sofá. Sin embargo, la segunda vuelta se encrudeció.

Cometí un error garrafal. Llevaba unas semanas con la transición de las plantillas. Tengo la pisada tan sumamente desviada que el dolor en la cadera llega a ser insoportable si no las llevo. Todavía no tenía permiso para correr con las plantillas nuevas, debía seguir con las viejas hasta encajar las otras. Y la lié.

Tenía que haber estado los días previos a la media maratón también con las viejas y se me olvidó. En cuanto metí el pie a pocos minutos de salir del hotel caí en la cuenta. Desde ese momento sabía que tendría problemas.

En el kilómetro 13 empecé a notar el cuádriceps derecho molestias. Intentaba calmarme diciéndome que ya había pasado más de la mitad de la carrera, que en menos de una hora tendría un abrazo enorme en meta esperándome. Sin embargo, en el quince me vine abajo.

El músculo me tiraba muchísimo y por más que me detuve a estirar, no aflojaba. El buen ritmo que llevaba se redujo hasta quedar casi andando. Era como si un millón de agujas se clavaran a la vez. Lo peor llegó en la parte de adoquines. El pie pisaba raro al estar en una zona irregular y el dolor se intensificaba.

Estaba desesperada, no me podía creer cómo se me estaba complicando la carrera. Cada metro era un esfuerzo brutal pero jamás pensé en abandonar. Como tuvimos la suerte de adentrarnos por pleno centro de Sevilla me dije que ya que iba a un ritmo de tortuga viejuna que por lo menos levantase bien la cabeza para contemplar cada edificio maravilloso.

Lo mejor, recorrer Plaza España

Cuando entré en Plaza España quedaba algo menos de un kilómetro para terminar y fue el momentazo. Se me erizó hasta el alma al entrar en una de las plazas más bonitas del mundo. Por unos instantes se me llegó a olvidar el dolor, solo podía sonreír y dar gracias por poder vivir algo así.

La vida nos da regalos, solo hay que saber quitarles el lazo.

Con el último giro enfilé la recta de meta. Llegaba completamente dolorida y agotada. No era capaz de mirar a mí alrededor para ver la cara de la gente que se dejaba la voz animando. Me recordó a mi primera carrera de 18,5km en mi pueblo.

Y lo vi.

Mi compañero de aventuras estaba en el arco de meta esperándome con la mayor de las sonrisas. Creo que el abrazo que nos dimos ha sido de los más sentidos. Rompí a llorar con el primer roce de sus brazos sobre mi cuerpo. Y así estuve unos minutos hasta que fui capaz de volver a hablar. Lágrimas por el dolor, por la emoción, por el orgullo de haberlo conseguido.

Correr siempre será un recordatorio de todo lo que soy capaz de lograr con paciencia, esfuerzo y pasión.

media maratón Sevilla

Gracias por dejarme besarte con letras.

Descubre más historias de vida en positivo aquí.

firma


Seguir leyendo

Balance de 2018: Año viajero y con decisiones

balance del año 2018

Durante mucho tiempo tuve la impresión de que los años pares no eran los que más suerte me traían. Quizás porque eran años en los que tenía que tomar decisiones y no siempre es tan fácil como si el chocolate te gusta con almendras o sin ellas. Ahora con perspectiva, creo que no tengo quejas de 2018.

Las sillas vacías siguen estando presentes pero lamentablemente ningún año podrá llenarlas. Prefiero saborear los instantes en los que si tuvieron alma y no el vacío con el que relucen ahora.

He llegado al final de 2018 agotada, tanto que ni he sido capaz de mantener el calendario de las últimas semanas ni correr una San Silvestre.

2018 me ha resultado tan intenso que se podría convalidar por dos.

Un año viajero

31 día sin Instagram

Ha sido el año que más he viajado. He visitado 8 países (Holanda, Austria, Francia, Italia, Hungría, República Checa, Polonia y Portugal) además de unas cuantas escapadas nacionales. En cada uno de estos lugares algo me hizo «click» y cada viaje desencadenó una decisión.

Sin duda, de la que me siento más orgullosa ha sido de dejar mi melena con su belleza real. Recuerdo que en Cracovia no podía quitarme de la cabeza la idea de acabar con la esclavitud del tinte. Ahora tengo el papel gris con la zona de la frente casi blanca y me veo más guapa que nunca.

Me siento completamente libre y esa sensación es lo que ha hecho que la expresión de mi cara cambie. No nos hace más bellos un color u otro sino saber que hacemos cada cosa siendo fiel a nosotros mismos.

52 libros acabados y alguno que otro más empezado

Para mí viajar es como leer el mundo.

Me siento eternamente agradecida de poder descubrir nuevas culturas y que eso no solo me permita ver la belleza del resto del planeta sino ser mejor persona. Con los libros me ocurre lo mismo.

Leer es una oportunidad de conocernos. De buscar en las experiencias de otros algo que en la nuestra se atasca. He leído bastante, pero el número en sí me da igual. Es cierto que siempre intento ir más allá pero no elijo los libros porque sean más finos y que así contabilice más como he escuchado en otros casos.

La lectura es magia y ojalá atraviese fronteras físicas y mentales. Me encantaría que las estadísticas tan desalentadoras cambien y todos acabemos el año con al menos un par de libros disfrutados. Recuerda que la cultura también nos hace libres.

Tres de mis libros favoritos de este año han sido: El Cuarto Mono, Todo esto te daré y Mi planta de naranja lima.

Ha crecido la familia

Nuestra pequeña familia ha ido creciendo con los meses y ahora somos cinco. Algunas voces me dicen que son demasiados animales en casa. A mí no me lo parece porque tengo la suerte de vivir en mitad del campo con una finca bastante grande en la que corren y juegan sin ataduras.

No podré salvar a todos los animales del mundo pero sí que haré todo lo que esté en mi mano. Otto, Bella y Blanca no son simples perros, son parte de nuestra familia. La alegría que manifiestan cuando nos ven llegar, el cariño que nos dan traspasan el corazón. Ni este ni ningún otro año entenderé que existan seres capaces de hacer daño a un animal.

Mi primera carrera internacional

media maratón de Budapest

El running es otro de los elementos que nunca puede faltar. Conseguí mi MMP en la media maratón de Barcelona. Una carrera a la que llegué sin expectativas y que fue una auténtica pasada.

Tengo un gran sueño a largo plazo que es correr al menos una carrera en cada continente. Este año di el primer paso y disputé mi primera media maratón internacional en Budapest. ¿Cuál será la próxima? Todavía está por decidir 🙂

También ha sido la primera vez que me he retirado de una carrera. La media maratón de Córdoba la empecé con muchos problemas y casi ni llegué al kilómetro 3. Aprendí que cuando el cuerpo y el clima dicen no es mejor hacerles caso.

El peor aspecto del running de este año fue un susto que me dieron corriendo sola por el campo. Eso ha provocado que no quiera salir sola por senderos y me da mucha rabia. Pero de momento todavía no me siento con la confianza de adentrarme en los caminos sin tener a alguien a mi lado.

Esto es lo único que echo de menos de la ciudad. Poder correr, por ejemplo, por el paseo marítimo a cualquier hora porque siempre hay gente. En fin…

Qué he aprendido de 2018

Como decía al principio, 2018 ha sido un año tan intenso que me lo podrían convalidar por dos. De hecho, hay momentos en los que hablo de algún hecho y tengo la sensación de que ocurrió hace un par de años y no durante estos 365 días. Esa intensidad me ha enseñado mucho:

  1. A ser más consciente de mis emociones y de los aspectos que las alteran.
  2. A arriesgarme a hacer lo que quiera aunque no tenga casi apoyos.
  3. Las piezas no siempre encajan a la primera pero llega su momento.
  4. Cuando me cuido bien se refleja en mi alrededor.
  5. Decir NO abre más puertas de las que cierra.
  6. Los grandes momentos no tienen fotos.
  7. Las personas que me quieren bien siguen a mi lado a pesar de la distancia.
  8. Correr sigue siendo mi elemento calmante.
  9. El miedo también es un gran guía.
  10. Planificar con flexibilidad y sin expectativas.

Qué espero de 2019

De el nuevo año que entra espero que llegue cargado de amor y salud. Sin ninguno de esos elementos la vida no brilla igual. Y a partir de esa base cumplir cualquier sueño es más sencillo.

Tengo dos proyectos profesionales en marcha. Mi primera novela de autoficción y la apertura de una academia de idiomas y escritura creativa en mi pueblo. Estoy muy emocionada e ilusionada. Son proyectos que llevaban demasiado tiempo en el tintero. Toda receta necesita su cocción 🙂

En cuanto al mundo del running, en menos de un mes tengo la media maratón de Sevilla. Voy sin expectativas después de los contratiempos de Córdoba. Que las zapatillas repartan suerte. Tampoco tengo ningún objetivo más en cuanto a carreras se refiere, pero sí que me gustaría bajar por fin de las 2 horas en media maratón.

Se avecina un gran viaje. Voy a cumplir en mayo 28 primaveras y será en Japón. ¡Tengo ansia viva por ir! El resto de aventuras surgirán sobre la marcha. Somos de impulsos 🙂

En definitiva, 2018 se va y me deja en calma. Espero que en 2019 siga floreciendo mi jardín interior.

Y tú, ¿cómo ha sido tu año y qué le pides al siguiente?

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Lo que aprendí en el evento de escritores Molpecon

Evento de escritores molpecon

Acudir al evento de escritores Molpecon fue una necesidad. Llevo años escribiendo pero nunca me lo había llegado a tomar en serio como profesión hasta hace unos meses. Simplemente era una vía de escape y pasión. De hecho, estaba escribiendo mi primera novela de autoficción en la sombra. No quería verbalizarlo porque para mí escribir es algo tan íntimo que me aterraba que fuera pisoteado sin piedad.

Molpecon me cambió la perspectiva

Aunque no lo parezca, a veces soy muy tímida. Llegué a Molpecon sin hacer ruido. Ocupé un sitio y no fui capaz de hablar con la chica que había a mi lado hasta pasadas unas horas. ¡Y eso que teníamos ya la pasión por la escritura en común!

La energía que cautivó la sala desde el minuto uno fue contagiosa. Una lluvia continua de emociones que aseguraba mis cimientos y me decía: sí, estás haciendo lo correcto.

Durante el evento aprendí aspectos muy interesantes e importantes en el mundo de la escritura como elaborar con destreza una carta de presentación para una editorial, la maquetación de los libros, cómo formar comunidad lectora con un blog, etc. Pero lo que quiero compartir es lo que aprendí a través del corazón.

Qué aprendí en Molpecon

  1. Todos tenemos miedo al fracaso y a la crítica destructiva incluso aunque llevemos una mochila de publicaciones ya puesta.
  2. Si no abre a la primera ni a la segunda ni a la décima, hay otra alternativa recalculando el camino.
  3. Una buena historia puede surgir de cualquier momento siempre que se cuente con corazón.
  4. Tratar a la escritura y a los lectores como si fueran las personas más importantes de nuestra vida.
  5. Escuchar atentamente no solo lo que nos dicen en los feedbacks sino también a nuestra intuición.
  6. No dejar de escribir aunque las emociones colapsen y no haya cientos de lectores detrás.
  7. Conocer y valorar las obras de los demás de forma sincera, no somos los reyes del castillo.
  8. Querernos con amor sano. Valorar nuestro trabajo y el esfuerzo que hay detrás.
  9. Pedir ayuda y consejo a otros que han conseguido alcanzar las mismas etapas no es caridad.
  10. Disfrutar del camino y mantener la mente abierta para no dejar de aprender jamás.

Las personas marcan la diferencia

Cuando terminó el evento, flotaba. Sentía que tenía que confiar en lo que estaban gritando mis entrañas y dejar de balbucear cuando me preguntan a qué me dedico. Pero todo este aprendizaje en el Molpecon no lo viví únicamente de la mano de los ponentes, sino de cada una de las personas con las que tuve el placer de charlar.

El amor con el que transmitían su camino y los consejos sin segundas intenciones fueron la guinda. Para mí fue clave sentir que nadie iba con aires de superioridad ni proyectando arrogancia. Todo lo contrario. Molpecon fue un ejemplo de compañerismo y ganas de que todos creciésemos sin mirar en el punto del recorrido en el que nos encontrásemos.

Compañeros, me distéis mucha fuerza ese día, espero haber conseguido que os llegara la mía. 

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Relatos, libros, reflexiones y un proyecto más

mi proyecto literario más personal

Descubrir, aprender, cambiar y vuelta a empezar es una de las premisas que marca cada proyecto en el que me meto de cabeza y llena de ilusión. Si no existe esa magia mejor ni empezar a sembrar un jardín.

Cuando lancé este blog hace dos años fue una vía de escape en la que a través de relatos, monólogos interiores y demás letras soltaba toda la carga física y mental que me estaba provocando la depresión. Ahora el horizonte lo estoy pintando con otras tonalidades diferentes y me gusta mucho más este cuadro.

El blog ha ido evolucionando conmigo, prueba y error continuo del que me siento muy satisfecha. Y de nuevo, un chute de energía bien canalizada me ha llevado a profesionalizarlo.

¿Cómo va a ser la programación?

Sencilla y llena de emociones. Un punto en común que he descubierto cuando me escribís es lo que os hace sentir aquello que publico. No os podéis hacer una idea de lo hermoso que es que alguien se emocione con palabras. Y encima que sean tuyas. ¡Me tenéis loquita de contenta!

Sois personajes protagonistas en esta aventura. Gracias 🙂

Lunes: Habrá un relato breve. Quiero que soñéis, riáis y porque no, podáis llegar a odiar a los personajes. Lo que no me gustaría es que os dejase fríos como los fresisuis de Apu.

Miércoles: Crítica literaria. Desgranar los libros, buscar una mirada más allá de la realidad. Me encantaría que vibréis y os zambulláis en nuevos géneros. Y para los que todavía no sois adictos a la lectura, ayudaros a cultivar ese amor.

Viernes: Reflexión de vida en positivo. Ejercitar el análisis crítico, plantearnos las preguntas de otra forma y llegar a reflexionar y cuestionar lo que percibimos cada día. El camino del aprendizaje nunca se debería detener. Es más, creo que mientras no perdemos la curiosidad nuestra mente no muere.

Mi proyecto más personal

Además, como diría la Pantoja, ¡hoy quiero confesar! Me falta el redoble de tambores pero ya no me puedo aguantar más. ¡Allá voy!

Uno de los proyectos más personales en los que me sumergido está cociéndose ahora mismo a fuego lento y con bien de especias.

Estoy escribiendo mi primera novela de autoficción. Ea, ya lo he dicho 🙂

No sé qué pasará con ella, si llegaré a publicar con una editorial tradicional o me decantaré por la autopublicación. Lo único que tengo claro es que esta historia la tengo que contar. Apela directamente al corazón y en parte esa carga emocional me abruma muchos días pero ver cómo va creciendo este pequeño bebé es un lujo.

Gracias de corazón por haber estado a mi lado durante estos años con este proyecto. Gracias por dejarme que os siga besando con letras y sobre todo, gracias por amar las historias.

¡Se me olvidaba! Os podéis suscribir a la newsletter para recibir toda la información antes y con detalles que no verán la luz fuera de esas cartas con amor que envío cada domingo.

Sois una parte fundamental del motor de este rincón literario.

Podéis leer algunos de los relatos ya publicados desde aquí.

firma


Seguir leyendo

Trabajar en pareja y no acabar en divorcio

trabajar en pareja y disfrutar

-Amor, ¿te gustaría trabajar conmigo?

-¿Contigo en la misma oficina? Pero es que entonces vamos a estar 24 horas pegados.

-¿Y cuál es el problema?

Si tienes la suerte de que tu pareja se dedique a tu mismo campo profesional o a uno que complemente tu trabajo, probablemente te has planteado en algún momento hacer algo juntos y porqué no, en el mismo espacio.

Trabajar con tu pareja puede ser la caña o el peor de los infiernos si no se gestiona de forma adecuada. Llevo trabajando con Loren desde que nos conocimos y es algo a lo que no queremos renunciar. Por eso quiero contarte cómo trabajar en pareja y no acabar en divorcio.

Respeta el espacio y el orden

Loren y yo nos conocimos trabajando para la misma empresa. Él en el equipo técnico y yo en el de atención al cliente aunque compartiendo la misma oficina. Vamos, que nos veíamos de una mesa a la otra. Sacar los requisitos diarios conviviendo con otros compañeros y tu pareja es posible aunque muchos jefes no se lo crean.

Después de dejar ambos nuestro trabajo y aunque ahora mismo trabajamos en proyectos diferentes, compartimos despacho o lo que es lo mismo, la habitación de al lado al dormitorio. A este espacio lo llamamos la oficina independientemente de que esté en nuestra casa. En esa oficina solo estamos él y yo y para añadirle más leña al fuego, compartimos aficiones. Sí, pasamos muchas horas juntos y no nos pesan.

Partimos de la base respetar el espacio del otro. Estar en un mismo lugar físico no implica ser una lapa o hablar como cotorras.

Durante nuestra jornada cada uno está a lo suyo e intentamos no interrumpir al otro salvo casos necesarios. De esta forma la concentración es constante y tu pareja puede llegar a ser invisible.

Otro aspecto importante del espacio es el orden. Mantén tu mesa ordenada y evita que tus papeles, frases motivadoras o taza del café acaben en su mesa. No solo tendrás un espacio visual más cómodo sino que ahorrarás discusiones.

Viva la comunicación

Quienes me conocen dicen que tengo mucha necesidad de comunicación y que por eso escribo y hablo tanto. Precisamente cuando escribo no me gustan las interrupciones. Para evitar que en un momento creativo Loren me diga “¿quieres un café?” seguimos una estrategia visual de comunicación.

Si hay una cartulina roja sobre la mesa de alguno de los dos, quiere decir que está en un momento que necesita al máximo concentración y salvo que se esté incendiando la casa no se puede molestar. Si la cartulina es verde, vía libre.

Hay quienes prefieren establecer un horario en concreto para esos momentos de mayor flexibilidad. A mí personalmente no me convence porque cuando estás inmerso en una tarea creativa puede que necesites más tiempo o quizás menos. La creatividad no se rige por un horario estricto.

Reuniones y llamadas a otra sala

Parece de cajón pero a veces lo más simple no se ve. Si tienes una llamada o reunión es imprescindible hacerlo en otra sala. Con las reuniones parece más claro pero quizás no tanto con las llamadas.

Aunque tu pareja esté hablando con otra persona y sea incluso de un tema que ni te va ni te viene, como lo haga en la misma habitación en la que estás trabajando acabarás poniendo la oreja y adiós concentración.

Esto también se puede aplicar a otras empresas. Si no es necesario que el resto de personas que trabajan contigo lo escuche, atiende esa llamada en otro sitio.

No se habla de trabajo fuera de la oficina

Esa norma me parece fundamental aplicarla incluso con tus propios compañeros. Si de verdad quieres estrechar vínculos evita el tema recurrente del trabajo.

Si es algo imprescindible, fecha una reunión no tu tiempo de ocio. Cuando te pasas todo el día hablando de trabajo y trabajando codo con codo con tu pareja, llega un punto en el que parece que no haces otra cosa que trabajar.

Seguro que tienes vida más allá de tu trabajo. Aprovecha para recargar pilas, charlar de tus aficiones o de ese libro que tienes entre manos. Lo que sea, incluso aboga por el silencio pero no caigas en la tentación del monotema.

Cada reunión tiene un sentido y un orden

Loren es más callado y yo hablo por los codos. Si cuando hacemos una reunión de trabajo no estableciéramos previamente de qué vamos a hablar y por qué es necesario, terminaríamos haciendo la lista de la compra e intentado recordar si habíamos puesto la lavadora o no. En definitiva, perdiendo el tiempo.

Una de las reuniones que solemos hacer es comprobar cómo va mi proyecto, sensaciones, etc. Él me ayuda no solo con la parte técnica sino también con su experiencia y visión emprendedora. Estas reuniones además se hacen fuera de su horario laboral habitual. No tiene lógica que para ayudarme a mí descuide sus tareas.

Trabajar con tu pareja es muy placentero y gratificante. A mí parecer todavía más si el proyecto que tenéis entre manos es fruto de los dos. Ese es una de los puntos que me gustaría conseguir en mi vida, crear un producto con Loren. ¡Todo se andará!

Que no falten los besos y la empatía

Días malos, retorcidos y muy jodidos tenemos todos. No lo pagues con tu pareja. Todos los problemas que no sean de salud no son realmente importantes. Antes de montar en cólera porque se ha olvidado hacer tal requisito, respira.

Empatiza con las emociones de tu pareja. Emprender no es fácil y la comprensión y el apoyo son clave tanto para sacar un proyecto adelante como para crecer como equipo.

Y por supuesto, los besos siempre alegran cualquier día marronero.

Respeta tiempo y espacio, crea tus propias estrategias y por supuesto no descuides tu relación.

Y tú, ¿qué trucos tienes para trabajar en pareja?

firma


Seguir leyendo

Budapest, la media maratón que parece lo que no es

media maratón de Budapest

Hace unos meses decidimos pasar unos días en Budapest. Después de coger los billetes de avión me dio por decirle a mi compañero de aventuras que mirase si por casualidad había alguna carrera en esos días. Digo si había, ¡la media maratón!

La inscripción a la carrera no fue precisamente barata. Creo que es la carrera más cara a la que nos hemos inscrito, pero ya que íbamos a estar allí… Era la oportunidad perfecta para hacer nuestra primera media maratón internacional.

Ha sido la carrera para la que más he entrenado. Tenía un chute de motivación brutal y a pesar de que nos han pillado los entrenamientos en mitad del verano, los hemos sacado adelante.

Soñaba con cruzar la meta de Budapest y se ha hecho realidad, aunque no como pensaba.

Problemas antes de empezar

La media de Budapest no ha sido la carrera con la que soñaba en cada entrenamiento. Nos hemos encontrado varias piedras en el camino antes y durante la carrera. Incluso he vivido momentos de mucha frustración…

Antes de comenzar el viaje, un pequeño imprevisto personal hizo que tuviéramos que modificarlo por completo. Pasamos de estar una semana en Budapest a tan solo el fin de semana. Incluso llegué a penar que no podríamos ir y un agobio inmenso me sobrecogió.

Había entrenado tanto que necesitaba descargar todas esas horas de pasar calor, de apretar los dientes para bajar el ritmo. No me podía quedar sin correr.

Tuvimos suerte de que hubiese un vuelo el domingo por la tarde. De lo contrario, el sueño de recorrer Budapest dándole a las zapatillas se hubiera quedado en eso, en un sueño.

Cansancio acumulado

El que al final solo estuviéramos sábado y domingo en la ciudad provocaba que nos pegásemos una paliza de viaje descomunal. 5 horas de autobús hasta Madrid + 3 horas de vuelo al aeropuerto de Budapest + casi otra hora de autobús hasta llegar a la ciudad.

Era la primera vez que íbamos a la ciudad y solo teníamos el sábado para hacer turismo. ¿Qué harías tú? Pues eso, acabamos con más de 20km en las piernas. Sé que no es lo más indicado antes de una media pero no nos quedaba otra que adaptarnos o perdernos una ciudad a la que no sabemos si volveremos ni cuándo.

Señales y más señales

A parte de los cambios en el itinerario del viaje, me estaban llegando otras señales avisándome de que la media de Budapest no iba a ser como yo había estado imaginando.

Tenía todas las cosas para el viaje preparadas, soy extremadamente organizada, pero no encontraba mi polar. Supuse que como mi compañero de aventuras salía de viaje a Madrid antes que yo y llevaba las maletas, lo había guardado él. Error.

Sigo sin saber dónde está el reloj y eso es rarísimo. El caso que me tocaba correr sin referencias de tiempo. Sí, llevo la app de Strava pero el móvil va colocado en una funda en el brazo por lo que no es factible mirarlo de forma regular. Te puede parecer un detalle muy tonto, y oye, seguramente lo sea. Sin embargo, a mí me generó estrés.

Quería aprovechar que Budapest es una ciudad llanita y que había entrenado mucho para conseguir bajar de las dos horas. O por lo menos, para bajar de 2:09:33 que es el tiempo que hice en Barcelona consiguiendo MMP.

Budapest tiene un recorrido trampa

Es cierto que los 21km de la media son prácticamente planos, de hecho, solo tuvimos 200m+. Con lo que no contamos es que a la vez que se disputaba la media maratón se hacía otra por relevos.

Todos estábamos mezclados y daba igual en el cajón que estuvieses, la verdad… A todo esto hay que sumarle que gran parte del trazado es muy estrecho y tiene algunas curvas súper cerradas.

¿Consecuencias? Teníamos que estar continuamente acelerando, frenando. Había momentos en los que adelantar era imposible. Demasiada gente y demasiada diversidad de tiempos. Era una mierda tener que estar pendiente de no tropezarte con otra persona o de buscar el hueco para poder avanzar.

La peor parte llegaba en los puntos en los que los relevos se turnaban. La gente se despistaba o de repente frenaban en seco para buscar a su compañero. Para mí, este fue uno de los peores punto de la carrera.

media maratón de Budapest

Avituallamiento en vaso

Otra de las cosas que me complicaron la vida y esta sí fue culpa mía, fue que todos los avituallamientos eran en vaso y no en botella. Había visto que teníamos como 6 o 7 avituallamientos con agua, isotónica y plátanos. Me parecía la caña. Pero no me fijé en la letra pequeña, la bebida era en vaso.

No sé beber en vaso. Tengo que pararme y beber poco a poco. Esto hizo que perdiésemos unos 10-12 minutos en total. Paramos en todos los avituallamientos porque llegaba sedienta.

No tenía forma de beber sorbitos durante la carrera, tenía que esperar al punto de hidratación. Ya no es solo la pérdida de tiempo tan grande, sino que de nuevo para y vuelve a empezar a correr. Para las piernas es una bomba terrible.

Un calor infernal

Cuando nos inscribimos a la media de Budapest soñaba con un tiempo fresquito. No pedía un frío polar pero sí temperaturas suaves. Pues bien, mientras en España se estaba viviendo una gota fría destructiva, en Budapest teníamos 30 grados.

¡30 grados!

Como sabéis, correr con calor me debilita muchísimo. No dejo de sudar y mi cabeza empieza a rumiar pensamientos negativos. Comenzamos la carrera a las 8 de la mañana, pero el calor ya estaba más que campando a sus anchas.

Es increíble el cambio que sufro cuando corro con frío. Lo pudiste ver en la Behobia, la carrera que más he disfrutado con diferencia.

Sudé tanto que las pestañas no me recogían más y me picaban los ojos. Los pies los llevaba empapados y desde el kilómetro 9 tuve una ampolla en la planta del pie derecho que me hizo sufrir de lo lindo. Era como pisar cristales rotos durante 12 kilómetros seguidos. No hagas la prueba.

El poder de la mente

Hasta aquí te puede parecer que la carrera fue una puta mierda. No es el caso, pero sí muy dura. Lo que más me hizo sufrir de todo esto no son los acontecimientos en sí, sino las expectativas que me había creado.

Una vez pasamos el kilómetro 10 con un tiempo de 1:03 ya tuve la confirmación de que iba a hacer un tiempo superior al esperado. Me frustré mucho, sobre todo al principio.

Nada estaba saliendo aparentemente bien. Pero no sé cómo, supongo que llevar ya nueve carreras de más de 18K a las espaldas, hizo que cambiar mi pensamiento.

Sí, no iba a conseguir mi objetivo con el crono.

Sí, hacía un calor asqueroso.

Sí, había demasiados embotellamientos.

Pero tenía la suerte de poder estar corriendo y hacerlo en otro país. Lo que tenía que estar es agradecida y no frustrada.

Unas vistas preciosas

El circuito es por los bordes del río y un par de kilómetros cruzando una pequeña isla. Las vistas del Parlamento, el Castillo de Buda, los puentes o el bosquecillo de la isla te regalaban unas vistas maravillosas.

Cambié el chip e intenté aspirar todo lo bueno que me estaba regalando esa mañana 🙂

A unos cuatro kilómetros de la meta, le dije a mi compañero de aventuras «llévame a la meta». Necesitaba que tirase un poquito de mí porque mis piernas estaban cargadas con tanto cambio de ritmo y mi planta del pie… Te voy a ahorrar la foto.

Cuando su contestación fue «buf» sabía que algo iba mal. Él también iba jodido pero con la rodilla. Tuvimos unos minutos que nos faltó sentarnos los dos a llorar allí mismo. Sin embargo, en el siguiente avituallamiento  nos miramos y lo vimos claro.

Bajaríamos el ritmo y lo que hiciese falta pero la sonrisa y disfrutar de los últimos kilómetros que no nos lo quitara nadie.

2:17:48 es el tiempo que hicimos según la organización.

media maratón de Budapest

Una montaña rusa de emociones

A 100m de la meta empecé a llorar desconsolada.

Lloraba por lo muchísimo que me dolía el pie y todo lo que había aguantado sin quejarme.

Lloraba por la satisfacción de haber terminado mi primera media maratón internacional a pesar de los contratiempos.

Lloraba por todas las horas de entrenamiento que me habían llevado hasta allí.

Lloraba por lo agradecida que estaba de poder correr.

Lloraba acordándome de todos los mensajes de cariño y ánimos que he recibido durante estos meses.

Recuerdo bastante una frase que me dijo un amigo en mi cumpleaños «tienes una capacidad de control y sufrimiento más grande de lo que crees». 

Ayer pude dar fe de ello.

Budapest ha sido un gran aprendizaje

No quiero que te quedes con la sensación de que ha sido una experiencia negativa. Al revés, me ha enseñado todavía más.

A no crearme expectativas, cualquier cosa se puede salir del molde de nuestra cabeza.

A encontrar el lado dulce incluso en los momentos de sufrimiento.

A ser consciente de que soy más fuerte de lo que la mayoría de veces pienso.

A ser más agradecida con todas las experiencias.

Gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo

Mujeres con esencia: Entrevista a Beatriz Infanzón

entrevista a la escritora Beatriz Infanzón

Cada entrevista de Mujeres con esencia supone un reto. El primero que tuve que superar fue saber que estábamos grabando y que en la mayoría de casos ni hemos podido pasar de un abrazo virtual.

La entrevista de Isabel Ara ha sido la única en la que la conexión física llegó antes que la del módem. Pero en ningún caso esos nervios han evitado que la esencia de cada una de estas maravillosas mujeres quede mermada.

Las mujeres deberíamos cambiar la conversación. Dejarnos de analizarnos, criticarnos y excluirnos. Todas tenemos miedos y también sueños. A cumplir unos y vencer otros no tendría que sumarse la mochila de la crítica destructiva. Hagamos piña y la fiesta no tendrá fin.

Por eso me fascina este tipo de cafés virtuales. El objetivo es ayudarnos a sacar lo mejor de nosotras mismas. A brillar y bailar juntas. Porque la palabra sororidad tendría que subrayarse fuerte.

Entrevista a Beatriz Infanzón

Beatriz es escritora y experta en storytelling. Crea historias con alma que embriagan e invitan a reflexionar. Vamos, ese tipo de letras que se quedan rodando en la cabeza de quien las lee hasta que exprime todo su jugo.

En esta entrevista nos lanzamos de pleno a los miedos, la superación y el sabor de cumplir un sueño. Sí, ella lo ha conseguido y me alegro muchísimo. Se ha ganado esta meta a base de lucha y encuentros con ella misma.

Cuando grabamos era nuestro pequeño secreto pero ahora toca gritarlo al viento, ¡ha publicado su primer libro! 😉

No me quiero adelantar, prefiero que disfrutéis directamente con el vídeo.

Gracias, Beatriz, por este ratito y la charla que no se grabó. Seguro que este primer libro no va a ser el último.

¡Que sigan volando las historias con alma!

A ti y a ti, gracias por dejarme besarte con letras.

firma


Seguir leyendo