Mírame el culo

Hello darling!

El mundo ya no es lo que era. Ahora a la gente moderna le ha dado por querer conectar con todo. Será que no tienen suficiente con el wifi y el 4G que los persigue a todas partes.

Dicen que es conectar con la naturaleza, saber apreciar el momento. Esta gente moderna será que no sabe que naturaleza no casa con tecnología. O que a mí lo que me hacía conectar era estar cual salvaje en el cortijo de mi abuelo. ¡Eso sí que era conexión! Me veía llegar y ya sabía lo que estaba tramando. Yo es que soy muy moderna para unas cosas y para otras no tanto. Será cosa del pueblo, no sé.

Me encanta fijarme en la gente. Cómo se mueven, cómo se relacionan con el medio. Aquí en las grandes ciudades hay mucho que observar porque hay demasiado espécimen suelto. Como te decía, el mundo ya no es lo que era. La gente ha dejado de mirarse, solo ven bultos para no tropezar mientras responden al siguiente mensaje. Que digo yo que igual con un café o unas cañas acababan antes.

La gente tampoco va a los bares como antes. Ir siguen yendo porque llenos están pero aunque su cuerpo esté pegado al barra ellos no están. Será por lo de conectar, que estarán buscando conexión con otro satélite. El caso es que el otro día vi algo que me dejó ya muerta matada del todo y me hizo reflexionar, qué me gusta esa palabra.

Sigue leyendo que te lo cuento 😉

culo cebra

Mírame el culo

Iba por una calle concurrida. Me adelanté porque venía gente de frente y todos, por mucho figurín que tuviésemos, no entrábamos en la acera. Al colocarme delante de mi chico y con mis vaqueros preferidos ajustándome bien el culo no se me ocurrió otra cosa que empezar a contonearme.

En mi cabeza ya se había montado una escena de lo más morbosa y estaba dándole alas para que dejase de ser un corto y se convirtiese en largometraje. Movía mis caderas al son de esa música que solo sonaba en mi mente pero que yo la oía como si de un concierto se tratase. Sonreía y me mordía el labio. Lo tengo que estar poniendo cardiaco, pensaba. Este culazo que las horas de gimnasio y sentadillas me han dado lo vuelve loco. Vamos, seguro. Me estaba acelerando hasta yo solo con pensar que se estaba relamiendo. Buf, es que estos vaqueros no dejan indiferentes a nadie.

La acera volvía a estar despejada pero seguí delante porque las vistas que le estaba regalando al mozo eran para mojar huevos fritos, pan y lo que quieras. Iba a darle un poquito más de gloria. Pasé por un escaparate y me miré mi monumento orgullosa. De verdad, vaya culazo he echado. Giré la cabeza esperando esa mirada picarona que me pone tan tonta y lo que me encontré fue a un tonto mirando el maldito móvil.

¡Mírame el culo! Me daban ganas de gritarle en plena calle. ¿En qué momento un señor culo embutido en un vaquero, así bien redondito y respingón, ha sido sustituido por una simple pantalla? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Dime. ¿Es su luz, los mensajes que parpadean, el sonido de sus teclas al rozarla?

El muchacho seguía a lo suyo, muy conectado. Se ve que estaba enchufado a otro planeta porque de mis hondas no se enteraba. Mi idea erótica festiva se estaba tornando funeral porque no sabía si quitarle el móvil y estamparlo contra el suelo o estamparlo a él contra mi culo. Venga, mejor respira, me decía. Total, el que va a dormir sin vistas y pegado a la pared va a ser él.

Gracias por dejarme besarte con letras y por tener sentido del humor 🙂

Si te gusta ya sabes, ¡comparte!


Continue Reading

Mis primeras lecturas de julio

Hello darling!

Ya está disponible en mi canal de youtube, como dice la gente moderna, un nuevo vídeo sobre libros, ¡oh yeah!

En este vídeo tenía ganas de contar mis primeras lecturas de julio. Los tres libros son completamente diferentes: novela histórica, narrativa romántica y narrativa extranjera.

Son historias que me han transmitido emociones distintas pero si me tuviera que decantar por uno de los tres sería la novela extranjera 😉

Échale un vistazo al vídeo y descubre cuáles son los títulos de estos libros.

¡Y como no! Si tienes alguna sugerencia o te apetece contarme algo, déjame un comentario.

Estoy convencida de que hay un libro para cada persona y mi reto con este canal es encontrar el que sea perfecto para ti.

Ante la duda, lee 😉

Y por supuesto, comparte este amor por las letras en tus redes, ya sabes que me hace ilu.

Gracias por dejarme besarte con letras.


Continue Reading

Verano, libros y las tetas de Paula

tiempo
Imagen: Alexas_Fotos

Hello darling!

Anonadada me encuentro al ver que estamos a mitad de julio, ¿cómo puede pasar tan rápido el tiempo? Si te digo la verdad, no tengo la sensación de que sea verano. ¿El calor? Pues tampoco lo estoy notando tanto y es que aunque te parezca mentira nuestra casa es tan fresca que alguna noche todavía nos tapamos con la mantita de pelo. Hemos hecho un pacto con el diablo, el señor marido día sí y día también se come la lámpara del techo pero a cambio dormimos en la Antártida.

Me acuerdo de algún verano en el pueblo y lo largos que se me hacían. No veía el día de oler los libros nuevos del cole, sí, así de bonica era. Bueno, y lo sigo siendo porque aunque no huela los libros del cole, huelo los que leo. Puedes llamarme friki, rara o loca de los libros, que los gatos no me gustan, el caso es que un libro nuevo tiene un olor especial. Y si no me crees, huele tú misma el próximo que caiga en tus manos.

Ahora el tiempo corre que se las pela, se ve que llega tarde a algún sitio. Pobre, se le habrá olvidado poner el despertador. Mi hermano ya no es ese niñito al que le hacía putadas sino un atacaor como diría mi abuelo, muchas de mis amigas ya tienen hijos y yo rezo por una caducá sin gluten. ¡Señores de la Alhambra, hagan a esta sensible al gluten feliz!

Pero hay cosas que por mucho tiempo que pase no cambian. Y una de ellas es que me den horas más que indecentes bebiendo letras y a la mañana siguiente libro acabado y ojeras victoriosas. Hay un tipo de libros que yo los denomino, libros de verano. Se reconocen fácilmente. Entre 300 y 500 páginas, lectura ligera, tema cotidiano, alguna que otra situación absurda, risas y más risas y te hacen recordar alguna anécdota vivida en tus carnes o en la de tus amigas.

En este post, te proponía algunos trucos para elegir un libro. Hoy quiero compartir algunos de los libros de verano que me han acompañado.

Libros de verano, una prolongación de tu ser en la playa

  1. Las ranas también se enamoran, Megan Maxwell. Ha sido el último que he leído. Tan último que lo terminé ayer a la pecaminosa hora de las cuatro de la mañana. Un día me ha durado. Me encantó el ritmo y el tono del libro. Te saca una sonrisa desde la primera página. Es un libro que ves venir el final desde la página 50 pero tiene el poder de engancharte y que no seas capaz de soltarlo. Es fresco y descarado. El tema de la adolescencia de la protagonista me resultó muy difícil de creer, vamos, no me convenció y alguna frase ya demasiado usada, pero en general es un libro perfecto para entretenerse.
  2. Los besos no se gastan, Raquel Martos. Lo que lloré con este libro… Mis primos en la playa mirándome “¿qué le ha dado a esta?”. Al final lleva razón mi amigo Óscar, soy tan intensa que no hay día que no me emocione. Me pareció muy tierno a la vez que divertido. El final es durillo, de ahí los lagrimones como melones de la Mancha pero merece mucho la pena leerlo. Seguro que te va a traer más de un recuerdo con alguna amiga.
  3. Los caracoles no saben que son caracoles, Nuria Roca. Es otro de los libros con los que me reí un montón. Empieza con un duro golpe y te deja “dios mío cómo arrancamos” pero poco a poco te va dibujando una sonrisa. También es de los que enganchan por su frescura. Seguro que alguna vez te has sentido un poco caracol, y no por lenta.
  4. En los zapatos de Valeria, Elisabet Benavent. Me lo pasé bomba con la saga de Valeria porque sí, darling, son cuatro libros que te van a enamorar y hacer reír a carcajadas. La personalidad del grupo de chicas está más que bien definida así que es fácil que relaciones a una de ellas con una de tus amigas. A mí me recordó muchísimo a un grupo de whatsapp de amigas a las que adoro pero que están demasiado lejos.
  5. La luz de Candela, Mónica Carrillo. Reconozco que las expectativas me jodieron el libro. Me fascinan los microcuentos que crea Mónica así que tenía un ansia terrible por el leer su libro. Se me quedó un poco flojito. No sé si por el tono o porque me faltó rock & roll. Me parece que es un libro ideal para leer en la playa o en algún lugar donde es fácil distraerse porque no pierdes el hilo.

¿Qué vas a leer este verano? Yo de momento te dejo mi último relato. Además, te adelanto que esta historia no queda cerrada así que tendrás futuras noticias de las travesuras de Paula.

Las tetas de Paula

Cinco mensajes directos, siete súperlikes y dos cafés fríos era la conclusión de la tarde de Paula. Desde que Diego había cogido las maletas para irse –lo siento, cariño, no eres tú, soy yo que me ahogo, quiero crecer, ver mundo y tener aspiraciones– Paula se había autoconvencido de que ella también iba a ser una moderna de esas que follan en la primera cita.

Se había comprado el pintalabios del rojo más intenso que había en la tienda y un conjunto de lencería que aún hacía tiritar su cuenta. –Uy, menudo conjuntito. Tu chico se va a poner muy contento cuando te vea–.

Su chico no lo iba a ver pero esperaba que él espécimen que la iba a recoger esa noche y por el que rezaba que haberse quitado hasta el último pelo de antigua no solo lo viera sino que se lo arrancara.

Y allí estaba ella dos horas después en el portal de su casa. El vestido ganador era uno negro con bien de escote y como había escuchado alguna vez a su abuela, no se sabía si vendía pierna o compraba tela. Sacó a su moderna y se metió en el coche con Luis, abogado divorciado de treinta y tantos con ganas de pasarlo bien.

Paula se aburrió soberanamente y bebió vino como si lo fueran a prohibir. El espécimen solo hablaba de lo importante que era en su trabajo, de los pisazos que había comprado en el centro, de lo buen amante que era. Paula asentía y sonreía como si aquello fuera lo mejor que le podían haber dicho esa noche.

Sacó a esa moderna borracha que ahora era dueña de su cuerpo y jugando con la cucharilla del postre le dijo –pues si tan buen amante eres, estaría bien comprobarlo, ¿no?–. Luis que llevaba seis meses sin mojar ni pan en los huevos fritos pagó sin mirar la cuenta y la llevó al pisillo con encanto de 35 metros a 10 kilómetros del centro.

Paula llevaba aún el conjunto de lencería cuando Luis se corrió de gusto. –Lo siento, nunca me voy tan rápido. Es que tienes unas tetas que me ponen–. Y Paula ni siquiera le dejó acabar la frase –como un cerdo imagino porque casi me las revientas–.

Ella intentó quitarse de encima esa mala hostia de calentón recalentado sin haberse apagado pensando en un segundo round pero Luis decidió que roncar a grito pelado era la opción más elegante.

A la mañana siguiente cuando Luis le escribió, Paula también fue muy elegante. Lo bloqueo de la app y mandó una propuesta a la atención al cliente de la plataforma.

“Queridos creadores, estoy segura de que el índice de éxito de vuestra app entre los hombres debe ser un pico más alto que el encanto que se esconde entre sus piernas. Como buena usuaria que soy y con ánimo de que los vende humos y mujeres a punto de combustionar desaparezcan, os invito a añadir un botón de “gemidos prometidos no cumplidos” en los perfiles de esos candidatos tan tórridos que se anuncian. Atentamente, una moderna que os lo agradecerá eternamente”.

Gracias por dejarme besarte con letras.

¿Te ha gustado? Comparte en tus redes sociales y mencióname, me hace mucha ilu 😉


Continue Reading

Más femenina, más irónica y más absurda

Hello darling!

Te acabas de topar con una señorita más femenina, más irónica y más absurda. Sí, te presento a mi yo sin filtros.

La actitud no sé si mueve montañas pero a mí me cambia la sonrisa.

Si has seguido el blog habitualmente sabes que este va a tomar un rumbo mucho más divertido y cañero. Si acabas de llegar, ponte cómoda que tengo un mini rollo que contarte.

Los libros siempre han sido mi refugio y escribir mi vía de escape a todas las emociones que me invaden que son muchas, es lo que tiene ser intensa por naturaleza.

Me he imaginado historias, pajas mentales y una retahíla de chorradas desde que era un moco y le robaba los tacones a mi madre y montaba un sarao en cinco minutos. ¿Por qué? Por algo tan simple como hacer reír a los demás. Y es que las carcajadas de mis abuelos valen más que los bitcoins esos que están ahora tan de moda.

Luego llegaron las hormonas, esas malditas que te hacen perder la cabeza y sacar un sentido del ridículo desorbitado. Ahí empecé a recortar ese sentido del humor tan salao’ de mi infancia. ¡Qué pena, con lo bonica que era!

Pasó el tiempo y se acentuó el miedo a ser juzgada por lo que escribía. “Que si no lo hago bien, que si van a pensar que me creo no sé quién”. Pamplinas. Pero afortunadamente cuando tienes una verdadera pasión, esta despierta al dragón que llevas dentro y hace que tengas que sacar toda esa lava que llevas acumulando. Porque señorita, acumular no es bueno. ¡Larga vida al fuego interior y a los pintalabios que resucitan las caras de acelga!

Hace menos de un año decidí que yo iba a seguir escribiendo, o bueno, más bien empezar porque cuando me tuve que despedir de mi abuelo también lo hice de todo lo que había escrito y escondido hasta el momento.

Bendita hora cuando me apunté al curso de escritura creativa. Tuve que enfrentarme no solo a retos semanales de tono, personajes, sino que también a leer en público las mierdas que se me ocurrían y, oye, sigo viva y sin carteles que agolpen mi casa “no escribas más, petarda”.

Después de haber probado muchos estilos en este curso mi vena más femenina, más irónica y más absurda surgió a lo grande, que la pobre ya estaba cansada de chupar tanto banquillo. Y en este punto estamos, como diría mi querido Óscar, “con mi loca del coño a todo trapo”.

¿Y por qué escribo en femenino?

Porque las mujeres soportamos bastantes tonterías al cabo del día y creo que reírse de todas ellas es el paso a la liberación más pura. A no ser perfecta, a ser cómo queramos ser sin importar si es apropiado o no ese comentario, si voy a gustar más o menos por ser cuqui, deportiva o malafollá.

Así que darling, si quieres sentirte como si estuvieras con tu amiga en una tarde de “nos tomamos una y para casa”, quédate que a estas rondas invito yo 🙂

Te dejo un aperitivo erótico festivo para calentar la mañana, que igual con la ola de calor no es suficiente.

motivación
Que se jodan los envidiosos, que igual entonces sonríen.

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si eres un tía con rollazo y sentido del humor, compártelo en tus redes sociales 🙂


Continue Reading

La Trilogía del Baztán, Dolores Redondo

¡Hola bonitos!

Después de algún problemilla técnico, he vuelto a poder abrir el canal, ¡yuhu! Tenía unas ganas inmensas de ponerme delante de la cámara y contar lo que me hacen sentir los libros.

El vídeo de esta semana es la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

Una historia que aúna misterios, creencias, asesinatos y a la que nadie queda indiferente. Estoy segura de que os va a enganchar. Además, os explico el experimento que ideamos en casa con estos libros. A nosotros nos ha encantado y son una idea genial para estas vacaciones.

Ya estoy preparando el próximo vídeo, esta vez, sobre novela histórica, ¿adivináis cuál puede ser?

Nos leemos el jueves con otro relato.

A ti, gracias por dejarme besarte con letras. Y recuerda, si te gusta el vídeo, ¡comparte!


Continue Reading

Reír cambia tu vida, ¿tienes sentido del humor?

libertad

¡Hola bonitos!

A veces tengo la sensación de que el sentido del humor brilla cada vez más por su ausencia, que una larga lista de personas se pican hasta sin que les roce una ortiga y que no saben diferenciar la ironía o el absurdo de la realidad.

Quizás es por la necesidad imperiosa que parece implantada en los últimos tiempos de vida perfecta que transmiten numerosas redes sociales o quizás es que nunca tuvieron de qué reírse.

Reír es el salvavidas de la actitud

Creo firmemente y si no es así que el tatuaje que tengo en las costillas empiece a arder, que una vez consigues reírte de ti mismo cambia la perspectiva de tu vida. Sí, hijo, ríete. Cuando era una adolescente me tomaba más de una ironía o bromas como un ataque y me convertía en un miura pero, oye, los años además de las primeras arrugas también dan sentido del humor.

Me ha costado, no os lo voy a negar, pero ahora soy la primera en reírme de mí y ¡qué gustazo! como quitarse el sujetador al llegar a casa.

Con todo este rollo quiero que entendáis la razón de este relato absurdo, que ya me las estoy viendo venir jajaja

Uno de mis últimos retos era narrar una historia absurda, algo que no tuviera ni pies ni cabeza y que no dejara a nadie indiferente y desde luego que los que ya lo han leído me han dicho que indiferencia no es precisamente lo que provoca.

Reíd como si no hubiera mañana, igual de verdad no lo hay.

Antes de que deslicéis como locos la página hasta ver el relato, también quiero haceros otra recomendación: que los libros os acompañen este verano como lo hace la ola de calor.

No me digáis que en verano no tenéis tiempo para leer porque no me lo creo. Tiempo, queridos bonitos, hay. Otra cosa es que os de pereza o que os parezca que el chiringuito es más atractivo. Lo sé, la tentación de una piña colada es difícil pero se puede acompañar de un libro 🙂

La clave está en encontrar uno que os enganche y os haga disfrutar. ¡Ahí mis trucos!

  1. Si no eres lector habitual no cojas el libro más gordo de la estantería, te vas a agobiar.
  2. Busca una temática que te interese. Novela romántica, histórica, negra, etc. No tiene sentido que cojas un libro histórico si no te interesa en absoluto la historia, te vas a aburrir.
  3. Cualquier libro es válido. Que no te cuenten milongas de que si lees ciertos libros te llevan a una categoría inferior. Me parece mucho más importante que la gente lea en general a que solo se pueda leer a grandes eruditos.
  4. Llévate el libro a todas partes. Créeme, cuando menos te lo esperes va a surgir una oportunidad perfecta para desgranar otro par de páginas. En vez de invertir en la pantalla del móvil, hazlo en las páginas de un libro.

Y por último, el relato. Disfrutad pero sobre todo, recordad, sentido del humor 🙂

Las fiestas sin virgen

Huevilandia había desempolvado el traje de domingo, ese que también valía para las BBC. Las calles engalanadas con una fila de cáscara de huevos en cada lado con velas y barritas de incienso en su interior. Banderillas y música de tambores de fondo.  Las señoras como Doña Pura con el collar de perlas que le marcaba las lorzas del cuello se iban quitando los rulos descubriendo una melena encorsetada y apestada de laca. Los señores con Don Raimundo a la cabeza atestaban la tasca. El vino corría y el ego de sus cosechas también.

Todo marchaba como tenía que hacerse cada 25 de agosto. En la plaza del pueblo ya había colocada una ofrenda de huesos de pollo, cáscaras de naranja y aceite de pescado para honrar a la virgen de los santos huevos después de un buen año. Los vecinos, orgullosos, sacaron panza y metieron pecho para encaminarse hasta la ermita negra que guardaba la virgen.

Cuando llegaron el rugir de los tambores se mezcló con los berridos de los vecinos. “La virgen, ¿dónde está la virgen?”. Doña Pura tuvo un supuesto mareo asistido por sus comadres que sacaban los abanicos de plumas. Don Raimundo, embriagado por su fervor, se abrió paso hasta la única casa azul de Huevilandia. La de Arsenio, el boticario, o el brujo según decían las lenguas más sueltas.

Arsenio estaba en la puerta con un huevo en una mano y una taza de té de romero en la otra.

-¿Mal de estómago, Raimundo?

-¿Qué has hecho, maldito?

-Té de romero con un toque de anís de amapola, ¿gustas?

-Lo que gustaría sería ver tu cabeza en el campanario. ¿Dónde está la virgen?

-Vaya, hace mucho que no la veo. Creo que desde que la metí en mi cama.

-Arsenio, que no tengo el vino para barricas de dos duros. ¿Dónde está la virgen?

-Ah, que no era esa virgen. Pues entonces no puedo ayudarte. Para mí no hay más virgen que la que tiene un jardín entre las piernas.

Raimundo tenía los ojos inyectados en vino y la boca hecha fuego. Cuando se acercó un poco más al boticario, este le sonrió levantando el huevo.

-Curioso, Raimundo, veneras tanto a la virgen de los santos huevos y no eres capaz de reconocer que la Tierra es uno de ellos.

-Pero qué pamplina me estás contando. Dame a la virgen, Arsenio, o te juro que no llegas a la próxima cosecha.

No dio tiempo a que Arsenio le contradijera. Un grito llamó la atención de los dos hombres y del medio pueblo que allí se había arremolinado. “La virgen, la virgen, la virgen”. La virgen había aparecido. Estaba en lo alto de la ofrenda abierta de piernas mientras un gorrino le comía los santos huevos. El supuesto mareo de Doña Pura se convirtió en inconsciencia irreversible cuando de pronto la ofrenda comenzó a arder. Nadie daba crédito. La gloria de Huevilandia se veía reducida a los gemidos incesantes de las llamas.

-Raimundo, no llores. Al fin se ha roto el cascarón. Ahora sí que vas a ver la yema de la verdad. ¿Un chato y celebramos?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

¿Te ha gustado? Compártelo en tus redes sociales 🙂


Continue Reading

Feria del libro en Madrid, ¿viajamos?

¡Hola bonitos!

Cuando llegamos a Madrid una de las cosas que me propuse es asistir y disfrutar de más eventos culturales, sobre todo relacionados con libros.

La feria del libro es un ejemplo de amor por las letras

Disfrutamos muchísimo de la feria del libro de Madrid, de las actividades y del ambiente tan bonito que se respiraba. Me da una alegría inmensa cuando veo a la gente cargada de libros, compartiendo experiencias y con el brillo en los ojos porque su autor favorito le va a firmar su última novela.

Feria del libro de Madrid
Feria del libro de Madrid

 

En Málaga tuve el placer de asistir a mi primera firma de libros. En ese momento fue con Màxim Huerta y las emociones vividas aún me ponen los pelos de punta.

Cuando supe que la firma de Carme Chaparro coincidía con nuestra llegada a Madrid ni me lo planteé dos veces. Habíamos comprado su libro No soy un monstruo nada más aterrizar en Barajas del viaje de Indonesia aunque aún no lo he tocado porque lo tiene el señor marido entre manos. Deseando estoy que lo termine 🙂

A él nunca le ha gustado leer pero poco a poco le he ido transmitiendo la pasión por los libros y justo de eso estuvimos hablando con Carme. A las personas no hay que imponerles la lectura, hay que acompañarlas y ayudarlas a descubrir.

Firma del libro de Carme Chaparro
Firma del libro de Carme Chaparro

 

Estoy totalmente convencida de que hay un libro para cada persona solo hay que saber encontrarlo. Por ejemplo, en nuestro caso nunca se me ocurriría recomendarle un libro largo o denso porque a la tercera página lo va a abandonar. Sin embargo, novela negra, libros de aventuras y que no sean muy largos hemos descubierto que es el estilo que a él le engancha.

Charlar con Carme sobre la lectura en general fue genial. Me sorprendió su cercanía y la energía que transmite. Se le nota a leguas que adora este mundo. La dedicatoria que nos regaló me encantó 🙂

 

Dedicatoria No soy un monstruo
Dedicatoria No soy un monstruo

 

Una de las cosas que os comentaba a la vuelta del parón de vacaciones, es que voy a añadir nuevas categorías al blog. De momento estreno Monólogo interior. Cuando dimos esta parte en clase de escritura se me encendió la bombilla. Me parece una forma estupenda de relatar cualquier situación basándome en el humor.

Mi intención es ir adaptando mi estilo más al humor, a los absurdos. Creo que dibujar una sonrisa, por leve que sea, a alguien es brutal. Me di cuenta que mis anteriores textos estaban marcados por la tristeza o la angustia y no quiero transmitir eso. Me apetece que cuando alguien lea alguno de mis relatos le de un punto de risa y no de pena, que bastantes ya hay en las noticias.

Así que allá voy con mi primer monólogo interior. Estoy segura que alguno de vosotros os habéis visto en una situación así 🙂

La fila del demonio

Nunca entenderé por qué la gente no sabe hacer una fila. ¿Es tan complicado? Una persona, perro o cosa y después otra y así sucesivamente hasta crear una serpiente no un nido de berreos sin sentido ni orden.

Igual hay que estar bendecido por los antiguos dioses para entender ese lenguaje en clave, “hacer una fila”. O quizás es que el verdadero símbolo del demonio es la fila y no el 666.

Yo creo que la gente entra en barrena en el momento que tienen que hacer una fila y ya si es en un aeropuerto plomos fundidos con doble de cortocircuito. Nada, que por mucho que se desgañite la azafata la manada sigue dispersa con las orejeras puestas. ¡Qué cansinos! Aunque lo mejor son los empujones por entrar en una puerta minúscula, parecen más un vómito de sábado noche.

El espectáculo es cómico y a la vez tétrico. Se supone que esa gente son médicos, operarios, dependientes, maestros… Si de antemano no saben hacer una fila, Dios mío que no sea necesario que mi vida dependa de uno de ellos o ya puedo ir contándole a San Pedro que me he quedado con cupones sin canjear, que esa es otra, lo de los cupones de descuento.

La tensión aumenta cuando llega una señora con aire de “yo no sé nada, ay, pobre de mí” quiere saltarse la supuesta fila. -Si solo voy a hacer una preguntita y ya está. No te jode, ¿el resto estamos aquí porque esa mañana no había nada más entretenido en la tele? Y así como un pedo silencioso que lo impregna todo, afloja sus dudas y se queda tan a gusto.

Yo también tengo una pregunta, señora, ¿por qué nadie sabe hacer una fila y ya no digamos esperar su turno?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

Compártelo en tus redes sociales si te ha gustado 🙂


Continue Reading

Cuéntame un microcuento

¡Hola bonitos!

¿Estáis preparados para que os susurre unos microcuentos? Pues ahí van, entre noticia y noticia, microcuento 🙂

La semana pasada os contaba en este post que todavía quedaban algunas noticias que compartir. La primera y con la que me faltan dedos que cruzar, es que el 10 de julio me confirmarán si tengo plaza o no en el Máster de Traducción Literaria. Os prometo que dejo las copas de champán preparadas por si acaso.

No necesito que me den buenas noticias, me basta con crearlas yo misma Clic para tuitear

Aunque todo el mundo me dice que es la parte de la traducción peor pagada, que casi no hay trabajo y un sinfín de historias para no dormir, a mí me va a explotar el corazón de la emoción. Nada es fácil sea en el ámbito que sea, y no espero que en este aspecto me lluevan pétalos de rosa por el camino ni que me den a traducir nada más empezar el próximo Harry Potter, pero lo que tengo más claro que los cristales de mi abuela, es que yo no me voy a quedar con las ganas de intentarlo. Como me dijo mi profe de latín y griego en esos lejanos tiempos del bachillerato, “estudia lo que te gusta que ya trabajarás en lo que puedas”.

Abrirse camino es muy difícil, lo sé, pero aunque a veces la paciencia me puede faltar tengo una virtud, cuando se me mete algo entre ceja y ceja no paro. Y creo que es la clave de cualquier cosa, constancia y sobre todo mucha pasión. Cuando amas lo que haces no te importa echar horas, investigar, tocar puertas… porque sabes que al final merecerá la pena esa inversión.

Solo necesito que digas que no puedo para que el dragón derrita los miedos, los peros Clic para tuitear

Lo mismo me está pasando con la creación de mi web profesional, hellominitrebol.com ¡Dadme un giratiempo ya! Sinceramente pensaba que me iba a costar bastante menos, pero no. Borrador, otro borrador y tiro porque me toca. Menos mal que he sobornado al señor marido para que lleve la parte técnica. Aunque hay momentos que me siento abrumada, también estoy muy muy ilusionada de ver algo que es mío, para bien o para mal. ¿Funcionará? Espero que sí y si no me llevaré otra lección de vida.

Es curioso que cuando acabé la licenciatura llegué a odiar la traducción e incluso me arrepentí de haber elegido esa carrera. El famoso calentón del momento. Todos estos años trabajando más o menos alejada de ella, me han hecho darme cuenta que la excitación y curiosidad que me produce sentarme delante de un texto para traducirlo o crear uno desde cero, como puede ser un relato, no me lo aporta nada más. Me fascinan las letras y los idiomas así que cómo no voy a intentar convertirlos en mi forma de vida.

Podría llegar a aprender cientos de idiomas, solo me interesa uno, dicen que se llama amor Clic para tuitear

Una de las cosas que más me gusta de haberme mudado a Madrid es la oferta tan amplia de eventos culturales y deportivos. Durante la feria del libro tuvimos la suerte de conocer un proyecto que me enamoró, Léeme. Además, durante la presentación del proyecto hicieron un sorteo y al señor marido le tocó el libro “Amor líquido”.

Os presento al señor marido 🙂

Irene transmite en un formato muy cómodo, el vídeo, su pasión por los libros y va más allá de mencionar si le gusta o no el libro sino que indaga en el autor, en la obra, en los porqués. Si la primera temporada me ha enganchado la segunda me tiene alucinada, la vuelta al mundo en 81 libros. ¿Puede ser más guay conocer lo que ocurre en esos libros en los lugares en los que se han escrito o inspirado? Muy brutal.

Estoy convencida de que va a dar mucho de que hablar y, ¿sabéis por qué? Porque es una pasada escucharla hablar de su proyecto, la pasión e ilusión se ven y se sienten. Os dejo el primer vídeo de la primera temporada, disfrutad 🙂

Le prometió un regalo único, uno que le hiciera volar sin mover los pies. Y de su mano, un libro Clic para tuitear

Y por último, os quiero hablar de los microcuentos.

Como habéis visto, he ido añadiendo microcuentos a modo de resumen de lo que os iba contando, ¿por qué? Me parece que la fuerza y creatividad que encierra un microcuento es muy potente. Un número limitado de palabras con las que tienes que expresarlo todo. Un gran reto.

A mí especialmente me encanta intentar darles forma mediante historias que ocurren a mi alrededor. Pasear por la calle, captar una situación y convertirla en microcuento. El libro de Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios me gusta mucho y tiene unas ilustraciones que son preciosas. Si os interesa, podéis encontrarlo aquí.

Lo que sí os aconsejo es que no intentéis leer un montón de microcuentos de golpe porque os vais a perder muchos matices. Un microcuento esconde más de lo que las palabras dicen. Leed y sentid las emociones que os trasmiten, no os fijéis en las palabras en sí.

La flor más bella no se seca, renace en cada emoción Clic para tuitear

A ti personalmente, gracias por dejarme besarte con letras.


Continue Reading

Reinventarse y vivir

¡Hola bonitos!

¿Qué tal han ido las cosas durante este descanso? Yo reboso energía y la pena es que no pueda embotellarla para cuando esté al mínimo, aunque bueno, siempre me quedará el café 🙂

Este mes de vacaciones ha sido muy diferente al resto. Durante 21 días he estado recorriendo Bali, Islas Gili y Yogyakarta y los podría resumir en dos palabras, intensidad e inmensidad, más que nada para no daros mucho la tabarra. Ha sido un viaje en el que intenté, y casi lo consigo al 100%, olvidarme de todo lo que tenía aquí para centrarme en tener los sentidos muy alerta y no perderme detalle alguno.

Desconectar de esa manera y terminar de vaciar la carga emocional de estos últimos meses, me ha permitido ver la realidad desde otra perspectiva, mucho más simple. Básicamente, tener la certeza de que poco a poco estoy recorriendo el camino que de verdad quiero. Lo que también os aseguro es que ha sido uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

 

Hace poco más de una semana me he mudado a Madrid, ¡me tiene loquita perdida! Y si tenéis alguna sugerencia, tengo los oídos muy limpios para anotarlas todas, eso sí, las de comer que sean gluten free 🙂

En cuanto a mi situación profesional, me he adentrado en el oscuro mundo del freelance. Echaba de menos traducir y tener un contacto más directo con las letras. Estoy inmersa también en el copywriting, aprendiendo muchísimo de gente muy pro como Javi Pastor y Rosa Morel. El 1 de julio voy a asistir al I Encuentro de Redactores Digitales y tengo un ansia por ir que no puedo con ella. Espero que para agosto os pueda enseñar mi web profesional, amor y contenido chulo ya os aseguro que no le va a faltar.

A ver y qué os cuento más… ¡Ah, sí! Durante este tiempo no he dejado de escribir. El curso de escritura creativa lo he tenido que trasladar al modo online porque como todavía no han inventado el teletransporte, que ya les vale, era inviable ir todos los jueves a Málaga. Justo ahora a finales de junio lo acabo y me da mucha penita, ya se sabe, nada es eterno y esto supone un cambio en el blog.

Una vez tanteados diferentes tipos de textos, de géneros y de como yo misma me siento he decidido decantarme por un tono y estilo. Ya os lo confirmaré en cuanto acabe el curso no vaya a ser que ahora probemos algo nuevo y sea para morirse de gusto.

Y hasta aquí el pequeño resumen de cómo están las cosas. Me quedan por comentaros un par de novedades más pero os las dejo para la semana que viene, no quiero empachar 🙂

Con lo que sí quiero cerrar es con el último relato que llevé a clase, quizás uno de lo más personales. Saboreadlo.

Atardecer en Gili

Cuéntamelo otra vez

Otra vez tarde, ni siquiera llego para la merienda. Cuando abro la puerta de casa escucho unas carcajadas que me acompañan hasta el salón. Me quedo en el umbral mirando y ahora soy yo la que no puede evitar sonreír. Mi madre y Lucas están tirados en el suelo disfrazados de indios mientras las flechas vuelan de una banda de cojines a la otra. Por un instante cierro los ojos para volver a ser niña.

-¡Abuelo, abuelo! Cuéntamelo otra vez. Cuéntame qué te pasó con la boina.

Mi abuelo me acarició el pelo con la dulzura de quien te ama por encima de su propia vida y aclaró la voz mientras yo lo miraba embobada desde mi pequeña silla de anea.

-Una tarde fui al pueblo de al lado al barbero. En este pueblo éramos tan pocos que si queríamos cortarnos el pelo o ir al médico había que ir con el burro hasta Uryuba. Cuando llegué me dijo que cómo me lo quería cortar, al uno, al cero, al doble cero. Le dije muy convencido que al doble cero. Cuando metió la maquinilla me quise morir, ¡Dios mío si tengo la cabeza como un enfermo! Ya no había escapatoria, así que me tuve que volver con la boina puesta y una lección a cuestas.

En el pueblo los chiquillos no dejaban de meterse conmigo y alguna que otra pelea cayó balate a bajo. Una tarde, Luis, uno de los chicos mayores me quitó la boina.

-¿La quieres cabeza de melón? Cógela, venga, no llegas, cógela.

Él era mucho más alto que yo así que por más que saltaba con todas mis fuerzas no conseguía recuperarla.

-¿Y qué pasó, abuelo? -le dije entusiasmada a mi héroe.

-A veces cuidaba las cabras de mi padre así que tenía buena puntería y en ese momento no se me ocurrió otra salida que coger una piedra plana del suelo y tirársela a Luis. Cayó seco y un hilo de sangre le manchó la camisa. Todos los niños empezaron a gritar ¡lo has matado, lo has matado! Me asusté tanto que me fui corriendo a las faldas de mi abuela Sagrario. Los niños se chivaron y al cabo de un rato llegó mi padre hecho una furia. El médico estaba visitando a Luis y la cosa pintaba fea. Mi padre me quería matar, no dejaba de gritar y dar golpes por la casa pero mi abuela una vez más me salvó de otra manta palos. ¡Ay mi abuela! Bendita mujer.

Al día siguiente nos enteramos de que Luis había estado jugando a las cartas con la muerte pero finalmente había decidido que le gustaba más jugar al mus con los del pueblo. Creo que no me ha pesado tanto el mundo, ni comparable a las largas tardes acarreando sacos de aceitunas.

Antes de abrir los ojos dejo que su imagen me inunde un ratito más, no quiero soltarlo. Los surcos de su frente capricho del campo, la risa sonora que le daba al acabar de contar las historias y el poder de sus ojos azules. Cómo echo de menos esas tardes.

-¡Mamá, mamá! Si ya estás aquí -me dice Lucas devolviéndome a mis 35.

-Hola peque, ¿qué tal lo has pasado con la abuela?

-Muy guay mamá. Mira, mira, somos indios y te vamos a capturar para que no vayas más a trabajar y meriendes con nosotros.

-¿Qué parece a jefe Oso blanco si tomar chocolate de la paz y contar historias?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

P.D: ¿Te ha gustado? Compártelo en tus redes sociales y mencióname 🙂


Continue Reading

¡Maleta en mano!

¡Hola bonitos!

La semana pasada os comentaba que este mes de mayo venía cargado de novedades en mi vida, la primera que os mencionaba es que en junio trasladamos nuestro pequeño hogar a Madrid. Y la que me faltaba… ¡qué nos vamos tres semanas a Indonesia!

El blog y el canal de Youtube quedan en modo vacaciones hasta nuevo aviso. Nos hemos ganado a pulso esta experiencia y quiero estar lo más “desconectada” posible para cargar la mochila de ideas y aire fresco 😉

He publicado dos vídeos nuevos en el canal para amenizar el modo barbecho, uno sobre mi visita a Urueña, Villa del libro, y book haul de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valladolid. En el segundo os cuento los libros que me voy a llevar para las 18 horacas de vuelo. Son cortitos así que podéis cotillear a placer.

No sé si recordáis, y si no os refresco la memoria con este post, que había participado en el certamen de relatos de mi pueblo. Finalmente no ha habido suerte pero yo quiero compartilo en este rinconcito tan agradable con vosotros. El relato está al completo. Para el concurso tuve que darle un par de tijerezos por tema de espacio pero ya que aquí no hay límite para qué recortar.

La idea surgió del taller de escritura, tenía que crear una historia a partir del título de otra persona y este es el resultado.

La mansión de hojalata

Era el octavo cumpleaños de Jon y solo estaba su madre y una enorme tarta de zanahoria. Jon sopló desanimado las velas deseando que aquel estúpido pueblo se borrara de su memoria. Rose había tenido una idea mejor, le había regalado la bicicleta con la que todos los chicos del pueblo soñaban. Jon se quedó alucinado, no se lo podía creer, ahora sí que iba a poder hacer una escapada a la casa del acantilado.

Tal fue su ansia que esa misma tarde, con la excusa de probar su bici nueva, tomó el sendero que daba a parar al impactante acantilado de Cold Summer. La última noche le había parecido haber visto luces en la casa y el gusanillo de la curiosidad le taladraba el estómago. Estaba eufórico y su cabeza repleta de espías y misterios ocultos le hacía que pedalease cada vez más rápido. Justo cuando estaba a punto de llegar a la casa, le pareció ver algo moverse entre los árboles. De pronto, cinco bicis le cortaron el paso.

—Bonita bici chico raro— dijo Brandon, el líder del grupo que le hacía la vida imposible en la escuela.
Jon apretó con fuerza el manillar de la bici sin apartar la vista de Brandon.
—Un bicho raro como tú no merece llevar una bici así, es una deshonra para las bicis tener que cargar con tu enorme culo— el resto del grupo estalló en carcajadas.
—Como soy bueno te voy a dar una oportunidad. ¿Ves la mansión de hojalata? Pues tienes que estar mínimo dos horas encerrado en ella y traerme algo guay que encuentres en su interior. Si lo consigues la bici es tuya, y si no, puedes ir despidiéndote de ella.
—¿Mansión de hojalata?— respondió Jon.
De nuevo todos los chicos empezaron a reírse y Jon se quedó paralizado sin entender nada.
—Ay, bicho raro, cuánto te queda por aprender. Una vez hayas entrado, comprenderás por qué se llama la mansión de hojalata. Eso sí, ten cuidado, igual un bicho como tú no sale vivo de ahí.

La imaginación de Jon era más fuerte que el miedo que le querían infundir aquellos cinco macarras. Dejó su bici en el porche y abrió la pesada puerta bajo la atenta mirada de los cinco chicos. La mayoría de las ventanas estaban cerradas y la penumbra reinaba a sus anchas. Fuera, los cinco chicos no podían parar de reírse, sentían que tenían la bici asegurada.

Jon comenzó a recorrer la casa. Estaba alucinando con la cantidad de objetos que brillaban por la casa con la sutil luz que se colaba. ¡Cómo no había venido antes! De repente, escuchó crujidos extraños, latas que se caían, puertas que se cerraban de golpe, pero nada iba a detener a Jon, no pensaba darle su bici a ese capullo. Bajó las escaleras de dos en dos y ¡boom! Un enorme estruendo metálico le cortó la respiración.

—Los ojos, he visto los ojos. Seguro que eran los mismos.

Jon, no se lo podía creer, era su día de suerte. Creía haber visto los mismos ojos azules que el día que pisó por primera vez la estación de Cold Summer. Esta vez no se podía escapar. Corrió hacia el sótano pero no conseguía abrir la puerta, algo la atascaba. Miró a su alrededor en busca de algo que le ayudase a abrirla. Se le ocurrió la genial idea de coger impulso y golpear la puerta como había visto en tantas películas. La puerta, como era de esperar, no cedió y el dolor que sintió en el hombro lo dejó seco.

Se levantó y siguió intentándolo hasta que de pronto escuchó un click casi mágico. Empujó suavemente y la puerta cedió dejándole ciego un instante con el resplandor que salía de la habitación. Se le iban a salir los ojos de sus órbitas, ¡una habitación repleta de figuras extrañas! Creyó estar en el paraíso y fue entonces cuando vio dos ojos azules escondidos debajo de una mesa. Cogió una de las lámparas de aceite que había encendidas en aquel fantástico lugar y se acercó con sigilo. Ahora sí que le había invadido el miedo. Los ojos no se movían y Jon estaba cada vez más cerca de ellos. Dio un último paso casi rozándolos cuando los misteriosos ojos salieron de su escondite.

—Al fin llegas Jon Wood.
Era una niña con pelo oscuro y una máscara metálica de la que destacaban sus enormes ojos azules.
–¿Quién eres tú? – dijo Jon aliviado.
–Soy Annie, vivo a las a fueras del pueblo y doy clases en casa. Así no tengo que aguantar a esa panda de palurdos.
–¿Cómo sabes mi nombre?
Annie empezó a reírse. –Todo el mundo en el pueblo sabe tu nombre, tú y tu madre sois los nuevos. Anda ven, voy a enseñarte mi lugar favorito de la casa.

Annie no dejaba de hablar mientras guiaba a Jon. Él estaba asombrado con todas las historias que Annie le estaba contando y cada cachivache que le enseñaba le parecía aún más increíble que el anterior.
Pasaron la tarde jugando a los descubridores y justo cuando empezó a oscurecerse más la casa se dieron cuenta que se había hecho tarde.

–Annie, me tengo que ir. Brandon y los otros tienen mi bici y si no les llevo algo de aquí me la quitarán para siempre.
–Mmm, hay una última cosa que no te he enseñado y que me muero por probar. Además, ahora que somos dos va a ser mucho más fácil.

Annie tiró del brazo de Jon y lo llevó hasta una habitación enorme de la planta baja. Los dos se miraron y parecieron entenderse al instante.

Brandon y el resto de la pandilla estaban cansados de esperar a que Jon saliese de la casa. Nunca pensaron que iba a aguantar tanto tiempo y ahora los que estaban deseando irse eran ellos.

La puerta de la casa se abrió muy despacio y los cinco chicos se giraron. Sus caras cambiaron por completo al ver que no era Jon el que se asomaba. Una enorme armadura se dirigía hacia ellos. Chirriaba con cada movimiento y la luz del atardecer la hacía parecer envuelta en llamas. Los chicos salieron corriendo dejando las bicis tiradas en el porche. Jon y Annie no podían parar de reírse mientras escondían las bicis en el interior de la casa.

–¿Sabes Jon? Creo que nos vamos a llevar muy bien.
Jon se ruborizó al pensar en tener una amiga por fin. –En casa queda tarta, hoy es mi cumpleaños.

¡Nos vemos en junio con más historias y libros!

A ti personalmente, gracias por dejarme besarte con letras.


Continue Reading