Llévame a Niveria

llévame a niveria relato sobre el poder de la imaginación

El relato breve de esta semana versa sobre Niveria, un lugar en el que el poder de la imaginación es completamente libre. Cuando a la creatividad de los niños no se le pone límites es capaz de crear universos partiendo de un simple cubito de hielo. Niveria es solo un brevísimo reflejo de ello.

Llévame a Niveria

Carolina estaba sentada junto a su abuela. El roce de la colcha de lana en sus pies unido al del olor a asado le hacía sentir en casa. Era su hogar, el único lugar en el que podía alentar a sus criaturas, dejarlas libres, mimarlas y convertirlas en algo más que en unas líneas de un diario ajado. Su abuela tarareaba. La voz fina y delicada proyectaba la calma que se irradiaba en aquel retirado rincón de Edimburgo.

Después de la segunda taza de té, Carolina entrecerró los ojos. Pocos segundos después apareció en Niveria, el país de las hadas heladas. A su alrededor reinaba el hielo y la luz se proyectaba en todas las direcciones como si un diamante irradiase su belleza. Sentía una presión en el pecho que la empujaba a buscar a alguna de esas sobrecogedoras criaturas.

Se deslizó como una bailarina por el lago sintiendo como el frío le reconfortaba. Un susurro. Miró en la dirección opuesta y pudo ver algo que se movía. Se acercó con cuidado, como si sus pies pudieran lastimar al duro hielo. Cuando estaba a punto de descubrir qué era esa bola brillante que zumbaba cerca de los pinos cristalizados, un ronroneo la despertó.

Mili, la gata de su abuela, se había enroscado en su regazo dejando un reguero de pelos y una suave sonrisa en el rostro de Carolina. Tenía todas las vacaciones de invierno para seguir buscando a la reina de las hadas heladas.

Puedes descubrir otros relatos aquí.

La reseña de la semana pasada fue sobre el libro de Dolores Redondo Todo esto te daré.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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La rosa que asesinó a mi madre

la simplicidad de una rosa

A mi madre la asesinó una rosa. Cuando llamaron al timbre me ordenó que me encerrara en mi habitación. No le gustaba recibir visitas en mi presencia, decía que los niños copan toda la atención y ella necesitaba las tertulias de las cuatro para olvidarse de que vivíamos en un minúsculo pueblo del interior.

Estaba releyendo uno de mis libros favoritos antes de que el ruido estridente del timbre me hiciera levantar la vista. La luz que acariciaba la antigua butaca de la abuela me acunaba, sin embargo, no podía negarme a la sutil petición de mi madre. Sabía lo que ocurriría si la desobedecía.

Cuando cerré con cuidado la puerta de mi cuarto percibí una voz que no era familiar. Una voz gruesa, con un aplomo que incluso irradiaba miedo al que tenía la suerte de recibir sus palabras afiladas. También escuché a mamá. Parecía nerviosa, se diluían las palabras al final de la frase. Solo alcancé a distinguir un par de ellas: aquí tienes la rosa.

Después de dos horas de silencio me decidí a salir. Llamé a mi madre pero no me respondió. Otras veces me había dejado sin merendar pero esta vez no conseguía adivinar la razón. Me había encerrado y poco más tarde de escuchar las primeras sílabas de esa conversación de mayores, había puesto mis cascos a máxima potencia. Había sido un niño ejemplar esa tarde.

Recorrí la cocina y el salón pero fue al acercarme a la entrada de casa cuando vi un zapato de mamá. Me pareció raro porque ella es muy ordenada. Dice que se pone nerviosa si los objetos no están en su sitio. Me acerqué unos centímetros más y descubrí el cuerpo desparramado con una gran mancha roja decorando la solería. No grité ni salí corriendo, no podía dejar de mirar la rosa blanca que tenía clavada en el pecho.

Puedes encontrar otros relatos aquí.

Si te perdiste la reflexión del viernes sobre lo que aprendí en el evento de escritores Molpecon, échale un vistazo.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Las voces que resuenan en mi cabeza

las voces que resuenan en mi cabeza

Son las cinco de la mañana, no puedo dormir más. Las voces resuenan en mi cabeza, creo que va a estallar o peor aún, me la acabaré arrancando. Se ha escuchado un ruido en la casa del vecino, siempre igual. Algún día tendré que dejarle las cosas claras, están prohibidos los ruidos, y mucho más los gemidos.

¿Quién se cree para follar de madrugada?

El dolor de cabeza se está traspasando al resto de miembros de mi cuerpo, necesito levantarme, hormigas recorren mis piernas. No puedo más.

Al subir las persianas el chirrido traspasa todas las compuertas y llega directo a mi cerebro. Tengo que acabar también con ellas. La luz amarillenta de las farolas tan solo ilumina un metro formando un círculo casi perfecto. Algo está obstaculizando que la circunferencia me calme.

¿Hay alguien ahí?

Creo que he visto unos ojos rojos ardiendo de rabia, los mismos que me seguían ayer por el parque y los mismos que me han provocado pesadillas toda la noche. Bueno, noche. Si a esto se le puede llamar dormir aunque las pesadillas han dejado de formar parte del trance rem y han cobrado vida, seguro.

¿Quién será el desconocido? ¿Qué quiere de mí?

Voy a bajar, no soporto ni un minuto más ese color que me mira como si pudiera adivinar por qué mi perro ha dejado de ladrar.

El poder de las voces

Esta historia guarda varios secretos en a penas unas cuantas líneas. ¿Qué crees que ha pasado realmente? ¿Por qué le atormentan las voces de su cabeza?

Estoy deseando conocer tu opinión y qué emociones te ha suscitado este pequeño relato  🙂

Puedes conocer otros de mis cuentos en este enlace.

Y si lo que te apetece es descubrir algún libro, pásate por esta sección.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Relatos, libros, reflexiones y un proyecto más

mi proyecto literario más personal

Descubrir, aprender, cambiar y vuelta a empezar es una de las premisas que marca cada proyecto en el que me meto de cabeza y llena de ilusión. Si no existe esa magia mejor ni empezar a sembrar un jardín.

Cuando lancé este blog hace dos años fue una vía de escape en la que a través de relatos, monólogos interiores y demás letras soltaba toda la carga física y mental que me estaba provocando la depresión. Ahora el horizonte lo estoy pintando con otras tonalidades diferentes y me gusta mucho más este cuadro.

El blog ha ido evolucionando conmigo, prueba y error continuo del que me siento muy satisfecha. Y de nuevo, un chute de energía bien canalizada me ha llevado a profesionalizarlo.

¿Cómo va a ser la programación?

Sencilla y llena de emociones. Un punto en común que he descubierto cuando me escribís es lo que os hace sentir aquello que publico. No os podéis hacer una idea de lo hermoso que es que alguien se emocione con palabras. Y encima que sean tuyas. ¡Me tenéis loquita de contenta!

Sois personajes protagonistas en esta aventura. Gracias 🙂

Lunes: Habrá un relato breve. Quiero que soñéis, riáis y porque no, podáis llegar a odiar a los personajes. Lo que no me gustaría es que os dejase fríos como los fresisuis de Apu.

Miércoles: Crítica literaria. Desgranar los libros, buscar una mirada más allá de la realidad. Me encantaría que vibréis y os zambulláis en nuevos géneros. Y para los que todavía no sois adictos a la lectura, ayudaros a cultivar ese amor.

Viernes: Reflexión de vida en positivo. Ejercitar el análisis crítico, plantearnos las preguntas de otra forma y llegar a reflexionar y cuestionar lo que percibimos cada día. El camino del aprendizaje nunca se debería detener. Es más, creo que mientras no perdemos la curiosidad nuestra mente no muere.

Mi proyecto más personal

Además, como diría la Pantoja, ¡hoy quiero confesar! Me falta el redoble de tambores pero ya no me puedo aguantar más. ¡Allá voy!

Uno de los proyectos más personales en los que me sumergido está cociéndose ahora mismo a fuego lento y con bien de especias.

Estoy escribiendo mi primera novela de autoficción. Ea, ya lo he dicho 🙂

No sé qué pasará con ella, si llegaré a publicar con una editorial tradicional o me decantaré por la autopublicación. Lo único que tengo claro es que esta historia la tengo que contar. Apela directamente al corazón y en parte esa carga emocional me abruma muchos días pero ver cómo va creciendo este pequeño bebé es un lujo.

Gracias de corazón por haber estado a mi lado durante estos años con este proyecto. Gracias por dejarme que os siga besando con letras y sobre todo, gracias por amar las historias.

¡Se me olvidaba! Os podéis suscribir a la newsletter para recibir toda la información antes y con detalles que no verán la luz fuera de esas cartas con amor que envío cada domingo.

Sois una parte fundamental del motor de este rincón literario.

Podéis leer algunos de los relatos ya publicados desde aquí.

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Mis ocho trucos para redactar bien y con cariño

trucos para redactar bien

El año pasado lancé un proyecto de copywring. Unos meses después lo cerré para poder poner mi foco solo en la literatura y la enseñanza. Algunas de las publicaciones que hice respecto a la escritura o la creatividad, me apetece mucho que estén aquí 🙂

Redactar es un arte y un camino que destapa la caja de la creatividad. Estoy segura de que este post te va a venir genial tanto si escribes como afición o si forma parte de tu carrera profesional.

Redactar con buen gusto, teniendo un estilo propio y por supuesto sin faltas de ortografía, no es algo que se consiga en dos minutos. Requiere de tiempo y mucha práctica.

Algunos escritores o redactores prefieren escribir en momentos de gran inspiración o en los que la creatividad fluye sin mesura. Sin embargo, la gran mayoría tiene un sistema casi mecánico para que sus textos sean potentes.

Cuando empecé a escribir también pensaba que tenía que esperar a que las musas hicieran su aparición mágica y comenzar a teclear como si no hubiera un mañana. Vamos, como si estuviera poseída. Un gran error.

Los siguientes trucos son parte de mi forma de trabajar, lo que a mí personalmente me funciona. De corazón espero que te ayuden a crear tu propia estrategia.

¿Preparado?

Mis ocho trucos para redactar bien

Escribe cada día

Si quieres hacer un maratón entrenas unas cinco veces en semana, pues si quieres redactar bien también debes practicar. Es más, no solo unos días a la semana sino todos. Escribir todos los días hace que tu mente interiorice esa acción y la convierta en hábito.

Los comienzos siempre son duros. Para que no reine la pereza ni el caos, te aconsejo que fijes un horario y un lugar para escribir. Por ejemplo, puedes empezar el primer mes escribiendo 30 minutos al día mientras te tomas un café.

Recuerda, se necesitan 66 días para crear un hábito, no 21. No desesperes y sigue practicando. Llegará un día que por inercia te sientes a redactar y no te suponga ningún esfuerzo extraterrestre.

Al escribir cada día consigues que tu estilo madure, batallas con la hoja en blanco y desarrollas estrategias para fomentar la creatividad.

Lee todo lo que caiga en tus manos

Leer a otros autores, sean del género que sean, te ayudará a mejorar tu forma de redactar. Comprobarás los recursos que utilizaron para enfatizar un pensamiento, cómo han tratado ciertos temas…

Leer despierta la mente y hace que veas una misma situación desde distintas perspectivas. Además, si tienes problemas con tu estilo, leer otros textos te permitirá identificar aquellas fórmulas con las que te sientes cómodo escribiendo.

Otra de las ventajas de leer tanto es que el repertorio de temas sobre los que escribir se multiplica. Conseguirás profundizar en los ámbitos en los que te has especializado y comenzar a ver luz en los desconocidos. Todo esto hace que la hoja en blanco se convierta en un mito.

Sé directo y claro

¿Te acuerdas en el cole cuando llenabas una pregunta de paja porque no sabías la respuesta? Ese “por si cuela” no te hace ningún favor. Todo lo contrario.

Ser directo, claro y ordenado con las ideas permite que el lector comprenda mejor la información que le estás mostrando. También denota seguridad, sabes de lo que hablas y por eso no necesitas relleno.

La gran mayoría de lectores escanean los textos que consumen en Internet. Al mostrar las ideas por puntos, subtítulos y con imágenes se obtiene un texto visualmente más ágil y atractivo. No te cortes en meterle la tijera a tus redacciones.

Ponle un pizca de cariño

Este punto es muy personal. Hay quienes prefieren los textos fríos que no importa quien es el redactor porque todos suenan igual. A mí me pirran los artículos que tienen emociones y mucho corazón. Y ya no digamos los textos literarios.

Los textos que marcan la diferencia te pellizcan el estómago o te hacen contestarle a quien los redactó. Me ha pasado muchísimas veces escribir un email a alguien que me ha emocionado, para bien o para mal, con sus palabras. Incluso ocasiones en las que no tenía muy claro qué decirle pero algo en el texto me pedía que lo hiciese.

Todo lo que haces con el corazón y no pensando en la cartera, conecta más.

trucos para redactar

Mima el tono al redactar

Para que no cambies de tono varias veces en un mismo texto es muy importante que sepas a quién te diriges. Lo mismo ocurre cuando traducimos. Exacto, tener presente al público objetivo.

No le cuentas una misma historia a un niño de cinco años que a un adulto. Igual que tampoco te comunicas de la misma forma con alguien que está familiarizado con la materia como con otra persona que le supone desconocida.

Visualiza a tu público objetivo como una única persona y todas sus aristas. Qué le motiva, cuáles son sus problemas, cómo es su día a día… y verás como las palabras fluyen sin desentonar.

También es clave que si tienes una manera especial de contar las experiencias o productos, la mantengas. Es tu sello más personal y lo que diferencia tus textos de otro escritor o redactor.

Tan importante es lo que dices cómo la forma en la que lo haces.

Introduce un broche de oro

Hay dos partes en cualquier artículo, libro o redacción que hacen que el lector quiera saber más o directamente lo deseche. Sí, el principio y el final.

Un principio regulero se puede sobrellevar pero una conclusión que no recoja las ideas principales y cale en el lector, deja un texto cojo. No tiene ese rollo que consigue que estés todo el día dándole vueltas a lo que has leído.

Cuando comienzo a redactar pienso primero en la conclusión. Es decir, pongo el foco en las ideas que quiero que el lector entienda y se quede con ellas. Una vez tengo el objetivo claro de para qué estoy haciendo ese texto, desarrollo el resto.

Revisión y retroalimentación

Igual que los buenos quesos y vinos necesitan un tiempo de maceración antes de degustarlos, lo mismo ocurre con las letras.

Una vez has terminado de escribir o traducir, deja varios días sin tocar el texto. En el momento que hagas la revisión tu mente estará fresca y será más crítica porque no estará pegada a él.

Invierte tiempo en revisar y sí, sé que cuesta mucho pero marca una diferencia brutal.

Otro punto que tienes que tener en cuenta es la retroalimentación que te dan los lectores. No te lo tomes como algo personal, todo lo contrario. Es una oportunidad de mejorar y exprimir tus habilidades.

Todos tenemos vicios a la hora de redactar y a veces no somos conscientes de ellos. Por eso es genial que otra persona te los indique.

Apaga el móvil

Esto es el fondo de armario de cualquier actividad. Si quieres tener el foco puesto en tu escritura apaga el móvil o por lo menos desconecta los datos y el wifi. Cualquier distracción va a hacer que pierdas el hilo y los minutos que has elegido para dedicar en esta actividad creativa. Incluso te diría que cuando estés aburrido no cojas el móvil.

Es alucinante la cantidad de ideas que surgen cuando estamos aburridos y el poco caso que le hacemos por estar con la vista pegada a una pantalla. Y si no me crees comprueba lo que viví estando 31 días desconectada de Instagram y otras redes sociales.

En conclusión…

Si quieres escribir cada día mejor tienes que tener paciencia, constancia y mucha actitud. Ponle corazón a todo lo que hagas, es tu sello. Prueba diferentes técnicas y crea tu propia estrategia. El éxito no llega en un día ni en dos, todo necesita un proceso. Y sobre todo, disfruta de lo que escribes. Tienes la gran suerte de plasmar con letras todas las ideas que atropellan tu mente.

A ti y a ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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Por qué dije que no a escribir un libro de relatos

publicar un libro

Escribo relatos desde que soy pequeña. Recuerdo mi infancia como una niña muy curiosa e inquieta que siempre tenía una historia entre manos. A veces me gustaba escribir, otras leer sobre mundos imaginarios.

Con estos antecedentes te puedes imaginar que uno de mis sueños es escribir un libro y el siguiente publicarlo. Y cuando digo que el primer sueño es escribirlo es porque cada vez que me siento a hacerlo me tiembla todo, se me nubla la mente y todas esas ideas que rondan mi cabeza se disipan. El miedo a que el relato, el cuento o la historia en general sea un desastre me acorrala.

¡Estoy trabajando en ello!

Porque definitivamente no puedo alargar más esta lucha paralizante. Tengo que saltar al vacío.

El verano pasado contacté con una editorial –me reservo su nombre– para contarles mi historia y ver si podíamos hacer algo juntos. En su respuesta me decían habían visto mi blog y les había gustado mi forma de contar historias.

Me propusieron escribir un libro de relatos y yo acabé diciendo que no.

¿Por qué me negué a dar ese paso tan importante?

Me dio mala espina desde el principio

Con el tiempo y las experiencias he aprendido a hacerle caso a mi intuición. Sí, esa sensación que cuando no está condicionada por el miedo te afirma con claridad que estás en tu camino correcto. Cuando recibí el correo de vuelta me pareció rarísimo que con solo leer un relato –me confirmaron que no habían leído ninguno más– quisieran lanzarse a la aventura de publicar un libro con lo saturado que está ahora mismo el mercado editorial.

Tenían demasiada prisa

Las prisas nunca son buenas o por lo menos a mí no me gustan. Querían dejarlo todo cerrado cuanto antes, que me pusiera a escribir ya… Creo que los proyectos que tienen corazón necesitan cierto tiempo, no son de hoy para ayer. Además, si acabas de saber quién soy, ¿cómo quieres que todo sean tan excesivamente rápido sin ni siquiera verme en persona o conocer en profundidad cómo escribo?

publicar un libro

El medio de comunicación no me pareció el ideal

El primer contacto fue por correo pero el resto de conversaciones por whatsapp. Como siempre digo “soy moderna para unas cosas y muy antigua para otras”.

No me pareció profesional hablar sobre un contracto, un futuro libro y demás detalles por un medio como ese. Creo que un proyecto tan importante debe hablarse con calma, aclarando cada punto y si es posible en una reunión en persona o como mínimo por skype.

Su catálogo editorial no contenía relatos

De primeras vi que su editorial estaba centrada en los idiomas. Soy traductora así que contacté con ellos por si necesitaban de mis servicios. En el momento que me comentaron lo del libro volví a revisar su catálogo editorial. ¿Y qué encontré? Ni rastro de libros de relatos o de cualquier otro tipo que no fuese aprender idiomas.

Si ya todo me estaba resultando bastante incómodo y sospechoso, el catálogo me lo estaba diciendo a gritos “aquí huele raro”. No es normal que una editorial que tiene un catálogo concreto como puede ser libros de divulgación, de espiritualidad, de ficción, infantiles… se lance a otro género completamente de golpe y con un autor que nadie conoce.

Consulté las cláusulas con un experto

Después de reunir toda la información, le pregunté a un experto en el sector editorial cuáles son las cláusulas ideales. Su respuesta “no cedas tus derechos para más de uno o dos años. Es preferible hacer concesiones posteriores y así comprobar si te compensa seguir trabajando con una editorial o no”.

También es cierto que hay autores que ceden sus derechos unos 10 años para libros en papel con editoriales potentes. No era el caso. Me pedían 10 años de derechos para una publicación digital, ni siquiera lo iba a poder tener en mis manos o regalárselo a mi abuela… Además, el porcentaje que percibiría por libro era del 10 %.

¿Tú qué hubieras hecho?

Me siento orgullosa de haber seguido a mi intuición. Hay que luchar por los sueños pero no llegar a ellos a cualquier precio o por la vía rápida.

Al ser un formato digital, existe la opción de autopublicarme. El precio del libro puede ser inferior pero mi porcentaje muchísimo más elevado. O seguir batallando para que algún día mi nombre esté en la portada de un libro físico.

La semana pasada hablé de otro sueño cumplido, ¿ya lo has descubierto?

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Se nos fue la vida, o, ¿todavía la sigues esperando?

se nos fue la vida

Se nos fue la vida buscando el camino a ser alguien. Buscando ese lugar en el que debíamos estar, ese que estaba hecho para nosotros.

Se nos fue la vida engordando historias y triunfos. Agrandando el ego, derramando esperanza.

Se nos fue la vida en lo instantáneo. En los besos efímeros, en el sexo de contrabando, en las conversaciones vacías y relaciones de estatus.

Se nos fue la vida. Y cuando se fue, el camino estaba, el amor y el sentido también pero los que no estuvimos fuimos nosotros, que seguíamos buscando la vida mientras se nos escapaba entre las manos.

Qué buscar cuando no sabes qué estás buscando

Suena Una mattina de Ludovico y mi mente se abandona. Vida, qué concepto, ¿verdad? Pasan los años y buscamos la vida en un sin vivir sin tregua. ¿Por qué será que no la vemos? ¿Qué tendrá que ocurrir para despertarnos?

Cuando escribí ese pequeño fragmento me sentía completamente perdida, ahora empiezo a quitarme la venda. Oía hablar de tener un propósito, de la razón por la que llegamos a este mundo pero no encontraba la mía. ¿Tú también lo has sentido? “Vive una vida que deje huella” dicen, pero, ¿cuál es esa huella?

Estoy buscando y buscando ese camino y creo que quizás ahora sí vaya por el correcto. Tiene corazón y un propósito. Pero de momento ese propósito me lo guardo y me dejo abrazar por esa paz que parecía que no llegaba.

Es tan frustraste no estar segura al 100% de por dónde caminas. De tenerlo todo pero que falte una pequeña pieza que haga click, y el puzzle deje de ser plano para tener volumen. ¿Quién no ha pasado por ese punto?

Te encuentres en el lugar que te encuentres del camino, recuerda, no dejes que se te vaya la vida. Probablemente eso que buscas aparezca cuando dejes de buscarlo.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

Si de verdad fuera mi funeral, ¿cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programa, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. Era una sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado. Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena. ¡Cuánto me equivocaba! Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. Pero el día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rojo en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar. Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor retohe decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.


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El peligro de las apps para ligar

Hello darling!

Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. Yo he tenido la suerte de encontrar al señor marido en el face to face, vamos, lo que viene siendo la parte tradicional y a veces olvidada de la vida. Ya te lo dije que para muchas cosas soy una antigua y de pueblo a mucha honra.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. “Uf, otra vez repe”.
Echo de menos el amor. Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan. Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
Te voy a dejar la frase reina de una de mis chicas favoritas por si tú, darling, también quieres sexo en vez de amor: “Caliéntame el coño y no la oreja”.
¡Ah! Y no te pierdas, más abajo, lo que le pasó a Maca con su cita. Épica.
cervezas
Un brindis por mis chicas favoritas

 

Las chicas del 4ºB
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: “No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo”.
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Darling, gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

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