Black Friday: Libros con un toque especial

A estas alturas de noviembre seguro que estás saturada de escuchar y ver anuncios sobre el Black Friday. Pero, ¿sabes dónde surgió este viernes negro?

El Black Friday nació en Estados Unidos y con él se da el pistoletazo de salida a las compras navideñas. No se trata de un día cualquiera para los estadounidenses, sino el día después de Acción de Gracias.

Quizás ya has hecho tu lista de deseos para el Black Friday con ropa o tecnología pero, ¿qué pasa con la cultura?

Los libros, películas y demás material editorial también se suma a este viernes negro. Un ejemplo de ello son los descuentos que ha lanzado la Casa del Libro.

black friday casa del libro

En esta locura consumista te invito a reflexionar si lo que has añadido en tu lista de deseos lo necesitas y te aportará valor. Soy una persona bastante minimalista en cuanto a ropa, tecnología y cosas materiales en general.

Invertir en libros, viajes y experiencias me parece mucho más interesante. Nos ayudan a crecer y a cambiar nuestra perspectiva. Abrir nuestra mente a otros mundos, sentirlos. Por eso si quieres aprovechar los descuentos del Black Friday te invito a que lo hagas en cultura.

Cinco libros para el Black Friday

  1. Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes. Este libro cargado de historia es el cuarto de la serie Episodios de una guerra interminable. Es un libro que aúna ficción y realidad de forma asombrosa, maestría de la diestra pluma de Almudena Grandes. Este libro en concreto no me lo voy a quedar, sino que va a ser un regalo para una persona muy especial que adora saborear las historias de Almudena. Una mujer fuerte que con sus libros te hará reflexionar sobre el transcurso de la historia.
  2. Cuando abra el paracaídas, de Defreds. Tuve la oportunidad de escuchar a Defreds en un recital de poesía. Su timidez y calidez en las palabras me transmitieron muchísimo. Después de esa sensación no dudé en saber más de él. Cuando abra el paracaídas es un libro para leer con calma. Saborearlo y dejar que las emociones fluyan sin controlarlas. Me encanta abrir una página al azar y empaparme de esa historia en concreto. Solo os digo que a mí el prólogo ya me hizo llorar.
  3. Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo. Un libro en el que brilla la inspiración y la determinación de las mujeres. En él se recoge la historia de 100 mujeres extraordinarias que tuvieron que luchar para conseguir un sueño cuando casi nadie las consideraba capaces o no estaba bien visto por ser mujeres. Es un libro juvenil con unas ilustraciones increíbles. Una auténtica joya visual. Está narrado para ojos de un niño pero los adultos pueden sacar infinidad de matices.
  4. El principitode Antoine de Saint-ExuperyProbablemente es uno de los libros más conocidos pero que no todo el mundo ha tenido la suerte de disfrutar. O quizás lo hizo en el momento inadecuado. No te dejes engañar por su estética sencilla. Es un libro cargado de crítica y que te hará reflexionar desde el principio al fin.
  5. Patria, de Fernando Aramburu. Es uno de los libros que más ganas tengo de tener esta temporada. Numerosas opiniones y muy dispares. Un tema que a nadie deja indiferente, el abandono de las armas de ETA y la convivencia de la víctima con los posibles culpables.

Saborea la cultura

Afortunadamente vivimos una época en la que la cultura es accesible para todos. Disfruta del placer de leer. Vuelve a conectar con la lectura y regálate experiencias que te hagan mejorar como persona.

Si te apetece descubrir más libros no te pierdas la sección Libros de mi blog o mi canal de Youtube que espero en breve volver a darle alegría 🙂

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Behobia: Cuando crees que no eres capaz

Creer en ti siempre es la mejor opción

Escribo desde la cama porque las agujetas de ayer en la Behobia no me dejan ni sentarme. Los 20 kilómetros de esta carrera son una vida misma. El torbellino de emociones, lágrimas y dudas quiero compartirlo porque si yo pude cumplir un reto vosotras también.

Cómo empezó la locura de mi Behobia

Hace unos años quise correr la Behobia pero me quedé sin dorsal. Ahora tengo claro que no era el momento. Este verano paseando por Madrid Río le dije a Loren “sería la caña correr la Behobia” y como a nosotros nos va la marcha y los impulsos, en ese mismo momento nos paramos a inscribirnos en la carrera. ¡Menuda carrera!

Volvimos a empezar a correr ya que habíamos perdido el hábito al pasar un mes en Indonesia y mudarnos nada más llegar a Madrid. El calor a mí me sienta fatal, tanto que a veces no soy capaz ni de hacer tres kilómetros seguidos. Me debilita muchísimo. Pero nosotros seguíamos intentándolo y justo tuvimos el placer de conocer a los Instarunners de Madrid. ¡Lujazo de grupo!

Con ellos no había excusas para saltarse el entrenamiento aunque fuera por no quedar mal 😉 Y así poco a poco volvimos a coger fondo hasta que llegó septiembre…

Septiembre fue la locura personificada en nuestras vidas. Por temas personales decidimos mudarnos de la noche a la mañana a mi pueblo en La Alpujarra. La cosa no quedaba ahí, había que reformar la casa donde vivimos y seguir subiendo dos veces a la semana a Madrid por trabajo. Al final había que sacar algo de la ecuación porque no podía más. Literalmente no tenía fuerzas y mi cuerpo lo estaba empezando a pagar así que, efectivamente, lo que eliminamos fue correr.

Cada día que pasaba sin correr me sentía culpable y veía como la fecha de la Behobia se acercaba. Es más, de ahí hasta la Behobia creo que habremos entrenado como 5 o 6 veces como mucho… Sí, una temeridad.

Miedo, mucho miedo

Después de no haber entrenado prácticamente nada estaba cagada de miedo pero tampoco quería no intentarlo. Ese propio miedo hizo que estudiara el perfil al completo de la carrera –cosa que nunca antes había hecho–, revisara el tiempo veinte veces y me aprendiera hasta los puntos donde se podía abandonar…

No dejaba de pensar que si había conseguido terminar tres medias maratones y dos carreras de 19 km en plena primavera con las cuestas que hay en mi pueblo podría acabar la Behobia. Cuando nos inscribimos la idea era hacerla en 2 horas. Cuando vimos el panorama que teníamos el objetivo fue más sencillo: modo disfrutón.

Para colmo la noche previa tuve una intoxicación involuntaria de gluten y se me adelantó la regla. ¿Qué más podía pedir? Me levanté encontrándome fatal y con el estómago muy revuelto. Miré a Loren y a los amigos que nos habían acompañado y dije “no les puedo fallar”. Me calcé las zapatillas y al tren que nos fuimos.

Behobia, la mejor carrera de mi vida

Quién me iba a decir a mí que teniéndolo todo en contra en un primer momento la Behobia iba a ser la mejor carrera de mi vida. Eso no lo sabía en el arco de salida y los nervios y las ganas de llorar de la emoción eran más que evidentes. El ambiente era una auténtica pasada. Miles de voces gritando bajo la tímida lluvia, brutal.

behobia

¡Arranca la carrera! Nosotros íbamos sin reloj porque nos lo habíamos olvidado en casa… pero sí que llevamos la app de Nike no por tener controlado el tiempo, sino por registrar la carrera.

Cuando empecé a correr todo ese miedo se convirtió en felicidad. Mi cuerpo respondía y no podía dejar de sonreír. No he corrido nunca sonriendo tanto. Fue mágico. Los aplausos de la gente desconocida, los niños con sus manos para chocar, la música y un paisaje increíble me dieron un subidón tremendo.

Loren iba callado, más de lo habitual. Yo no dejaba de cantarle, decirle que mirase el paisaje, la gente y le iba contando dónde estaban los puntos jodidos. Hubo un momento que ni él recuerda que me dijo que no le hablase. Iba tocado. Yo tenía energía por los dos así que por primera vez iba a ser yo quien tirase.

Pasaban los kilómetros, las cuestas y a mí no me pesaba nada. Íbamos a un ritmo muy cómodo, alrededor de 6:30, y me sentía pletórica, tan inmensamente feliz que en algún punto me costó no comenzar a llorar.

Me acordé de muchísima gente mientras corría. Sentí su calor y sus ánimos. Esa era mi carrera. Estoy convencida de que hubo dos factores clave. Uno, que me daba igual el tiempo. No tenía expectativa alguna por la carrera porque llegaba con todo en contra así que hiciera lo que hiciera me valía. Y el segundo, el frío.

Cuando corro con frío tengo un chute de energía extra. Mi cuerpo se queda siempre a la misma temperatura, fresco. Apenas sudo y bebo agua para mantenerme bien no porque me sienta que no puedo con la vida. Esas sensaciones tan positivas me dan alas en la cabeza y cuando empiezan a doler las piernas mi cabeza tira con muchísima fuerza.

Solo la cuesta del kilómetro 16 al 17 se me hizo un poquito larga. Una vez superada una sonrisa todavía más grande. Solo había parado en los puestos de beber agua porque no sé beber en vaso y correr, para lo demás no me había hecho falta y mi cuerpo no lo quería.

Loren lo pasó realmente mal con la rodilla del 18 al 20. Lo vi sufrir como nunca y saqué fuerzas por los dos. No dejé de animarle en ninguno de esos metros. No me callaba y cuando él se paró y me dijo “sigue tú” mi respuesta fue clara “somos un equipo, llegamos juntos”.

Tiré con todas mis fuerzas de él como tantas veces él había hecho por mí. En la última curva empezamos a ver el mar, ¡qué momento! “Amor, mira, el mar”. Ya me he puesto a llorar otra vez… y eso que ahora solo lo estoy escribiendo. Han sido tantas emociones, tanta lucha.

Encaminamos la recta. La gente, al ver su dorsal, no dejaba de gritarle “Loren, vamos”. Yo iba con una sonrisa de oreja a oreja, nos quedaban 500 metros y la Behobia sería nuestra. A falta de 200 metros nos dimos la mano y no nos la soltamos. Juntos cruzamos la meta porque juntos somos más fuertes.

Correr la Behobia ha sido un regalo y me ha vuelto a recordar muchas cosas.

  1. Soy más fuerte de lo que a veces pienso
  2. En los peores momentos me crezco
  3. Amo correr y lo estaba olvidando
  4. El frío es mi gran aliado
  5. Correr en sí mismo es un regalo

Esta carrera se la dedico a todas las mujeres que luchan cada día con una sonrisa enorme por muy jodidas que sean sus circunstancias. Lo bonito de la vida no es no tener problemas, sino saber cómo sacar una sonrisa sincera cuando lo más fácil sería llorar. Esta carrera va por ti, Mónica.

Gracias por dejarme besarte con letras. Espero que a ti también te pirre la vida 😉

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Una tienda en París, Màxim Huerta

una tienda en París
Un abrazo en silencio que pellizca muy fuerte

Color. Teresa Espinosa desea dejar de lado el gris que ocupa su rutina desde que su madre y Laurent, el amor de su vida, la dejaron huérfana de amor. Lleva años a la sombra de su estricta tía viviendo la vida que su tía quiere. Madrid la asfixia pero es incapaz de arrancar la hoja y empezar de cero hasta que en uno de sus deambulantes paseos, siente la fulminante energía proveniente de un anticuario. El nombre de Alice Humbert sobre un cartel en francés de una tienda de París se va a convertir en la razón por la que romper con todo y buscar de nuevo el color. Impulsada por la fuerza de descubrir quién fue Alice Humbert, compra la tienda del cartel de París y comienza un viaje emocional en el que no solo va a reconstruir la tienda sino que también así misma. París de los años 20, París actual, siempre París.

Un abrazo en silencio que pellizca muy fuerte

La delicadeza con la que trata Màxim Huerta sus libros es soberbia. Las emociones, las inquietudes, el amor y el sufrimiento de la historia de estas dos mujeres que gira entorno a una tienda en París se convierte en realidad porque el lector es capaz de empatizar con ellas gracias a la diestra pluma de Màxim.

En Una tienda en París vas a encontrar unos personajes trabajados y llenos de aristas. Son personajes que tienen contradicciones y eso los hace todavía más reales, porque al igual que las personas de carne y hueso, hasta que no se ven ante una situación en concreto no saben cómo actuarán.

La estructura está bien marcada. Una de las partes versa sobre Alice Humbert y otra sobre Teresa Espinosa. Son dos épocas diferentes pero con sentimientos similares. Aunque los hechos suceden con una buena brecha de años, se entrelazan de forma perfecta en la obra. No sientes que tienes dos historias separadas sino que todo casa y tiene sentido.

El ritmo de Una tienda en París es ágil. Descripciones ligeras, palabras emocionales pero no cargantes hacen que el ritmo del libro sea como si se meciera al lector. Te invita a parar de leer en ciertas escenas no porque sea aburrido sino todo lo contrario, para saborear un poquito más las emociones que en él ha vertido Màxim Huerta.

Si tuviera que definir con una frase este libro sería la lucha para encontrar la luz del color.

¿Quieres conocer qué le ocurre a Teresa Espinosa y Alice Humbert en Una tienda en París? Pincha aquí.

Puedes descubrir otros libros de Màxim en este vídeo 😉 ¿has leído alguno ya?

Gracias por dejarme besarte con letras.

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Se nos fue la vida, o, ¿todavía la sigues esperando?

se nos fue la vida

Se nos fue la vida buscando el camino a ser alguien. Buscando ese lugar en el que debíamos estar, ese que estaba hecho para nosotros.

Se nos fue la vida engordando historias y triunfos. Agrandando el ego, derramando esperanza.

Se nos fue la vida en lo instantáneo. En los besos efímeros, en el sexo de contrabando, en las conversaciones vacías y relaciones de estatus.

Se nos fue la vida. Y cuando se fue, el camino estaba, el amor y el sentido también pero los que no estuvimos fuimos nosotros, que seguíamos buscando la vida mientras se nos escapaba entre las manos.

Qué buscar cuando no sabes qué estás buscando

Suena Una mattina de Ludovico y mi mente se abandona. Vida, qué concepto, ¿verdad? Pasan los años y buscamos la vida en un sin vivir sin tregua. ¿Por qué será que no la vemos? ¿Qué tendrá que ocurrir para despertarnos?

Cuando escribí ese pequeño fragmento me sentía completamente perdida, ahora empiezo a quitarme la venda. Oía hablar de tener un propósito, de la razón por la que llegamos a este mundo pero no encontraba la mía. ¿Tú también lo has sentido? “Vive una vida que deje huella” dicen, pero, ¿cuál es esa huella?

Estoy buscando y buscando ese camino y creo que quizás ahora sí vaya por el correcto. Tiene corazón y un propósito. Pero de momento ese propósito me lo guardo y me dejo abrazar por esa paz que parecía que no llegaba.

Es tan frustraste no estar segura al 100% de por dónde caminas. De tenerlo todo pero que falte una pequeña pieza que haga click, y el puzzle deje de ser plano para tener volumen. ¿Quién no ha pasado por ese punto?

Te encuentres en el lugar que te encuentres del camino, recuerda, no dejes que se te vaya la vida. Probablemente eso que buscas aparezca cuando dejes de buscarlo.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Amor sin fin: Bienvenidos a la coñocracia

amor sin fin
Quiérete mucho y bien.

Amor sin fin, qué bonito propósito, ¿verdad? El sábado tuve el placer de disfrutar de la obra de teatro musical Abandónate mucho: Bienvenidos a la coñocracia protagonizada por Las XL en el teatro municipal de mi pueblo, Órgiva. Me entusiasma ver que cada día se organizan más actividades culturales y deportivas en el lugar que crecí, ¡querido pueblo, que el ritmo no pare! Porque vivir en un pueblo no significa no hacer nada, aunque de eso ya hablaré otro día.

Quiero poner todo mi foco en esta obra feminista. Un mensaje claro: amor sin fin, pero del bueno. Casi todas nosotras hemos crecido con la idea del príncipe azul, de tener que ser preciosas, delgadas y perfectas para gustar y que nos quieran. Porque, amiga, como te salieses del camino, ¿quién te iba a querer? En algún punto hemos llegado a perder la identidad para arrastrarnos por la moda de turno, por ser “modernas” y nos hemos olvidado de algo básico: a la persona que tienes que querer más es a ti misma.

Las XL hicieron vibrar a un teatro abarrotado con un mensaje transmitido con ironía y mucha gracia. Estuvieron sembradas. Acciones de este tipo no se tienen que quedar ahí, tienen que traspasar las capas más gruesas y calar hondo. “¡Dejemos de justificarnos!” gritaban y eso me hizo recordar muchísimas situaciones que seguro que has vivido alguna vez.

  1. Meter tripa hasta la saciedad porque estás hinchada o porque has engordado y ese vaquero ya no cierra igual.
  2. Achacar a la regla, enfermedad o cualquier otro malestar el estar con mala cara, de mal humor o con un grano gruñón.
  3. Poner excusas porque simplemente no te apetece salir y punto.
  4. O no salir directamente porque no te has depilado.

No seas tu pesadilla, sino tu mejor sueño

Podría enumerar infinidad de situaciones. Es fascinante que somos las dueñas de nuestro propio camino y a la vez las únicas que parece que no lo vemos. Nos conformamos con lo cómodo, con lo establecido para no luchar y no dar explicaciones. ¿De verdad, tenemos que darlas?

Como decían Las XL, no tenemos que hacer un sinfín de terapias, deportes o cambios de armario para cuidarnos y querernos. Hay que empezar por lo básico respetarnos y no fustigarnos. Amor sin fin, pero del bueno.

Y sí, sé de lo que hablo porque soy una experta con el látigo conmigo misma. Soy muy exigente y ahora que estoy sumergida en el mundo freelance muchísimo más. Lo que hace el resto me parece razonable y suficiente pero yo por muchas horas que trabaje, objetivos cumplidos y demás historias siempre me parece poco. Ese rum rum constante “no soy suficientemente buena”, “tenía que haber hecho mejor aquella cosa”, “tengo que trabajar más horas”… es un daño mental que no lleva a ningún sitio. Estoy convencida de que, lamentablemente, demasiadas mujeres también lo hacen.

Es triste que cuidarse a sí misma se considere egoísmo, pero aún así, seamos egoístas. Cada una de nosotras somos maravillosas y no necesitamos 20 títulos, 1 Ferrari, 7 baños en la casa y 1 mayordomo en la puerta para ver que somos alguien espectacular. Te invito a que reflexiones y mires desde fuera cómo te hablas, qué piensas de ti. No seas tu peor pesadilla, sino tu mejor sueño 😉

Y recuerda: amor sin fin, pero del bueno.

Gracias por dejarme besarte con letras.

 


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El monje que vendió su Ferrari: Abre tu mente y tu corazón

el monje que vendió su ferrari
La puerta al cambio

Hace un par de semanas saboree las páginas de El monje que vendió su Ferreri de Robin Sharma. Si estáis interesados podéis conseguirlo aquí.

Julian, un poderoso y reputado abogado estadounidense que aparentemente lo tenía todo, estaba cayendo en picado hacia el desastre personal. Había fracasado en su matrimonio, era un adicto al trabajo que apenas dormía hasta que en pleno juicio sufrió un ataque y se desmayó. El médico le dio dos opciones: o acabas con este ritmo de vida o tu ritmo de vida va a acabar contigo. Julian, vacío interiormente y con un buen aviso de salud, decidió desligarse de todo lo que había formado parte de su vida hasta ese momento, incluido su Ferrari, para comenzar un viaje espiritual por la India. A su vuelta y convertido en otra persona, le narra al que fue su ayudante en el bufete toda su andadura espiritual para que él pueda aprender y enmendar el camino errante que estaba tomando.

Siempre es un buen momento para tomar el timón

Las técnicas y enseñanzas que se cuentan a través de una fábula en el libro El monje que vendió su Ferrari me parecen extraordinarias. No son para nada ideas descabelladas ni absurdas. Creo de verdad que todos necesitamos poner en orden nuestras prioridades y tener en cuenta el verdadero valor de la vida.

Una de estas enseñanzas habla del tiempo. No somos conscientes realmente del paso del tiempo y lo que eso supone. Siempre estamos aplazando nuestros sueños porque nunca es el momento. Pero, ¿y si nunca llega ese momento? ¿Y si tú limitado tiempo se acaba antes de lo que piensas? Te habrás quedado con una lista enorme de sueños sin ni siquiera haberlo intentado.

Para mí es fundamental que toda persona que lea este libro, tenga ganas de afrontar el cambio. Si no tienes la mente abierta y ganas sinceras de revolucionar tu vida, no lo leas. Casi cualquier persona me diría ahora mismo, “sí, Bea, quiero cambiar mi vida” pero lamentablemente no es así. Se queda todo de boquilla y cuando hay que echarle un par y remover cielo y tierra para salir de la oscuridad ya el plan no apetece tanto.

El pasado no cambia, el futuro está en el aire, ¡vivamos el presente!

Al fin y al cabo somos cómodos por naturaleza aunque yo diría que quejicas a partes iguales. Estoy de acuerdo con quienes están a gusto con lo que tienen y no buscan mejorar, lo que me chirría es quejarse por vicio y no hacer nada para enmendar la situación. Las oportunidades no llegan, se buscan.

Otro de los puntos que me llamó muchísimo la atención de El monje que vendió su Ferrari, es que divide los objetivos en cuatro bloques: emocional, profesional, espiritual y físico.

Nunca antes me había planteado cuál era mi objetivo espiritual o emocional. Siempre había puesto todo mi foco en el profesional y ciertamente es un gran error. Si toda nuestra atención está puesta solo en uno de los objetivos, ¿cómo vamos a atender al resto de aspectos de nuestra vida? Al final, no habría equilibrio y estaríamos llenos de vacío.

Después de leer este libro he comenzado a implantar algunas de las técnicas como el pensamiento contrario. Cuando me invade un pensamiento negativo, lo analizo y veo por qué ha llegado a mi mente. Muchas de las veces es por miedo, otras por las hormonas. Tengo un patrón que se repite cada mes y es que hay ciertos días que me puede la tristeza. Antes me enfadaba o me hundía, ahora lo veo como algo natural de mi cuerpo. Lo acepto y no le doy mayor importancia, pasará.

Otra de las fórmulas que me está funcionando es visualizar a dónde quiero llegar cuando me invade la pereza. Por ejemplo, quiero madrugar bastante para empezar el día haciendo yoga, meditación, escribir por placer… antes de empezar a trabajar. Cuando sonaba el despertador a las 6 lo apagaba y seguía un poquito más remoloneando. Y quien dice un poquito más dice levantarse con la hora pegada al culo. Ahora cuando suena y me entra la tentación de pulsar el botón “aplazar”, pienso en las razones que han hecho que yo decida levantarme pronto. La visualización es un elemento muy poderoso.

Si quieres una vida consciente y estás abierta al cambio, te recomiendo que leas El monje que vendió su Ferrari con calma. Tampoco te aconsejo que intentes implantar todas las técnicas de golpe. Reflexiona y escúchate sin miedo. El miedo solo nos hace huir, te lo digo con conocimiento.

Espero que consigas todo lo que te propongas. Eres simplemente maravillosa.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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No ser Superwoman también es la caña

Superwoman: Caricatura cruel que hemos implantado en nuestro día a día para sabotear el autoestima y energía de las mujeres auténticas y reales.

Mi día a día este último mes se puede definir entre caos y mi vida metida en cajas. Septiembre ha sido uno de esos meses peleones y en los que de nuevo me he reafirmado que los planes, la mayoría de veces, valen para poco.

Una mudanza decidida de la noche a la mañana de Madrid al pueblo, reformar la que ahora es nuestra casa y montar una oficina no son precisamente tareas que se quiten de la dichosa lista must be done muy fácilmente. Es más, seguimos con nuestra vida metida en cajas y la casa a medio terminar. ¡Sobreviviremos!

Lo “gordo” ya está listo, solo falta ponerlo todo bonito porque el hogar ya lo llevamos de serie. Pero aquí lo importante no es si me he enamorado de una butaca monísima a la vez que cara para la casa, lo realmente crudo es cómo maltratamos nuestro cuerpo para intentar llegar a todo.

No ser Superwoman también es la caña

  1. Tengo un reto personal, correr la Behobia en menos de 2 horas. Llevo tres semanas sin poder salir a correr, no por falta de tiempo, sino de energía. La primera semana estaba muy agobiada porque no estaba entrenando. Lo que tenía que ser un reto divertido y de superación me estaba empezando a amargar. En ese momento lo calificaba como algo “muy importante” pero, ¿realmente lo es? En cierto modo, sí es muy importante para mí pero no tanto como para jugarme la salud. Voy a intentarlo pero con cabeza y siendo consciente de que no he estado precisamente tocando las palmas en el sofá.
  2. No solo comas, nutre tu cuerpo. Esto sí que ha sido un cachondeo padre. Toda esa dieta equilibrada por la que abogo y que habitualmente practico, se ha ido de paseo por La Alpujarra porque lo que es en mi casa, no ha parado. La cantidad de patatas, pelotazos y demás guarrerías que he ingerido no son ni mucho menos sanas pero el nivel de estrés que tenía tampoco. ¿Me martirizo por haber perdido el control? Pues chica, no. Bueno, para serte sincera hay días que sí. Creo que nos fustigamos continuamente porque no hemos comido tal cosa o hecho tal otra. Me parece que es más interesante analizar la situación y ver si es algo habitual o un pico de excesos en un momento determinado. ¡Rutina, ven a mí!
  3. Duerme, mucho. Cuando te dicen que el descanso es clave asientes con la cabeza pero por dentro sabes que dormir, lo que se dice dormir, estás durmiendo poco. Cuando estoy tan nerviosa no puedo dormir. Hay gente que le da por comer, le duele la tripa o cualquier otro síntoma. Yo directamente no puedo dormir, ni siquiera la siesta. Sigo siendo una mezcla entre arrastrarse por las esquinas y oso panda pero por lo menos los niveles de estrés vuelven a bajar. Por favor, que sean por mucho tiempo.
  4. Decir que no da gustazo. En septiembre tenía bastantes eventos que no me quería perder por nada del mundo y al final dije que no a todos. Repito, no tenemos que ser superwoman ni estar comparándonos continuamente hasta qué límites llegan los demás. Reconozco que alguna vez he pecado y no me ha hecho más feliz, todo lo contrario. ¿Por qué será que nos gusta tanto ver todos nuestros aspectos negativos en vez de todo lo que hemos conseguido?

Olvídate del mundo, céntrate en tu mundo

Esas son solo una mínima parte de los sentimientos de culpa que he experimentado en este mes. Parece que nacemos programadas con “si no llego a tal cosa es que no soy lo suficientemente buena”. ¡Joder! Basta ya de putearnos a nosotras mismas.

Estoy cansada de juzgarme, de ver como mis amigas o mujeres más cercanas son presas de la culpa continua y no nos damos cuenta que no hay mayor carga que la mental.

Cuando he acabado una media maratón o un entrenamiento muy duro, me he tumbado en el sofá o he ido al fisio y como nueva. Sin embargo, cuando tenemos un taladro continuo en la cabeza por mucho sofá, pelis, palomitas y demás estímulos positivos que le quieras dar a tu cuerpo, ese machaque no se detiene y te consume.

No recuerdo estar tan cansada como ahora. La mudanza, la reforma, tener un negocio recién parido cansan pero lo que más me ha agotado es el run run continuo en la cabeza, la maldita lista de tareas pendientes.

Valemos más que un lista de tareas

Muchas sois madres, tías o tenéis a personas a vuestro cargo pero que nunca se nos olvide que ante todo somos mujeres. Mujeres que luchan cada día por ser mejores, mujeres que quieren ser felices, mujeres que deben cuidarse porque señoritas, que no se nos olvide que si nosotras no nos cuidamos, hincamos el pico.

Ojalá las próximas conversaciones que tenga con mis chicas favoritas no vengan marcadas por frases como “no me da la vida”, “no tengo tiempo ni para respirar”… Así no vamos a ningún sitio, bueno sí, al lado oscuro y feo de la vida.

Me pirra la vida, creo que es maravilla y que chicas, a veces nos comemos tanto el tarro que el bote se queda demasiado seco.

¿Tú también eres una fustigadora contigo misma? ¿Vives pegada a una lista de tareas pendientes?

Siempre, gracias por dejarme besarte con letras. Y hoy además, te beso un poquito más fuerte porque eres simplemente maravillosa.

 


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Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

Si de verdad fuera mi funeral, ¿cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programa, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. Era una sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado. Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena. ¡Cuánto me equivocaba! Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. Pero el día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rojo en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar. Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor retohe decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.


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El peligro de las apps para ligar

Hello darling!

Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. Yo he tenido la suerte de encontrar al señor marido en el face to face, vamos, lo que viene siendo la parte tradicional y a veces olvidada de la vida. Ya te lo dije que para muchas cosas soy una antigua y de pueblo a mucha honra.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. “Uf, otra vez repe”.
Echo de menos el amor. Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan. Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
Te voy a dejar la frase reina de una de mis chicas favoritas por si tú, darling, también quieres sexo en vez de amor: “Caliéntame el coño y no la oreja”.
¡Ah! Y no te pierdas, más abajo, lo que le pasó a Maca con su cita. Épica.
cervezas
Un brindis por mis chicas favoritas

 

Las chicas del 4ºB
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: “No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo”.
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Darling, gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

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