Hoy es mi funeral y tengo algo que contarte

flores
Eres demasiado fuerte para dejar de sonreír

Quizás hoy no sea mi funeral literalmente hablando y además así lo espero, pero sí es mi funeral emocional y tengo algo que contarte.

Llevo todo este último mes dándole vueltas a la cabeza porque algo no encajaba, no estaba saliendo como tenía que ser o como yo pensaba que tenía que ser. Ha sido un mes muy reflexivo y en el que me he puesto una imagen mental diaria.

Si de verdad fuera mi funeral, ¿cómo me gustaría que me recordasen?

Durante muchísimos años, seguramente por la forma en que nos programa, solo pensaba en “ser alguien” laboralmente hablando. Pero no terminaba de entender qué era ser ese alguien ni cuál era la meta. Era una sensación de que el resto estuvieran orgullosos de mí, de lo lejos que había llegado. Pero, ¿y qué quería yo?

Me sentía como pollo sin cabeza y solo pensaba que hasta que no consiguiera tal puesto o tal responsabilidad no sería completamente feliz, no estaría plena. ¡Cuánto me equivocaba! Ahora que he puesto la imagen de mi funeral no quiero que me recuerden por tener un puestazo sin tiempo para mi familia o que acabase tapando mi esencia. Simplemente eso no es para mí y no me hace mediocre o con menos aspiraciones, al revés, me hace más consciente de cuáles son realmente mis sueños.

Odio decir “adiós” porque es como si nunca más fuese a ver a esa persona, soy de “hasta luego”. Pero el día que de verdad tenga que decir “adiós” me gustaría que en mi último suspiro tuviera una familia grande y unida que no llorase por todo lo que me dejé sin hacer o por el tiempo que no pasé con ellos.

Quiero que rían a carcajadas recordando como me pirraba la vida

La madre que siempre estaba ahí, la esposa que tenía mil ideas locas, la amiga que te sacaba una sonrisa y el pintalabios rojo en los malos momentos y por supuesto en los buenos, la hija del culo inquieto, la sobrina que siempre montaba una verbena cuando llegaba y le hacía ese día un poquito más feliz a sus abuelos.

Quiero que me recuerden por mi esfuerzo, por mis ganas, por mis sueños, por todas las cosas que hice al creer que yo podía hacerlas, por todos aquellos miedos que superé, por todos los perdones que acepté y que pedí, por todos los te quieros, besos y abrazos que di porque así los sentía.

Quiero que me recuerden como un alma salvaje e intensa que aunque llorase para soltar la tensión una vez caída la última lágrima se apretaba las zapatillas más fuerte para seguir el camino.

Este último año está siendo muy duro para mí, en momentos quizás demasiado . Sin duda el más complicado de mi vida porque sentía que lo tenía todo y estaba tremendamente vacía. Algo iba mal, estaba en un lugar que no tenía que estar. Di carpetazo a todo y empecé de nuevo pero me he vuelto a equivocar. He intentado separar quién soy en pequeñas piezas de puzzles y mostrar según el momento una u otra. De nuevo me he sentido incompleta, nada encajaba.

Los libros, el deporte y una mente, puede que demasiado reflexiva, son parte de mi camino

Hacen que cada día me supere, que quiera ser mi mejor versión y no la de otra persona. Por eso no tenía sentido seguir separando partes aunque a priori no tengan nada que ver.

Soy mi mayor retohe decidido que todas las partes se vean. A partir de ahora esto deja de ser un blog solo de relatos o libros para pasar a ser una ventana sin filtros ni capas ni etiquetas de quién soy.

Habrá días que esté triste y mis letras así lo reflejen, otros en los que me sienta la más poderosa, otros en los que mi corazón no quepa más felicidad y otros en los que solo me apetezca taparme con una manta y no dejar de llorar pero en todos ellos seré siempre yo.

Me he dado cuenta que lo que me hace más feliz en la vida es aportar y ayudar a los demás. No me hace más feliz los objetos, ni el dinero, ni tener más o menos estatus, me hace feliz saber que lo que escribo o que mis retos personales inspiran a otros porque esa energía a mí me llega de vuelta y hace que mi esencia brille más.

Creo en el amor. En el amor propio, en el amor de pareja, en el amor de familia, en el amor de amistad. Hay cientos de formas de amar y ninguna es más importante que otra, lo verdaderamente importante es amar.

Espero saber transmitir todo esto que siento y que mi instinto me lleva pidiendo mucho tiempo a gritos compartir. Todos podemos llegar a ser quienes queramos ser. Hay que pelear día a día y cambiar aquello que no nos hace feliz.

A veces aún siento que no termino de ver si estoy en el camino correcto pero tengo un compromiso conmigo misma. Luchar cada día por mis retos porque son míos y solo tengo que competir conmigo. No tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mí. Quiero ser esa persona que el día que tenga que decir “adiós” lo diga sin miedo porque todo lo que quería vivir lo hizo al máximo.

Gracias, especialmente hoy, por dejarme besarte con letras.


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El peligro de las apps para ligar

Hello darling!

Las apps para ligar están cada vez más de moda, eso lo sabe hasta mi abuela aunque ni ella ni nadie las entienda. Yo he tenido la suerte de encontrar al señor marido en el face to face, vamos, lo que viene siendo la parte tradicional y a veces olvidada de la vida. Ya te lo dije que para muchas cosas soy una antigua y de pueblo a mucha honra.
La gente tiene cada vez menos tiempo o paciencia para encontrar a su medio limón, naranja o frutería entera. Se saltan un paso base, conocerse. La sociedad se ha convertido en recolectora de triunfos. Cuando lo verdaderamente rico era recolectar miel y no medio orgasmos.
No he utilizado nunca una de esas apps pero el funcionamiento lo he escuchado más de una vez caña en mano. ¿Quién no tiene una amiga con un perfil? No sé a ti, pero a mí me recuerda a los cromos. “Uf, otra vez repe”.
Echo de menos el amor. Ver a la gente queriéndose de verdad y sin dobles intenciones. ¿Seré una romanticona anticuada? O por lo menos si ahora la gente no quiere amor y lo que busca es sexo, leches, que lo digan. Cuántos cafés con mis chicas favoritas debatiendo lo que quieren decir las señales que el especimen manda. Por no decir de cuánto tiempo hay que esperar hasta que la chica favorita devuelve las señales.
Te voy a dejar la frase reina de una de mis chicas favoritas por si tú, darling, también quieres sexo en vez de amor: “Caliéntame el coño y no la oreja”.
¡Ah! Y no te pierdas, más abajo, lo que le pasó a Maca con su cita. Épica.
cervezas
Un brindis por mis chicas favoritas

 

Las chicas del 4ºB
—Chicas, necesito que esta tarde me dejéis el piso libre —dijo Maca mientras colocaba la compra.
—¿Polvazo a la vista? —respondió Sara colándose en la cocina.
—De verdad, Sara, ¿puedes ser más bruta? Pues claro que si quiere el piso libre es porque va a hacer guarradas varias y no nos quiere de espectadoras. Y mira que le podíamos dar ánimos: “No pares, campeón, uuu eso sí que es ritmo”.
Sara y Lucía no podían parar de reír imaginándose comiendo palomitas y gritando al susodicho. Maca las miraba con el rollo de papel en la mano. ¿Qué maldad he hecho en la otra vida para tener a estas dos por amigas?, pensó. Y antes de que el cosmos le devolviera la llamada les lanzó el papel uniéndose a la fiesta.
—Chicas, ya en serio, ¿me vais a dejar el piso libre?
—Pues, no sé, hoy justo van a echar una reposición del dragón australiano en pleno apareamiento y claro nos has jodido el plan.
—Maca, no nos mires así parece mentira que no conozcas a Sara, jajaja. Claro que te dejamos luz verde hacia el orgasmo, eso sí, con la condición de que empieces a desembuchar quién es el futuro empotrador.
Estuvieron toda la tarde parloteando sobre el chico de Tinder con el que llevaba Maca varios días chateando. Las risas y las miradas cómplices se repartieron a lo largo y ancho del salón. Maca estaba nerviosa, mucho. Era el primer rollo después de Javier. Se había bajado la app mágica que estaba tan de moda pero ella lo que estaba era realmente cagada.
—Buenos días, princesa, ¿qué tal el fornicamiento?
Maca levantó un segundo la vista y siguió desayunando.
—¿Qué eres ahora, devota del silencio? Empieza a largar o te vas a tragar Star Wars de principio a fin.
—Fue una película interesante.
—Star Wars ya lo sé, Dios salve a Lucas, pero yo te estoy hablando de tu polvo.
—¿Qué son esas voces? Así no hay quien duerma.
—Lucía, te presento a la muda de tu amiga.
—A ver, que no hay nada que contar porque no pasó nada.
—Wtf? Viene un tío a casa, ¿y no pasa nada? Picha floja.
—Yo qué sé, puse una peli para romper el hielo, estuvimos charlando, cenamos chino, las horas pasaron y él siguió tan modesto como al principio. Y os juro que la culpa no fue mía. Si me había puesto hasta el vaquero desgastado.
—Uh, ¿ese que te hace culazo? Ese chico tiene un problema.
—No os habéis parado a pensar que quizás le daba vergüenza o que busca otra cosa. Incluso, igual no tiene mucha experiencia.
—Vamos, lo que faltaba. Que se tuviera que poner ahora a dar clases cuando lo que ella necesita es un empotramiento con gemido múltiple y descuelgue de cabecero.
—Da igual, yo paso de quedar con nadie más por Tinder. Esto es un coñazo. No funciona ni a la vieja usanza ni así. 
—El problema no es el sistema. El problema es que toda la vida nos han vendido la moto de que son los tíos los que quieren y nosotras las que decimos que no, cuando la realidad es que las que de verdad queremos follar somos nosotras. ¿Sabes qué te digo? Que estas tres se van a meter un cervezote para celebrar la libertad follaril.
—¿Pero si no hemos desayunado todavía?
—Pues eso, a cogerlas con más alegría.
Darling, gracias por dejarme besarte con letras.
Ponle un poco de humor al jueves y comparte esta pequeña aventura en tus redes sociales 🙂

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Mírame el culo

Hello darling!

El mundo ya no es lo que era. Ahora a la gente moderna le ha dado por querer conectar con todo. Será que no tienen suficiente con el wifi y el 4G que los persigue a todas partes.

Dicen que es conectar con la naturaleza, saber apreciar el momento. Esta gente moderna será que no sabe que naturaleza no casa con tecnología. O que a mí lo que me hacía conectar era estar cual salvaje en el cortijo de mi abuelo. ¡Eso sí que era conexión! Me veía llegar y ya sabía lo que estaba tramando. Yo es que soy muy moderna para unas cosas y para otras no tanto. Será cosa del pueblo, no sé.

Me encanta fijarme en la gente. Cómo se mueven, cómo se relacionan con el medio. Aquí en las grandes ciudades hay mucho que observar porque hay demasiado espécimen suelto. Como te decía, el mundo ya no es lo que era. La gente ha dejado de mirarse, solo ven bultos para no tropezar mientras responden al siguiente mensaje. Que digo yo que igual con un café o unas cañas acababan antes.

La gente tampoco va a los bares como antes. Ir siguen yendo porque llenos están pero aunque su cuerpo esté pegado al barra ellos no están. Será por lo de conectar, que estarán buscando conexión con otro satélite. El caso es que el otro día vi algo que me dejó ya muerta matada del todo y me hizo reflexionar, qué me gusta esa palabra.

Sigue leyendo que te lo cuento 😉

culo cebra

Mírame el culo

Iba por una calle concurrida. Me adelanté porque venía gente de frente y todos, por mucho figurín que tuviésemos, no entrábamos en la acera. Al colocarme delante de mi chico y con mis vaqueros preferidos ajustándome bien el culo no se me ocurrió otra cosa que empezar a contonearme.

En mi cabeza ya se había montado una escena de lo más morbosa y estaba dándole alas para que dejase de ser un corto y se convirtiese en largometraje. Movía mis caderas al son de esa música que solo sonaba en mi mente pero que yo la oía como si de un concierto se tratase. Sonreía y me mordía el labio. Lo tengo que estar poniendo cardiaco, pensaba. Este culazo que las horas de gimnasio y sentadillas me han dado lo vuelve loco. Vamos, seguro. Me estaba acelerando hasta yo solo con pensar que se estaba relamiendo. Buf, es que estos vaqueros no dejan indiferentes a nadie.

La acera volvía a estar despejada pero seguí delante porque las vistas que le estaba regalando al mozo eran para mojar huevos fritos, pan y lo que quieras. Iba a darle un poquito más de gloria. Pasé por un escaparate y me miré mi monumento orgullosa. De verdad, vaya culazo he echado. Giré la cabeza esperando esa mirada picarona que me pone tan tonta y lo que me encontré fue a un tonto mirando el maldito móvil.

¡Mírame el culo! Me daban ganas de gritarle en plena calle. ¿En qué momento un señor culo embutido en un vaquero, así bien redondito y respingón, ha sido sustituido por una simple pantalla? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Dime. ¿Es su luz, los mensajes que parpadean, el sonido de sus teclas al rozarla?

El muchacho seguía a lo suyo, muy conectado. Se ve que estaba enchufado a otro planeta porque de mis hondas no se enteraba. Mi idea erótica festiva se estaba tornando funeral porque no sabía si quitarle el móvil y estamparlo contra el suelo o estamparlo a él contra mi culo. Venga, mejor respira, me decía. Total, el que va a dormir sin vistas y pegado a la pared va a ser él.

Gracias por dejarme besarte con letras y por tener sentido del humor 🙂

Si te gusta ya sabes, ¡comparte!


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Mis primeras lecturas de julio

Hello darling!

Ya está disponible en mi canal de youtube, como dice la gente moderna, un nuevo vídeo sobre libros, ¡oh yeah!

En este vídeo tenía ganas de contar mis primeras lecturas de julio. Los tres libros son completamente diferentes: novela histórica, narrativa romántica y narrativa extranjera.

Son historias que me han transmitido emociones distintas pero si me tuviera que decantar por uno de los tres sería la novela extranjera 😉

Échale un vistazo al vídeo y descubre cuáles son los títulos de estos libros.

¡Y como no! Si tienes alguna sugerencia o te apetece contarme algo, déjame un comentario.

Estoy convencida de que hay un libro para cada persona y mi reto con este canal es encontrar el que sea perfecto para ti.

Ante la duda, lee 😉

Y por supuesto, comparte este amor por las letras en tus redes, ya sabes que me hace ilu.

Gracias por dejarme besarte con letras.


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Verano, libros y las tetas de Paula

tiempo
Imagen: Alexas_Fotos

Hello darling!

Anonadada me encuentro al ver que estamos a mitad de julio, ¿cómo puede pasar tan rápido el tiempo? Si te digo la verdad, no tengo la sensación de que sea verano. ¿El calor? Pues tampoco lo estoy notando tanto y es que aunque te parezca mentira nuestra casa es tan fresca que alguna noche todavía nos tapamos con la mantita de pelo. Hemos hecho un pacto con el diablo, el señor marido día sí y día también se come la lámpara del techo pero a cambio dormimos en la Antártida.

Me acuerdo de algún verano en el pueblo y lo largos que se me hacían. No veía el día de oler los libros nuevos del cole, sí, así de bonica era. Bueno, y lo sigo siendo porque aunque no huela los libros del cole, huelo los que leo. Puedes llamarme friki, rara o loca de los libros, que los gatos no me gustan, el caso es que un libro nuevo tiene un olor especial. Y si no me crees, huele tú misma el próximo que caiga en tus manos.

Ahora el tiempo corre que se las pela, se ve que llega tarde a algún sitio. Pobre, se le habrá olvidado poner el despertador. Mi hermano ya no es ese niñito al que le hacía putadas sino un atacaor como diría mi abuelo, muchas de mis amigas ya tienen hijos y yo rezo por una caducá sin gluten. ¡Señores de la Alhambra, hagan a esta sensible al gluten feliz!

Pero hay cosas que por mucho tiempo que pase no cambian. Y una de ellas es que me den horas más que indecentes bebiendo letras y a la mañana siguiente libro acabado y ojeras victoriosas. Hay un tipo de libros que yo los denomino, libros de verano. Se reconocen fácilmente. Entre 300 y 500 páginas, lectura ligera, tema cotidiano, alguna que otra situación absurda, risas y más risas y te hacen recordar alguna anécdota vivida en tus carnes o en la de tus amigas.

En este post, te proponía algunos trucos para elegir un libro. Hoy quiero compartir algunos de los libros de verano que me han acompañado.

Libros de verano, una prolongación de tu ser en la playa

  1. Las ranas también se enamoran, Megan Maxwell. Ha sido el último que he leído. Tan último que lo terminé ayer a la pecaminosa hora de las cuatro de la mañana. Un día me ha durado. Me encantó el ritmo y el tono del libro. Te saca una sonrisa desde la primera página. Es un libro que ves venir el final desde la página 50 pero tiene el poder de engancharte y que no seas capaz de soltarlo. Es fresco y descarado. El tema de la adolescencia de la protagonista me resultó muy difícil de creer, vamos, no me convenció y alguna frase ya demasiado usada, pero en general es un libro perfecto para entretenerse.
  2. Los besos no se gastan, Raquel Martos. Lo que lloré con este libro… Mis primos en la playa mirándome “¿qué le ha dado a esta?”. Al final lleva razón mi amigo Óscar, soy tan intensa que no hay día que no me emocione. Me pareció muy tierno a la vez que divertido. El final es durillo, de ahí los lagrimones como melones de la Mancha pero merece mucho la pena leerlo. Seguro que te va a traer más de un recuerdo con alguna amiga.
  3. Los caracoles no saben que son caracoles, Nuria Roca. Es otro de los libros con los que me reí un montón. Empieza con un duro golpe y te deja “dios mío cómo arrancamos” pero poco a poco te va dibujando una sonrisa. También es de los que enganchan por su frescura. Seguro que alguna vez te has sentido un poco caracol, y no por lenta.
  4. En los zapatos de Valeria, Elisabet Benavent. Me lo pasé bomba con la saga de Valeria porque sí, darling, son cuatro libros que te van a enamorar y hacer reír a carcajadas. La personalidad del grupo de chicas está más que bien definida así que es fácil que relaciones a una de ellas con una de tus amigas. A mí me recordó muchísimo a un grupo de whatsapp de amigas a las que adoro pero que están demasiado lejos.
  5. La luz de Candela, Mónica Carrillo. Reconozco que las expectativas me jodieron el libro. Me fascinan los microcuentos que crea Mónica así que tenía un ansia terrible por el leer su libro. Se me quedó un poco flojito. No sé si por el tono o porque me faltó rock & roll. Me parece que es un libro ideal para leer en la playa o en algún lugar donde es fácil distraerse porque no pierdes el hilo.

¿Qué vas a leer este verano? Yo de momento te dejo mi último relato. Además, te adelanto que esta historia no queda cerrada así que tendrás futuras noticias de las travesuras de Paula.

Las tetas de Paula

Cinco mensajes directos, siete súperlikes y dos cafés fríos era la conclusión de la tarde de Paula. Desde que Diego había cogido las maletas para irse –lo siento, cariño, no eres tú, soy yo que me ahogo, quiero crecer, ver mundo y tener aspiraciones– Paula se había autoconvencido de que ella también iba a ser una moderna de esas que follan en la primera cita.

Se había comprado el pintalabios del rojo más intenso que había en la tienda y un conjunto de lencería que aún hacía tiritar su cuenta. –Uy, menudo conjuntito. Tu chico se va a poner muy contento cuando te vea–.

Su chico no lo iba a ver pero esperaba que él espécimen que la iba a recoger esa noche y por el que rezaba que haberse quitado hasta el último pelo de antigua no solo lo viera sino que se lo arrancara.

Y allí estaba ella dos horas después en el portal de su casa. El vestido ganador era uno negro con bien de escote y como había escuchado alguna vez a su abuela, no se sabía si vendía pierna o compraba tela. Sacó a su moderna y se metió en el coche con Luis, abogado divorciado de treinta y tantos con ganas de pasarlo bien.

Paula se aburrió soberanamente y bebió vino como si lo fueran a prohibir. El espécimen solo hablaba de lo importante que era en su trabajo, de los pisazos que había comprado en el centro, de lo buen amante que era. Paula asentía y sonreía como si aquello fuera lo mejor que le podían haber dicho esa noche.

Sacó a esa moderna borracha que ahora era dueña de su cuerpo y jugando con la cucharilla del postre le dijo –pues si tan buen amante eres, estaría bien comprobarlo, ¿no?–. Luis que llevaba seis meses sin mojar ni pan en los huevos fritos pagó sin mirar la cuenta y la llevó al pisillo con encanto de 35 metros a 10 kilómetros del centro.

Paula llevaba aún el conjunto de lencería cuando Luis se corrió de gusto. –Lo siento, nunca me voy tan rápido. Es que tienes unas tetas que me ponen–. Y Paula ni siquiera le dejó acabar la frase –como un cerdo imagino porque casi me las revientas–.

Ella intentó quitarse de encima esa mala hostia de calentón recalentado sin haberse apagado pensando en un segundo round pero Luis decidió que roncar a grito pelado era la opción más elegante.

A la mañana siguiente cuando Luis le escribió, Paula también fue muy elegante. Lo bloqueo de la app y mandó una propuesta a la atención al cliente de la plataforma.

“Queridos creadores, estoy segura de que el índice de éxito de vuestra app entre los hombres debe ser un pico más alto que el encanto que se esconde entre sus piernas. Como buena usuaria que soy y con ánimo de que los vende humos y mujeres a punto de combustionar desaparezcan, os invito a añadir un botón de “gemidos prometidos no cumplidos” en los perfiles de esos candidatos tan tórridos que se anuncian. Atentamente, una moderna que os lo agradecerá eternamente”.

Gracias por dejarme besarte con letras.

¿Te ha gustado? Comparte en tus redes sociales y mencióname, me hace mucha ilu 😉


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Más femenina, más irónica y más absurda

Hello darling!

Te acabas de topar con una señorita más femenina, más irónica y más absurda. Sí, te presento a mi yo sin filtros.

La actitud no sé si mueve montañas pero a mí me cambia la sonrisa.

Si has seguido el blog habitualmente sabes que este va a tomar un rumbo mucho más divertido y cañero. Si acabas de llegar, ponte cómoda que tengo un mini rollo que contarte.

Los libros siempre han sido mi refugio y escribir mi vía de escape a todas las emociones que me invaden que son muchas, es lo que tiene ser intensa por naturaleza.

Me he imaginado historias, pajas mentales y una retahíla de chorradas desde que era un moco y le robaba los tacones a mi madre y montaba un sarao en cinco minutos. ¿Por qué? Por algo tan simple como hacer reír a los demás. Y es que las carcajadas de mis abuelos valen más que los bitcoins esos que están ahora tan de moda.

Luego llegaron las hormonas, esas malditas que te hacen perder la cabeza y sacar un sentido del ridículo desorbitado. Ahí empecé a recortar ese sentido del humor tan salao’ de mi infancia. ¡Qué pena, con lo bonica que era!

Pasó el tiempo y se acentuó el miedo a ser juzgada por lo que escribía. “Que si no lo hago bien, que si van a pensar que me creo no sé quién”. Pamplinas. Pero afortunadamente cuando tienes una verdadera pasión, esta despierta al dragón que llevas dentro y hace que tengas que sacar toda esa lava que llevas acumulando. Porque señorita, acumular no es bueno. ¡Larga vida al fuego interior y a los pintalabios que resucitan las caras de acelga!

Hace menos de un año decidí que yo iba a seguir escribiendo, o bueno, más bien empezar porque cuando me tuve que despedir de mi abuelo también lo hice de todo lo que había escrito y escondido hasta el momento.

Bendita hora cuando me apunté al curso de escritura creativa. Tuve que enfrentarme no solo a retos semanales de tono, personajes, sino que también a leer en público las mierdas que se me ocurrían y, oye, sigo viva y sin carteles que agolpen mi casa “no escribas más, petarda”.

Después de haber probado muchos estilos en este curso mi vena más femenina, más irónica y más absurda surgió a lo grande, que la pobre ya estaba cansada de chupar tanto banquillo. Y en este punto estamos, como diría mi querido Óscar, “con mi loca del coño a todo trapo”.

¿Y por qué escribo en femenino?

Porque las mujeres soportamos bastantes tonterías al cabo del día y creo que reírse de todas ellas es el paso a la liberación más pura. A no ser perfecta, a ser cómo queramos ser sin importar si es apropiado o no ese comentario, si voy a gustar más o menos por ser cuqui, deportiva o malafollá.

Así que darling, si quieres sentirte como si estuvieras con tu amiga en una tarde de “nos tomamos una y para casa”, quédate que a estas rondas invito yo 🙂

Te dejo un aperitivo erótico festivo para calentar la mañana, que igual con la ola de calor no es suficiente.

motivación
Que se jodan los envidiosos, que igual entonces sonríen.

La chica de los zapatos rojos

Pedro no quitaba ojo al reloj. Las diez. Una gota fría le recorría la espalda. Empezó a salivar, era la hora del aperitivo. Se humedeció los labios mientras se pasaba la mano por su pelo negro. No faltaba mucho.

El sonido de unos tacones le hizo girarse hacia la cristalera del bar. Allí estaba ella, Julia. Se había detenido en la puerta para cerrar el paraguas. Él la escaneó desde la barra. Sus piernas torneadas por el gimnasio, aún más esbeltas con aquellos tacones rojos que perturbaban la temperatura de Pedro, estaban libres.

El vestido solo cubría parte del muslo. Era ajustado y la humedad del día había hecho que se le pegara aún más, tanto que parecía desnuda. Los pechos turgentes de Julia se agolpaban en un atrevido escote que se movía al son de su respiración y su pelo rojo buscaba la manera de huir del desordenado moño.

El cuerpo de Pedro se tensó como si una sacudida eléctrica lo hubiera atravesado. Deslizó la lengua hasta la punta de su colmillo mirando a su presa.

–¿Lo de siempre?

–Por supuesto, ya sabes cómo me gusta.

Julia se sentó en la mesa que había frente a la barra. Cruzó las piernas y dejó caer su espalda sobre la silla. Miraba la cristalera entretenida. En ella jugaba con el reflejo de Pedro. Con su espalda ancha.

–Con un día así lo mejor es no salir de casa –dijo Pedro mientras dejaba el desayuno en la mesa.

–O de la cama –replicó Julia.

Se sostuvieron la mirada. Ella cambió el cruce de piernas y se mordió sutilmente el labio.

–Un desayuno de lo más apetecible.

Pedro le regaló una sonrisa y antes de volver a la barra se acercó disimuladamente a su oreja con la excusa de recoger algo del suelo.

–Puedes repetir tanto como quieras.

Julia comía muy despacio. Jugaba con sus labios y la taza. Sus labios y la tostada. Y así en un bucle de labios, comida y miradas.

Se dispuso a pagar pero ese día invitaba la casa. Salió del bar y giró a la derecha mientras los restos de lluvia terminaban de limpiar las calles. De repente unas manos la abordaron. La humedad de unos labios rociaron su cuello mientras notaba el volcán que estaba a su espalda.

–Te encanta jugar conmigo.

–Cierto, hoy se me había olvidado darte la propina.

Gracias por dejarme besarte con letras.

Si eres un tía con rollazo y sentido del humor, compártelo en tus redes sociales 🙂


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La Trilogía del Baztán, Dolores Redondo

¡Hola bonitos!

Después de algún problemilla técnico, he vuelto a poder abrir el canal, ¡yuhu! Tenía unas ganas inmensas de ponerme delante de la cámara y contar lo que me hacen sentir los libros.

El vídeo de esta semana es la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

Una historia que aúna misterios, creencias, asesinatos y a la que nadie queda indiferente. Estoy segura de que os va a enganchar. Además, os explico el experimento que ideamos en casa con estos libros. A nosotros nos ha encantado y son una idea genial para estas vacaciones.

Ya estoy preparando el próximo vídeo, esta vez, sobre novela histórica, ¿adivináis cuál puede ser?

Nos leemos el jueves con otro relato.

A ti, gracias por dejarme besarte con letras. Y recuerda, si te gusta el vídeo, ¡comparte!


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Reír cambia tu vida, ¿tienes sentido del humor?

libertad

¡Hola bonitos!

A veces tengo la sensación de que el sentido del humor brilla cada vez más por su ausencia, que una larga lista de personas se pican hasta sin que les roce una ortiga y que no saben diferenciar la ironía o el absurdo de la realidad.

Quizás es por la necesidad imperiosa que parece implantada en los últimos tiempos de vida perfecta que transmiten numerosas redes sociales o quizás es que nunca tuvieron de qué reírse.

Reír es el salvavidas de la actitud

Creo firmemente y si no es así que el tatuaje que tengo en las costillas empiece a arder, que una vez consigues reírte de ti mismo cambia la perspectiva de tu vida. Sí, hijo, ríete. Cuando era una adolescente me tomaba más de una ironía o bromas como un ataque y me convertía en un miura pero, oye, los años además de las primeras arrugas también dan sentido del humor.

Me ha costado, no os lo voy a negar, pero ahora soy la primera en reírme de mí y ¡qué gustazo! como quitarse el sujetador al llegar a casa.

Con todo este rollo quiero que entendáis la razón de este relato absurdo, que ya me las estoy viendo venir jajaja

Uno de mis últimos retos era narrar una historia absurda, algo que no tuviera ni pies ni cabeza y que no dejara a nadie indiferente y desde luego que los que ya lo han leído me han dicho que indiferencia no es precisamente lo que provoca.

Reíd como si no hubiera mañana, igual de verdad no lo hay.

Antes de que deslicéis como locos la página hasta ver el relato, también quiero haceros otra recomendación: que los libros os acompañen este verano como lo hace la ola de calor.

No me digáis que en verano no tenéis tiempo para leer porque no me lo creo. Tiempo, queridos bonitos, hay. Otra cosa es que os de pereza o que os parezca que el chiringuito es más atractivo. Lo sé, la tentación de una piña colada es difícil pero se puede acompañar de un libro 🙂

La clave está en encontrar uno que os enganche y os haga disfrutar. ¡Ahí mis trucos!

  1. Si no eres lector habitual no cojas el libro más gordo de la estantería, te vas a agobiar.
  2. Busca una temática que te interese. Novela romántica, histórica, negra, etc. No tiene sentido que cojas un libro histórico si no te interesa en absoluto la historia, te vas a aburrir.
  3. Cualquier libro es válido. Que no te cuenten milongas de que si lees ciertos libros te llevan a una categoría inferior. Me parece mucho más importante que la gente lea en general a que solo se pueda leer a grandes eruditos.
  4. Llévate el libro a todas partes. Créeme, cuando menos te lo esperes va a surgir una oportunidad perfecta para desgranar otro par de páginas. En vez de invertir en la pantalla del móvil, hazlo en las páginas de un libro.

Y por último, el relato. Disfrutad pero sobre todo, recordad, sentido del humor 🙂

Las fiestas sin virgen

Huevilandia había desempolvado el traje de domingo, ese que también valía para las BBC. Las calles engalanadas con una fila de cáscara de huevos en cada lado con velas y barritas de incienso en su interior. Banderillas y música de tambores de fondo.  Las señoras como Doña Pura con el collar de perlas que le marcaba las lorzas del cuello se iban quitando los rulos descubriendo una melena encorsetada y apestada de laca. Los señores con Don Raimundo a la cabeza atestaban la tasca. El vino corría y el ego de sus cosechas también.

Todo marchaba como tenía que hacerse cada 25 de agosto. En la plaza del pueblo ya había colocada una ofrenda de huesos de pollo, cáscaras de naranja y aceite de pescado para honrar a la virgen de los santos huevos después de un buen año. Los vecinos, orgullosos, sacaron panza y metieron pecho para encaminarse hasta la ermita negra que guardaba la virgen.

Cuando llegaron el rugir de los tambores se mezcló con los berridos de los vecinos. “La virgen, ¿dónde está la virgen?”. Doña Pura tuvo un supuesto mareo asistido por sus comadres que sacaban los abanicos de plumas. Don Raimundo, embriagado por su fervor, se abrió paso hasta la única casa azul de Huevilandia. La de Arsenio, el boticario, o el brujo según decían las lenguas más sueltas.

Arsenio estaba en la puerta con un huevo en una mano y una taza de té de romero en la otra.

-¿Mal de estómago, Raimundo?

-¿Qué has hecho, maldito?

-Té de romero con un toque de anís de amapola, ¿gustas?

-Lo que gustaría sería ver tu cabeza en el campanario. ¿Dónde está la virgen?

-Vaya, hace mucho que no la veo. Creo que desde que la metí en mi cama.

-Arsenio, que no tengo el vino para barricas de dos duros. ¿Dónde está la virgen?

-Ah, que no era esa virgen. Pues entonces no puedo ayudarte. Para mí no hay más virgen que la que tiene un jardín entre las piernas.

Raimundo tenía los ojos inyectados en vino y la boca hecha fuego. Cuando se acercó un poco más al boticario, este le sonrió levantando el huevo.

-Curioso, Raimundo, veneras tanto a la virgen de los santos huevos y no eres capaz de reconocer que la Tierra es uno de ellos.

-Pero qué pamplina me estás contando. Dame a la virgen, Arsenio, o te juro que no llegas a la próxima cosecha.

No dio tiempo a que Arsenio le contradijera. Un grito llamó la atención de los dos hombres y del medio pueblo que allí se había arremolinado. “La virgen, la virgen, la virgen”. La virgen había aparecido. Estaba en lo alto de la ofrenda abierta de piernas mientras un gorrino le comía los santos huevos. El supuesto mareo de Doña Pura se convirtió en inconsciencia irreversible cuando de pronto la ofrenda comenzó a arder. Nadie daba crédito. La gloria de Huevilandia se veía reducida a los gemidos incesantes de las llamas.

-Raimundo, no llores. Al fin se ha roto el cascarón. Ahora sí que vas a ver la yema de la verdad. ¿Un chato y celebramos?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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Feria del libro en Madrid, ¿viajamos?

¡Hola bonitos!

Cuando llegamos a Madrid una de las cosas que me propuse es asistir y disfrutar de más eventos culturales, sobre todo relacionados con libros.

La feria del libro es un ejemplo de amor por las letras

Disfrutamos muchísimo de la feria del libro de Madrid, de las actividades y del ambiente tan bonito que se respiraba. Me da una alegría inmensa cuando veo a la gente cargada de libros, compartiendo experiencias y con el brillo en los ojos porque su autor favorito le va a firmar su última novela.

Feria del libro de Madrid
Feria del libro de Madrid

 

En Málaga tuve el placer de asistir a mi primera firma de libros. En ese momento fue con Màxim Huerta y las emociones vividas aún me ponen los pelos de punta.

Cuando supe que la firma de Carme Chaparro coincidía con nuestra llegada a Madrid ni me lo planteé dos veces. Habíamos comprado su libro No soy un monstruo nada más aterrizar en Barajas del viaje de Indonesia aunque aún no lo he tocado porque lo tiene el señor marido entre manos. Deseando estoy que lo termine 🙂

A él nunca le ha gustado leer pero poco a poco le he ido transmitiendo la pasión por los libros y justo de eso estuvimos hablando con Carme. A las personas no hay que imponerles la lectura, hay que acompañarlas y ayudarlas a descubrir.

Firma del libro de Carme Chaparro
Firma del libro de Carme Chaparro

 

Estoy totalmente convencida de que hay un libro para cada persona solo hay que saber encontrarlo. Por ejemplo, en nuestro caso nunca se me ocurriría recomendarle un libro largo o denso porque a la tercera página lo va a abandonar. Sin embargo, novela negra, libros de aventuras y que no sean muy largos hemos descubierto que es el estilo que a él le engancha.

Charlar con Carme sobre la lectura en general fue genial. Me sorprendió su cercanía y la energía que transmite. Se le nota a leguas que adora este mundo. La dedicatoria que nos regaló me encantó 🙂

 

Dedicatoria No soy un monstruo
Dedicatoria No soy un monstruo

 

Una de las cosas que os comentaba a la vuelta del parón de vacaciones, es que voy a añadir nuevas categorías al blog. De momento estreno Monólogo interior. Cuando dimos esta parte en clase de escritura se me encendió la bombilla. Me parece una forma estupenda de relatar cualquier situación basándome en el humor.

Mi intención es ir adaptando mi estilo más al humor, a los absurdos. Creo que dibujar una sonrisa, por leve que sea, a alguien es brutal. Me di cuenta que mis anteriores textos estaban marcados por la tristeza o la angustia y no quiero transmitir eso. Me apetece que cuando alguien lea alguno de mis relatos le de un punto de risa y no de pena, que bastantes ya hay en las noticias.

Así que allá voy con mi primer monólogo interior. Estoy segura que alguno de vosotros os habéis visto en una situación así 🙂

La fila del demonio

Nunca entenderé por qué la gente no sabe hacer una fila. ¿Es tan complicado? Una persona, perro o cosa y después otra y así sucesivamente hasta crear una serpiente no un nido de berreos sin sentido ni orden.

Igual hay que estar bendecido por los antiguos dioses para entender ese lenguaje en clave, “hacer una fila”. O quizás es que el verdadero símbolo del demonio es la fila y no el 666.

Yo creo que la gente entra en barrena en el momento que tienen que hacer una fila y ya si es en un aeropuerto plomos fundidos con doble de cortocircuito. Nada, que por mucho que se desgañite la azafata la manada sigue dispersa con las orejeras puestas. ¡Qué cansinos! Aunque lo mejor son los empujones por entrar en una puerta minúscula, parecen más un vómito de sábado noche.

El espectáculo es cómico y a la vez tétrico. Se supone que esa gente son médicos, operarios, dependientes, maestros… Si de antemano no saben hacer una fila, Dios mío que no sea necesario que mi vida dependa de uno de ellos o ya puedo ir contándole a San Pedro que me he quedado con cupones sin canjear, que esa es otra, lo de los cupones de descuento.

La tensión aumenta cuando llega una señora con aire de “yo no sé nada, ay, pobre de mí” quiere saltarse la supuesta fila. -Si solo voy a hacer una preguntita y ya está. No te jode, ¿el resto estamos aquí porque esa mañana no había nada más entretenido en la tele? Y así como un pedo silencioso que lo impregna todo, afloja sus dudas y se queda tan a gusto.

Yo también tengo una pregunta, señora, ¿por qué nadie sabe hacer una fila y ya no digamos esperar su turno?

A ti, gracias por dejarme besarte con letras.

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