Mis ocho trucos para redactar bien y con cariño

trucos para redactar bien

El año pasado lancé un proyecto de copywring. Unos meses después lo cerré para poder poner mi foco solo en la literatura y la enseñanza. Algunas de las publicaciones que hice respecto a la escritura o la creatividad, me apetece mucho que estén aquí 🙂

Redactar es un arte y un camino que destapa la caja de la creatividad. Estoy segura de que este post te va a venir genial tanto si escribes como afición o si forma parte de tu carrera profesional.

Redactar con buen gusto, teniendo un estilo propio y por supuesto sin faltas de ortografía, no es algo que se consiga en dos minutos. Requiere de tiempo y mucha práctica.

Algunos escritores o redactores prefieren escribir en momentos de gran inspiración o en los que la creatividad fluye sin mesura. Sin embargo, la gran mayoría tiene un sistema casi mecánico para que sus textos sean potentes.

Cuando empecé a escribir también pensaba que tenía que esperar a que las musas hicieran su aparición mágica y comenzar a teclear como si no hubiera un mañana. Vamos, como si estuviera poseída. Un gran error.

Los siguientes trucos son parte de mi forma de trabajar, lo que a mí personalmente me funciona. De corazón espero que te ayuden a crear tu propia estrategia.

¿Preparado?

Mis ocho trucos para redactar bien

Escribe cada día

Si quieres hacer un maratón entrenas unas cinco veces en semana, pues si quieres redactar bien también debes practicar. Es más, no solo unos días a la semana sino todos. Escribir todos los días hace que tu mente interiorice esa acción y la convierta en hábito.

Los comienzos siempre son duros. Para que no reine la pereza ni el caos, te aconsejo que fijes un horario y un lugar para escribir. Por ejemplo, puedes empezar el primer mes escribiendo 30 minutos al día mientras te tomas un café.

Recuerda, se necesitan 66 días para crear un hábito, no 21. No desesperes y sigue practicando. Llegará un día que por inercia te sientes a redactar y no te suponga ningún esfuerzo extraterrestre.

Al escribir cada día consigues que tu estilo madure, batallas con la hoja en blanco y desarrollas estrategias para fomentar la creatividad.

Lee todo lo que caiga en tus manos

Leer a otros autores, sean del género que sean, te ayudará a mejorar tu forma de redactar. Comprobarás los recursos que utilizaron para enfatizar un pensamiento, cómo han tratado ciertos temas…

Leer despierta la mente y hace que veas una misma situación desde distintas perspectivas. Además, si tienes problemas con tu estilo, leer otros textos te permitirá identificar aquellas fórmulas con las que te sientes cómodo escribiendo.

Otra de las ventajas de leer tanto es que el repertorio de temas sobre los que escribir se multiplica. Conseguirás profundizar en los ámbitos en los que te has especializado y comenzar a ver luz en los desconocidos. Todo esto hace que la hoja en blanco se convierta en un mito.

Sé directo y claro

¿Te acuerdas en el cole cuando llenabas una pregunta de paja porque no sabías la respuesta? Ese “por si cuela” no te hace ningún favor. Todo lo contrario.

Ser directo, claro y ordenado con las ideas permite que el lector comprenda mejor la información que le estás mostrando. También denota seguridad, sabes de lo que hablas y por eso no necesitas relleno.

La gran mayoría de lectores escanean los textos que consumen en Internet. Al mostrar las ideas por puntos, subtítulos y con imágenes se obtiene un texto visualmente más ágil y atractivo. No te cortes en meterle la tijera a tus redacciones.

Ponle un pizca de cariño

Este punto es muy personal. Hay quienes prefieren los textos fríos que no importa quien es el redactor porque todos suenan igual. A mí me pirran los artículos que tienen emociones y mucho corazón. Y ya no digamos los textos literarios.

Los textos que marcan la diferencia te pellizcan el estómago o te hacen contestarle a quien los redactó. Me ha pasado muchísimas veces escribir un email a alguien que me ha emocionado, para bien o para mal, con sus palabras. Incluso ocasiones en las que no tenía muy claro qué decirle pero algo en el texto me pedía que lo hiciese.

Todo lo que haces con el corazón y no pensando en la cartera, conecta más.

trucos para redactar

Mima el tono al redactar

Para que no cambies de tono varias veces en un mismo texto es muy importante que sepas a quién te diriges. Lo mismo ocurre cuando traducimos. Exacto, tener presente al público objetivo.

No le cuentas una misma historia a un niño de cinco años que a un adulto. Igual que tampoco te comunicas de la misma forma con alguien que está familiarizado con la materia como con otra persona que le supone desconocida.

Visualiza a tu público objetivo como una única persona y todas sus aristas. Qué le motiva, cuáles son sus problemas, cómo es su día a día… y verás como las palabras fluyen sin desentonar.

También es clave que si tienes una manera especial de contar las experiencias o productos, la mantengas. Es tu sello más personal y lo que diferencia tus textos de otro escritor o redactor.

Tan importante es lo que dices cómo la forma en la que lo haces.

Introduce un broche de oro

Hay dos partes en cualquier artículo, libro o redacción que hacen que el lector quiera saber más o directamente lo deseche. Sí, el principio y el final.

Un principio regulero se puede sobrellevar pero una conclusión que no recoja las ideas principales y cale en el lector, deja un texto cojo. No tiene ese rollo que consigue que estés todo el día dándole vueltas a lo que has leído.

Cuando comienzo a redactar pienso primero en la conclusión. Es decir, pongo el foco en las ideas que quiero que el lector entienda y se quede con ellas. Una vez tengo el objetivo claro de para qué estoy haciendo ese texto, desarrollo el resto.

Revisión y retroalimentación

Igual que los buenos quesos y vinos necesitan un tiempo de maceración antes de degustarlos, lo mismo ocurre con las letras.

Una vez has terminado de escribir o traducir, deja varios días sin tocar el texto. En el momento que hagas la revisión tu mente estará fresca y será más crítica porque no estará pegada a él.

Invierte tiempo en revisar y sí, sé que cuesta mucho pero marca una diferencia brutal.

Otro punto que tienes que tener en cuenta es la retroalimentación que te dan los lectores. No te lo tomes como algo personal, todo lo contrario. Es una oportunidad de mejorar y exprimir tus habilidades.

Todos tenemos vicios a la hora de redactar y a veces no somos conscientes de ellos. Por eso es genial que otra persona te los indique.

Apaga el móvil

Esto es el fondo de armario de cualquier actividad. Si quieres tener el foco puesto en tu escritura apaga el móvil o por lo menos desconecta los datos y el wifi. Cualquier distracción va a hacer que pierdas el hilo y los minutos que has elegido para dedicar en esta actividad creativa. Incluso te diría que cuando estés aburrido no cojas el móvil.

Es alucinante la cantidad de ideas que surgen cuando estamos aburridos y el poco caso que le hacemos por estar con la vista pegada a una pantalla. Y si no me crees comprueba lo que viví estando 31 días desconectada de Instagram y otras redes sociales.

En conclusión…

Si quieres escribir cada día mejor tienes que tener paciencia, constancia y mucha actitud. Ponle corazón a todo lo que hagas, es tu sello. Prueba diferentes técnicas y crea tu propia estrategia. El éxito no llega en un día ni en dos, todo necesita un proceso. Y sobre todo, disfruta de lo que escribes. Tienes la gran suerte de plasmar con letras todas las ideas que atropellan tu mente.

A ti y a ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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Por qué dije que no a escribir un libro de relatos

publicar un libro

Escribo relatos desde que soy pequeña. Recuerdo mi infancia como una niña muy curiosa e inquieta que siempre tenía una historia entre manos. A veces me gustaba escribir, otras leer sobre mundos imaginarios.

Con estos antecedentes te puedes imaginar que uno de mis sueños es escribir un libro y el siguiente publicarlo. Y cuando digo que el primer sueño es escribirlo es porque cada vez que me siento a hacerlo me tiembla todo, se me nubla la mente y todas esas ideas que rondan mi cabeza se disipan. El miedo a que el relato, el cuento o la historia en general sea un desastre me acorrala.

¡Estoy trabajando en ello!

Porque definitivamente no puedo alargar más esta lucha paralizante. Tengo que saltar al vacío.

El verano pasado contacté con una editorial –me reservo su nombre– para contarles mi historia y ver si podíamos hacer algo juntos. En su respuesta me decían habían visto mi blog y les había gustado mi forma de contar historias.

Me propusieron escribir un libro de relatos y yo acabé diciendo que no.

¿Por qué me negué a dar ese paso tan importante?

Me dio mala espina desde el principio

Con el tiempo y las experiencias he aprendido a hacerle caso a mi intuición. Sí, esa sensación que cuando no está condicionada por el miedo te afirma con claridad que estás en tu camino correcto. Cuando recibí el correo de vuelta me pareció rarísimo que con solo leer un relato –me confirmaron que no habían leído ninguno más– quisieran lanzarse a la aventura de publicar un libro con lo saturado que está ahora mismo el mercado editorial.

Tenían demasiada prisa

Las prisas nunca son buenas o por lo menos a mí no me gustan. Querían dejarlo todo cerrado cuanto antes, que me pusiera a escribir ya… Creo que los proyectos que tienen corazón necesitan cierto tiempo, no son de hoy para ayer. Además, si acabas de saber quién soy, ¿cómo quieres que todo sean tan excesivamente rápido sin ni siquiera verme en persona o conocer en profundidad cómo escribo?

publicar un libro

El medio de comunicación no me pareció el ideal

El primer contacto fue por correo pero el resto de conversaciones por whatsapp. Como siempre digo “soy moderna para unas cosas y muy antigua para otras”.

No me pareció profesional hablar sobre un contracto, un futuro libro y demás detalles por un medio como ese. Creo que un proyecto tan importante debe hablarse con calma, aclarando cada punto y si es posible en una reunión en persona o como mínimo por skype.

Su catálogo editorial no contenía relatos

De primeras vi que su editorial estaba centrada en los idiomas. Soy traductora así que contacté con ellos por si necesitaban de mis servicios. En el momento que me comentaron lo del libro volví a revisar su catálogo editorial. ¿Y qué encontré? Ni rastro de libros de relatos o de cualquier otro tipo que no fuese aprender idiomas.

Si ya todo me estaba resultando bastante incómodo y sospechoso, el catálogo me lo estaba diciendo a gritos “aquí huele raro”. No es normal que una editorial que tiene un catálogo concreto como puede ser libros de divulgación, de espiritualidad, de ficción, infantiles… se lance a otro género completamente de golpe y con un autor que nadie conoce.

Consulté las cláusulas con un experto

Después de reunir toda la información, le pregunté a un experto en el sector editorial cuáles son las cláusulas ideales. Su respuesta “no cedas tus derechos para más de uno o dos años. Es preferible hacer concesiones posteriores y así comprobar si te compensa seguir trabajando con una editorial o no”.

También es cierto que hay autores que ceden sus derechos unos 10 años para libros en papel con editoriales potentes. No era el caso. Me pedían 10 años de derechos para una publicación digital, ni siquiera lo iba a poder tener en mis manos o regalárselo a mi abuela… Además, el porcentaje que percibiría por libro era del 10 %.

¿Tú qué hubieras hecho?

Me siento orgullosa de haber seguido a mi intuición. Hay que luchar por los sueños pero no llegar a ellos a cualquier precio o por la vía rápida.

Al ser un formato digital, existe la opción de autopublicarme. El precio del libro puede ser inferior pero mi porcentaje muchísimo más elevado. O seguir batallando para que algún día mi nombre esté en la portada de un libro físico.

La semana pasada hablé de otro sueño cumplido, ¿ya lo has descubierto?

Gracias por dejarme besarte con letras.

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#14 Reto Literup: Una romería de modernos

Hace unas semanas contaba a través de mi newsletter que volvía a escribir pequeños relatos. Si todavía no te has suscrito es el momento 🙂 Así serás siempre la primera en enterarte de todas las novedades y cotilleos que rodean este rinconcito.

Llego al reto de escritura de 52 semanas de Literup un pelín tarde pero igualmente me apetece muchísimo.

Me faltan 13 relatos para ponerme al día. He escogido la opción de uno a la semana así que esos 13 que están pendientes los iré publicando a la vez que el resto hasta que el orden brille con fuerza.

¿Por qué he estado tanto tiempo sin escribir?

Si me sigues desde hace tiempo sabrás que me pirra escribir y a la vez me paraliza compartirlo. Al ser algo que me apasiona tanto me siento muy expuesta así que al final yo misma siempre acabo hablando de mis relatos como “mis mierdas”. Muy mal, lo sé. Me hablo fatal a mí misma con algunos temas…

Supongo que si lo veía así cuando alguien me dijese “menuda mierda has escrito” no me dolería tanto. El caso es que nadie me ha dicho ese frase nunca, ya soy yo mi peor crítica.

En fin, he decidido que se acabó. Que tengo que frenar esos bucles de flagelación y escribir por el simple hecho de que me gusta. Sí, me encanta escribir historias absurdas que invitan a reír. Tengo ese punto de payasa 🙂 También a veces suelto mi parte más emocional y me desangro con las líneas aunque tengo que reconocer que los textos que más feedback han tenido y además positivo, han sido los absurdos.

Supongo que tenemos mucha necesidad de reírnos de la vida y quitarle un poco de drama.

Reto de la semana 14

El reto que lanzaron en Literup para la semana 14 consiste en crear un relato que comience con la frase “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” dicho a un policía.

Esta es mi aportación al reto de escritura. Por favor, ponte las gafas de lo absurdo 😉

reto literup
Imagen: Pixabay

Una romería de modernos

“Si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” le dijo Rosa al sargento Ramírez. El interrogatorio se estaba alargando más de lo debido y Ramírez estaba empezando a desesperarse. Si la sospechosa no confesaba en menos de una hora todo el pueblo se enteraría de que las fiestas patronales habían quedado suspendidas, quizás de por vida.

Los minutos taladraban. Ramírez hacía cinco cigarros que había perdido la paciencia y solo quería que Rosa dijese la verdad. Pero la única sospechosa se había afanado a la misma frase durante cinco horas “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” mientras giraba sobre sí misma.

La banda de música había llegado al pueblo tocando la diana con la que el ánimo de la fiesta empezaba a desperezarse. Cada nota agujereaba al sargento. No podía volver a cagarla como con el caso de los pollos coloraos. Otra humillación pública y no podría volver a aparecer por esos montes.

Nadie en el cuartel entendía por qué la mujer más beata del pueblo había robado presuntamente a su patrón y mucho menos dónde lo escondía. A Ramírez ya le daba igual el móvil que había llevado a Rosa a cometer tal delito de fe, él solo quería que la romería regase al pueblo de vino y alegría.

–Rosa, te lo voy a preguntar por última vez. ¿Dónde está San Benito?

–Si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo.

–¿Qué no has podido evitar, Rosa? ¿Robar sin fe alguna al patrón de tu pueblo? Parece que estás dispuesta a que no solo la mano de la Justicia caiga sobre tu espalda, sino la más temible…

Quedaban tan solo 20 minutos para que el pueblo se echara a las calles a llevar en volandas a San Benito hasta lo alto de la loma vecina. Ramírez se estaba quedado sin recursos y el Santo seguía haciendo voto de ocultismo.

De repente irrumpió en la sala uno de sus compañeros jadeando.

–Ramírez, hemos encontrado a San Benito pero hay un problema.

–¿Cómo que hay un problema? Si lo habéis encontrado llevadlo inmediatamente a la ermita. La romería todavía puede empezar sin que nadie se de cuenta de la excursión no autorizada del Santo.

–Es mejor que me acompañe.

Rosa frenó en seco sus giros y se puso a dar saltos de alegría. Ramírez no entendía nada y siguió a Prudencio acelerando el paso.

Llegaron al patio del cuartel en el que se encontraba una figura tapada con una lona. Cuando Prudencio la quitó sin vaselina ni anestesia, Ramírez quiso que se abriera allí mismo la tierra y lo escupiera a una maravillosa isla desierta.

San Benito había aparecido pero no era el mismo Santo de los últimos cinco siglos. Una especie de hipster de madera era lo que tenía ante sus ojos.

Echando fuego y derrapando como si fuera su última curva antes de enfilar la meta llegó de nuevo hasta Rosa.

–¿Se puede saber qué coño has hecho?

Esta vez la sospechosa reía y bailaba al son de la banda que enfilaba la calle de la ermita. Se subió a la mesa y levantando los brazos en forma de victoria gritó:

–Ahora sí que mi nieta no puede decir que las tradiciones son de catetos y viejos.

Si te apetecer conocer algún relato más, te dejo por aquí uno que habla del peligro de las apps para ligar.

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Se nos fue la vida, o, ¿todavía la sigues esperando?

se nos fue la vida

Se nos fue la vida buscando el camino a ser alguien. Buscando ese lugar en el que debíamos estar, ese que estaba hecho para nosotros.

Se nos fue la vida engordando historias y triunfos. Agrandando el ego, derramando esperanza.

Se nos fue la vida en lo instantáneo. En los besos efímeros, en el sexo de contrabando, en las conversaciones vacías y relaciones de estatus.

Se nos fue la vida. Y cuando se fue, el camino estaba, el amor y el sentido también pero los que no estuvimos fuimos nosotros, que seguíamos buscando la vida mientras se nos escapaba entre las manos.

Qué buscar cuando no sabes qué estás buscando

Suena Una mattina de Ludovico y mi mente se abandona. Vida, qué concepto, ¿verdad? Pasan los años y buscamos la vida en un sin vivir sin tregua. ¿Por qué será que no la vemos? ¿Qué tendrá que ocurrir para despertarnos?

Cuando escribí ese pequeño fragmento me sentía completamente perdida, ahora empiezo a quitarme la venda. Oía hablar de tener un propósito, de la razón por la que llegamos a este mundo pero no encontraba la mía. ¿Tú también lo has sentido? “Vive una vida que deje huella” dicen, pero, ¿cuál es esa huella?

Estoy buscando y buscando ese camino y creo que quizás ahora sí vaya por el correcto. Tiene corazón y un propósito. Pero de momento ese propósito me lo guardo y me dejo abrazar por esa paz que parecía que no llegaba.

Es tan frustraste no estar segura al 100% de por dónde caminas. De tenerlo todo pero que falte una pequeña pieza que haga click, y el puzzle deje de ser plano para tener volumen. ¿Quién no ha pasado por ese punto?

Te encuentres en el lugar que te encuentres del camino, recuerda, no dejes que se te vaya la vida. Probablemente eso que buscas aparezca cuando dejes de buscarlo.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

Si de verdad fuera mi funeral, ¿cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programa, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. Era una sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado. Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena. ¡Cuánto me equivocaba! Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. Pero el día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rojo en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar. Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor retohe decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.


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El peligro de las apps para ligar

Hello darling!

Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. Yo he tenido la suerte de encontrar al señor marido en el face to face, vamos, lo que viene siendo la parte tradicional y a veces olvidada de la vida. Ya te lo dije que para muchas cosas soy una antigua y de pueblo a mucha honra.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. “Uf, otra vez repe”.
Echo de menos el amor. Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan. Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
Te voy a dejar la frase reina de una de mis chicas favoritas por si tú, darling, también quieres sexo en vez de amor: “Caliéntame el coño y no la oreja”.
¡Ah! Y no te pierdas, más abajo, lo que le pasó a Maca con su cita. Épica.
cervezas
Un brindis por mis chicas favoritas

 

Las chicas del 4ºB
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: “No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo”.
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Darling, gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

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Mírame el culo

Hello darling!

El mundo ya no es lo que era. Ahora a la gente moderna le ha dado por querer conectar con todo. Será que no tienen suficiente con el wifi y el 4G que los persigue a todas partes.

Dicen que es conectar con la naturaleza, saber apreciar el momento. Esta gente moderna será que no sabe que naturaleza no casa con tecnología. O que a mí lo que me hacía conectar era estar cual salvaje en el cortijo de mi abuelo. ¡Eso sí que era conexión! Me veía llegar y ya sabía lo que estaba tramando. Yo es que soy muy moderna para unas cosas y para otras no tanto. Será cosa del pueblo, no sé.

Me encanta fijarme en la gente. Cómo se mueven, cómo se relacionan con el medio. Aquí en las grandes ciudades hay mucho que observar porque hay demasiado espécimen suelto. Como te decía, el mundo ya no es lo que era. La gente ha dejado de mirarse, solo ven bultos para no tropezar mientras responden al siguiente mensaje. Que digo yo que igual con un café o unas cañas acababan antes.

La gente tampoco va a los bares como antes. Ir siguen yendo porque llenos están pero aunque su cuerpo esté pegado al barra ellos no están. Será por lo de conectar, que estarán buscando conexión con otro satélite. El caso es que el otro día vi algo que me dejó ya muerta matada del todo y me hizo reflexionar, qué me gusta esa palabra.

Sigue leyendo que te lo cuento 😉

culo cebra

Mírame el culo

Iba por una calle concurrida. Me adelanté porque venía gente de frente y todos, por mucho figurín que tuviésemos, no entrábamos en la acera. Al colocarme delante de mi chico y con mis vaqueros preferidos ajustándome bien el culo no se me ocurrió otra cosa que empezar a contonearme.

En mi cabeza ya se había montado una escena de lo más morbosa y estaba dándole alas para que dejase de ser un corto y se convirtiese en largometraje. Movía mis caderas al son de esa música que solo sonaba en mi mente pero que yo la oía como si de un concierto se tratase. Sonreía y me mordía el labio. Lo tengo que estar poniendo cardiaco, pensaba. Este culazo que las horas de gimnasio y sentadillas me han dado lo vuelve loco. Vamos, seguro. Me estaba acelerando hasta yo solo con pensar que se estaba relamiendo. Buf, es que estos vaqueros no dejan indiferentes a nadie.

La acera volvía a estar despejada pero seguí delante porque las vistas que le estaba regalando al mozo eran para mojar huevos fritos, pan y lo que quieras. Iba a darle un poquito más de gloria. Pasé por un escaparate y me miré mi monumento orgullosa. De verdad, vaya culazo he echado. Giré la cabeza esperando esa mirada picarona que me pone tan tonta y lo que me encontré fue a un tonto mirando el maldito móvil.

¡Mírame el culo! Me daban ganas de gritarle en plena calle. ¿En qué momento un señor culo embutido en un vaquero, así bien redondito y respingón, ha sido sustituido por una simple pantalla? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Dime. ¿Es su luz, los mensajes que parpadean, el sonido de sus teclas al rozarla?

El muchacho seguía a lo suyo, muy conectado. Se ve que estaba enchufado a otro planeta porque de mis hondas no se enteraba. Mi idea erótica festiva se estaba tornando funeral porque no sabía si quitarle el móvil y estamparlo contra el suelo o estamparlo a él contra mi culo. Venga, mejor respira, me decía. Total, el que va a dormir sin vistas y pegado a la pared va a ser él.

Gracias por dejarme besarte con letras y por tener sentido del humor 🙂

Si te gusta ya sabes, ¡comparte!


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Más femenina, más irónica y más absurda

Hello darling!

Te acabas de topar con una señorita más femenina, más irónica y más absurda. Sí, te presento a mi yo sin filtros.

La actitud no sé si mueve montañas pero a mí me cambia la sonrisa.

Si has seguido el blog habitualmente sabes que este va a tomar un rumbo mucho más divertido y cañero. Si acabas de llegar, ponte cómoda que tengo un mini rollo que contarte.

Los libros siempre han sido mi refugio y escribir mi vía de escape a todas las emociones que me invaden que son muchas, es lo que tiene ser intensa por naturaleza.

Me he imaginado historias, pajas mentales y una retahíla de chorradas desde que era un moco y le robaba los tacones a mi madre y montaba un sarao en cinco minutos. ¿Por qué? Por algo tan simple como hacer reír a los demás. Y es que las carcajadas de mis abuelos valen más que los bitcoins esos que están ahora tan de moda.

Luego llegaron las hormonas, esas malditas que te hacen perder la cabeza y sacar un sentido del ridículo desorbitado. Ahí empecé a recortar ese sentido del humor tan salao’ de mi infancia. ¡Qué pena, con lo bonica que era!

Pasó el tiempo y se acentuó el miedo a ser juzgada por lo que escribía. “Que si no lo hago bien, que si van a pensar que me creo no sé quién”. Pamplinas. Pero afortunadamente cuando tienes una verdadera pasión, esta despierta al dragón que llevas dentro y hace que tengas que sacar toda esa lava que llevas acumulando. Porque señorita, acumular no es bueno. ¡Larga vida al fuego interior y a los pintalabios que resucitan las caras de acelga!

Hace menos de un año decidí que yo iba a seguir escribiendo, o bueno, más bien empezar porque cuando me tuve que despedir de mi abuelo también lo hice de todo lo que había escrito y escondido hasta el momento.

Bendita hora cuando me apunté al curso de escritura creativa. Tuve que enfrentarme no solo a retos semanales de tono, personajes, sino que también a leer en público las mierdas que se me ocurrían y, oye, sigo viva y sin carteles que agolpen mi casa “no escribas más, petarda”.

Después de haber probado muchos estilos en este curso mi vena más femenina, más irónica y más absurda surgió a lo grande, que la pobre ya estaba cansada de chupar tanto banquillo. Y en este punto estamos, como diría mi querido Óscar, “con mi loca del coño a todo trapo”.

¿Y por qué escribo en femenino?

Porque las mujeres soportamos bastantes tonterías al cabo del día y creo que reírse de todas ellas es el paso a la liberación más pura. A no ser perfecta, a ser cómo queramos ser sin importar si es apropiado o no ese comentario, si voy a gustar más o menos por ser cuqui, deportiva o malafollá.

Así que darling, si quieres sentirte como si estuvieras con tu amiga en una tarde de “nos tomamos una y para casa”, quédate que a estas rondas invito yo 🙂

Te dejo un aperitivo erótico festivo para calentar la mañana, que igual con la ola de calor no es suficiente.

motivación
Que se jodan los envidiosos, que igual entonces sonríen.

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si eres un tía con rollazo y sentido del humor, compártelo en tus redes sociales 🙂


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Reír cambia tu vida, ¿tienes sentido del humor?

libertad

¡Hola bonitos!

A veces tengo la sensación de que el sentido del humor brilla cada vez más por su ausencia, que una larga lista de personas se pican hasta sin que les roce una ortiga y que no saben diferenciar la ironía o el absurdo de la realidad.

Quizás es por la necesidad imperiosa que parece implantada en los últimos tiempos de vida perfecta que transmiten numerosas redes sociales o quizás es que nunca tuvieron de qué reírse.

Reír es el salvavidas de la actitud

Creo firmemente y si no es así que el tatuaje que tengo en las costillas empiece a arder, que una vez consigues reírte de ti mismo cambia la perspectiva de tu vida. Sí, hijo, ríete. Cuando era una adolescente me tomaba más de una ironía o bromas como un ataque y me convertía en un miura pero, oye, los años además de las primeras arrugas también dan sentido del humor.

Me ha costado, no os lo voy a negar, pero ahora soy la primera en reírme de mí y ¡qué gustazo! como quitarse el sujetador al llegar a casa.

Con todo este rollo quiero que entendáis la razón de este relato absurdo, que ya me las estoy viendo venir jajaja

Uno de mis últimos retos era narrar una historia absurda, algo que no tuviera ni pies ni cabeza y que no dejara a nadie indiferente y desde luego que los que ya lo han leído me han dicho que indiferencia no es precisamente lo que provoca.

Reíd como si no hubiera mañana, igual de verdad no lo hay.

Antes de que deslicéis como locos la página hasta ver el relato, también quiero haceros otra recomendación: que los libros os acompañen este verano como lo hace la ola de calor.

No me digáis que en verano no tenéis tiempo para leer porque no me lo creo. Tiempo, queridos bonitos, hay. Otra cosa es que os de pereza o que os parezca que el chiringuito es más atractivo. Lo sé, la tentación de una piña colada es difícil pero se puede acompañar de un libro 🙂

La clave está en encontrar uno que os enganche y os haga disfrutar. ¡Ahí mis trucos!

  1. Si no eres lector habitual no cojas el libro más gordo de la estantería, te vas a agobiar.
  2. Busca una temática que te interese. Novela romántica, histórica, negra, etc. No tiene sentido que cojas un libro histórico si no te interesa en absoluto la historia, te vas a aburrir.
  3. Cualquier libro es válido. Que no te cuenten milongas de que si lees ciertos libros te llevan a una categoría inferior. Me parece mucho más importante que la gente lea en general a que solo se pueda leer a grandes eruditos.
  4. Llévate el libro a todas partes. Créeme, cuando menos te lo esperes va a surgir una oportunidad perfecta para desgranar otro par de páginas. En vez de invertir en la pantalla del móvil, hazlo en las páginas de un libro.

Y por último, el relato. Disfrutad pero sobre todo, recordad, sentido del humor 🙂

Las fiestas sin virgen

Huevilandia había desempolvado el traje de domingo, ese que también valía para las BBC. Las calles engalanadas con una fila de cáscara de huevos en cada lado con velas y barritas de incienso en su interior. Banderillas y música de tambores de fondo.  Las señoras como Doña Pura con el collar de perlas que le marcaba las lorzas del cuello se iban quitando los rulos descubriendo una melena encorsetada y apestada de laca. Los señores con Don Raimundo a la cabeza atestaban la tasca. El vino corría y el ego de sus cosechas también.

Todo marchaba como tenía que hacerse cada 25 de agosto. En la plaza del pueblo ya había colocada una ofrenda de huesos de pollo, cáscaras de naranja y aceite de pescado para honrar a la virgen de los santos huevos después de un buen año. Los vecinos, orgullosos, sacaron panza y metieron pecho para encaminarse hasta la ermita negra que guardaba la virgen.

Cuando llegaron el rugir de los tambores se mezcló con los berridos de los vecinos. “La virgen, ¿dónde está la virgen?”. Doña Pura tuvo un supuesto mareo asistido por sus comadres que sacaban los abanicos de plumas. Don Raimundo, embriagado por su fervor, se abrió paso hasta la única casa azul de Huevilandia. La de Arsenio, el boticario, o el brujo según decían las lenguas más sueltas.

Arsenio estaba en la puerta con un huevo en una mano y una taza de té de romero en la otra.

-¿Mal de estómago, Raimundo?

-¿Qué has hecho, maldito?

-Té de romero con un toque de anís de amapola, ¿gustas?

-Lo que gustaría sería ver tu cabeza en el campanario. ¿Dónde está la virgen?

-Vaya, hace mucho que no la veo. Creo que desde que la metí en mi cama.

-Arsenio, que no tengo el vino para barricas de dos duros. ¿Dónde está la virgen?

-Ah, que no era esa virgen. Pues entonces no puedo ayudarte. Para mí no hay más virgen que la que tiene un jardín entre las piernas.

Raimundo tenía los ojos inyectados en vino y la boca hecha fuego. Cuando se acercó un poco más al boticario, este le sonrió levantando el huevo.

-Curioso, Raimundo, veneras tanto a la virgen de los santos huevos y no eres capaz de reconocer que la Tierra es uno de ellos.

-Pero qué pamplina me estás contando. Dame a la virgen, Arsenio, o te juro que no llegas a la próxima cosecha.

No dio tiempo a que Arsenio le contradijera. Un grito llamó la atención de los dos hombres y del medio pueblo que allí se había arremolinado. “La virgen, la virgen, la virgen”. La virgen había aparecido. Estaba en lo alto de la ofrenda abierta de piernas mientras un gorrino le comía los santos huevos. El supuesto mareo de Doña Pura se convirtió en inconsciencia irreversible cuando de pronto la ofrenda comenzó a arder. Nadie daba crédito. La gloria de Huevilandia se veía reducida a los gemidos incesantes de las llamas.

-Raimundo, no llores. Al fin se ha roto el cascarón. Ahora sí que vas a ver la yema de la verdad. ¿Un chato y celebramos?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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