Más femenina, más irónica y más absurda

Hello darling!

Te acabas de topar con una señorita más femenina, más irónica y más absurda. Sí, te presento a mi yo sin filtros.

La actitud no sé si mueve montañas pero a mí me cambia la sonrisa.

Si has seguido el blog habitualmente sabes que este va a tomar un rumbo mucho más divertido y cañero. Si acabas de llegar, ponte cómoda que tengo un mini rollo que contarte.

Los libros siempre han sido mi refugio y escribir mi vía de escape a todas las emociones que me invaden que son muchas, es lo que tiene ser intensa por naturaleza.

Me he imaginado historias, pajas mentales y una retahíla de chorradas desde que era un moco y le robaba los tacones a mi madre y montaba un sarao en cinco minutos. ¿Por qué? Por algo tan simple como hacer reír a los demás. Y es que las carcajadas de mis abuelos valen más que los bitcoins esos que están ahora tan de moda.

Luego llegaron las hormonas, esas malditas que te hacen perder la cabeza y sacar un sentido del ridículo desorbitado. Ahí empecé a recortar ese sentido del humor tan salao’ de mi infancia. ¡Qué pena, con lo bonica que era!

Pasó el tiempo y se acentuó el miedo a ser juzgada por lo que escribía. “Que si no lo hago bien, que si van a pensar que me creo no sé quién”. Pamplinas. Pero afortunadamente cuando tienes una verdadera pasión, esta despierta al dragón que llevas dentro y hace que tengas que sacar toda esa lava que llevas acumulando. Porque señorita, acumular no es bueno. ¡Larga vida al fuego interior y a los pintalabios que resucitan las caras de acelga!

Hace menos de un año decidí que yo iba a seguir escribiendo, o bueno, más bien empezar porque cuando me tuve que despedir de mi abuelo también lo hice de todo lo que había escrito y escondido hasta el momento.

Bendita hora cuando me apunté al curso de escritura creativa. Tuve que enfrentarme no solo a retos semanales de tono, personajes, sino que también a leer en público las mierdas que se me ocurrían y, oye, sigo viva y sin carteles que agolpen mi casa “no escribas más, petarda”.

Después de haber probado muchos estilos en este curso mi vena más femenina, más irónica y más absurda surgió a lo grande, que la pobre ya estaba cansada de chupar tanto banquillo. Y en este punto estamos, como diría mi querido Óscar, “con mi loca del coño a todo trapo”.

¿Y por qué escribo en femenino?

Porque las mujeres soportamos bastantes tonterías al cabo del día y creo que reírse de todas ellas es el paso a la liberación más pura. A no ser perfecta, a ser cómo queramos ser sin importar si es apropiado o no ese comentario, si voy a gustar más o menos por ser cuqui, deportiva o malafollá.

Así que darling, si quieres sentirte como si estuvieras con tu amiga en una tarde de “nos tomamos una y para casa”, quédate que a estas rondas invito yo 🙂

Te dejo un aperitivo erótico festivo para calentar la mañana, que igual con la ola de calor no es suficiente.

motivación
Que se jodan los envidiosos, que igual entonces sonríen.

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si eres un tía con rollazo y sentido del humor, compártelo en tus redes sociales 🙂

You may also like