Esos locos románticos

Parece que ya no hay sitio para los románticos, para los que se muerden el labio cuando escuchan susurrar su nombre. 

Los sentimientos se han convertido en pecado y simplemente nombrarlos es un sacrilegio, no digamos ya tenerlos.

Lo efímero reina a sus anchas, lleva las riendas y el mundo dice estar a gusto llevando una vida vacía llena de prisas y sobretodo de frialdad. Abrazos y besos gélidos que llenan camas sin nombre porque ya no recuerdan quienes pasaron por allí.

Los corazones se esculpen en piedra y la mirilla de la puerta doble, no vaya a ser que llegue alguien queriendo algo más que un juego pasajero, alguien que quiera quedarse.

Parece que ya no hay sitio para los románticos, para esos dementes que buscan cualquier excusa para estar cerca, para escucharse y quererse. Para los que quieren una cita de verdad con su postre y el paseo más largo para así poder rascar unos segundos más a su lado.
Las noches de pasión se cuenta como si de una batalla triunfal se tratase. Sin mimo ni cariño, solo animal salvaje.

Pero cuenta la leyenda que todavía en algún rincón de la ciudad ocultos entre el resto de los mortales, hay quienes te hacen temblar las piernas cada mañana con un te quiero con sabor a hogar. Que desordenan tu vida de un solo golpe y sin aviso.

Que te hacen experta en sonrisas sonrojadas, te quitan la ceguera y te enseñan que sí hay sitio para amarse sin miedos ni segundas intenciones. Y que también se puede llorar de felicidad.

Ten cuidado si encuentras a un loco romántico porque te hará perder la razón, y no esperes que el resto comprenda que el amor no se mide en años sino en intensidad y conexión. Será vuestro pequeño secreto, el de amaros cada día un poquito más.







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No te guardes las ganas


No te guardes las ganas amiga mía de amar, de sentir y vibrar. De que tu pelo ondee a lo loco mientras mueres a carcajadas. De soñar alto, muy alto y de creer que el mundo brilla más cuando lo miras con ganas.


No te guardes las ganas de llorar, de soltar las emociones que se guardan, que se guardan ¿para qué?. Deja que fluyan y florezcan cual almendro en primavera. Suéltalas para que vuelen libres.


No te guardes las ganas de abrir ese vino y sentir el dulzor en tus labios. De estrenar ese vestido que lleva tanto tiempo esperando una ocasión especial, el momento es ahora. De pintarte los labios y pisar fuerte. No te guardes las ganas.


No te guardes las ganas de bailar sin importar donde, solo con quien. De saborear ese te amo que solo cobra sentido si lo dice él. Siéntelo fuerte o suave, pero siéntelo. Haz que tu corazón lo atrape y no lo suelte.

No te guardes las ganas de decirle al viento lo que piensas y lo que quieres. Que lleve al mensaje al lugar que sea, pero cuéntaselo para que lo lleve.

No te guardes las ganas para mañana, hazlas realidad hoy. La razón es fácil, el tiempo.

Un tiempo que no va a esperar al momento perfecto. El momento perfecto es el que tú creas porque él solo no va a venir a tocar a la puerta.

No te guardes las ganas de ser feliz por miedo. Sé feliz y punto. El presente está aquí y si en el futuro llegan razones por las que llorar, ya llegarán pero, ¿para qué anticiparse a algo que ni siquiera es seguro de que ocurra?
Simplemente no te guardes las ganas de nada, no ahorres en tu felicidad.
Llegó el momento de emprender el camino



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Los dueños de nuestro destino

“Y por fin llegó el día en el que las ganas de hacer las cosas que me apasionan se comieron al miedo”. Podría ser un gran final aunque en este caso es el mejor de los comienzos.

Empecé hace tres años superando al miedo a ponerme unas zapatillas cuando nadie me creía capaz y ahora lo hago de nuevo pero enfrentándome quizás a uno más profundo, compartir todas las historias, reflexiones y aventuras que pasan por mi cabeza.
Muchos escritores sufren el miedo a la página en blanco. Estoy convencida que siempre hay una historia que contar y con la que dar vida a esa página. El problema llega cuando no nos creemos capaces ni suficientemente buenos.
Y ahí comienza mi andadura con el quiero y no puedo.
Llevo años escribiendo y borrando todas las letras que ocupan esas páginas por vergüenza a quien las pudiera leer. Ahora no solo he decidido no borrar esas páginas, sino compartirlas. Habrá a quienes les gusten, a quienes les deje indiferentes o a quienes les parezca una auténtica perdida de tiempo pero lo que de verdad importa, o mejor dicho me importa, es que ese ansia por expresar lo que siento puede dejar la sombra.
Al fin y al cabo somos dueños de nuestro destino. Cada decisión por pequeña que sea hace que el barco se dirija a un sentido u otro. La cuestión es que el barco lo guíe el capitán y no la tormenta.
Quizás no somos conscientes de la fuerza que ejercemos sobre el resto con nuestras palabras, las que decimos y las que callamos. Hay silencios que lo dicen todo y conversaciones que no dicen absolutamente nada. 
Cuando repetimos una y otra vez una misma frase, esta se acaba convirtiendo en realidad, aunque la realidad sea otra bien distinta. Una palabra puede soltar las alas o cortarlas de cuajo. Es difícil ser indiferente aunque no imposible.
Las palabras nos ayudan a expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que somos, son parte nuestra carta de presentación.

Y las letras que forman las historias llenan mi vida, y espero que un poquito, parte de la vuestra 🙂

Lo dicho, aquí comienza el viaje, póngase cómodos y disfruten sin pensar en el destino. ¡Arrancamos!


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